3 On becoming ‘la sombra/the shadow’ Mobile methods to apprehend urban daily mobility practices
3.2 Towards Mobile Methods
3.2.3 Ethnographic approaches
Una vez analizados los elementos paratextuales buscados por el escritor y el editor, es necesario mencionar ahora también cierto tipo de paratexto de influencia más imprevisible que se puede llamar «factual» y que equivale a hechos (no necesariamente verbales ni textuales) cuya mera existencia influye sobre la recepción. Aquí hay que recordar con Genette que «tout contexte fait paratexte»216,y que aun aquello que no figura explícitamente en un libro puede determinar la lectura que de él se haga. Por ejemplo, el contexto biográfico del autor, el contexto genérico en que se inscribe la obra, el contexto histórico o sensibilidad generacional de la época de los lectores, etc. En otras palabras, más allá de los elementos paratextuales buscados activamente por el autor para incitar cierta lectura de su obra, existe un cúmulo de hechos o conocimientos al alcance del público que inclinarán definitivamente su lectura hacia interpretaciones diversas. Tal y como indica Genette con respecto de A la recherche du temps
perdu, por más que no sea necesario conocer nada sobre la vida de Marcel Proust para entender la obra, los lectores que sepan de las tendencias sexuales y de la ascendencia judía del escritor no podrán ya evitar abordar el texto a través de ciertas interpretaciones de corte autobiográfico217. Es posible que ésta no sea la visión buscada por Proust, pero bien es sabido que una vez que el autor cede su texto al público, éste es libre de asumirlo como desee. Por tanto, más allá del alcance del escritor y del editor, la interpretación de un libro es susceptible de verse afectada por hechos de corte histórico (como la sensibilidad con que cada época reciba ciertos asuntos o trate los descubrimientos sobre la vida del autor) o de carácter individual (como los conocimientos previos o las experiencias personales que cada lector particular posea y aplique a su lectura). Por ende, aun sin caer en sobreinterpretaciones forzadas, resulta obvio que las valoraciones posibles de un texto dependen de una gama casi infinita de hechos contextuales variables en cada época.
En resumen, los conocimientos e informaciones aleatorias que cada lector
individual pueda proyectar sobre un texto introducen un componente de azar en su experiencia lectora. Pero este fenómeno alcanza una mayor fuerza si el texto en cuestión se trata de una autoficción, pues ésta promueve por sí misma un retrato autorial repleto de datos ambiguos que suele salir al encuentro de los conocimientos biográficos que el lector pudiera poseer de antemano sobre el
216 G� Genette, Seuils, op. cit., p. 13
autor, y aporta otros de verosimilitud dudosa. La autoficción se nutre por tanto de la figura pública del autor así como de las expectativas del lector para favorecer procesos de ambigüedad donde conocer la «identidad estática» del escritor (nombre y datos legales) ya no es suficiente. Se propone más bien un acercamiento a su «personalidad dinámica», formada por aspectos vitales cambiantes cuya comprobación podría poner en marcha un proceso de interpretación infinito218� En consecuencia, tras finalizar el libro, algunos lectores sentirán la necesidad de seguir informándose sobre la vida del escritor para poder acercarse mejor a sus textos, estableciendo así un proceso de comunicación literaria potencialmente infinito. La relación de la autoficción con las expectativas y los conocimientos previos del lector es tan profunda que cabría preguntarse: ¿será posible mantener el estatuto ambiguo de la autoficción en el futuro? Es decir, una vez que el periodo de fama del escritor haya pasado y los lectores futuros no conozcan suficientes datos biográficos de su persona como para poder comparar al autor y al narrador, ¿seguirá produciéndose algún tipo de ambigüedad autoficticia? O al contrario, una vez que los estudios filológicos hayan expuesto la biografía completa de un autor y el público conozca bien qué hay de referencial o de inventado en sus novelas, ¿se podrá mantener algún tipo de ambigüedad? Tras estas preguntas sobre el futuro de la autoficción se esconde una reflexión más amplia sobre si es necesario un contexto preciso para que los mecanismos autoficticios trabajen de forma feliz; es decir, un contexto social en que el público tenga acceso a sólo algunas pinceladas de la vida real del escritor, suficientes como para hacer sospechar que su novela pueda poseer un trasfondo biográfico. Pues bien, caer en estas dudas implica no haber comprendido bien cómo funcionan los mecanismos de la ambigüedad autobiográfica literaria. La autoficción no se define por motivos extraliterarios ni por su relación con la realidad empírica, sino porque su propia estructura textual está diseñada para generar incertidumbre en el lector. Si la ambigüedad entre autor y narrador dependiera sólo de motivos contextuales, ¿por qué seguiría el público hoy en día dudando tanto al enfrentarse por ejemplo a los textos proustianos?
Del mismo modo, dado un contexto en el que el nombre de Javier Marías no fuera conocido públicamente, el lector que se acercara a sus libros sin la más vaga noción sobre la trayectoria vital de este escritor podría tomar
Todas las almas como una novela convencional ambientada en un mundo
imaginario independiente y, si alguna vez llegara a conocer por otros medios los paralelismos entre narrado y autor, podría entonces considerarla como una
218 La distinción entre ambos tipos de personalidad retoma la diferencia propuesta por Ph. Gasparini al respecto de la novela autobiográfica, Est-il je?, op. cit., pp. 51-52.
novela autobiográfica. Sin embargo, el mismo lector no podría reaccionar de manera semejante frente Negra espalda del tiempo: el estilo autobiográfico del texto, las fotografías familiares, el hecho de que el narrador se llame también Javier Marías son mecanismos que fuerzan al lector a identificar al protagonista con el autor desde el primer momento de lectura, ya que de otra manera no se puede comprender el texto ni siquiera de un modo básico. Sólo lo bizarro de las anécdotas relatadas así como el tono irónico del relato pondrán luego en entredicho esta identificación.
Por otra parte, dado el caso contrario, es decir, que la vida de un autor fuera tan conocida que los lectores no pudieran acercarse a su obra sin esa referencia en mente, las nuevas interpretaciones estarían determinadas desde luego por este conocimiento, pero no impedirían en ningún caso el efecto autoficticio. Así, por más que un estudio filológico diera a conocer públicamente que, por ejemplo, las fotos de Escenas de cine mudo existen verdaderamente, los futuros lectores se inclinarían desde luego hacia una interpretación más autobiográfica del texto pero, aun así, otros mecanismos autoficticios seguirían procurando la ambigüedad (como la puesta en duda del pacto de lectura que supone el hecho de calificar el texto como novela o el descargo inicial que se incluye al principio).
En otras palabras, la esencia de la autoficción radica en que el propio texto
(y no necesariamente el contexto, como en el caso de la novela autobiográfica) es la fuerza que guía la aparente identificación entre narrador y autor a través de sus peculiares mecanismos narrativos y paratextuales. En este sentido, el paso del tiempo no puede sino hacer aún más evidentes los procesos narrativos de la autoficción.