2.3 Discussion
3.1.2 Evaluation of normalization and motion-thresholding
La bibliografía mundial, en esta etapa del desarrollo psicológico, muestra un gran interés en el estudio del niño, desde el nacimiento hasta los 36 meses, momento en que, de acuerdo con los patrones tradicionalmente establecidos, se convierte en niño preescolar al ingresar al jardín de niños para su entrenamiento futuro que lo conducirá a su vida escolar.
En México, la psicología evolutiva ha sido poco estudiada como meta de investigación, y sólo se ha utilizado el conocimiento importado de otros países y aplicado al estudio del niño mexicano, muchas veces simplemente traduciendo al español las investigaciones realizadas, sin detenerse a analizar las implicaciones que pueda tener el describir el desarrollo del niño, valiéndose para ello de la medición y evaluación de éste a través de instrumentos producidos, validados y estandarizados en otras culturas, mismos que presentan un panorama, si no raquítico (por tratarse de instrumentos procedentes de culturas supradesarrolladas), al menos distorsionado, puesto que tanto el crecimiento como el desarrollo de la conducta, como sistemáticamente se ha indicado en párrafos anteriores, variarán no sólo de cultura a cultura, sino también dentro de una misma cultura, dependiendo de diversos factores, tales como el ambiente urbano o rural, la localización geográfica, la situación económica de algunas zonas, etc., y presentan características peculiares (y, por tanto, variabilidad en el desarrollo del individuo en general). Esto no quiere decir que no existan factores comunes a la propia cultura, pero sí modalidades que obligan a los psicólogos que se dedican a este campo de trabajo a ser muy cuidadosos en la forma de evaluar los procesos evolutivos, a fin de no incurrir, como ha sucedido tantas veces, en los errores perjudiciales que distorsionan profundamente la imagen del mexicano, no sólo en el medio mexicano, sino también en el exterior.
Tal como se ha indicado en otros capítulos de este libro, se insiste en la recomendación a todo psicólogo para que en el campo profesional o en el de la investigación se prepare de tal manera que sea capaz de construir sus propios instrumentos o, cuando menos, que conozca tan profundamente como le sea posible la esencia de la medición psicológica, así como sus aplicaciones, sobre todo en el área específica de la evolución del individuo, ya que sus juicios, en un tiempo muy próximo, podrán ser útiles para la planificación de nuevas modalidades en el sistema educativo nacional
Al analizar el problema del uso y abuso de los tests psicológicos en la medición de los primeros años de vida del niño, cabe mencionar en primer lugar una prueba mundialmente difundida y magníficamente construida, cuyos fundamentos teóricos se comprueban o se validan al aplicarla al campo apropiado. Esta es la famosa prueba denominada diagnóstico del desarrollo, elaborada por Arnold Gesell y por C. Amatudra, la cual se divide en tres grupos de tests que corresponden: a) al desarrollo normal y anormal del niño; b) al desarrollo normal y anormal del preescolar, y c) al desarrollo normal y anormal del escolar. Es decir, este instrumento abarca un rango de edad desde el
nacimiento hasta los 15 años. En esta sección nos ocuparemos solamente de la primera parte de la prueba.
Durante mucho tiempo, Gesell y Amatudra se dedicaron a la investigación sobre el crecimiento normal en los cinco primeros años de vida. Durante más de veinte años estudiaron a una gran cantidad de niños normales y los observaron a partir del nacimiento, examinándolos cada mes y después a intervalos más amplios. En esas condiciones, manipulaban 25 niveles secuentes de edad, hasta llegar a los cinco años. Además se estudiaron, dentro de hospitales infantiles, muestras muy grandes de niños con desviaciones y problemas en su desarrollo, simultáneamente con el diagnóstico y tratamiento de sus alteraciones. Se compararon ambos grupos a fin de detectar cómo se efectuaba el desarrollo normal y cómo ocurría el anormal; qué diferencias existían en los grupos de niños normales, en cuanto a la velocidad con que se efectuaba su evolución, estableciendo el comportamiento promedio y sus límites inferior y superior de variabilidad; etcétera.
Gesell fundamenta su instrumento de medición, indicando que el crecimiento origina cambios progresivos en las estructuras y transformaciones que se encuentran estrechamente correlacionadas con las funciones psicológicas.
Brevemente descrita su postura teórica, Gesell postula que la conducta comienza a organizarse desde mucho antes del nacimiento y va de arriba hacia abajo (de la cabeza a los pies), y de los elementos más centrales hacia los periféricos. A groso modo, las pautas de desarrollo que este investigador considera son las siguientes:
a) En los tres primeros meses de vida, el niño desarrolla y controla sus doce músculos óculo-motrices.
b) En los tres meses siguientes controla los movimientos, hasta entonces difusos, de los músculos que mantienen firme la cabeza; mueve los brazos y además intenta alcanzar los objetos que percibe en su campo visual.
c) En los tres meses siguientes adquiere el dominio de sus manos, de su tronco, se sienta, toma los objetos, los escudriña y los cede a la persona que está cerca de él.
d) En los tres meses siguientes, es decir, en el cuarto estadio, su control muscular se extiende hasta las piernas y los pies, manejando con mayor firmeza los dedos índices y pulgar, con los cuales hurga y ase los objetos.
e) A los dos años camina, corre, articula palabras y frases, y controla los músculos de sus esfínteres rectal y urinario. Empieza a observarse en él un sentido primario de identidad personal y de posesión de cosas materiales.
f) A los tres años de edad habla, utilizando oraciones más o menos bien construidas y maneja las palabras para expresar sus pensamientos; asimismo, inicia su actitud de comprensión al ambiente, sometiéndose a las exigencias culturales de éste.
g) A los cuatro años de edad inicia la época de la continua pregunta acerca de todas aquellas cosas para las cuales requiere una explicación más clara y precisa. Ya es capaz de establecer semejanzas y, por consiguiente, de formular preconceptos y generalizaciones. Indica también sus primeros intentos de liberarse de la dependencia familiar.
h) En el quinto año de vida, su control motor ha madurado perfectamente. Se moviliza con gran facilidad y destreza; articula las palabras y las oraciones sin el matiz infantil que anteriormente utilizaba; muestra una retención de hechos, historias o cuentos suficientemente larga. Desea interactuar en actividades de todos tipos con sus compañeros; se preocupa por su indumentaria y ya es capaz de discriminar y exigir atenciones de cierto nivel social.
Esta descripción de los primeros cinco años del desarrollo del niño incluye, desde luego, las dos primeras etapas del desarrollo que se mencionaron al principio, es decir, la infantil y la preescolar.
El test del desarrollo infantil, de Gesell, cubre un rango de edades desde las cuatro semanas hasta los 36 meses, correspondientes a cuatro periodos de desarrollo o áreas de madurez, que son los siguientes: a) de las 4 a las 16 semanas corresponde el periodo supino; b) de las 28 a las 40 semanas es el periodo en el cual el niño es capaz de sentarse, realizando muchas de sus actividades en esa posición; c) de los 12 a los 18 meses es la etapa locomotriz, y d) de los 24 a los 36 meses es la etapa preparatoria para la entrada al jardín de niños, y el paso para convertirse de infante a preescolar.
El material que utiliza Gesell para extraer la información que requiere es muy variado: en las primeras semanas, el registro de la conducta es ejecutado directamente por el examinador, probando el control de la cabeza, la postura de los brazos y las manos, de los pies y de las piernas, la postura del cuerpo y el desarrollo progresivo de la prensión; el control postular de los ojos, la agudeza de la atención, las reacciones hacia los estímulos sociales, etcétera.
A pesar de que el recién nacido presenta conductas que recuerdan al feto, es tan rápida su organización que a las 16 semanas ya muestra conductas de adaptación al medio, por ejemplo, cuando el niño es levantado en brazos y expresa agrado, no solamente por la sensación en sí, sino también porque esto le permite observar el mundo en el cual ha de ir penetrando poco a poco.
Además de la actividad directa del examinador, que consiste en la manipulación del niño y en la observación de sus conductas, Gesell emplea una serie de objetos estímulo para provocar las conductas esperadas y para poder evaluar el nivel de desarrollo. Estos objetos son: un aro colgante que se coloca en un plano central del área visual del niño; una sonaja que, al igual que el aro, tendrá que ser movilizada del centro visual hacia los lados, a fin de detectar el incremento del desarrollo, y una campanilla; además, Gesell utilizó el mango de la sonaja para ejercitar la presión.
Además de estos objetos, forman el resto del test cubos rojos de madera, de 2.5 cm cada uno, cuya función por su color, tamaño, forma, peso y textura provoca reacciones de prensión, fijación ocular, prensión palmar, prensión digital, etcétera; en una palabra, la forma geométrica del cubo permite diferenciar conductas que van desde la prensión gruesa hasta la más delicadas, o de la
palmar a la digital. Asimismo, van conduciendo a conductas más complicadas, tales como chupar los cubos, morderlos, observarlos, arrojarlos, tallarlos contra algún otro objeto o simplemente tirarlos o soltarlos.
Otro elemento de este instrumento es una esfera o pequeña pelota que representa un alto nivel estimulativo. Asimismo, hay una campana o campanilla con mango cilíndrico y cuerpo cónico; el mango es oscuro y el cuerpo es de metal plateado. Este estímulo producirá reacciones táctiles y auditivas, y por su especial construcción induce al niño a llevarlo de una mano a otra, a chupar el mango y a explorarlo con sus ojos y sus dedos. También hay una botella, en la cual el niño puede introducir fácilmente la pelota mencionada con anterioridad; además, hay una taza pequeña, una cinta, un espejo, una pelotita, una serie de tableros, unos de encastramiento, otros de similitudes, otros de completamiento, unos más de relación; láminas con dibujos, etcétera. En una palabra, este material es muy sencillo y cabe perfectamente en una pequeña caja.
Cada examen tiene un tiempo de duración de 10 a 20 minutos, explorando en forma ordenada las funciones que el niño es capaz de realizar a través de cada lapso de prueba. Realmente lo que aquí se ha explicado acerca de este instrumento es sumamente breve; habrá que consultar el libro y el manual del autor para conocer perfectamente la estructura, manipulación e interpretación de los resultados de la medición del desarrollo psicológico del niño en estas etapas.
Existen otras pruebas para la evaluación de esta etapa de desarrollo del niño, como es la Escala de Desarrollo de la Inteligencia, de Catell, la cual cubre un rango de edad desde los dos meses hasta los 30 meses. Esta escala se construyó como una extensión de la forma L del test de Stanford- Binet. Los reactivos del test están agrupados por niveles de edad que forman tres grupos, distribuidos de la siguiente manera: de los 2 a los 9 meses, de los 10 a los 20 y de los 21 a los 30.
El primer grupo contiene los siguientes ítemes: 1. Atención a las voces.
2. Inspección del ambiente.
3. Seguir un arillo en movimiento horizontal. 4. Seguir los movimientos de una persona. 5. Balbuceos, o las siguientes alternativas:
a) seguir un arillo en movimiento vertical o
b) levantar la cabeza en posición prona (boca abajo). En el segundo grupo están contenidos los siguientes elementos: 1. Descubrir juguetes.
2. Unir o juntar una taza y un cubo. 3. Intentar tomar el tercer cubo.
4. Atinar a colocar una cuchara dentro de una taza.
5. Empujar con los dedos unos pequeños palos sobre una tabla agujerada (alternativa: sacar la cuchara de la taza).
2. Imitar dibujos de líneas y círculos.
3. Hacer girar una tabla con tres agujeros, tomada de la forma original de Binet. 4. Doblar papeles.
5. Identificar objetos de uso común, tomados también de la forma original de Stanford- Binet; o las siguientes alternativas:
a) identificar dibujos por su nombre, o b) tener el concepto de alguno de ellos.
La forma de calificación de esta prueba es similar a la de Stanford-Binet (véase capítulo 3 de este libro) y los coeficientes de confiabilidad y validez son suficientemente altos en esta prueba, mismos que se obtuvieron de grupos de niños de las diversas edades que cubre esta etapa, para los más pequeños en sus propios domicilios, y para los demás en guarderías y jardines de niños de los llamados maternales.
Consideramos que, para los fines de este libro, es innecesario seguir describiendo este tipo de pruebas, que son casi desconocidas en México; sin embargo, cabe subrayar que en cualquier parte del mundo donde se tenga que evaluar esta etapa de desarrollo del niño o todas las demás etapas, las bases de construcción del instrumento no pueden variar significativamente. De este modo, se debe tener en consideración, para determinar la diferencia de instrumentación, la adaptación del contenido a la circunstancia particular de cada una de las culturas dentro de las cuales se intente llevar a cabo, mediante tests psicológicos, la evaluación de estas edades a fin de determinar el estado de desarrollo del niño con respecto a las funciones que se están midiendo, para predecir, hasta donde sea posible, su futuro desarrollo y su nivel intelectual. Esta segunda parte (es decir, el nivel intelectual) dependerá fundamentalmente de los datos que las mediciones futuras arrojen, ya que generalmente ocurre que en estas primeras etapas de la vida resulta un poco difícil determinar con exactitud la futura capacidad intelectual de un individuo, puesto que en su desarrollo psicológico se presentarán factores externos, y en ocasiones internos, que cambiarán de alguna manera nuestros pronósticos.
MEDICIÓN DEL DESARROLLO PSICOLÓGICO