• No results found

Que la mayoría de los gobiernos metropolitanos y sus instituciones hayan actuado como organizaciones empresariales al servicio de las lógicas de la competitividad global, bloqueando cualquier pensamiento y acción alternativa, no quiere decir que no sean posibles formas de gobierno que se opongan a dichas lógicas y que busquen nuevas formas institucionales abiertas a la ciudadanía y a las prácticas instituyentes.

Esta idea, es decir, la posibilidad de que la revolución se hiciera desde las instituciones, las más cercanas a los ciudadanos, es decir, los municipios, fue, en buena medida, la que promovió en la primavera de 2014 la gestación de una serie de proyectos municipalistas de candidaturas de unidad popular en una amplia cantidad de municipios españoles, con el objetivo de “asaltar las instituciones” en las elecciones locales de mayo de 20157.

Algunos de ellos son bien conocidos hoy puesto que han conseguido alcanzar dicho objetivo; son los casos de Guanyem en Barcelona, que llegó a los comicios con el nombre de Barcelona en Comú, Ganemos Madrid que, junto a Podemos, Equo y miembros de IU, hoy gobierna la capital como Ahora Madrid, la Marea Atlántica que gobierna el Ayuntamiento de A Coruña, Ferrol en Comú en Ferrol, Compostela Aberta en Santiago de Compostela o Por Cádiz sí se puede en la capital gaditana.

6 Aunque como ya hemos señalado, los conflictos que les motivan les hace globales, así como el uso de

tecnologías de la información, y no descartan la replicabilidad de sus acciones y su expansión, los que aquí nos interesan actúan desde lo local y lo cotidiano. Los distinguimos de los movimientos globales (denominados alterglobalización, altermundistas o por la justicia global) que surgen a finales de la década de los 90 a lo largo y ancho del planeta. Para un mayor conocimiento de este tipo de movimientos, ver Calle Collado, A. (2005)

7 Los buenos resultado de Podemos en las Elecciones Europeas de finales del mes de mayo de 2014 supuso

por sorpresa a la ciudadanía, avanzando con generosidad y honestidad. En estos momentos, que consigamos un Madrid radicalmente vivible tiene mucho que ver con la capacidad que tengamos de generar mecanismos y herramientas desde una metodología abierta e inclusiva y con la mayor transparencia. Con esta web pretendemos poner un lugar en el que todos y todas podamos sumarnos al proceso de pensar esa nueva institucionalidad en común y desde abajo que permita que nuestros sueños se hagan ley”8

8 Extracto del relato de una convocatoria denominada “Municipalia”, que tuvo lugar en el centro “Medialab Prado” el 28 de junio de 2014 y que abrió una explosión de participación política en la ciudad, hasta el punto que, tras un inesperado resultado electoral, ha llegado a gobernar el municipio de Madrid. Municipalia, que más tarde adoptó el nombre de Ganemos Madrid, conforma hoy la formación política de Ahora Madrid que gobierna el Ayuntamiento de la ciudad. 9 En este capítulo se presentan algunos de sus rasgos comunes

“El concepto clave es la proximidad, es decir, un territorio delimitado que

conoces y que te es más fácil participar e implicarte. El municipalismo es donde tú crees que puedes intervenir más directamente. En otros ámbitos –nacionales, estatales –los movimientos sociales tienen más dificultad de participar” (Oriol, Barcelona en Calle y Vilaregut, 2015; 57).

Sin embargo, la vía municipalista no se limita o acaba en la puesta en marcha de candidaturas ciudadanas para, una vez gobernando, introducir los cambios necesarios desde las cuotas de poder que se adquieren desde las instituciones. Se trata de un concepto que atraviesa a multitud de movimientos e iniciativas ciudadana que, con el foco puesto en lo local y sin necesidad de conformarse como candidatura o partido, abandonan la simple crítica (y el miedo) y actúan, a diferentes escalas territoriales, para poner en juego sus deseos sobre cómo debería ser la ciudad9.

El concepto de municipalismo no solo remite a la gestión de lo local. Contiene claros vínculos con la idea de territorio como patrimonio, enlazando con los deseos que transmite ese grito de “queremos nuestro territorio”. Bajo el nombre de municipalismo se recupera la importancia de lo local y de su gestión directa, en un proceso de democratización del territorio y de defensa de los patrimonios y bienes comunes, sean los recursos naturales, culturales o identitarios, las infraestructuras y los servicios, las economías o los saberes, imaginando nuevos ámbitos políticos e institucionales más cercanas y controladas democráticamente por la ciudadanía y que propicien una mejor vida social (Calle y Vilaregut, 2015; 52). Supone, además, una respuesta lógica a la banalización de lugares y paisajes, también de símbolos, ideas y sueños, que el capitalismo y su tendencia innata a la mercantilización han generado. También al alto grado alcanzado de alejamiento, no necesariamente geográfico, de la toma de decisiones en la gestión territorial.

“aquellas perspectivas que insisten en los procesos de democratización y gestión directa de los territorios (pueblos, comarcas, ciudades, barrios) persiguiendo el bienestar de sus habitantes” (Calle y Vilaregut, 2015; 14). “Municipalismo que apunta a repensar la política desde lo político: las instituciones públicas desde las instituciones sociales, la transformación social desde los laboratorios vivenciales que ya dibujan otros mundos, el poder más visibilizado desde las prácticas de empoderamiento más cotidianas” (2015; 9).

“Es devolver realidad a aquella identidad entre gobernantes y gobernados que formaba la definición original de democracia […] donde ambos términos vienen a coincidir en la misma persona. Su propósito se podría nombrar, por tanto, con la palabra autogobierno” (Observatorio Metropolitano, 2014; 13)

“[…] Solo cuando entendamos la función de las unidades más pequeñas y podamos disciplinarlas estaremos en condiciones de comandar y desplegar el ejército en su totalidad, en una superficie más vasta. […]. La condición para el éxito de esta empresa [la gestión de las metrópolis o regiones urbanas] consiste en nuestra capacidad de reconocer e imponer limitaciones orgánicas. Esto significa el reemplazo de la economía metropolitana orientada por la máquina por otra economía orientada hacia los bienes y la metas de la vida” (Mumford, 2014 edi.; 902)

Sin que existan demasiados avances teóricos sobre el concepto actualizado de municipalismo10, es posible contar ya con algunos títulos que, aparecidos en tiempo real,

han sido clave para la comprensión y profundización del debate. De dos de ellos11, quizá

los que más se aproximan a la realidad actual, se extraen los siguientes párrafos que ahondan en su definición:

Aunque también es posible beber de fuentes anteriores cronológicamente para encontrar la filosofía que atraviesa este movimiento, como en este párrafo de Lewis Mumford cuyo original data de 1961:

10 Un concepto que resurge hoy pero que tiene sus raíces en las ideas, proyectos, movimientos y experiencias

de corte municipalista, más o menos revolucionarios, surgidos desde el siglo XIX en España y otros países. Evidentemente, trata también de encontrar el encaje posible con el ordenamiento político-territorial local y el modelo de descentralización controlada y limitada instalado en nuestro país por el liberalismo progresista a principios del siglo XIX. Hoy, la nueva ley de régimen local pretende una mayor centralización, chocando frontalmente como la tendencia municipalista.

11 Nos referimos a Territorios en democracia. El municipalismo a debate, de Ángel Calle y Ricard Vilaregut

(eds.), publicado por la editorial Icaria-Más Madera en 2015, y La apuesta municipalista. La democracia empieza en

“El municipalismo debería ser ese espacio intermedio de encuentro, donde

las administraciones sean facilitadoras de procesos, no de experiencias puntuales de participación por la participación, sino de procesos deliberativos y reflexivos pues sin ellos no podemos hablar de participación genuina

(Kois, Madrid en Calle y Vilaregut, 2015; 64)

El municipalismo habla de nueva institucionalidad, concepto abierto a diversas definiciones y significados pero que se sitúa en el centro del debate y de la experimentación social innovadora, y en la principal agenda del movimiento municipalista12. Se basa

en la creencia, y en la necesidad, de poder construir un sistema institucional nuevo, radicalmente diferente al existente jerárquico y piramidal, que desplace el “espacio político neutralizado por el régimen capitalista dominante” y el modelo de gobernanza actual (Sánchez Cedillo, 2008; 222). Nueva institucionalidad que invente un nuevo orden social, que de libertad a las nuevas subjetividades que hoy resurgen con fuerza, ávidas de autoorganización, que practique la horizontalidad entre todos los agentes y actores sociales y políticos, un espacio donde coincidan gobernantes y gobernados, un ámbito híbrido13 –de movimientos sociales e instituciones – y experimental de innovación social.

Supondría reproducir dentro de la institución y sus metodologías ciertas prácticas de intervención crítica urbana desde lo social, poniendo en juego una idea de inteligencia colectiva basada en la conexión de agentes y un sin fin de mediaciones implicadas. Por lo tanto, lo que está en juego no solo es la defensa de la continuidad de esas prácticas sino el reconocimiento de sus formas de hacer o métodos y encontrar la posibilidad de protocolizar, normalizar, mejorar y extender a la hora de construir ciudad14 (Cabrerizo,

Klett y G.Bachiller, 2015; 3) 12 Algunos avances teóricos en esta cuestión se han realizado recientemente por la autora, en colaboración con dos personas más, volcados en un artículo cuya publicación ha sido aceptada por la Revista URBS (ver en bibliografía Cabrerizo, Klett y G.Bachiller, 2015). 13 Poco que ver con el eufemismo neoliberal “colaboración público-privada” (Cabrerizo, Klett y G.Bachiller, 2015; 7). 14 La segunda y tercera parte de este capítulo caracteriza algunas de estas prácticas, defendiendo a estos

movimientos e iniciativas sociales como sujetos políticos, productores de espacio urbano alternativo y fuentes válidas de conocimiento teórico y práctico.

15 Es el caso de la institución cultural Intermediae-Matadero en Madrid, de especial relevancia por no contar

en la ciudad con ningún precedente similar que enfaticen la co-responsabilidad en la definición del espacio público y la construcción colectiva de la propia infraestructura. En el capítulo VIII de esta Tesis Doctoral, se habla más extendidamente de Intermediae. Hoy, Intermediae se alía con una institución comercial como es el Mercado de abastos de San Fernando en Lavapiés, Madrid, en el marco del proyecto Una Ciudad, Muchos Mundos, para abrir un proceso democrático que piense y experimente nuevos modelos de mercado y consumo para la ciudad.

El pensar, experimentar y articular un nuevo tipo de institución se está dando en diferentes espacios en la ciudad, incluso desde la propia institución pública15. Son diversas iniciativas

ciudadanas implicadas en la construcción activa de su entorno urbano donde, la apuesta por habitar esos espacios híbridos con determinación y autonomía se configura con diferentes formas de relación con la institución: desde intentos de acuerdo en la solicitud de cesión de espacios públicos (como pueden ser el Espacio Vecinal de Arganzuela, Tabacalera de Lavapiés, Seco, Campo de Cebada), o apuestas más autónomas que han tomado espacios en la ciudad (El Eko, La Enredadera), hasta otros que mantienen la tensión entre ambos escenarios (Patio Maravillas, Red de huertos urbanos de Madrid)16.

Se trata, en todos los casos, de establecer vínculos entre el espacio urbano, los proyectos de base ciudadana y los contextos institucionales (Cabrerizo, Klett y G.Bachiller, 2015; 5- 7).

Se pone en juego en todos estos acontecimientos la potencialidad de la cultura y la creatividad humana que aún no ha sido apropiada por el capitalismo y que se cuelan en las grietas de los muros institucionales desde los espacios de frontera (los entrepliegues), híbridos, culturales y multi-identitarios. Se activan formas de organización novedosas en la manera de hacer política donde la identidad cultural, incluso en sus expresiones más cotidianas, funciona como fuente de resistencia frente a la homogeneidad, la apropiación mercantilista y lo masivo. Lo cultural, y más aún, lo patrimonial cobra una dimensión política o, mejor, contrapolítica.

En este contexto, es posible rescatar el concepto de “activación cultural” propuesto por Llorenc Prat (2004 en Rojas, M, 2015; 13), el cual sostiene que “los repertorios patrimoniales son principalmente activados en la actualidad por versiones ideológicas de la identidad que devienen en estrategias políticas”. Entonces, estas iniciativas o movimientos pueden estar funcionando cómo “activaciones que promueven la resistencia cultural basada en identidades territoriales a través de recursos patrimoniales” (2015; 13).

Manejan un concepto de patrimonio que se extiende desde lo excepcional hacia lo cotidiano, y que remite a los comunes o al procomún, tanto material como inmaterial. La ciudad y lo urbano como bienes propios de titularidad ciudadana que hay que recuperar, como contenedora de recursos patrimoniales de todo tipo –edificios, espacios públicos, servicios colectivos, relaciones humanas, saberes, nombres, símbolos, etc.- como construcción social. Un ciudad donde sus paisajes y lugares de vida cotidiana, están en pugna entre los que “pretenden transformarla en instrumento de utilitarismo económico,

y aquellos que anclados en identidades territoriales o simbólicas la transforman en

Imagen 27: Convocatoria Municipalia en Medialab-Prado, Madrid, 28 de junio de 2014. Fuente: Casilda Cabrerizo

Imagen 28: Presentación del proyecto Mercado Habitado en el Mercado de San Fernando de Lavapiés en Madrid, 1 de julio de 2015. Fuente: Oficina de Urbanismo Social

un recurso de resistencia, construida desde el mundo de los imaginarios pero con un claro objetivo de darle un nuevo sentido a la transformación material del mundo”

(Rojas, 2015; 13).

Son formas de organización novedosas en su manera de hacer política, donde el peso de lo cultural crítico, lo alternativo (con pretensión de ser sustitutivo), es grande. La lucha por recuperar los patrimonios comunes y cotidianos convierte a la ciudad en un escenario en pugna, hoy sin murallas físicas pero cargado de otras fronteras menos visibles pero muy sentidas y eficaces. El conflicto está entre los poderes dominantes y el poder popular, que resisten conscientemente a la pretensión de manipular la vida cotidiana mediante procesos de planeamiento (Holmes, 2008; 214). Resistencias frente a la apropiación de los patrimonios comunes, contra la ciudad escaparate, los mega - proyectos, la privatización del espacio público, la cultura dirigida e institucionalizada, contra el alejamiento de la toma de decisiones, la banalización y homogeneización de los modos de habitar, construir y consumir. Se lucha por avanzar hacia el autogobierno frente a esos dispositivos del poder que funcionan como “artes de gobernar” a los individuos, que son libres pero cuyas subjetividades han sido manejadas (Lazzarato y Negri, 2001).

Se quiere humanizar la ciudad, remunicipalizar la política y la vida urbana, imaginando nuevas formas de institución. Como se verá más adelante, estos movimientos encuentran en el espacio público, en los edificios sin uso, en los intersticios y entre pliegues, en los mercados en decadencia, e incluso, en los viejos y abandonados psiquiátricos, en los saberes populares y en los materiales reutilizados el poder para resistir a los dictámenes dominantes.

VI.2 APRENDIENDO DE LOS MOVIMIENTOS E INICIATIVAS SOCIALES EN LA