• No results found

Como se ha mencionado en el capítulo anterior, el uso de aranceles es legítimo, bajo las normas de la Organización Mundial del Comercio, como represalia ante la imposición de aranceles por parte de otro país. Trump, sin embargo, parece considerar la aplicación desigual de aranceles como un instrumento válido de política comercial. Incluso, sus comentarios parecen indicar que considera las guerras comerciales como una acción positiva y beneficiosa para Estados Unidos:

86 Figura 17. Tweets de Donald Trump sobre la facilidad de ganar guerras

comerciales.

Adaptado de Trump (2018g, 2018h).

En estos tweets, Trump sugiere que es fácil ganar una guerra comercial, incluso implicando que ingresar a ese tipo de conflicto es inteligente. La historia sugiere lo contrario, sin embargo, especialmente al considerar los efectos de la implementación de medidas proteccionistas como la Ley Smoot-Hawley. Estos comentarios se dieron en el contexto de la decisión por parte de Trump, el 8 de marzo de este año, de imponer un arancel de 25% a las importaciones de acero y un arancel de 10% a las importaciones de aluminio (Imports of Aluminum, 2018a; Imports of Steel, 2018a). El motivo para la imposición de aranceles, según las proclamaciones presidenciales, es el volumen de las importaciones de acero y aluminio; según el Secretario de Comercio, tales volúmenes vulneraban la seguridad nacional (Imports of Aluminum, 2018a; Imports of Steel, 2018a). Esto entra en contradicción con una posterior afirmación de Trump, quien publicó en Twitter, en referencia a las protestas de Canadá, que “los aranceles son en respuesta a sus 270% en lácteos” (Trump, 2018i), un motivo sin aparente relación con la seguridad nacional.

Dos proclamaciones, emitidas el 22 de marzo, excluyeron de los aranceles a Canadá, México, Australia, Argentina, Corea del Sur, Brasil y la Unión Europea, indicando que se buscaba negociar acuerdos con estos países (Imports of Aluminum, 2018b; Imports of Steel, 2018b). El 30 de abril, Trump emitió dos proclamaciones en las que certificaba que se había llegado a acuerdos con todos los países, excepto Canadá, México y la Unión Europea (Imports of Aluminum, 2018c; Imports of Steel, 2018c). El 31 de mayo, mediante dos proclamaciones, la Casa Blanca certificó los acuerdos con los países mencionados y determinó que, para los demás países –Canadá, México y la Unión Europea–, los aranceles cobrarían efecto (Imports of Aluminum, 2018d; Imports of Steel, 2018d).

87 Hay dos efectos inmediatos de esta imposición de aranceles. El primer efecto es que ocho países han interpuesto quejas ante la OMC por los aranceles al acero y al aluminio. Estos países incluyen China, Canadá, México, Rusia, India y la Unión Europea. El segundo efecto es que ciertos países han impuesto sus propios aranceles como medidas de represalia contra Estados Unidos. Canadá anunció que, desde el 01 de julio, impondría aranceles a productos estadounidenses por un valor de C$ 16.6 mil millones (Department of Finance Canada, 2018). México impuso aranceles a una diversidad de productos estadounidenses, incluyendo aceros planos, embutidos y frutas, “hasta por un monto equivalente al nivel de afectación” (Secretaría de Economía, 2018). La Unión Europea hizo lo mismo, imponiendo aranceles a productos estadounidenses por un valor de € 6.4 mil millones. Al respecto, Cecilia Malmström, Comisaria de Comercio de la Unión Europea, indicó que “el comercio internacional (…) no puede ser violado sin una reacción de nuestra parte” (Comisión Europea, 2018f).

También es de interés el conflicto de Estados Unidos con China, el cual está siendo llamado por diversos medios como “guerra comercial”. China respondió a los aranceles al acero y el aluminio con aranceles por un valor de US$ 3 mil millones (Shane, 2018). Más allá de las represalias por los aranceles al acero y al aluminio, que afectaron a todos los países, Trump ha mostrado tener una particular preocupación por las prácticas comerciales de China, especialmente sus políticas sobre propiedad intelectual y la transferencia de tecnología:

Figura 18. Tweets de Donald Trump sobre las prácticas chinas en cuanto a propiedad intelectual.

88 Las alarmas lanzadas por Trump respecto de las políticas chinas de propiedad intelectual se refieren a “Made in China 2025”, un plan que busca modernizar las industrias chinas y realizar una transición desde un enfoque manufacturero hacia una economía enfocada en las altas tecnologías (Bloomberg News, 2018). La preocupación por parte de Estados Unidos es que China obliga a las empresas a compartir su propiedad intelectual con empresas chinas. Robert Lighthizer, Representante Comercial de Estados Unidos, ha indicado que “las políticas y prácticas chinas obligan a innovadores estadounidenses a entregar su tecnología y know-how como el precio de hacer negocios en China” (Office of the United States Trade Representative, 2018), e incluso ha acusado al gobierno chino de promover el “robo de tecnología estadounidense para beneficio comercial” (Office of the United States Trade Representative, 2018).

Las preocupaciones expresadas por Estados Unidos, a diferencia de temas como la importación de acero y aluminio, han sido compartidas por otros actores. La Unión Europea ha interpuesto una demanda a comienzos de junio contra China ante la Organización Mundial del Comercio, protestando sus prácticas de propiedad intelectual y el trato desigual a empresas extranjeras (Stearns, 2018). La “Business Confidence Survey 2018” de la Cámara de Comercio de la Unión Europea en China (2018), además, afirma que el 62% de los líderes europeos de negocios encuestados considera que las empresas chinas reciben un mejor trato que las empresas extranjeras (p. 29), mientras que el 21% considera la toma de propiedad intelectual como uno de los tres principales obstáculos regulatorios chinos (p. 25).

En respuesta a un reporte de la Oficina del Representante Comercial que respaldaba las preocupaciones estadounidenses, Trump firmó un memorando, el 29 de mayo del presente año, que impuso aranceles por US$ 50 mil millones a productos chinos con “tecnología industrialmente significativa” (The White House, 2018). China respondió con aranceles equivalentes (Hjelmgaard, 2018), los cuales Lighthizer ha dicho que no tienen “base o justificación internacional (Office of the United States Trade Representative, 2018). Como respuesta a las represalias chinas, Trump ha pedido a su gobierno, a inicios de agosto, considerar imponer aranceles del 25% para US$ 200 mil millones en productos chinos (Sherman, 2018). Según un comunicado gubernamental, China está considerando aranceles adicionales por US$ 60 mil millones en productos estadounidenses, como respuesta a la posibilidad de aranceles por US$ 200 mil millones (BBC News, 2018). Global Times, un diario afiliado al Partido Comunista Chino, ha publicado un artículo de opinión criticando las acciones estadounidenses y asegurando que China está dispuesta a luchar la guerra comercial por un periodo prolongado:

89 Una guerra comercial traerá dolor temporal a China, y traerá mayor

presión sobre Beijing en la primera ronda de disputas. Sin embargo, China mostrará su resiliencia en comercio y cohesión social mientras la guerra en un estancamiento. En vez de advertir a China, [Larry] Kudlow debería advertir a la administración Trump de no subestimar la determinación de China de luchar hasta el final. (Global Times, 2018).

A pesar de la afirmación de Global Times sobre la determinación china, hay cierta ambigüedad sobre la conclusión lógica de esta guerra comercial, aunque diversos expertos y publicaciones concuerdan con que rara vez hay un único ganador o perdedor. Bomey, Shell & Davidson (2018) advierten que continuos aumentos en los aranceles afectarían los niveles de desempleo y la confianza de los inversionistas para ambos países. Borzykowski (2018) y Bomey, Shell & Davidson (2018) ambos afirman que el déficit comercial, en cuestión de aranceles, Estados Unidos puede causar más daño a China. Sin embargo, Borzykowski (2018) asegura que China podría recurrir a otras medidas, como devaluar su moneda o dificultar las operaciones de empresas estadounidenses en su territorio, para responder a las amenazas de mayores aranceles.