La particular situación de la literatura griega en prosa en época clásica –entendida en el modo más laxo y amplio posible– hace que el proemio sea
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una atalaya excepcional para asomarse a la realidad del contexto y de las intenciones de la misma. La deriva que el perfilado de esta estructura inicial tiene en aspectos meramente compositivos y de definición de la relación entre público y autor explica que sea especialmente interesante abordarlo a fin de clarificar las consecuencias que tiene para la definición de la realidad literaria que pudiese presentar la obra de Hecateo. Para la valoración de este fragmento, tenido por crucial en el estudio de la aparición de la historiografía antigua, parece necesario devolverlo a la posición que ocupaba en el tablero de la literatura griega desde el pedestal que la crítica le concedió como primer historiador: a nuestro entender, existe un mundo literario y cultural en el que se inserta la obra de Hecateo en una igualdad de condiciones con el resto de los autores que lo componen que en ocasiones se olvida –y este es, seguramente, el mayor problema–, principalmente por la tendencia a aislar a los diferentes autores bajo criterios clasificatorios propios del universo literario moderno, pero ajenos a los planteamientos de la sociedad y la cultura de la época.
Teniendo en cuenta esta necesaria vuelta de Hecateo al mundo literario de la prosa del momento, se abre la posibilidad de ganar perspectiva por medio de un estudio comparado de los fragmentos de igual naturaleza. Fowler elevó a diez66 el número de proemios en prosa conservados pertenecientes a los siglos VI-V a. C., y si bien la elevada cifra nos debería facilitar la labor, las complicaciones son importantes. Además, a este número se han de sumar los cinco tratados hipocráticos más antiguos.67 Respecto a los primeros, se trata en la mayoría de textos de autores presocráticos cuya prosa se presenta con una caracterización muy compleja, en la que el estilo sentencioso y poético es fuerte, y no se puede incluso saber a ciencia cierta si son los comienzos mismos de las obras. Y es que Diels, en su edición, defendió la corrección generalizada de los textos, añadiendo a los testimonios conservados la expresión ὁ δεῖνα τάδε λέγει cuando no lo hallaba en el texto transmitido.68
El primero de esos proemios, el fragmento DK 22 B 1 de Heráclito dice lo siguiente:
66
Cf. Fowler, 1996, p. 69, nota 60. 67
Cf. infra, para un estudio detenido. 68
Λόγου τοῦδ᾽ ἐόντος ἀξύνετοι γίνονται ἄνθρωποι, καί πρόσθεν ἢ ἀκοῦσθαι, καὶ ἀκούσαντες τὸ πρῶτον.
Diels añadía en su edición en nota «vorher ging etwa Ἡράκλειτος Βλόσωνος Ἐφέσιος τάδε λέγει·», con lo que se hacía eco de las afirmaciones de Wilamowitz, quien, al analizar la existencia de títulos para las tragedias de Eurípides, daba por sentada la idea de que esta estructura de frase respondería a algo semejante a un título, idea que, por otra parte, ya expresara el propio Diels antes con ciertas dudas,69 y que finalmente recogió y sancionó Pohlenz, aplicada ya a Heródoto.70 Posteriormente, en su fundamental estudio sobre la forma de la obra literaria antigua, van Gronningen apoyó esta reconstrucción del inicio de dichas obras sin mayores problemas que la presencia, en este caso, del patronímico.71 A ciencia cierta, es complejo determinar si eso era así, pero, si recurrimos a Sexto Empírico, el autor que nos transmite el fragmento, a nuestro entender, sería imposible que la obra hubiera incluido la frase introductoria, ya que sería redundante con la propia narración del autor,72 lo que perfectamente podría justificar su falta en el texto.73 Ello de entrada nos da un sentido claro para esta sección introductoria, dependiente de la contextualización del texto en el escenario de su lectura, casi de un modo semejante a lo que ocurre con la fórmula empleada por el propio Sexto Empírico.
El siguiente proemio es el de Alcmeón de Crotona, y algo parecido se nos muestra en el desajuste entre la fórmula inicial y la que la sucede,
69
Wilamowitz, 1959, p. 125, nota 4; Diels, 1887, p. 436. 70 Cf. Pohlenz, 1961, p. 2.
71
Cf. van Groningen, 1958, p. 224, nota 5. Las dudas se plantean, en primer lugar, por la aparición del nombre del padre en lugar de la habitual referencia al lugar de origen, de especial importancia en los proemios, según veremos. Además, hay dudas respecto al patronímico en sí, dado que testimonios papiráceos parecen indicar una lectura diferente quizá debida a un defecto del material del soporte.
72 Cf. Sexto Empírico, Adversus Mathematicos,
VII 132: … ὁ προειρηµένος ἀνήρ, καὶ τρόπον τινὰ δεικνὺς τὸ περιέχον, φησί· λόγου τοῦδε…
73 Recientemente, Brunt, 1991, p. 337, ha señalado la fuerte distorsión que puede presentar un fragmento al ser incluido en el texto seguido del autor que nos lo transmite, dado que puede desde realizar cortes arbitrarios hasta, sencillamente, parafrasearlo, cosa que apoyaría lo que tratamos de decir.
retrasándose todavía más el comienzo de la obra en sí, marcada con el habitual περὶ…:74
Ἀλκµαίων Κροτωνιήτης τάδε ἔλεξε Πειρίθου υἱὸς Βροτίνῳ καὶ Λέοντι καὶ Βαθύλλῳ· περὶ τῶν ἀφανέων, περὶ τῶν θνητῶν σαφήνειαν µέν θεοὶ ἔξοντι, ὡς δ᾽ ἀνθρώποις τεκµαίρεσθαι καὶ τὰ ἑξῆς.
Siguiendo el orden cronológico, Filolao sigue la exposición:75
Περὶ φύσεως ὧν ἀρχὴ ἥδε· ἁ φύσις δ᾽ ἐν τῷ κόσµῳ ἁρµόχθη ἐξ ἀπείρων τε καὶ περαινόντων, καὶ ὅλος <ὁ> κόσµος καὶ τὰ ἐν αὐτῷ πάντα.
En este caso, el desajuste de Diels va aún más allá, dado que el texto está incompleto: falta el antecedente del ὧν, que está referido a βιβλία, y todo ello pertenece al texto de Diógenes Laercio,76 que dice exactamente:
Τοῦτόν φησι ∆ηµήτριος ἐν Ὁµωνύµοις πρῶτον ἐκδοῦναι τῶν Πυθαγορικῶν <βιβλία καὶ ἐπιγράψαι> περί φύσεως, ὧν ἀρχὴ ἥδε…
El propio Diels lo reconocía así en nota, pero es interesante observar que en este caso no se hace sugerencia alguna sobre la incorporación de la expresión en cuestión, aun a pesar de que la introducción que Diels coloca
74
Alcmeón de Crotona, DK 24 B 1: «Alcmeón de Crotona, hijo de Pirito, dice lo siguiente a Brotino, a León y a Bacilo: acerca de lo invisible, de lo mortal, gozan los dioses de seguridad, pero a los hombres solo queda el reconocer la sucesión de los hechos». Muy controvertida es la datación de Alcmeón, pero todo parece apuntar a que su nacimiento se sitúa en torno al 500 a. C. Cf. Guthrie, 1984, p. 338.
75 Filolao, DK 44 B 1: «Sobre la naturaleza, de cuyos [libros] éste es el comienzo: la naturaleza existente en el cosmos se conformó a partir de lo ilimitado y lo limitado, también el cosmos y todo lo que hay en él».
76
en el fragmento pertenece al texto de Diógenes Laercio, cosa que también ocurre en el fragmento del proemio de Diógenes de Apolonia:77
Ἀρχὴ δὲ αὐτῷ τοῦ συγγράµµατος ἥδε· λόγου πάντος ἀρχόµενον δοκεῖ µοι χρέων εἶναι τὴν ἀρχὴν ἀναµφισβήτητον παρέχεσθαι, τὴν δὲ ἑρµενείαν ἀπλῆν καὶ σεµνήν.
El siguente proemio pertenece al Triagmos de Ion de Quíos, y dice:78
Ἀρχὴ δέ µοι τοῦ λόγου. Πάντα τρία καὶ οὐδὲν πλέον ἢ ἔλασσον τούτων τῶν τριῶν.
De nuevo en este caso Diels añadía Ἴων Χῖος τάδε λέγει· y Wilamowitz no tenía ningún problema en admitir la oposición casi redundante entre el texto conservado y el añadido,79 dado que además permitía justificar el δέ, propuesta a la que se sumó van Groningen,80 apoyado en el caso de Heráclito. A nuestro entender, es difícil justificar esta inclusión, por cuanto en este caso la redundancia es con el propio texto, y el δέ parece poco convincente con un significado de contraposición o adición entre los dos periodos.81 Por ello, creemos que no es necesario colocar la fórmula de introducción en el caso de Ion, y en lo relativo al δέ, parece más sencillo considerarlo simplemente como inceptivo, dados sus valores conversacionales,82 e incluso polémicos, habida cuenta de la naturaleza de
77
Diógenes de Apolonia, DK 64 B 1: «El comienzo de su obra es el siguiente: Tengo la impresión de que es necesario que, cuando uno comienza desde el principio su obra, proporcione un comienzo libre de ambigüedades, y una forma de expresión simple y elevada».
78
Ion de Quíos, DK 36 B 1: «Este es el comienzo de mi obra: Todo es tres y nada más ni nada menos que esos tres».
79
Wilamowitz, 1959, p. 125, nota 4. 80 Cf. van Groningen, 1958, p. 224 y nota 6. 81
Porciani, 1997, p. 49, admite sin problemas la reconstrucción; cf. también Jacoby, 1949, p. 301, nota 36; la traducción que propone Diels es al menos rara: «Ion von Chios spricht folgendes. Anfang aber meines Wortes ist: ».
82
Denninston, 1960, p. 172 y ss. Nótese además que el carácter exhortativo de la expresión recuerda mucho al proemio épico y a los textos de naturaleza épica, cf. infra. Ion de
estos escritos.83 El último aspecto es además crucial para entender mucho de la contextualización de estos textos y por ello de su naturaleza literaria.
El último proemio conservado pertenece a Critias, el tío de Platón, y presenta una tendencia plenamente lírica:84
ἄρχοµαι δὲ τοι ἀπὸ γενετῆς ἀνθρώπου·
El propio Diels alertaba sobre el parecido de este proemio con el de La república de los lacedemonios.85 El texto gemelo de esta obra, La república de los atenienses, algo anterior, nos permite observar otro tipo de proemio característico de obras de tinte sofístico. El proemio de la obra pseudojenofontea se abre con περὶ δὲ τῆς Ἀθηναίων πολιτείας, es decir, con una formulación muy característica de las obras de naturaleza polémica, macrogénero que da cabida desde discursos a obras de tinte científico, y presenta además un elemento δέ como los vistos hasta ahora. En este caso, van Groningen apunta86 a un hecho que puede arrojar luz a nuestro razonamiento, con una propuesta que asume que el elemento fue agregado al realizarse la edición reunida de los tratados menores de Jenofonte y las obras dudosas. Más allá de las cuestiones de transmisión textual, basta que pensemos en un texto continuo en mayúsculas para darnos cuenta de la necesidad de un δέ que marque el inicio de una obra. De este modo, parece interesante tener presente de nuevo, como hicimos al hablar de Sexto Empírico, la dislocación que supone la inclusión de una obra en que aún se rastrean rasgos orales en un contexto escrito, si bien no ha de desecharse la idea de que se trate de un elemento apodíctico de carácter polémico, propuesta que, como veremos, tiene una funcionalidad clara en el contexto en el que se desarrollan estas obras: más allá de realidades ecdóticas, la aparición de este elemento puede tener una explicación cabal dentro de la propia realidad literaria del texto, que nos permita además comprender todo
Quíos era además un autor de cuño poético, lo que nos proporciona un contexto adecuado para pensar en posibles transferencias como las que más arriba sugerimos.
83
Cf. Caballero López, 1997, p. 108 y ss., con un examen de las diferentes posturas, con la posibilidad de considerarlos nexos introducidos al transcribir de forma seguida toda la producción, en este caso de Jenofonte, concluyendo el autor que es un rasgo de herencia preliteraria, aunque esto no explica realmente su origen, simplemente desplaza el problema lejos del campo de trabajo del autor.
84
Critias, DK 88 B 32: «Comienzo, pues, por la creación del ser humano». 85
Cf. Diels, DK 88 B 32 ad loc. 86
el formulario inicial de las obras que nos han venido ocupando y que una imagen tan poco clara arrojan.
Fowler no recogía el comienzo de las obras de Protágoras, seguramente por no constituir proemios como tales, pero uno de ellos87 nos permite además añadir más datos a nuestro razonamiento: περὶ µὲν θεῶν οὐκ ἔχω εἰδέναι κτλ.88 De nuevo, junto a una forma que tradicionalmente caracteriza los comienzos de varias obras del periodo, sin que podamos hablar de proemio –van Groningen habla de nuevo de título–,89 tenemos el empleo de una partícula sin clara funcionalidad, pero, en este caso, el citado autor se decanta por seguir a Denninston90 y admitir valores no conectivos para estos elementos, evidenciando una falta de sistematicidad en los razonamientos que, más que ausencia de rigor filológico, muestra la complejidad de una situación literaria orillada ante la aplastante profundidad intelectual de unos textos que requerían atenciones de otro tipo, y no meramente estilísticas.
El análisis general de estos proemios nos permite establecer como seguro el hecho de que el empleo de la partícula δέ apodíctica era algo usual y, a nuestro entender, responde a la naturaleza polémica de esas obras: el contenido favorece claramente dicho valor, diseñando una red casi «agonal» de obras que se enfrentan entre sí con ideas contrapuestas, que tienen un muy pálido reflejo en el universo de los placita philosophorum y que evidencian un mundo en cierta manera perdido para nosotros pero de una riqueza excepcional, en el que las diferentes propuestas, fuera con una oposición abierta a un autor determinado o –las más de las veces– a un planteamiento, eran asumidas de modo polémico e individual. De este modo, las diferentes propuestas planteadas en cada una de las obras serían piezas de un enorme rompecabezas cultural y filosófico tejido por medio de estos escritos.
Al tiempo, y corrigiendo los excesos de Diels, podemos distinguir dos tipos de proemios, los encabezados por la fórmula ὁ δεῖνα τάδε λέγει y los que presentan una formulación más poética, si se quiere, con una exhortación –incluso con un verbo– que recuerda a la formulación propia de la retórica oral, lo que nos permite afirmar que estamos ante dos
87
Además conservamos el comienzo del Ἀλήθεια, DK 80 B 1, con una forma que recuerda a lo que tradicionalmente se llama estilo gnómico.
88
Protágoras, DK 80 B 4. 89
Cf. van Groningen, 1958, p. 235, nota 1. 88
formulaciones distintas desde sus orígenes y sus planteamientos: una, la segunda, heredera de la retórica oral, por cuanto el exordio implica un contexto y una acción por parte del poeta, y otra, la primera, desligada de ese ámbito tradicional y asimilada al universo polémico antes referido.
Todo ello, sin embargo, da cuenta de un uso propio de la prosa escrita que es interesante por cuanto prefigurará la configuración del proemio historiográfico desde un punto de vista meramente literario. A este respecto, defendía Wilamowitz que fueron las obras de los trágicos los primeros libros en conocerse en la época, pero la muy avanzada investigación sobre la transmisión textual y el libro en la Antigüedad nos han demostrado que no es así. Turner probó que las primeras obras en difundirse de esta manera fueron las de los autores técnicos, precisamente aquellos de los que conservamos estos proemios,91 porque realmente era imposible que sus obras pudiesen sobrevivir como meros apuntes de circulación restringida, como señalaba Wilamowitz. Ante esta situación, el escenario en el que circularían estas obras desde un plano meramente literario parece claro, máxime si tenemos presente el funcionamiento que tenían las obras con un escenario oral claramente definido. La plasticidad que presenta cualquier obra oral es una realidad harto lejana de la que ofrecen este tipo de obras. Los proemios desempeñan por ello una función determinante en el establecimiento de la relación entre público y autor y requieren, por dar precisamente inicio a la composición –entendida esta como un todo–,92 unos principios compositivos que de manera clara ejemplica la denominada λέξις εἰροµένη y que tienen una importancia fundamental para la articulación de la primitiva prosa oral. Todo ello nos llevará a definir mejor el escenario literario en el que se ubica Hecateo.