La percepción de dominación social por medio de la dominación del espacio y de las subjetivaciones, de los patrimonios construidos y simbólicos, de los comunes, ha causado un desborde de movilizaciones de contestación ciudadana en nuestras ciudades. Algunas dinámicas hegemónicas observables en la ciudad contemporánea, y que ya han sido descritas en este documento, han generado un sentimiento de pérdida de la ciudad, por su conversión en producto mercantilizable y comercializable, por su apropiación por poderosas instituciones que moldean las ideas y las formas de producción y de consumo colectivo.
En el proceso de terciarización de lo urbano, las economías de lo inmaterial, del ocio, el turismo y el consumo planean sobre las ciudades manejando el tiempo completo de los sujetos, residentes y visitantes, manipulando las demandas y condicionando los hábitos y estilos de vida. El manejo de la demanda, del consumidor, se acompaña necesariamente con el de la oferta, es decir, la producción de formas urbanas y de paisajes que funcionan como los recipientes óptimos para dar rienda suelta a los consumos y deseos de cada tendencia de estilo. El fenómeno cobra relevancia en los centros históricos, excepcionales por concentrar lo histórico y auténtico y la oferta de ocio y cultura dirigida a visitantes y a nuevas élites sociales. Pero también en las periferias, armadas por la movilidad, las urbanizaciones exclusivas y los grandes centros comerciales. Paisajes diseñados y publicitados para estilos de vida únicos y ejercicio de una aparente libertad de elección pero que resultan hoy excesivamente comunes por globales.
3 Como residente en Madrid, la información aquí contenida está referida a acontecimientos dados,
fundamentalmente, en esta ciudad. Lo que se expone en este capítulo está ocurriendo y se está viviendo. Por lo tanto, se trata de un intento de avance teórico en tiempo real, con todo lo que implica en cuanto a no poder tomar distancia temporal para el análisis.
Sin embargo, y como señala Castells en una reciente entrevista, aunque la libertad sea mercantilizada, no es posible arrancar de ella su posibilidad para la revolución4. Por eso,
hoy en la ciudad, confluyen intereses y paisajes contradictorios que se superponen, como metáforas que comparten referente, en un escenario de pugna por el capital simbólico del patrimonio material e inmaterial acumulado y en construcción. Una ciudad en ebullición que se debate entre la dominación de los poderes desde arriba y de las experiencias de subjetivación y libertad que surgen desde abajo (Cabrerizo, Klett y G.Bachiller, 2015).
En su esencia, las luchas actuales son las luchas de siempre, la defensa de la soberanía popular y local contra los aparatos de poder de los estados modernos (Calle y Vilaregut, 2015; 42). La estrategia, la resistencia a las imposiciones de los poderes dominantes en las formas de habitar, pensar, consumir, producir y crear mediante la activación de modos y construcciones alternativas (Rojas, 2015). Y, también como en el pasado, el problema es conseguir estructurar un discurso hegemónico alternativo que aglutine a toda la diversidad y multiplicidad de los movimientos e iniciativas sociales urbanas en activo (Harvey, 2007; Castells, 1977; 2012).
Aunque se registra una amplia diversidad en las formas de protesta y de actuar, de la escala en la que actúan, y de su capacidad de transformación de las estructuras dominantes e incidencia en las políticas públicas, según sean más o menos rupturistas, es posible detectar en ellos una serie de conflictos compartidos y un único deseo de empoderamiento (Castells, 2012). Estos movimientos son una respuesta al modelo de democracia representativa constituido (y Constitucional), que no ha incorporado a la ciudadanía en la toma de decisión política, a la forma generalizada de gobierno de tipo
empresarialista, que convierte todo en “mercancía global”, a la explotación económica
y a la dominación cultural por parte de élites, políticas y económicas (Alguacil, J. 2004) y al acomodamiento ciudadano que todo ello ha generado. Así, y tal y como señala Ángel Calle (Calle Collado, 2004: 10), estos movimientos se encuentran atravesados por tres gritos, tres deseos que, más allá de sus peculiaridades y localismos, les hacen globales. Son “queremos decidir”, “queremos dignidad” y “queremos nuestra ciudad o nuestro territorio”. El primero de los gritos pretender introducir formas de democracia participativa en el Estado, constituido por la representación democrática de las élites, en todas las demás instituciones (públicas, privadas, locales o multinacionales) y en todos los ámbitos de la vida. Pretende recuperar el protagonismo social, lo deliberativo, y las prácticas bottom-up (“desde abajo”). El segundo grito, remite a cuestiones ya viejas como el derecho al trabajo, a la vivienda, a la justicia universal e igualitaria, al acceso
4 Entrevista de Pablo Iglesias a Manuel Castells en Otra Vuelta de Tuerka, 15 de junio de 2015.
universal a la educación, a la salud, es decir, lo que para algunos constituyó el estado del bienestar promulgado por las izquierdas tradicionales, para otros una parte sustancial de los bienes comunes, y que hoy están en riesgo de desaparición por desposesión en la nueva forma que adopta el neoliberalismo en su afán acumulador (Harvey, 2004). Y el tercero de los gritos nos remite al derecho a la ciudad de Lefebvre, Harvey y otros, al derecho a otra ciudad, más habitable, justa, igualitaria y accesible, a lo ya escrito en este documento sobre la ética de la estética del paisaje, a la defensa de los valores y significados del espacio urbano diversos y cambiantes, no dominantes, al patrimonio heredado, al lugar como categoría principal de la organización territorial de la sociedad (Rodríguez Chumillas, 2014:5), y a la acción social en la construcción de la ciudad (Rodríguez Chumillas, 2013). Si bien este último reclamo ha tenido un mayor desarrollo en América Latina bajo la forma de lucha por el derecho a la tierra, como medio de producción, y al territorio, como producto de identidad cultural (Sousa Santos, 2012), tiene cada vez más presencia en las motivaciones de los nuevos movimientos sociales de nuestras ciudades europeas (Calle Collado, 2014), algo que está forzando la aparición de espacios de mediación entre estos movimientos y las instituciones, en la búsqueda de formas de articular la micro y la macropolitica, la autogestión con la cogestión, y nuevos modos de intervención urbana5. Tres gritos que, lejos de ser autónomos, se
retroalimentan y refuerzan entre sí (Calle Collado, 2014:11). Gritos de rebeldía que se buscan y se encuentran espacializados, tanto en espacios virtuales, como las redes de Internet, como en espacios físicos.
Como cualquier experiencia y práctica social, los movimientos sociales tienen una base espacial, un espacio, “el aquí”, como transformador de algo, que les lleve al “allá” (Lindón y otros, 2006). Espacios que son contenedores donde ocurren cosas -puede ser un solar, un edificio, una plaza, las calles de la ciudad, un mercado de abastos. También un espacio virtual en la red de Internet-, donde se piensan, se idean y se desarrollan estrategias y acciones de forma cooperativa para nuevas maneras de vivir, para cubrir “los vacios que crean las instituciones representativas” (Calle Collado, 2014) como apoyos a la comunidad, información y asesoramiento técnicos sobre diferentes cuestiones de interés, formación teórica y práctica, etc. Espacios para nuevas formas de relación, inclusivas y múltiples, para la experiencia espacial de la vida cotidiana que representan los deseos y las aspiraciones de quién los usa y los contempla. Son, por tanto, lugares (otros lugares),
5 Es el caso de Las Mesas de Citykitchen, encuentros periódicos en Intermediae / Medialab-Prado / Matadero
Madrid para explorar y desarrollar nuevas herramientas de mediación, colaboración y gestión urbanística entre
“Si tomamos las instituciones que resultan más inmediatas a los ciudadanos, los municipios, y los convertimos en ámbitos de decisión directa, podemos hacer realidad una democracia digna de tal nombre” (Observatorio
Metropolitano, 2014; 143)
“Pensamos que no hay nada más determinante para #GanarMadrid que el hecho de pensar juntos y juntas un proceso que sea realmente democrático. Es hablar de ganar y sobre todo de cómo hacerlo, sin pillarnos
concretos y a escala local, pues importa lo cotidiano, lo micro y lo subjetivo6. Porque es
en lo local donde aumenta la capacidad para el encuentro de los rebeldes.