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Self-interest and contextual differences in the Czech Republic and

3.2 THEORIZING SUPPORT FOR EU MEMBERSHIP IN THE CZECH

3.2.2 Self-interest and contextual differences in the Czech Republic and

Ya en 1972, en sus Conferencias en la Cátedra Carnahan del Instituto Superior Evangélico de Estudios Teológicos (ISEDET) de Buenos Aires, Segundo proponía el marxismo como la más apropiada mediación científica del pensamiento cristiano en su reflexión sobre la realidad social y política: «En el contexto

latinoamericano que conozco, y aunque yo no tenga arte ni parte en ello, lo que más se aproxima a una ciencia de las masas y de cómo manejarlas en su propio provecho10 son ciertos elementos del marxismo. No pretendo que todo el marxismo sea ciencia. No pretendo siquiera que muchos de sus elementos sean ciencia acabada e indudable. Pero que sea una aproximación significativa al problema de tratar científicamente lo que puede haber de científico en la conducta social humana, creo que es un hecho. Por lo menos un hecho de conciencia, y ello basta para plantear el problema11. Si el Evangelio, por muy importante y decisivo que sea, no le da al cristiano todos los criterios de su compromiso político; si el cristiano tiene que salir en busca de una ciencia complementaria que le permita analizar y dirigir su conducta en el plano de lo masivo, no es de extrañar que una especie de simbiosis –superficial a veces, peligrosa sin duda, ambigua siempre– entre cristianismo, como conducta minoritaria, y marxismo como ciencia de la conducta de las masas, sea uno de los hechos pastorales más importantes del cristianismo latinoamericano. No lo sacralizo. Si aparece una ciencia de las masas mejor, se hará notar. Es un hecho en el momento actual»12.

Juan Luis Segundo afirma que «Los instrumentos de análisis

que ofrece el marxismo... son inseparables de la totalidad del sistema que los introduce... Al entrar realmente en el juego... el pensamiento teológico, ¿cómo dudarlo?, pertenece a la superestructura»13. Esto significa que Juan Luis Segundo era consciente de que, al introducir el análisis marxista en lugar de la doctrina social de la Iglesia, se produciría una inversión: ya no sería la teología la que determinaría la doctrina y la que calificaría la acción social; sino que el análisis y la praxis marxista serían, en

adelante, los que determinarían la teología. La teología se volvería superestructura dependiente, es decir ideología14.

En obras posteriores Juan Luis Segundo volvió a recomendar el marxismo en términos parecidos y adoptó el instrumental conceptual marxista de la ideología sacrificándole la identidad de la fe, como se lo ha señalado el jesuita francés Pierre Bigo: «En su

libro Liberación de la Teología15 dice que ha llegado ‘la hora de la epistemología, es decir, la de analizar, más que el contenido, el método mismo de la teología latinoamericana y su relación con la liberación’ (p. 9). Juan Luis Segundo llama a este método círculo hermenéutico, y en una primera aproximación lo define de esta

manera: ‘El continuo cambio en nuestra interpretación de la Biblia

en función de los continuos cambios de nuestra realidad presente, tanto individual como social. Hermenéutica significa interpretación. El carácter circular de dicha interpretación va en que cada nueva realidad obliga a interpretar de nuevo la revelación de Dios, a cambiar con ella la realidad y, por ende, a volver a interpretar... y así sucesivamente’ (p. 12) [...] No hace falta mucha imaginación

para sospechar que el método de Segundo no es más que el materialismo histórico de Carlos Marx, con sus nociones de infraestructura y de superestructura (ideología), aplicado a la teología. Así lo confirma explícitamente el mismo Segundo en otras páginas de su libro: 'con un teoría como el materialismo histórico,

llegamos a un punto de nuestro círculo: tenemos una teoría que nos permite descubrir la verdadera realidad en el sentido mismo de nuestro compromiso histórico'».

Pues bien, a esta teoría o doctrina que satisface a Segundo se le han hecho atinadamente estas críticas:

«1) no se trata de un método científico16 sino de ‘ideología’ que puede definirse por los elementos siguientes: a) es visión total (Weltanschauung) de la historia y de la realidad; b) es el hecho de un grupo social que se juzga portador de una misión histórica; c) es una teoría directamente inspiradora de la acción político- histórica; d) enfoca mutaciones sociales y políticas que se conciben como inspiradoras de una nueva historia, lo cual explica su tono militante; e) recubre una evaluación del destino socio-político como destino último del hombre.

2) Contiene presupuestos filosóficos que conllevan: a) una concepción panteísta del mundo y de la historia con la consiguiente

negación de un Dios trascendente; b) una concepción del cambio en la historia que niega valor universal y metahistórico a la verdad revelada, y por consiguiente resulta irreconciliable con la concepción católica del dogma y del Magisterio de la Iglesia.

3) Supone en su base una concepción de la fe como praxis política: ‘Es menester aceptar, –dice Segundo– y nuestro círculo hermenéutico se basa en ello, que una opción política de cambio en pro de la liberación es un elemento intrínseco y desideologizador de la fe’ (p. 111).

No es ésta la concepción de la fe que encontramos en el Nuevo Testamento (ver nota de la Biblia de Jerusalén a Romanos 1,16) ni en el Magisterio de la Iglesia. Según la revelación cristiana, la fe es el sí libre y personal del hombre –sostenido por la gracia– dicho a Dios, quien es el primero en tomar la iniciativa de invitarlo a creer en su Palabra y en sus promesas»17.

En la visión de la teología política filomarxista que Juan Luis Segundo comparte, la fe es justificada por la ideología. Y el hombre lo es por sus opciones morales, no por la fe. Cuando Segundo presenta «La opción por los pobres como clave hermenéutica para

entender el evangelio»18, esta opción por los pobres no es neutra, va inseparablemente acompañada de sus simpatías hermenéuticas marxistas. Ya no son los ojos de la fe los que nos salvan, nos justifican y nos ponen en conocimiento de Cristo y de Dios, sino nuestra opción ideológica por el círculo hermenéutico marxista.

Hay en el pensamiento de Juan Luis Segundo algo de voluntarismo, ya que su pensamiento y su método no es apto para alcanzar los fines que se propone. Así lo ha visto Zimbelman, quien, después de pasar revista a numerosas y serias limitaciones de su pensamiento, afirma: «Las precedentes observaciones sugieren

que el programa de Segundo no puede proveer la esencial coherencia epistemológica y moral necesaria para justificar sus pasos metodológicos y su correlativo compromiso para una humanización más eficaz»19. Zimbelman pone en guardia a Segundo, advirtiéndole que, de no fundamentar mejor su teoría del valor, su doctrina ética, que ha sido clasificada por Mc Cann y otros como «próxima al utilitarismo actualista»20, la misma «degenerará necesariamente en un subjetivismo radical o nihilismo»21.