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Viterbi Decoding and Hidden Markov Models

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Si bien es Heródoto el primer autor en prosa que conservamos, los fragmentos de los prosistas anteriores al de Halicarnaso han permitido caracterizar de manera clara, aun a pesar de los problemas que lo fragmentario del corpus plantea,130 la prosa de los autores del siglo VI a. C. –el siglo de la prosa jonia, en palabras de Haberle–,131 y del V.

La primera de las cuestiones que plantea esta prosa es su relación con la poesía, cuyo desarrollo –merece la pena recordar– estaba en su máximo punto, un asunto fundamental para el posterior análisis de la obra de

128

Con los consabidos errores, cf. Schrader, 1988, p. 517 y ss. 129

Patzek, 2002, p. 21 y ss.

130 Cf. Lilja, 1968, p. 13 y passim. En este, como en todos los aspectos que tengan que ver con el análisis de textos fragmentarios en el desarrollo del presente trabajo, tenemos, como es natural, presentes las indicaciones de Brunt, 1991, p. 324 y ss.

131

Cf. Haberle, 1938, p. 2. Sorprendentemente, Goldhill, 2002, p. 5, sitúa el «nacimiento» de la prosa en torno al surgimiento de la democracia, en contra de lo cual cf. incluso ya Aly, 1921, p. 2.

Heródoto.132 Norden fue defensor primero de una fuerte influencia de lo poético en la creación de la prosa jonia, para después reducir esa influencia a la luz de las observaciones de Jacoby, quien veía pocos datos en Hecateo que permitieran tal afirmación.133 En esta línea, Haberle, apoyado en testimonios antiguos que hacían derivar la prosa de la poesía,134 defendía ese influjo poético a partir del análisis léxico de los fragmentos, estableciendo una progresión que alcanzaba su máximo punto en Heródoto. Aly, por su parte, aportó135 de una manera muy avanzada para la fecha la idea de que la prosa era tan antigua como la poesía, presentando así una perspectiva que en cierta manera se ha desarrollado actualmente gracias a los estudios de la moderna antropología,136 ciencia que, por cierto, desmiente la postura de Schick, quien defendía que el mundo tradicional empleaba únicamente la poesía,137 lo que permite evitar la distorsión que presentaba el acercamiento a la prosa arcaica desde una absoluta primacía de la poesía.138

En el caso de Lilja, la estudiosa concluye que ha reducirse esa influencia, dando cuenta de la necesidad de aislar los autores por géneros.139 Al tiempo, aporta la que a nuestro entender es la clave del estudio del léxico de estos autores, de gran importancia en el análisis de sus relaciones con la poesía, que no es otra que la dificultad de reconstruir una imagen completa del léxico empleado que nos permitiese hablar de poetismo, cultismo o habla popular, habida cuenta de nuestro poco conocimiento de la lengua jonia estándar de la época y, añadiríamos, de lo escaso del corpus.

Más interesante parece el estudio de reminiscencias rítmicas o de empleos de expresiones de cuño homérico, cuya aparición Lilja destaca

132

Cf. Lilja, 1968, p. 15, quien hace referencia de manera interesante a este aspecto por las posibles influencias que pudiera tener sobre la prosa, que, como veremos, suaviza.

133 Jacoby, 1912, col. 2748. 134

Cf. e. g. Plutarco, De Pythiae oraculis, 406 E, con las indicaciones de paralelos en el propio Plutarco de Schröder, 1990, p. 387; Estrabón, I 2; y Norden, 1958, p. 32 y ss.

135

Cf. Aly, 1921, p. 2 y ss. No ha de olvidarse que Aly fue además el primer estudioso de las primitivas narraciones populares, de donde seguramente surgió ese convencimiento, amparado en un conocimiento de primera mano de los testimonios más antiguos de la narrativa.

136

Cf. Finnegan, 1977, p. 41 y ss. 137 Cf. Schick, 1955, p. 133. 138

Cf. Aly, 1921, p. 11, que adopta incluso la postura contraria: «Sie [Die Prosa] ist die Mutter auch der Poesie, die nur die feste Form voraus hat».

139

como no casual,140 y que en cierta manera, cuando son realmente verificables,141 han de hacernos pensar en la esencia misma de su uso, por cuanto pueden expresar desde un simple afán de emulación a un juego polémico,142 lo cual no implica la idea tradicional de relación de la prosa respecto a la poesía, ni por supuesto, puede entenderse como simple deuda.

Respecto a esa diferenciación entre géneros que propuso Lilja,143 y que apoya López Eire,144 los propios datos que obtuvo Haberle apuntaban a la clara separación de los diferentes autores. Así, Haberle destacaba el poco tinte poético de Hecateo,145 como hace Lilja,146 en tanto que Heráclito es más poético, principalmente por el hecho de que emplea más metáforas, dado que la certificación del empleo de elementos de ritmo se presenta como algo inseguro.147

Con estos datos, y habida cuenta de que las teorías antiguas sobre el origen de la prosa no son para nosotros válidas, cabe preguntarse por la significación de lo poético en estos autores. A nuestro entender, el empleo de léxico no es concluyente, ya que no podemos asumir el conocimiento de esa supuesta connotación poética, en tanto que el ritmo es incluso hoy un tema abandonado en la práctica en un momento de gran estudio, por otra parte, de la métrica.148 Por ello, parece interesante retener el concepto de metáfora como aspecto clave de esa influencia, y tener presente que no es otra cosa que un empleo figurado del lenguaje. La moderna antropología149 nos aporta datos de valor sobre la presencia de este recurso en culturas primitivas, lo que nos ha de hacer pensar en esta no como un recurso poético elevado, sino

140

Cf. Lilja, 1968, p. 33.

141 Cf. Dover, 1997, p. 160 y ss., para lo difícil de delimitar esos ritmos en prosa, en donde no contamos con un esquema métrico definido que nos permita decidir en casos dudosos respecto a cantidades.

142

Aspecto importante en la denominada literatura científica, cf. Thesleff, 1966, p. 103. 143 Queremos señalar, aunque sea en nota, el intento de Schick, 1955, de determinar la naturaleza de la primitiva prosa por medio de un estudio que tuviera como eje la diferenciación, en un modo poco científico, entre las diferentes razas griegas, lo que prácticamente invalida un trabajo que aporta ideas como que el estilo científico es dorio por la austeridad de estos, cosa en todo punto discutible. Cf. Schick, 1955, p. 132 y ss.

144

Cf. López Eire, 1985, p. 44. 145 Cf. Haberle, 1938, p. 22. 146

Cf. Lilja, 1968, p. 23.

147 Cf. Lilja, 1968, p. 33 y ss. En contra, cf. Norden, 1958, p. 44. 148

Cf. Dover, 1997, p. 160 y ss., para una postura poco optimista a la hora de esperar resultados concluyentes en este aspecto.

149

como un recurso similar al lenguaje abstracto. Los medios de expresión de las culturas tradicionales se mueven en un sistema muy diferente al nuestro, de modo que esas metáforas son propias de un género, sentidas como medios de expresión válidos para la comunicación de un determinado concepto150 en un determinado género. Es esto lo que, a nuestro entender, nos permite hablar de influencia poética en Heráclito e incluso, como veremos, en Heródoto,151 pero no establecer una jerarquía de dependencias entre prosa y poesía, sino una posición paralela.

En este sentido, y más recientemente, López Eire ha zanjado el tema152 simplemente abriendo el ángulo de visión y recordando que tanto poesía como prosa son dos caras de la expresión del lenguaje literario, y, nos atreveríamos a añadir a partir de los datos de la antropología, son dos fenómenos paralelos de la expresión lingüística, con la salvedad que más tarde apuntaremos.

El segundo aspecto a tener en cuenta es el orden de palabras. Es este un tema que Haberle no trata, pero sí Lilja, aunque con los consiguientes problemas en un campo de estudio de por sí complejo y, a nuestro entender imposible en unos autores cuyo corpus se reduce en ocasiones a unas pocas líneas. Así, los datos aportados y recogidos por Lilja en dos tablas153 tienen el poco crédito que puede otorgar el que un cien por cien de casos correspondan a un solo ejemplo.

Más interesante es el apartado relativo a la construcción de la frase y de los periodos, lo que tradicionalmente se ha denominado, a partir de una observación de Aristóteles,154 λέξις εἰροµένη.

Dentro de este estilo se han de recoger los habituales recursos de carácter sintáctico relacionados con la expresión paratáctica, frente a los usos hipotácticos, que, según Lilja,155 se verán paulatinamente introducidos en los usos de la prosa arcaica y que son propios de épocas más tardías. La autora nos hace saber que el estilo δέ se relaciona con los contenidos narrativos, en tanto que los usos de καί se asimilan más a los catálogos o enumeraciones,156 150 Cf. Vansina, 1985, p. 12. 151 Cf. Haberle, 1938, p. 28. 152 Cf. López Eire, 1985, pp. 39 y ss. y 63. 153 Cf. Lilja, 1968, p. 52 y ss. 154

Cf. Aristóteles, Retórica, 1409a. 155

Cf. Lilja, 1968, p. 73. 156

al tiempo que desmonta sin afirmarlo la teoría que relaciona mayor complejidad sintáctica con la evolución de la λέξις εἰροµένη: «it is surprising to observe that the very earliest prose writer, the philosopher Pherecydes, has almost as many sub-clauses as Hellanicus…»,157 siendo además Helánico el autor con mayor subordinación del estudio.158 A esta idea en parte ya apuntaban los datos recogidos por Webster, que indicaba un claro aumento de la parataxis a fines del siglo V a C.,159 y que recientemente Müller ha confirmado dando cuenta, al estudiar el estilo herodoteo, de la poca diferencia entre el grado de subordinación de éste y Tucídides.160 Es precisamente dicho aspecto, uno de los habitualmente defendidos como característicos de la prosa arcaica, el que se nos presenta como punto de partida para un nuevo acercamiento al estudio de la prosa arcaica y su configuración literaria.

En profunda relación con la λέξις εἰροµένη se encuentran los recursos de repetición, aliteración y juego de palabras, recursos de amplia repercusión en el nivel oral y aural de la expresión.161 El análisis de los fragmentos lleva a Lilja a diferenciar entre los usos de los logógrafos, que apuntan a un afán de claridad en la expresión, frente a los filósofos, que perseguían un mayor énfasis en su expresión.162 Sin embargo, de lo dudoso de esta finalidad hablaba ya la misma Lilja, al dar cuenta de lo difícil de la elección en cada caso, en lo que, a nuestro entender, es una diferenciación arbitraria.

Ante estos datos, cabe preguntarse por la verdadera esencia de este tipo de λέξις, aún más si tenemos en cuenta que Aristóteles presenta como ejemplo paradigmático el comienzo del proemio herodoteo.163 La definición 157 Cf. Lilja, 1968, pp. 99 y 82. 158 Cf. Lilja, 1968, p. 87. 159 Cf. Webster, 1941, p. 392.

160 Cf. Müller, 1980, p. 47 y ss., con tabla número 7 en p. 48, en la que el nivel de parataxis de Heródoto se mueve desde el 76,1% al 81,9%, en tanto que los datos del libro VII de Tucídides se sitúan en el 81,0%. Para un completo análisis de la casuística de la parataxis herodotea cf. Lamberts, 1970, quizá demasiado apoyado en una semántica referida más a la traducción que al texto, y sin unas necesarias conclusiones, que no empecen en modo alguno la amplia acumulación de datos.

161 Cf. Lilja, 1968, p. 35; Denninston, 2000, p. 2 y ss. 162

Cf. Lilja, 1968, p. 51.

163 Cf. Aristóteles, Retórica, 1409a27; el texto presenta problemas de transmisión por presentarse la famosa referencia a Turio y un orden diferente de palabras, lo que llevó a la atetización del pasaje. En contra, la edición de la academia, en la cual cf. aparato crítico, y Cope, 1887, p. 92 y ss., quien justifica claramente el problema, cuyo origen está seguramente

que el propio Aristóteles hace de esta lexis (λέγω δὲ εἰροµένην ἥ οὐδὲν ἔχει τέλος καθ᾿αὑτήν, ἄν µὴ τὸ πρᾶγµα λεγόµενον τελειωθῇ· ἔστι δὲ ἀηδὲς διὰ τὸ ἄπειρον· τὸ γὰρ τέλος πάντες βούλονται καθορᾶν) es de por sí confusa en su interpretación. A primera vista, la definición parece decir poco, y el ejemplo presentado por Aristóteles termina por complicar la definición, dado que el proemio de Heródoto plantea no pocos problemas, y su longitud parece apuntar a un periodo ajeno a la λέξις εἰροµένη desde una perspectiva sintáctica, como señaló Müller.164

Parece, pues, más interesante recurrir a la reconstrucción propuesta por López Eire,165 que partiendo de los esquemas de las antiguas genealogías, con construcciones del tipo sustantivo más genitivo referido al anterior, más

sustantivo, etc., define estas estructuras como compuestas por κῶλα –pequeños o no–, engarzados por un elemento repetido, que puede ser

sustituido por un pronombre.166

Así, por el marco temporal en el que se desarrolla este tipo de λέξις, hemos de pensar en primer lugar en una sociedad que está recién salida –si es que aún no se encuentra en ese estadio, como nosotros opinamos– del mundo tradicional, con una cultura de carácter oral, y esa cultura oral se manifiesta con una caracterización que en líneas generales se repite de

en la cita de memoria de un Aristóteles que poseería una copia en la que figuraría la referencia a Turio, frente a un Demetrio, Περὶ ἑρµενείας, 17, que sí poseía la lectura actual y que además cita correctamente el orden del texto. Powell, 1939, p. 63, atetizaba el pasaje en la idea de que no se trataba de un ejemplo de λέξις εἰροµένη, lo que ha de ser puesto, a nuestro entender, en cuarentena. Por otra parte, las referencias a Turio eran en la Antigüedad abundantes, cf. Bauer, 1878, p. 172 y ss. Es precisamente esta hipótesis la explicación más clara a la tradición que propone Turio, que no sería otra cosa que una corrección erudita del manuscrito a la luz de las tradiciones sobre la vida del autor, cf. Erbse, 1979a, pp. 143 y ss. y 152 y ss. para las dificultades de la cita de Aristóteles, que Erbse no se propone resolver. La lectura fue admitida por Legrand, 1931.

164 Cf. Müller, 1980, p. 5: «Als einzigen Vertreter der λ. ε. nennt Aristoteles erstaunlicherweise Herodot und führt dessen Einleitungssatz als Beispiel an».

165 Cf. López Eire, 1985, p. 44 y ss. 166

Errónea nos parece la afirmación de Immerwahr, 1966, p. 88, quien defiende la independencia de los elementos en el estilo paratáctico: la unidad que se consigue por la subordinación se alcanza en la parataxis por otros medios, como señala López Eire.

manera sistemática en los ejemplos estudiados por la moderna antropología.167

Uno de los aspectos más destacables de estos estadios culturales es la consideración de la escritura como un medio ajeno a la expresión: esta puede ser empleada de manera funcional durante mucho tiempo sin que ello impida la existencia de una cultura literaria aún oral, aunque tarde o temprano se vea modificada por ese instrumento.168 El cambio de mentalidad que representa el asumir un vehículo escrito para lo que habitualmente se conservaba de manera oral supone un auténtico punto de inflexión en la sociedad y en el individuo que más tarde analizaremos, dado que por ahora basta con considerar un hecho tan obvio como olvidado: que la prosa como tal corre pareja a la poesía en las sociedades tradicionales,169 y que posee su propia retórica, una retórica tradicional, que persigue dos características claves del quehacer literario en las sociedades tradicionales, se trate de prosa o poesía: la finalidad y la supervivencia del texto.170

Desde una mentalidad escrita parece imposible la supervivencia de un texto como un poema épico sin la escritura, igual que ocurre en el caso de los textos narrativos orales, que no conservamos como tales en el mundo clásico, y ello ha hecho que habitualmente se aduzcan motivaciones fisiológicas, que apuntan a una gran capacidad memorística por parte de sujetos que se desenvuelven en una cultura ágrafa, para justificar esa superior capacidad de memorización de textos, y con ello la conservación de los mismos, hecho por completo desmentido por los estudios al respecto.171 Los individuos de las sociedades tradicionales orales no tenían mejor memoria, sino recursos que les permitían conservar esos textos por medio de una memorización más fácil. Vansina recoge tres tipos de recursos: objetos, lugares y ritmo o música.172 En el caso griego, los estudios de Parry han dejado clara constancia de los recursos empleados en la épica homérica para

167

Cf. Vansina, 1985, p. 39 y ss. A este respecto, piénsese, por ejemplo, en las genealogías presentes en textos que, aunque tardíos, parecen recoger elementos tradicionales, como el árbol de Jesé, en Mateo 1, 1, o Tito Livio, I 3, 6.

168 Cf. Thomas, 1989, p. 2 y ss. 169

Cf. Vansina, 1985, p. 14.

170 Cf. Vansina, 1985, pp. 100 y 42 y ss.; para su aplicación al ámbito griego cf. Thomas, 1989, p. 6.

171

Cf. Thomas, 1989, p. 4 y nota 7; Finnegan, 1977, pp. 54 y 69. 172

facilitar esa memorización y en lo referente a la prosa, cabe preguntarse si no estarán presentes esos recursos en los primeros autores.

Volviendo a la definición de Aristóteles, se coincide en que habla de una expresión que no queda completada hasta que se termina aquello que se examina o discute,173 mientras que el estilo periódico es aquel conformado por periodos que tienen su fin en sí mismos,174 y por ello se habla de un elemento compacto. Es este último término el que puede entrar en contradicción con la definición de λέξις εἰροµένη: para nosotros, quizá presente un estado más compactado el fragmento de Ferécides DK 7 B 2 que un texto de Isócrates, pero para un lector antiguo, con las consabidas dificultades de lectura, era complicado desenvolverse con un texto de ese tipo, en tanto que los normalmente breves periodos de orador serían más fáciles de seguir con la vista, dado que, por ejemplo, no habría repetición continua de elementos, lo que, unido al hecho de que las piezas tendrían la suficiente independencia como para abarcarlas por unidades completas de sentido, facilitaría la lectura. Pero hay algo en los fragmentos de los autores arcaicos que en parte recuerda a esa ilación:175

Βισάλται(a) εἰς Καρδίην ἐστρατεύσαντο καὶ ἐνίκησαν· ἡγεµὼν δὲ τῶν Βισαλτέων(a) ἦν Νάρις(b). [Οὗτος(b) δὲ παῖς ὢν ἐν τῇ Καρδίῃ(c) ἐπράθη, καί τινι Καρδιηνῷ(c) δουλεύσας κορσωτὴς(d) ἐγένετο. Καρδιηνοῖς(c) δὲ λόγιον ἦν ὡς Βισάλται(a) ἀπίξονται ἐπ᾽ αὐτούς(c), καὶ πυκνὰ περὶ τούτου διελέγοντο ἐν τῷ κορσωτηρίῳ(d) ἱζάνοντες. Καὶ ἀποδρὰς ἐκ τῆς Καρδίης(c) ἐς τὴν πατρίδα, τοὺς Βισάλτας(a) ἔστειλεν ἐπὶ τοὺς καρδιηνούς(c)], ἀποδειχθεὶς ἡγεµὼν ὐπὸ τὼν Βισαλτέων. βουλόµενος> γὰρ σέο τοὺς γάµους εἶναι τούτῳ σε τιµῶ. Σὺ δέ χαῖρέ τε καὶ σύνισθι. Ταῦτά φασιν ἀνακαλυπτήρια πρὼτον γενέσθαι· ἐκ τούτου δὲ ὁ νόµος ἐγένετο καὶ θεοῖσι καὶ ἀνθρώποισιν. ἡ δέ µι<ν ἀµείβε>ται δεξαµένη εὐ τὸ φᾶρος…176 173 Cf. Cope, 1887, p. 92. 174

Cf. Aristóteles, Retórica, 1409a27; Cope, 1887, p. 94. 175

Caronte de Lámpsaco, F 1. 176

… κείνης τῆς µοίρας ἔµερθέν ἐστιν ἡ ταρταρίη µοῖρα· φυλάσσουσι δ᾽ αὐτὴν θυγατέρες Βορέου Ἅρπυιαί τε καὶ Θύελλα· ἔνθα Ζεὺς ἐκβάλλει θεῶν ὅταν τις ἐξυβρίσῃ.177 ∆ίκη µέν ἐστιν ἔρδειν τά χρὴ ἐόντα, ἀδικίη δὲ µὴ ἔρδειν τὰ χρὴ ἐόντα.178 Πόλεµος πάντων µὲν πατήρ ἐστιν, πάντων δὲ βασσιλεύς, καὶ τοὺς µὲν θεοὺς ἔδειξε τοὺς δὲ ἀνθρώπους, τοὺς µὲν δούλους ἐποίησε τοὺς δὲ ἐλευθέρους.179 … πορευόµενοι παρεγένοντο ἐς Κελαινάς ἵνα πηγαὶ ἀναδιδοῦσι Μαιάνδρου ποταµοῦ καὶ ἑτέρου οὐκ ἐλάσσονος ἢ Μαιάνδρου, τῷ οὔνοµα τυγχάνει ἐὸν Καταρρήκτης, ὃς ἐξ αὐτῆς τῆς ἀγορῆς τῆς Κελαινέων ἀνατέλλων ἐς τὸν Μαίανδρον ἐκδιδοῖ· ἐν τῇ καὶ ὁ τοῦ Σιληνοῦ Μαρσύεω ἀσκὸς [ἐν τῇ πόλι] ἀνακρέµαται, τὸν ὑπὸ Φρυγῶν λόγος ἔχει ὑπὸ Ἀπόλλωνος ἐκδαρέντα ἀνακρεµασθῆναι.180

Se presentan subrayados los elementos inventariados por Lilja como característicos de la prosa más primitiva. Todos esos rasgos cohesionan el texto, crean un bloque que, como dice Aristóteles, solo está completo por sí mismo y cuando acaba, lo que, si lo presentamos en un escenario de cultura oral, responde a unos mecanismos que facilitan la memorización y conservación del texto. Los diferentes elementos llaman al siguiente de manera solidaria, de modo que la falta de uno de ellos imposibilita la sensación de que el texto está completo; así, aparecen paralelismos que hacen que los elementos se presenten como interdependientes, o el empleo de expresiones repetidas apunta a la necesidad de articular un encuadre claro de elementos que permita añadir detalles sin que se pierda el hilo general de la narración, ἐπεὶ δὲ… ἐπεὶ δὴ…, o, en el segundo texto, la vuelta al hilo inicial de la narración por medio del pronombre ἡ δέ.

177 Cf. Ferécides, DK 7 B 5. 178 Cf. Demócrito, DK 33 B 256. 179 Cf. Heráclito, DK 22 B 53. 180 Cf. Heródoto, VII 26.

El último texto pertenece precisamente a Heródoto, y es el conocido

«exceso sintáctico»,181 en el que se presenta un abuso de oraciones subordinadas relativas, pero que en último término mantienen esa cohesión, que ya señaló como crucial Fränkel.182 Finalmente, el empleo de correlaciones como µέν, δέ, o τε… καί en el texto apunta a lo mismo, a la creación de elementos de carácter solidario cuya aparición no puede ser aislada, y el empleo de elementos apodóticos incide en esa idea y responde a un criterio de cohesión que para un lector es, como bien dice Aristóteles, tedioso, pero que para una cultura oral conforma los rasgos propios de su retórica, en la que ningún periodo queda sin ligazón con el anterior: no sobra ni falta nada, decía Fränkel183 en referencia al fragmento de Caronte de Lámpsaco, que presenta solo cuatro ideas clave en seis líneas.

De este modo, los seis estilos propuestos por López Eire184 pasarían a

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