5.4 Viterbi decoding for action detection and menu classification
5.5.2 The effect of the number of tested video frames on menu classification
El análisis del fragmento conservado se ha de hacer con la seguridad de que no estamos ante un texto excesivamente mutilado: la comparación con otros proemios de la época nos ha demostrado que seguramente nos falte la justificación de la afirmación inicial, pero tenemos la certeza de que estamos ante el pensamiento completo de Hecateo.
Este pequeño fragmento ha despertado voces opuestas que lo han
convertido en el inicio del pensamiento racional aplicado al pasado –entendido este término en el sentido más laxo que podamos aplicarle–, o
que defienden lo contrario, sin que esta segunda postura conlleve una definición que vaya más allá de la simple negación de la primera.
249
La necesidad de articular el pensamiento historiográfico en una progresión culminante250 que detenga su evolución en Tucídides hacía imprescindible crear una serie de pasos intermedios entre la épica y el primitivo Heródoto. Esta evolución situó a toda la generación de logógrafos, como los clasificó Creuzer,251 en el espacio que llevaba al historiador de Halicarnaso, y a Hecateo en la proedría de todos ellos.
Por un momento hemos de olvidarnos de la posterior construcción de Jacoby que hacía de Hecateo el predecesor inacabado de Heródoto,252 y valorar en realidad qué se esconde detrás de su definición como un racionalista, dado que precisamente esta afirmación se ha convertido en la justificación del título de pater historiae.
El positivismo de buen cuño, con Eduard Meyer y de Sanctis a la cabeza, consideró la afirmación con la que se abre el proemio como una declaración de intenciones en lo que se refiere a la racionalización del mito.253 Esta tendencia ha sido matizada de maneras muy diferentes, de modo que Fertonani hablaba incluso de la simple aplicación del método de la verosimilitud,254 es decir, de la reconsideración del pasado mítico en atención a su congruencia o incongruencia, sin que ello suponga la negación del mito o de la divinidad,255 en una obra en la que lo teogónico es escaso.256 Sea como fuere, Fertonani se sitúa en una línea que parte de la idea apriorística de considerar a Hecateo un historiador con métodos de
250 Cf. Starr, 1968, p. 3, «Also implicit in my use of the Word “awakening” [sc. en el título del libro] is a firm belief that history did not suddenly emerge as a simple reflex to Athenian pride in empire, the jubilation of the Greeks over their almost miraculous defeat of the Persian onslaught, or any other single characteristic of fifth-century society». Era éste un camino además de absoluta falta de sentido histórico, cf. p. 9.
251
Cf. Creuzer, 1845, p. 265 y ss. Cf. Lendle, 1992, p. 10, y Bertelli, 2001, p. 94. 252 Construcción que se benefició de la indefinición que presentaba en la Antigüedad la figura de Hecateo, que, como señalaba Nenci, 1955, p. XXIII, pasa de logógrafo a geógrafo, o a historiador según las épocas y los contextos.
253
Cf. de Sanctis, 1933, p. 1: «Non corre dubbio che, affermando così solennemente i diritti della ragione a fronte de la tradizione, Ecateo ha fondato la scienza storica». Cf. también Lasserre, 1976, p. 115, quien resume el asunto en una mezcla de empirismo, racionalismo y crítica histórica.
254
Cf. Fertonani, 1952, p. 20. 255
Para la unión de estos aspectos cf. Gehrke, 2011, p. 45. 256
historiador,257 y, si bien la conclusión es en cierta manera extraña, no es del todo ajena a la que, a nuestro entender, es la vía para la comprensión de Hecateo. El propio Fertonani afirma que «resulta che il “racionalismo” di Ecateo consiste nella presa di posizione della ragione di fronte ad una supina accetazione del mito».258
Esta afirmación es fruto de una paradoja como es el hecho de que el arranque de la historiografía racional se haga con una valoración de los antiguos mitos.259 De este modo, el racionalismo, o verosimilitud, se funda únicamente sobre su propia esencia metodológica, que es aplicada con criterios de historiador a un material que no es compatible con esos medios, de ahí la necesidad de defender el valor metodológico de Hecateo,260 dado que el contenido se mantiene dentro de la tradición mítica.
Más allá de todas estas interpretaciones, más determinadas por su inclusión en un sistema que trata de explicar una evolución ideológica que al propio autor, a nuestro entender, es necesario tener presente que, al menos en este estadio, se han de tomar en consideración las dos obras del autor, que necesariamente constituyen una unidad de pensamiento. A pesar de que aunando ambas tengamos un cuerpo relativamente grande de fragmentos, parece complicado determinar los contornos del pensamiento de Hecateo, ya que será una constante la tendencia a desarrollar las ideas expuestas de forma en cierta manera criptográfica en el proemio en el cuerpo de la obra.
Dado este problema, parece interesante determinar los contornos ideológicos que determinan la aparición de la obra y, en definitiva, identificar el motivo que lleva a Hecateo a la redacción de sus obras. En este sentido, creemos que una idea que ya hemos explorado en el ámbito formal ha de ser tenida de nuevo en cuenta, la inclusión de las obras que nos ocupan dentro de un género muy heterogéneo, del que desde Creuzer se trató de aislar a los logógrafos de manera intencionada. Esta separación, basada únicamente en la naturaleza temática, no permite ver la realidad que supone la cercanía intelectual de Hecateo con los habitualmente denominados
257
Cf. Fertonani, 1952, p. 20. Esta idea lleva aparejada la también apriorística de considerar la labor del historiador como la salvaguarda del pasado, cf. p. 29, «Con un tale procedimiento si tentava di salvare la saga eroica transformandola in storia».
258
Cf. Fertonani, 1952, p. 27.
259 Compatibilidad de mito y religión con la historia se puede ver también en Starr, 1968, p. 17.
260
Paradoja que llevó a Nenci, 1955, p. XXIV, a señalar la existencia de un necesario fondo histórico en los mitos, cosa que complica aún más el idealizado paso del mito al logos.
presocráticos, con los que entra en concurrencia e, incluso, en conflicto. Nenci nos recordaba que la obra de Hecateo gozó, a tenor de los contactos entre diferentes autores en su época, de una rápida difusión,261 dado que Heráclito lo incluye en una lista en la que están presentes Hesíodo, Pitágoras y Jenófanes.262 Tras este primer periodo de difusión, que, aunque amplia, ha de considerarse dentro de los límites propios de la época, asistiremos ya en época clásica a un relativo abandono de estos autores, siendo precisamente Hecateo, de manos de Heródoto, uno de los mejor conocidos.263 Parece interesante, dada esa hetereogeneidad, explorar las razones por las cuales, más allá del contenido, Hecateo no es un presocrático.
La creación de un sistema unificado y consistente de pensamiento por parte de autores como Heráclito es, simplificando quizá en exceso, una de las razones por las que se asume, sin ningún tipo de dudas, su pertenencia al ámbito filosófico. Sin embargo, y en lo que se refiere a Hecateo, los fragmentos conservados no ofrecen pautas para la reconstrucción de un sistema como el que veremos en futuros autores historiográficos. En este sentido, el fragmento heracliteo explorado por Nenci es fundamental:264
Πολυµαθίη νόον ἔχειν οὐ διδάσκει· Ἡσίοδον γὰρ ἄν ἐδίδαξε καὶ Πυθαγόρην αὖτίς τε Ξενοφάνεά τε καὶ Ἑκαταῖον… εἶναι γὰρ ἓν τὸ σοφόν, ἐπίστασθαι γνώµην ὁτέη ἐκυβέρνησε πάντα διὰ πάντων.
El propio Nenci265 consideraba que estábamos ante un ataque a la falta de λόγος en la obra de Hecateo, a la acumulación organizada de saberes al modo tradicional de un Hesíodo en los Erga, y seguramente deba ser ésta la interpretación del proemio de Hecateo. Gitti266 afirmaba que la intención de Hecateo no era decir la verdad, sino que el proemio era la declaración de un método: «delle cose che io tratto (γράφω) e che espongo nella mia opera
261
Cf. Nenci, 1949, p. 110. 262
Cf. Heráclito, DK 22 B 40 y 41. Cf. además Kirk, Raven y Schofield, 1987, p. 266 y ss.
263 Cf. Pearson, 1939, p. 9, para consideraciones generales. 264
Cf. Heráclito, DK 22 Β 40 y 41: «El saber sobre muchas cosas no enseña a tener juicio: pues no enseñó a Hesíodo, ni a Pitágoras, ni a Jenófanes ni a Hecateo […] pues una sola cosa es la sabiduría, el conocimiento del diseño que gobierna todo por medio de todo».
265
Cf. Nenci, 1949, p. 116. 266
(τάδε) io dó l’interpretazione che mi sembra la vera». Si bien el propio Gitti, seguramente por la fecha de la publicación de su trabajo, trata de suavizar esta afirmación,267 estamos, simplemente, ante la interpretación del proemio de Hecateo en términos de subjetividad. En la misma línea, von Fritz daba con una de las líneas clave de la interpretación de los proemios historiográficos y de la historiografía misma al afirmar: «Die Geschichte und die beschriebende Geographie haben es unter allen Wissenschaften am eigentlichsten mit dem ganz Individuellen zu tun».268
Esta tendencia interpretativa en la que el individuo goza de una posición central es fundamental para comprender la conexión existente entre el diseño que la antropología nos ofrece del saber tradicional histórico y la aparición del género en la Antigüedad. La idea de von Fritz,269 quizá en una línea más tradicional, que daba cuenta de la transmisión del pasado por medio de la poesía esconde en cierta manera la idea tradicional de transmisión del saber histórico, y la oposición a esa individualidad tiene unas consecuencias que, a nuestro juicio, no son las que habitualmente se defienden.
Guarda especial relación con este último aspecto la posible crítica a la religión. Más allá de planteamientos ilustrados modernos que separan religión y razón, y que subyacen en las afirmaciones habituales de quienes tratan de compatibilizar el tratamiento de narraciones mitológico-religiosas y el modelo racional habitualmente atribuido a Hecateo,270 ha de tenerse presente la función que estas obras desarrollarían en el contexto histórico en el que vieron la luz.
Para este aspecto, creemos que la estricta función social que asignamos a los géneros tradicionales al comienzo del presente estudio ha de ser tenida también en cuenta en el análisis del pensamiento. Obviamente, ello tiene como primera consecuencia que la habitual oposición de subjetividad, entendida como una autoafirmación con tintes políticos casi aristocráticos,271 se ha de ver sustituida por una idea de alejamiento de las tradiciones sancionadas, no precisamente en un intento de salvarlas de un olvido que no
267
Así, trata de defender todavía la privilegiada posición como racionalista de Hecateo, cf. Gitti, 1952, p. 391.
268
Cf. von Fritz, 1967, p. 6. 269 Cf. von Fritz, 1967, p. 25. 270
Cf. e. g. de Sanctis, 1933, p. 13; Gitti, 1952, p. 392. Cf. también de manera clara Fertonani, 1952, p. 27.
271
es tal.272 Más allá de la simple idea de una sistematicidad racional de los elementos presentados por la tradición, algo que seguramente tiene su origen en afirmaciones como las de Hesíodo acerca de la capacidad de las musas para decir mentiras semejantes a verdades,273 parece difícil pensar en una sistematización real del contenido de las Genealogías, y en la aplicación sistemática de un λόγος, en palabras de Heráclito, a la narración contenida en la obra. En este sentido, es realmente interesante la observación de Gitti,274 quien advertía que Genealogías y Periégesis se contradicen. Este hecho, que podría parecer circunstancial, es fundamental si tenemos presente la necesaria unidad de pensamiento y obras propia de esta época.275 En todo caso, la simple idea de un racionalismo unificador requeriría de una actuación sistemática que difícilmente puede ser aplicada a lo que los fragmentos nos revelan. En último término, cuando Fowler afirmaba276 que «Hecataeus […] simply gave his solutions to particular problems and implicitly defied his readers to prove him wrong», no se alejaba demasiado de la realidad de la obra. Si a ello unimos además la dificultad para definir un concepto claro de mito en oposición a razón,277 la interpretación del proemio de Hecateo adquiere un sentido muy diferente al habitual.
El proemio de Hecateo no es historiografía, no responde al diseño de un modelo de comprensión de la realidad, pero en tanto que presentación de las
272
Cf. Fertonani, 1952, p. 29: «Con un tale procedimento si tentava di salvare la saga eroica transformandola in storia». Cf. Canfora, 1972, p. 10 y la sección relativa al siglo IV para el mantenimiento oral de la historia hasta épocas tardías.
273 Cf. Hesíodo, Teogonía, 27. El propio Pearson, 1987, p. 98, conecta el proemio de Hecateo con este pasaje. Para lo tradicional del denominado «sueño de Hesíodo», cf. West, 1982, p. 158 y ss.
274
Cf. Gitti, 1952, p. 396. Las contradicciones, que afectan a la geografía de Sicilia y a la narrativa de Heracles son estudiadas por Pearson, 1987, p. 45 y ss., quien en p. 98, les resta importancia. Sea como fuere, y más allá de problemas de cronología, lo importante es la existencia de lagunas en la narración relativa a Heracles, que probablemente ocupaba todo un libro.
275
Lo que ha causado algún problema de asignación de fragmentos a una u otra obra; cf. para todo ello Caspari, 1910, p. 238. No entramos, claro está, en el estéril debate sobre la autenticidad de la Periégesis.
276
Cf. Fowler, 2001, p. 146.
277 Cf. Most, 1999, p. 25 y ss. Hartog, 1999, p. 184, observaba también que en el propio proemio Hecateo emplea el verbo µυθεῖται, que Gitti, 1952, p. 390, entiende como “proclamar”, lo que se aleja de la semántica del término, relacionada con “contar” más que con “hacer público”.
opiniones personales y no sometidas al modelo tradicional imperante278 y, lo más importante, gracias a su determinación de dos de los ejes fundamentales que habremos de tener presentes en estadios posteriores del género, podemos considerarlo sin lugar a dudas un precedente necesario.
El trabajo geográfico de Hecateo es fundamental para su tiempo,279 como lo es la apertura de los intereses etnográficos, que se han de entender en íntima relación con su pensamiento historiográfico.280 Lo importante no es la determinación de un pensamiento racional, o la inexistente separación entre mito e historia,281 sino el emparejamiento solidario de dos ejes interdependientes,282 en contra de lo que pensaba Jacoby, tiempo y espacio, que determinarán el futuro ámbito de actuación de los historiadores. Hecateo no es, pues, el padre de la historiografía,283 dada la falta de un λόγος o modelo intelectual que articule su obra,284 pero presenta ya el escenario en el que se articulará el pensamiento de los autores posteriores. Si hablábamos en otra sección de que estamos ante un género heterogéneo que dará lugar a la historiografía cuando acoja recursos literarios orales, ahora, en lo relativo al pensamiento, hemos de señalar que es en el seno de ese mismo género heterogéneo donde aparecerán los primeros condicionantes que darán lugar a la historiografía.
278
Así, ya de Sanctis, 1933, p. 14.
279 Cf. Heidel, 1943, p. 262 y ss. Tambien Jaeger, 2000, p. 345. 280
Cf. Heidel, 1943, p. 264.
281 Así, erróneamente, Heidel, 1943, p. 265. 282
Así Strasburger, 1968a, p. 418. 283
Cf. Nenci, 1951, p. 53. Recientemente cf. Nicolai, 1997, p. 143 y ss., en términos estilísticos.
284 Idea en cierto modo expresada por Nenci, 1951, p. 55: «[…] l’interesse di Ecateo è rivolto all’ accetamento di una versione sola. Egli crede perciò nella realità del fatto anche miracoloso, anche inverosimile, puiché unívocamente testimoniato». Esta idea recoge en último término mucho del autor como simple transmisor selectivo, quizá enfatizada por el propio Nenci, 1951, p. 55, quien traduce πολλοὶ τε καὶ γελοῖοι como “muchos y por ello ridículos”, lo que en cierta medida falsea el texto.