5.3 Baseline Models and Settings
5.3.1 Topic-based category
Siguiendo con la filosofía post-estructuralista de Deleuze y Guattari (1977; 1980) sobre la estratificación que atraviesa a sociedades e individuos, y así como el Estado actual presenta una elevada segmentación de tipo molar, se podría también reconocer, en gran medida, a la ciudad actual como molar. Organizada por segmentos funcionales, por mesetas homogéneas que condicionan y capturan a los individuos en formas de vida y comportamientos codificados. De vez en cuando, entre estos segmentos molares surgen espacios intersticiales, invisibles, “agujeros oscuros”, plegamientos o líneas fronterizas entre las mesetas donde la ausencia de codificación favorece la aparición de prácticas espaciales espontáneas, emancipadoras, creativas, libres, fugaces, micropolíticas. Surge aquí lo molecular.
Lo molecular, según Deleuze y Guattari, son líneas de fuga, movimientos que pretenden atravesar lo molar para cambiar sus segmentos y organizaciones duales y rígidas. Es el “campo de lo posible”, el ámbito de los deseos donde se posibilita lo nuevo, lo complejo, lo múltiple. Donde se expresa, sin ataduras, la consciencia e, incluso, el inconsciente. Cuanto más molarizada o rígida es una sociedad, o un Estado, más previsible es un brote molecular, rizomático o flexible ya que la fuerza que debe ejercer este movimiento molecular para enfrentarse a lo molar es mayor.
Hoy, el gran autoritarismo reinante en todo tipo de instituciones políticas y económicas (nacionales o multinacionales) ha hecho brotar múltiples de estos movimientos que, con una fuerte presencia de la micropolítica, introducen la subjetividad y los deseos - inhibidos en una organización molar, sobre segmentada y codificada y que basa su pensamiento y acción en lo macropolítico - en la producción de espacios de gran singularidad, poniendo en jaque los códigos establecidos y normalizados por el sistema dominante, también en el campo la urbanística26.
Como ya se ha dicho, sus luchas están hoy muy relacionadas con una construcción democrática del espacio urbano, bajo el grito de “queremos (recuperar) nuestra ciudad (usurpada)”. Contra el urbanismo neoliberal, o como lo denomina Boaventura de Sousa
25 Otros términos que se utilizan en el mundo anglosajón son los de “guerrilla urbanism”, guerrilla gardening”, “D.I.Y. urbanism”
26 http://www.imagencristal.com.ar/imagencristal_portal/clase-34-micropolitica-y-macropolitica. Consultado el 9 de agosto de 2014
“autoritario” (Sousa Santos, 2012), que segrega y construye lugares neutralizados socio-políticamente – urbanizaciones cerradas para la protección frente al otro, centros comerciales para la práctica del consumo intensivo, espacios públicos desérticos de vida comunitaria, mercantilización y escenificación de centros históricos, dispersión y fragmentación de usos, etc. -, crean espacios democráticos, públicos, domésticos, laborales y de producción, de consumo, basados en redes de confianza, en la inclusión y la cooperación.
Prácticas moleculares o movimientos de fuga en espacios de autonomía, donde se expresan los deseos de sus usuarios, tratando de no reproducir las subjetividades dominantes ni las estructuras de organización jerárquica y tradicional. Lugares que imaginan y practican una ciudad distinta y cuyo significado viene dado por la población y no por el capital. Son lugares intersticiales.
Debido a la acumulación de acontecimientos no deseados, actuaciones urbanísticas que van transformando el entorno conocido, vivido y recordado (Tuan, 2007), manipulando y controlando la vida diaria, crean lugares de representación, para la vida y la experiencia cotidiana, haciendo uso de la memoria y de los saberes heredados. La propia construcción física de estos espacios, participativa, mediante la autoconstrucción y la filosofía del do
it your self, opuesta a las formas dominantes de construir arquitecturas y paisaje urbano,
provoca una intensificación de sus sentimientos topofílicos hacia el lugar que, además, lo legitima. Los sentimientos de afecto hacia el lugar se van intensificando a medida que ocurren cosas, y estos espacios son, sin duda, máquinas de producir acontecimientos.
En su diálogo de oposición con lo molar, lo codificado, construyen lugares rebeldes, no homologados, que no buscan el negocio ni la productividad tal y como la entiende el capitalismo, sino la configuración de nuevas subjetividades socio-políticas y económicas, nuevas formas de comportamiento y de relaciones laborales, políticas y comunitarias, defendiendo lo común, la diversidad y la multiplicidad, y con una filosofía del interés no lucrativo. Y lo hacen en espacios intersticiales, invisibles temporalmente al capital, abandonados o en desuso.
En un proceso de reacción respecto al modelo de valoración estética dominante y al entorno material fuertemente influenciado por los intereses del capital, estos movimientos de ciudadanía activa y crítica se cuelan en los huecos oscuros, en los espacios ignorados, en desuso, para recrear nuevos usos, funciones (deficitarias por el sistema) y sentidos
(Lindón y otros, 2006), convirtiéndolos en lugares vibrantes, amados y llenos de nuevos significados, desbordando al sistema desde sus propias contradicciones. Micro espacios capaces de generar relaciones sociales y con el espacio urbano equilibradas, adecuadas y ecológicas, conjugando realidad práctica y representación estética, sintetizando el “área objetiva de la producción con el área subjetiva de los deseos” (Trías, 1997). Lugares sentidos (Besse, 2010) que devienen en paisajes, por el paso del tiempo y el uso, que los va impregnando de carácter, modificando la percepción y valoración de estos espacios. Puntos de ruptura en las mesetas homogéneas de la ciudad (neo)liberal, de cambio radical, provocados o espontáneos, ámbitos de transición que con mayor o menor intensidad manifiestan el cambio (Rodríguez Chumillas, 2014:2), “puntos del mundo donde cristaliza el significado de las cosas (...) el punto sensible alcanzado y obtenido es como la fractura o la brecha (las palabras son de Péguy) por la que el orden constituido de las cosas es separado, es puesto en movimiento, es propiamente reanimado. El punto sensible es el punto de ruptura y de liberación de los mecanismos y de las instituciones de todo orden” (Besse 2010: 175).
Estas prácticas los hacen visibles y los definen con nuevos símbolos y formas de entender la vida y la ciudad. Y como señala Rodríguez Chumillas, “si en las formas se leen los discursos que las crean y estas tienen significados distintos según y cómo las codifica y recodifica el imaginario individual y, sobre todo, el colectivo, siempre combinando imágenes y palabras, en especial nombres, se hace ineludible comprender también los significados” (Rodríguez Chumillas, 2014, 4).