3.2 THEORIZING SUPPORT FOR EU MEMBERSHIP IN THE CZECH
3.2.3 What else might matter?
3.2.3.1 Group identification
Recuérdense las enseñanzas del Padre General de los jesuitas Pedro Arrupe, quien, desde varios años antes, venía ocupándose del marxismo y advirtiendo a los jesuitas sobre el peligro de adherir a sus ideas. Si Juan Luis Segundo ya había escrito su Masas y
Minorías en 1972 y su Liberación de la Teología en 1974, las
posteriores advertencias del P. General no parecen haberlo movido mayormente en sus obras posteriores.
El 31-03-1977 el P. Pedro Arrupe había manifestado su preocupación por los jesuitas que «parecen encontrar en el
marxismo su principal inspiración para la promoción de la justicia y con frecuencia caen incautamente prisioneros de ideologías y de modos de actuar que están muy lejos de una concepción cristiana del hombre y de la sociedad y de una praxis verdaderamente evangélica»49.
El 21-10-1977 el mismo P. Arrupe respondía a un Provincial de España recordándole el Magisterio de la Iglesia: «Respecto al
marxismo, puesto que Ud. hace referencia a él, me limito a remitirme como punto de referencia necesario al magisterio superior de la Octogessima Adveniens nn. 33-34»50.
El P. Arrupe volvió a ocuparse del tema el 27-09-1978, en su discurso inicial a la Congregación de Procuradores, ante la cual, dando el Informe sobre el estado de la Compañía, dijo: «Sin
cerrarnos a todo lo que pueda haber de bueno en el marxismo y sin excluir la posibilidad de un diálogo y hasta de una cierta colaboración crítica con grupos y movimientos de inspiración marxista, es evidente que el compromiso de algunos jesuitas con el
marxismo como tal y sus declaraciones públicas de apoyo a su ideología son inaceptables y son motivo de escándalo y de desconcierto no sólo para los que sufren opresión y persecución bajo regímenes marxistas, sino también para muchos otros»51.
En la carta del P. Arrupe a los Provinciales de América Latina
Sobre el análisis marxista del 8-12-1980, advertía de nuevo sobre
los peligros que conlleva la adopción del análisis marxista en estos términos que contradicen expresamente lo afirmado por Juan Luis Segundo: «en la práctica, el adoptar el ‘análisis marxista’ rara vez
significa adoptar solamente un método o un ‘enfoque’; significa generalmente aceptar también el contenido mismo de las explicaciones dadas por Marx acerca de la realidad social de su tiempo, aplicándolas a las de nuestro tiempo [...] Llegamos ahora al núcleo de la cuestión ¿se puede aceptar el conjunto de las explicaciones que constituyen el análisis social marxista, sin adherirse a la filosofía, a la ideología, a la vaticanopolítica marxista? [...] Con mucha frecuencia el materialismo histórico se entiende en sentido reductor [...] debemos evitar un análisis que suponga la idea de que lo económico, en ese sentido reductor, decide sobre todo lo demás [...] Si raciocinamos como si todo dependiese finalmente de las condiciones de producción, como si ésta fuese de hecho su realidad fundamental y determinante, el contenido de la religión y del cristianismo muy pronto se relativiza y se reduce. La fe en Dios creador y en Jesucristo salvador se debilita o al menos aparece como algo poco útil. El sentido de lo gratuito se desvanece ante el sentido de lo útil. La esperanza cristiana tiende a convertirse en algo irreal. [...] Existe entonces el peligro de una crítica radical contra la Iglesia, que va mucho más allá de la sana corrección fraterna [entendible] en la ‘Ecclesia
semper reformanda’. Se tenderá incluso, algunas veces, a juzgarla
como desde fuera, y aun a no reconocerla ya en realidad como el lugar de la propia fe. Así no es raro que la adopción del análisis marxista conduzca a juicios extremadamente severos e injustos, con respecto a la Iglesia. [...] En suma, aunque el análisis marxista no incluye directamente la adhesión a la filosofía marxista en todo su conjunto –y menos todavía al ‘materialismo dialéctico’ en cuanto tal– sin embargo, tal como se lo entiende de ordinario, implica de hecho un concepto de la historia humana que no concuerda con la visión cristiana del hombre y de la sociedad y desemboca en estrategias que ponen en peligro los valores y las actitudes cristianas. Esto ha producido con frecuencia consecuencias muy negativas [...] algunos cristianos... han confesado que esto les indujo a aceptar cualquier medio para llegar a sus fines52 [...] Por eso pues, la adopción no sólo de algunos elementos o de algunos enfoques metodológicos, sino del
análisis marxista en su conjunto, no es algo aceptable para nosotros [e.d. los jesuitas] [...] La mayor parte de los hombres, incluyendo la
mayoría de los jesuitas, no es capaz [de hablar de análisis marxista
sin aceptar el materialismo histórico reduccionista ni la teoría y la estrategia de la lucha de clases generalizada]. Así pues, existe un peligro práctico real en difundir la idea de que se puede fácilmente retener el análisis marxista, como algo distinto de la filosofía, de la ideología y de la praxis política [...] Tenemos la responsabilidad de
hacer este discernimiento práctico, lo mismo que el discernimiento teórico. Y es menester también que demos a los jóvenes jesuitas en formación los instrumentos de estudio crítico y de reflexión cristiana necesarios para que perciban bien las dificultades del análisis marxista. Ciertamente no se puede presentar este análisis como el mejor medio de acercamiento a la realidad en nuestra formación»53.
Entre las recomendaciones finales, el P. Arrupe avisa: «Tengamos siempre en cuenta nuestro papel propio de sacerdotes y
religiosos, y no actuemos nunca como francotiradores con respecto a la comunidad cristiana y a los que en ella tienen la última responsabilidad pastoral [obvio es decirlo: el Magisterio pontificio
y episcopal]; tratemos de asegurarnos de que cualquier
aceptables para un cristiano. En todo ello tenemos el deber de conservar siempre nuestra propia identidad» (Ib.).