• No results found

2.3 Discussion

3.1.1 HOF Feature Considerations

El desarrollo físico, con sus variaciones relativas, es mucho más rápido en los primeros meses de vida. Al llegar el niño a su segundo año de edad, disminuye esa rapidez, sin dejar de ser notables los cambios conductuales diarios que el niño va mostrando. Sus cambios físicos, desde los de estructura ósea, su desarrollo fisiológico, etcétera, le van permitiendo conducirse, cada día, de diferentes formas en un intento de adaptarse paulatinamente a su medio. Conforme esto va ocurriendo, sus capacidades de respuestas motoras se van ampliando. (No es necesario explicar aquí paso a paso cómo van ocurriendo estos cambios. Quienes estén interesados en estos problemas, pueden revisar la bibliografía correspondiente). Sin embargo, se considera como antecedente importante, antes de analizar el contenido que nos ocupa –o sea, el de la medición aplicada al desarrollo psicológico del niño -, hacer énfasis en un punto que es vital para que se puedan comprender con más claridad los resultados que arrojen en este campo los instrumentos de medición apropiados. Este aspecto fundamental es la socialización del niño.

Con la aparición del lenguaje verbalizado y con el desarrollo más o menos completo de su condición física, el niño va adquiriendo la capacidad de interactuar con el medio que lo rodea. Puede ya manipular objetos, dirigirse hacia ellos, intentar darles un nombre, iniciar sus procesos

niveles preverbales -, empieza a ejercitar sus capacidades exploratorias, a resolver problemas en diferentes formas de las que utilizaba anteriormente; en resumen, “está aprendiendo”, sabe que tiene grandes limitaciones, pero que también, a veces, puede desenvolverse y solucionar problemas sin la ayuda de los mayores.

La socialización se refiere a la adopción y aprendizaje, por parte del individuo, de los valores, creencias y formas de percibir el mundo que son compartidos por un grupo específico, con el fin de conducirse como los demás esperan que él lo haga, al formar parte, como miembro responsable, de ese grupo; es decir, la socialización ocurre cuando el individuo se ha ajustado a los patrones de un nuevo grupo. De este modo, el niño está aprendiendo a ser un miembro aceptable de un grupo.

Conforme el niño va estableciendo contacto con mayor información, va aprendiendo a discriminar y a jerarquizar esa información en términos de su credibilidad y relevancia que represente para él.

Durante el tiempo en que el niño permanece bajo la manipulación y protección parental, ciertos factores van siendo importantes en la adquisición de las demandas de su cultura: los valores, las creencias y otros aspectos de la cultura van produciendo la emergencia de la personalidad del niño, que incluye no solamente los denominados rasgos o características particulares de cada individuo, sino también el desarrollo, utilización y ejecución de sus habilidades generales, la adquisición de motivaciones que lo impelen a actuar, el desarrollo de su vida afectiva, etcétera. De tal manera, la cultura es un mediador entre el niño y las relaciones con los miembros de su grupo, que en un principio es la familia, como elemento más importante; luego, otro tipo de interacciones, como las escolares, las de grupos de juego, las de los amigos, etcétera.

Al parecer, mientras una gran parte de las experiencias de la socialización de los niños sucede mediante el entrenamiento directo, otra más difusa, pero tan significativa como la anterior y a largo plazo, es adquirida por el proceso activo de imitación que el niño sigue de las formas de conducta de los modelos parentales, que en última instancia son los agentes primarios de socialización; por ejemplo, cuando a un niño se le castiga físicamente por haber golpeado a otro, la intención es que aprenda a controlar sus acciones futuras; pero al mismo tiempo está aprendiendo la conducta de hacer daño a otro niño, la cual expresará cuando la ocasión sea propicia.

La cultura, por supuesto, determina lo permitido y lo prohibido. Así, a los dos años de edad, el entrenamiento del niño para su sociabilización se reduce a la inhibición del comportamiento indeseable mediante la restricción, por parte de los padres, de las actividades intolerables para el “buen desarrollo” del niño, pero que para éste son bastante agradables. Es la época en que deberá irse alejando paulatinamente de la madre, lo cual lógicamente le producirá ansiedad y temor al sentir que repentinamente le falta la protección absoluta que antes tenía. Surge también la presencia de la agresión, misma que dependerá en su expresión de sus aprendizajes primarios.

La agresión, en sus diversos niveles, se expresa de diferentes maneras. Goodenough, en una de sus múltiples investigaciones, mostró la forma en que la ira y la agresión se van modificando, gracias a los aprendizajes en los primeros años de vida. Encontró las situaciones provocadoras y los factores del ambiente que producen esa conducta (como es natural, a los dos años de edad, esas expresiones se traducen en actividad motora, sin dirección). Conforme va desarrollándose, el niño va controlando estas expresiones, de tal manera que durante su vida puede ser capaz de eliminar las

respuestas originales, sustituyéndolas por otras más adecuadas y maduras, si fueron inhibidas a tiempo. Si esto no hubiera sido así, las respuestas se seguirán repitiendo al ser recompensadas por el medio.

En suma, como producto de la maduración y del aprendizaje –procesos que son continuos-, así como de la aplicación de ese aprendizaje en sus interacciones, el niño muestra habilidades motoras, de lenguaje y de cognición sorprendentes en su segundo año de vida. Con esos elementos, en adelante, al irlos desarrollando, irá siendo más capaz de enfrentarse, adaptarse y producir los estilos de comportamiento que se requieren para subsistir en el ambiente, logrando así el equilibrio organismo-ambiente indispensable para su supervivencia.

MEDICIÓN Y EVALUACIÓN DE LA EVOLUCIÓN

Related documents