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Peter McLaren

Muchos de nosotros, en los Estados Unidos, nos sentimos in- seguros no sólo por el futuro de nuestro sistema educativo, sino también por el grado de sensatez de la cultura que ha producido. Vivimos en tiempos peligrosos; un tiempo de riesgo, un tiempo de lucha, un tiempo de esperanza. Mientras por una parte los norteamericanos están haciendo frente a una modernidad desen- cantada y al surgimiento de una portentosa nueva época postmo- derna apoyada en su maquinaria de dominación, generando rela- tos electrónicos de indiferencia política y abandono moral, por otra parte los teóricos educativos que trabajan dentro de una tra- dición crítica viven un tiempo exitante y vibrante. En tanto el teatro de terror del capitalismo global continúa presentando al mundo, con su lógica de colonización absurda, su simbólica eco- nomía del poder imperialista, su optimismo superficial, y su in- flexible necesidad por la producción de placeres autónomos, los teóricos educativos de izquierda en los Estados Unidos, por su parte, aplauden y dan la bienvenida a la erosión de paradigmas en filosofía y teoría social. Esto quiere decir que, mientras los

Una versión de este documento fue expuesta en el Seminario Interna- cional Perspectivas en la formación de profesionales en la educación,

Facultad de Filosofía y Letras/UNAM (Ciudad de México), 15 de no- viembre de 1988. Debo dar las gracias a Alicia de Alba, a Edgar González y a Bertha Orozco, quienes me han aportado valiosas suge- rencias y críticas. Traducción hecha por Bertha Orozco Fuentes. UNAM-Escuela Nacional de Estudios Profesionales, Aragón.

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educadores en los Estados Unidos están siendo testigos de una defensa reaccionaria, pero ultimadamente insensata retaguardia de las excelsas virtudes de la civilización occidental, de la inflexi- ble persistencia de los trabajadores obreros alienados, y de un asalto del Nuevo Pacto para el Estado de bienestar, estos educa- dores al mismo tiempo experimentan una nueva vitalidad en el momento en que la hegemonía cultural/moral de la principal co- rriente curricular y teoría pedagógica está siendo socavada, y en algunos casos destrozada ampliamente, por estrategias decons- tructivas incorporadas desde la teoría literaria (las cuales han sido a su vez influenciadas por el postestructuralismo continen- tal). Los esfuerzos deconstructivos para establecer rupturas epis- temológicas sobre la certeza articulada por esta hegemonía, están tomando agrasivamentc la iniciativa para desmantelar las deman- das trascendentales de verdad, adoptadas ideológicamente por los regímenes de discurso de la modernidad (McLaren, 1986: 389-401)'.

Sin entrar en detalles, con respecto a toda la epistemología y ramificaciones políticas de la infiltración de la teoría social postmoderna en la teorización educativa (algunas de las cuales han sido bienvenidas, mientras que otras son tomadas con sospe- chas), basta decir que ha sido una "crisis de representación" y una erosión de la confianza puesta en las conceptualizaciones predominantes de lo que constituye el conocimiento, la verdad, y las consecuencias de sus significados pedagógicos. Mientras que es seguramente bienvenida una sospecha hermenéutica en todos los campos de la indagación humana, la incertidumbre que esto ha tenido en las dimensiones políticas y morales de la vida contemporánea han creado un vacío ideológico prepa- rado por un "populismo autoritario", y una invasión de emi- sarios de una certidumbre moral bestial y compromiso irre- flexivo hacia la verdad.

Es cierto que existen ambas situaciones, la emancipación so- cial y la reacción social, que ponen en tensión la teoría social

'. Véase también Peter McLaren (en prensa). Similares argumentos pueden ser encontrados en: Jonathan, Arac, 1985 y John Fekete, 1987.

postmoderna; mientras que la servidumbre autoritaria, el nihilis- mo incipiente, y el decadente anti-utopismo introducido más tar- de están siendo cuestionados a toda costa por aquellos de noso- tros involucrados en el establecimiento de una pedagogía crítica, las fuerzas de la derecha han advertido un desarrollo moral ambivalente en la izquierda: no se está deteniendo a considerar quiénes ganan las mayores escaramuzas en la torre de marfil. Ellos están orientando sus ataques a través de los medios [de masas] e instalados en las salas de estar de la nación. Ser la "De- recha Ganadora" es estar ahora en la dirección que George Bush confirmó en su campaña electoral, cuando los liberales fueron in- capaces de hablar desde una posición moral, postura que tampoco apasionó ni fue creíble para la mayoría de los americanos.

Mientras los teóricos de izquierda están luchando dentro y fuera de los espacios académicos, los efectos del debate en la esfera pública son más inmediatos y devastadores. Una de las lamentables consecuencias del actual asalto de la corriente decons-tructiva de las grandes narrativas, y sobre su corres- pondiente teoría de la verdad y del sujeto histórico, así como de su imagen estable y su noción no problemática de la iden- tidad a través del tiempo, han creado un clima moral para el ascenso de un régimen neoconservador de la verdad, el cual permanece intransigen-temente hostil hacia las políticas de la diferencia, o de una ética de justicia social. En realidad, la inhabilidad de los teóricos sociales de izquierda de dar cuenta de la totalidad de las relaciones sociales e ideológicas al tra- bajar superficialmente los sucesos de la vida cotidiana ha puesto en peligro con frecuencia, las metas de la transforma- ción y la justicia social que debería, idealmente, proveer el puente para todas nuestras teorizaciones educacionales. Cómo conseguir avances sobre los resultados de este predicamento, sería el verdadero logro de la oposición política y la transfor- mación social. Dentro de la esfera pública de la educación, este debate en boga ha debilitado literalmente a algunos de las imperativos centrales que guían a la teoría crítica educa- cional. La izquierda, especialmente la izquierda en educación

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en los Estados Unidos, necesita con suma urgencia un nuevo lenguaje y una nueva visión pedagógica.

Estando situados, como lo estamos, en el crepúsculo de la modernidad, algunos educadores de las principales corrientes no están preocupados en la disputa sobre cómo constituir el conoci- miento crítico y emancipatorio, ya que están siempre alimentando la lógica tecnocrática que ha hecho del objetivismo y de la certi- dumbre el nuevo dimiurgo de la educación en el capitalismo tar- dío. Nosotros, que nos ubicamos en la izquierda, hemos ayudado a que esto ocurra. Para convertir el postmodernismo en un siste- ma totalizante que reduce la vida social e institucional en una es- paciosa pista de "disco dance", los teóricos sociales están prepa- rando el terreno para un sistema totalizante aún más catastrófico, un sistema de subjetividad y suministro de bases discursivas para una formación del carácter nacional, con el cual pueda facilitar el flujo del capital en tiempos económicos vigorosos y competitivos. Sobre este punto, Lawrence Grossberg argumenta que:

"La descripción ofrecida por los postmodernistas debe ser lo- calizada dentro de los más amplios campos sociales y cultura- les de la vida diaria y de las luchas por el poder, la domina- ción, la subordinación y 1 a resistencia que tiene lugar dentro de ellos. Además la tendencia de los postmodernistas de tota- lizar sus propias descripciones, para escaparse de una descrip- ción de una estructura determinada hacia la identificación de aquel plano de totalidad de nuestras realidades históricas y vividas, debe ser resistida. Definitivamente, no se puede igno- rar la contradicción interna dentro de cualquier estructura o de sus relaciones con otras determinaciones estructurales".

(Grossberg, 1988: 147) El coqueteo de los izquierdistas con la muerte del significado a facilitado el hecho de que la "Nueva Derecha" inunde la arena pública con un huésped aparentemente capaz de dar paso a dis- cursos autoritarios, los cuales han presentado pequeños problemas de colonización al vacío moral de la izquierda para el desmante-

lamiento deconstructivo del proyecto de la Ilustración. Para la retirada y caída de los dioses del razonamiento y la interpretación crítica, los teóricos educativos de izquierda han hecho más vulne- rable la esfera pública para una afirmación no contestada de una versión particular de verdad —en este caso producida y adminis- trada por la "Nueva Derecha"— la cual instrumentaliza el conoci- miento, lo despolitiza de cualquier demanda emancipatoria seria, enlazándolo a su "pago prolongado" en el mercado capitalista, y usándolo para transmitir una interpretación o significado privile- giado del "hombre blanco" de la cultura occidental. De esta ma- nera, la izquierda inconscientemente ha restablecido la pérdida de trascendencia de sus verdaderos discursos. Es esto lo que se está intentando denunciar. Traducido en un curriculum directivo a es- cala nacional, los efectos de esta crisis son devastadores. Lo que ha ocurrido ha sido el ascenso del concepto de educación como adquisición práctica de habilidades técnicas que promoverán el crecimiento de una competitiva fuerza de trabajo en el mercado internacional. Es decir, establecer el buen resultado dentro del agudo determinismo de lo que el capitalismo desee. En otras pa- labras esto significa construir una equivalencia entre el carácter "americano" y la ética consumista como la signataria de la liber- tad y el decoro.

En las observaciones siguientes discuto acerca de la importan- cia del desarrollo de una pedagogía crítica en la era de la post- modernidad. Si bien no pretendo tener las respuestas de muchos de los importantes cuestionamientos surgidos por la actual crisis, deseo al menos intentar apuntar algunos de los teoréticos y mora- les temas pedagógicos, en los cuales muchos de quienes nos ubi- camos en la tradición crítica en los Estados Unidos, hemos veni- do desarrollando en los últimos años.

Cultura postmoderna: la co-modificación del sí mismo