2.1 Low Level Action Recognition
2.1.3 Methods Based on Local Features
2.1.3.2 Local Feature Representations
Las habilidades humanas no han sido totalmente generales ni absolutamente específicas. En los últimos años la utilización del análisis factorial ha permitido entender, cuando menos, algunos de los factores fundamentales que operan en la solución de pruebas que exigen determinadas tareas y, por lo tanto, cierto tipo de habilidad o habilidades.
Lo importante de los hallazgos es que las correlaciones entre las habilidades humanas casi siempre son positivas, aunque bajas en algunos casos.
De este modo, sería difícil encontrar una habilidad humana cuyo alto nivel de ejecución determinara o indicara que el sujeto se comportará deficientemente en otro tipo de tarea.
Las habilidades humanas guardan una relación muy estrecha con las diferencias individuales, problema en el cual los psicólogos han estado muy interesados.
Podemos definir las habilidades mediante la pregunta: ¿qué tan bien ejecutan las personas las diversas tareas que se les presentan?, es decir, ¿qué habilidades son necesarias para ejecutar una tarea a partir de un criterio estándar mínimo de ejecución?
No se puede estudiar un tipo particular de habilidad sin definir antes que entendemos por “qué tan bien es la ejecución de una tarea” dada en forma objetiva. La definición implica que “la persona intenta hacer algo”, lo cual pone de manifiesto la necesidad de medir las habilidades en
aquellas situaciones en las que suponemos que los individuos están motivados para hacer el trabajo “lo mejor que puedan”.
Las diferencias entre las personas, de una a otra habilidad, son infinitas. A través de las investigaciones realizadas en este campo se han encontrado sólo algunas habilidades que merecen la atención. De este modo, se distinguen las habilidades intelectuales de las habilidades especiales. Las primeras, por darles un significado que nos permita entenderlas, son aquellas que se requieren para el trabajo científico y que tienen una presencia absoluta y demostrable, aunque sea una mínima cantidad. Las segundas son la destreza o exactitud con que se ejecuta una tarea particular. No obstante estas definiciones, es difícil hacer una clara distinción entre ambas clases de habilidades y establecer una separación entre ellas.
Los diversos análisis factoriales producen ciertas diferencias significativas en el tipo de factores que se han encontrado y difieren ampliamente en el número de ellos, el cual depende de qué tan profundamente se quiera abordar el problema; por ejemplo, muchos factorialistas británicos se han conformado con la exploración de factores fundamentales, es decir, solamente con aquellos más importantes que permitan explicar la mayor parte de la varianza de la prueba. Así, por ejemplo, Thurstone, en 1941, en su primera investigación informa de la presencia de nueve factores en una muestra de estudiantes de preparatoria. Posteriormente, este mismo investigador realizó un segundo análisis factorial, con el fin de probar si los mismos nueve factores encontrados en sujetos de preparatoria se hallaban también en niños pequeños. Entonces, utilizando sesenta pruebas psicológicas, especialmente construidas para este propósito y administradas y calificadas en forma estandarizada, Thurnstone encontró siete factores detectables. Sin embargo, investigaciones anteriores realizadas en Inglaterra y los Estados Unidos, hasta los estudios de Thurstone, habían sostenido la teoría de la existencia de siete factores fundamentales, más otros sin número limitado, de segundo orden. (Estos factores son analizados en el capítulo 3, dentro del tema “Desarrollo del concepto de inteligencia”.)
Los factores de habilidad para predecir el comportamiento en situaciones de la vida real son, potencialmente, múltiples. En general, han sido utilizados en relación con el éxito obtenido en la escuela, en todos sus niveles, y con el buen desempeño en algunas ocupaciones específicas.
Ferguson, en 1954, consideraba que la transferencia de entrenamiento en experimentos de aprendizaje era regida por factores de habilidad humana; es decir, si a una personas se le da entrenamiento en cierto tipo de tarea que tenga relación con un tipo específico de habilidad, habrá transferencia positiva a otra clase de problemas relacionados con el mismo factor; por ejemplo, si a una persona se le entrena para que ejecute una tarea específica de razonamiento, habrá transferencia de aprendizaje para algunas tareas, aparentemente diferentes, pero relacionadas con el mismo factor.
Guilford, en 1961, puso de manifiesto las relaciones existentes entre los factores de habilidad humana y los procesos, investigados en experimentación controlada, de formación de conceptos, aprendizaje, reforzamiento, memoria y otros. Ya en 1954, Fleishman y Hempel habían hecho experimentos para relacionar factores de habilidad y el progreso en pruebas de razonamiento o de aprendizaje. Al respecto, encontraron que la diferencia fundamental entre los diversos factores radicaba en el estadio del aprendizaje. Al aprender una tarea psicomotora, en los primeros tests, aparecía simultáneamente un factor de tipo espacial, de gran trascendencia, que iba desapareciendo de manera gradual, hasta que en las últimas pruebas se presentaba con una correlación muy baja, con
la ejecución específica de la tarea. Cuando observamos estas situaciones necesariamente tenemos que recordar que, independientemente de la predisposición biológica que trae consigo cada individuo, es muy importante el aprendizaje; es decir, ¿qué hacer con esas habilidades en potencia?; ¿cómo hacer para obtener de ellas lo máximo que, hipotéticamente, podrían producir?
Para la ejecución de una tarea, necesariamente se tiene que dar la combinación de una serie de operaciones, tanto intelectuales como motoras. Dependiendo del tipo de ejecución que se exija, serán las operaciones que jerárquicamente aparezcan cuando podamos probar las habilidades individualmente o agrupadas en factores. Estos factores pueden hacer su aparición ya sea matizando en forma general toda la ejecución de la tarea u operando solamente con algunos de sus elementos, es decir, con aquellos que sean de mayor necesidad para la realización del trabajo.
De la manera como el sujeto utilice sus habilidades o de aquellos factores generales necesarios para la ejecución de tareas similares, dependerá la capacidad que se tenga para predecir cómo actuará en situaciones posteriores semejantes. Cuando lo hacemos con la ayuda de tests apropiados para ello (es decir, mediante el uso correcto de la instrumentación adecuada), puede establecerse la predicción de la conducta.
A menudo las investigaciones acerca de estos problemas se han enfocado más bien a aspectos particulares; por ejemplo, interesa mucho el desarrollo escolar del individuo, o bien, su éxito ocupacional o profesional. Sin embargo, la vida cotidiana, en su totalidad, exige la combinación no sólo de las habilidades para ejecutar las tareas necesarias para la realización en la escuela o en el trabajo, sino también de las habilidades para desempeñarse en cualquier otro campo. Así pues, la tendencia de los investigadores ha sido el estudio de habilidades escolares y habilidades especiales. No obstante, necesitamos saber mucho más que eso. Claro que esas investigaciones no son inútiles; por supuesto que muchas de esas habilidades o factores se necesitan y operan, de hecho, cotidianamente. Sin embargo, lo importante es saber cómo se desempeñan los sujetos en tareas aparentemente diferentes.
La predicción sobre los factores de habilidad humana depende fundamentalmente del entrenamiento y de la experiencia en las tareas. Es muy importante encontrar esa validación predictiva en la vida diaria, ya que casi todo lo que se ha hecho ha sido en los laboratorios. Hay que comprobar su realidad; hay que observar y seguir detenidamente a las personas en las tareas que emprenden.
Las investigaciones más acertadas acerca de los elementos componentes de la inteligencia humana no tienen más de treinta años. Uno de los investigadores más notables en este campo es Luis L. Thurstone, con sus estudios sobre las habilidades primarias; es el iniciador del empleo de aplicaciones experimentales del análisis factorial para poder descubrir y entender la complejidad del intelecto. De este modo, se ha podido elaborar una teoría unificada de este aspecto: “la estructura del intelecto”. Guilford, autor de esta teoría, llegó a diseñarla a partir de una clasificación de los factores, en relación con el proceso u operación ejecutada.
Es evidente que en toda tarea participan múltiples elementos que producen el comportamiento adecuado y necesario; pero, además, se encuentran presentes otros factores que influyen determinantemente en el resultado. Así, pues, los factores motivacionales, afectivos,
físicos, fisiológicos, etcétera, deben tenerse en cuenta al hacer valoraciones sobre el comportamiento de un individuo, ya sea de tipo general o de aptitudes especiales.
En el capítulo 3 se describe con cierta amplitud la teoría de la estructura del intelecto, diseñada por J. P. Guilford, la cual permite entender mejor lo explicado hasta aquí. Basta añadir que la idea de Guilford, en parte, tiende a explicar la estructura del intelecto, primero por un gran número de factores separados, y luego por la búsqueda de más factores y elementos que lo complementan.
Algunos investigadores han propuesto diseñar un modelo jerarquizado que conduzca a niveles cada vez más generales, es decir, a factores que abarquen un mayor número de elementos. Al respecto, en 1962, Humphreys elaboró un modelo en el cual hipotetiza cuatro niveles discriminativos que podrían encontrarse en un test sobre información mecánica: a) información de implementos específicos; b) capacidad para discernir o comprender; c) información acerca de las áreas de ejecución mecánica (plomería, carpintería, mecánica automotriz, etcétera) de tipo especializado, y d) información mecánica de tipo general.
Guilford también intenta diseñar un modelo jerárquico de las posibles relaciones entre diferentes tipos de factores, colocando primero el factor g de Spearman, luego el pensamiento, después el pensamiento productivo y, más adelante, dos tipos de pensamiento productivo. Aún así, habrá que considerar otros tipos de factores por cuanto toca a la jerarquización de las operaciones y productos del pensamiento.
Por otra parte, Nunnally indica que sería más adecuado trabajar partiendo de la base hacia arriba, y no a la inversa; por ejemplo, en lugar de empezar por el final, el intelecto, tal vez sería mejor comenzar por el pensamiento productivo y buscar las jerarquías subyacentes a éste.
MEDICIÓN DE MULTIHABILIDADES. TESTS Y