Antes de lanzarnos a un estudio detallado de los problemas técnicos conviene revisar algunos puntos fundamentales. La técnica del psicoa- nálisis nació sólo cuando se analizaron las resistencias sin evitarlas ni superarlas por otros medios. No podemos definir la técnica psicoana- lítica sin incluir el concepto de análisis constante y a fondo de la resis- tencia. Es importante recordar otra vez la íntima relación existente entre resistencias, defensa, funciones del Yo y relaciones de objeto. La resistencia no sólo ha de entenderse como oposición al curso del análisis, si bien es ésta la manifestación clínica más directa y clara. El estudio de las resistencias de un paciente derramará luz sobre muchas funciones básicas del Yo así como sobre sus problemas en la relación con los objetos. Por ejemplo, la ausencia de resistencias puede indicar que nos encontramos ante un proceso psicótico. Una erupción súbita de lenguaje y comportamiento obsceno e insultante en un ama de casa hasta entonces recatada y formal puede ser una manifestación de ello. Además, el análisis de las resistencias ilumina también el modo que tienen de influir intraestructuralmente en las diversas funciones del Yo, el Ello, el Superyó y el mundo exterior. Y las resistencias a los procedi- mientos terapéuticos repiten los conflictos neuróticos entre las diferen- tes estructuras psíquicas. En consecuencia, la situación analítica da al analista la oportunidad de observar directamente en el diván analítico
TÉCNICA PARA EL ANÁLISIS DE LAS RESISTENCIAS formaciones de transacción análogas a las formaciones de síntomas. La
relación siempre cambiante entre las fuerzas de las resistencias por una parte y el afán de comunicación por la otra puede verse con máxima claridad en los intentos de asociación libre que hace el paciente. Ésta es una de las razones de que se considere la asociación libre el instru- mento principal de comunicación en el procedimiento psicoanalítico.
Es "analizar" una expresión condensada para denotar muchos pro- cedimientos técnicos que fomentan todos el insight del paciente (véase sección 1.3.2). Con el marbete del "análisis" se comprenden o subsu- men por lo menos cuatro clases de procedimientos: confrontación, aclara- ción, interpretación y traslaboración.
La interpretación es el medio más importante de la técnica psicoanalí- tica. Todo otro procedimiento analítico prepara una interpretación, la amplifica o la hace efectiva. Interpretar significa hacer consciente un acontecimiento psíquico inconsciente o preconsciente. Significa hacer que el Yo razonable y consciente se dé cuenta de algo que tenía olvida- do. Atribuimos significación y causalidad a un fenómeno psicológico. Con la interpretación hacemos al paciente consciente de la historia, la fuente, el modo, la causa o el significado de un suceso psíquico dado. Esto suele requerir más de una sola intervención. El analista aplica su propia mente consciente, su empatía, su intuición y vida de la fanta- sía, así como su intelecto y conocimiento teórico para llegar a una in- terpretación. Interpretando vamos más allá de lo fácilmente compren- sible y observable por el pensamiento lógico y consciente ordinario. Las reacciones del paciente son necesarias para determinar si la interpreta- ción es válida o no (E. Bibring, 1954; Fenichel, 1941; Kris, 1951).
Para hacer entrar el Yo del paciente efectivamente en esta labor psi- cológica es condición previa que lo que ha de ser interpretado sea pri- mero mostrado y aclarado. Para analizar una resistencia, por ejemplo, el paciente tiene que saber primero que hay una resistencia funcionan- do. Esa resistencia tiene que ser demostrable y el paciente tiene que verse frente a ella. Entonces hay que enfocar nítidamente la variedad particular o el detalle exacto de la resistencia. La confrontación y la acla- ración son auxiliares necesarios de la interpretación y como tales han sido reconocidos desde que se amplió nuestro conocimiento de las fun- ciones del Yo (E. Bibring, 1954, p. 763). A veces el paciente no necesi- ta que el analista realice la confrontación, la aclaración o la interpreta- ción porque él puede hacerlas por sí mismo. Otras veces, los tres pro- cedimientos se dan casi simultáneamente, o un relámpago de insight tal vez preceda a la confrontación y la aclaración
La traslaboración se refiere esencialmente a la repetición y elaboración
de interpretaciones que llevan al paciente del insight inicial de un fenó- meno particular a un cambio duradero en reacción o comportamiento (Greenson, 19656).La traslaboración hace eficaz una interpretación. Así la confron- tación y la aclaración preparan para una interpretación y la traslabora- ción completa la tarea analítica. Pero es la interpretación el instru- mento central y capital del psicoanálisis.
2.6.1.1 Dinámica de la situación de tratamiento
La situación de tratamiento moviliza tendencias conflictivas dentro del paciente. Antes de que intentemos analizar las resistencias del paciente sería bueno examinar el alineamiento de las fuerzas que tiene dentro (véase Freud, 1913b, pp. 142-4; 436-7). Empezaré enumerando las fuer- zas que se hallan de parte del psicoanalista y de los procesos y procedimien- tos psicoanalíticos.
(1) La aflicción neurótica del paciente, que lo impulsa a trabajar en el análisis, por doloroso que sea. (2) El Yo racional consciente del pa- ciente, que mantiene a la vista los objetivos de largo plazo y compren- de las razones de la terapia. (3) El Ello, lo reprimido y sus derivados, todas las fuerzas que dentro del paciente buscan su descarga y tienden a aparecer en las producciones del paciente. (4) La alianza de trabajo, que permite al paciente cooperar con el psicoanalista a pesar de la co- existencia de sentimientos de trasferencia opuestos. (5) La trasferencia positiva desinstintualizada, que permite al paciente atribuir valor ex- cesivo a la competencia del analista. Basándose en unas pocas prue- bas, el paciente aceptará al analista como a un experto. La trasferencia positiva instintual también puede inducir al paciente a laborar tempo- ralmente, pero eso es mucho menos seguro y puede volverse lo contra- rio. (6) El Superyó racional, que mueve al paciente a cumplir sus de- beres y obligaciones. El "contrato" de Menninger y el "pacto" de Gi- telson expresan ideas semejantes (Menninger, 1958, p. 14). (7) La cu-
riosidad y el deseo de conocerse a sí mismo, que mueven al paciente a explorarse y revelarse a sí mismo. (8) El deseo de progreso profesional
y otros tipos de ambición. (9) Los factores irracionales, como los senti-
mientos competitivos respecto de otros pacientes, el deseo de sacar pro- vecho a su dinero, la necesidad de propiciación y confesión, todos los cuales son aliados temporales y poco seguros del psicoanalista.
Todas las fuerzas enumeradas hacen que el paciente labore en la si- tuación analítica. Su valor y eficacia difieren, y cambian durante el curso del tratamiento. Esto se verá más claramente cuando llegue el mamen-
110 LA RESISTENCIA TÉCNICA PARA EL ANÁLISIS DE LAS RESISTENCIAS 111 to de que estudiemos diferentes problemas clínicos en capítulos subsi-
guientes.
Las fuerzas que dentro del paciente se oponen a los procesos y procedi- mientos analíticos pueden descomponerse como sigue:
(1) Las maniobras defensivas inconscientes del Yo, que dan los mo- delos para las operaciones de resistencia. (2) El temor al cambio y el afán de seguridad, que mueven al Yo infantil a apegarse a las normas neuróticas familiares. (3) El Superyó irracional, que exige sufrir para expiar la culpabilidad inconsciente. (4) La trasferencia hostil, que im- pulsa al paciente a vencer al psicoanalista. (5) La trasferencia sexual y romántica, que lleva a los celos y la frustración y en definitiva a una trasferencia hostil. (6) Los impulsos sádicos y masoquistas, que llevan al paciente a provocar muchos placeres dolorosos. (7) La impulsividad y las tendencias de actuación, que impulsan al paciente en dirección de las satisfacciones rápidas y contra el insight. (8) Las satisfacciones secundarias producto de la enfermedad neurótica, que incitan al pa- ciente a apegarse a su neurosis.
Éstas son las fuerzas que moviliza la situación analítica en el pacien- te. Cuando uno escucha a éste, es bueno tener presente esa división de fuerzas, harto simplificada. Muchos de los artículos enumerados se examinarán más de cerca en secciones ulteriores de este libro. 2.6.1.2 Cómo escucha el analista
Podría parecer innecesariamente pedante poner por escrito cómo debe escuchar el psicoanalista. Pero la experiencia clínica nos ha enseñado que el modo de escuchar éste es un procedimiento tan singular y com- plejo como la asociación libre para el paciente. Esta cuestión será exa- minada más a fondo en las secciones 4.2.1.1, 4.2.1.2, 4.2.2.1 y 4.2.2.2. Aquí trazaremos tan sólo un esbozo a manera de instrucción preliminar. El analista escucha con tres objetivos en la mente: (1) Trasladar las producciones del paciente a sus antecedentes inconscientes. Los pensa- mientos, fantasías, sentimientos, comportamiento e impulsos han de seguirse hasta dar con sus predecesores inconscientes. (2) Los elemen- tos inconscientes han de ser sintetizados en insights significantes. Frag- mentos de la historia pasada y presente, consciente e inconsciente, han de ser relacionados para dar un sentido de continuidad y coherencia en función de la vida del paciente. (3) Los insights así obtenidos deben ser comunicables al paciente. Cuando uno escucha, debe estar seguro de que el material descubierto será utilizable constructivamente por el paciente.
La experiencia clínica ha sugerido unas cuantas líneas directrices fun- damentales para la realización de esos objetivos divergentes (Freud, 1912b, pp. 111-17). (1) Uno escucha con una igual atención flotante. Uno no hace un esfuerzo consciente para recordar. El analista recor- dará los datos importantes si pone atención y si el paciente no está agi- tando las propias reacciones trasferenciales del analista. La atención no selectiva ni dirigida tenderá a excluir las propias deformaciones ten- denciosas y permitirá, por añadidura, al analista seguir el hilo del pa- ciente. Desde esa posición, libremente flotante, el analista puede osci- lar y realizar fusiones entre sus asociaciones libres, su empatía, intui- ción, introspección, pensamiento solucionador de problemas, conoci- miento teórico, etc. (Ferenczi, 1928b; Sharpe, 1930, capítulo II).
Todas las actividades que estorban la capacidad de realizar las di- chas oscilaciones han de ser evitadas. El analista no debe tomar notas si eso estorba su atención libremente flotante. Las notas palabra por palabra son evidentemente contraindicadas, ya que eso falsearía su in- tención principal. El analista es ante todo entendedor y promotor de insight. No es esencialmente registrador ni colector de datos de investi- gación (Berezin, 1957). Para escuchar eficazmente, uno debe atender también a sus propias respuestas emocionales, que a menudo le darán indicios importantes. Por encima de todo, el analista tiene que estar atento a sus propias reacciones de trasferencia y resistencia, que pue- den estorbarle o ayudarle a entender las producciones del paciente. La situación analítica es esencialmente terapéutica. El analista ha de administrar insight y comprensión para los fines terapéuticos. Escucha para obtener insight y lo hace desde una posición de atención libremen- te flotante, con respuestas emocionales restringidas, compasión y pa- ciencia. Todas las demás empresas científicas han de hacerse a un la- do, con el propósito de ejecutar limpiamente estas complicadas tareas.