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Anles de comenzar con mi tema específico, me gustaría hacer algunas consideraciones preliminares.

En primer lugar, quisiera agradecer a la presidenta Marianne Scott por su encantadora introducción y por las generosas palabras que tuvo hacia mí, saltando inmediatamente a ocupar la posición de mi amigo Iván Illich, que iba a hablar ante ustedes pero, desafortunadamente, no pudo hacerlo.

Más aun, me siento muy feliz de que se me permita servir a un amigo no solamente ayudando a Henar el vacío que su’ausencia pudiera haber causado, sino también dando un mensaje. Así es que, no en sus palabras sino en las mías, espero, sin embargo, invocar al espíritu illichiano.

Consideración número dos: gracias, nuevamente, a Scott. Tan sólo unos días antes de salir de California para Saskaloon, recibí una de esas cartas “ expreso vía aérea” , en la cual ella me daba claves enormemente útiles acerca de esta conferencia. Me contaba de vuestras preocupaciones esenciales, de las tremendas presiones económicas, políticas, sociales y legales a las cuales ustedes están expuestos, de las difíciles preguntas respecto de la libertad de y el acceso a la información asociadas, por supuesto, al impacto de la explosiva “ tecnología de la información” en vuestra profesión.

Sentí que el punto crucial en su carta era una preocupación que dio lugar al título de esta conferencia: “ Compartiendo nuestras especialidades: una oportunidad nacional” .

Ella describía la desagradable situación, debida al aumento de la especialización en vuestra profesión, de la existencia de una erosión del lazo que mantiene unidos a todos ustedes.

Consideración número tres: permítanme llamarles la atención acerca del hecho de que esta situación es aun más desagradable porque, cuando

* Este artículo es una adaptación de la conferencia inaugural para la apertura de la

37“ Conferencia Anual de la Canadian Lihrary Association, presentada e¡ vientes 11 de junio de 1982, en Saskatoon, Saskatchewan, Canadá. Fue publicado originalmente en: Canadian.

se erosiona el lazo común, se crea un clima propicio para que haya aun más especialización. Es decir que éste es un caso de causación circular extraor­

dinariamente vicioso. • ' . ''

Sin embargo, permítanme decirles que ustedes no están solos con este padecimiento; Ic mismo _sl.í pasando en otros campos. De hecho, loda la ciencia está afectada por esta disfunción social que ha asumido ahora proporciones epidémicas. ¿Qué hacer respecto de eslo?

¿Qué hacer con un disco intervertebral deslizado fuera de lugar? El penar empieza cuando el disco desplazado pinza algunos nervios generando dolor. El dolor, a su vez, produce espasmos musculares que comprimen los nervios más aun: el dolor aumenta, y así sucesivamente, con crecientes penurias.

Superficialmente uno podría tratar esta cuestión cortando el círculo vicioso en uno o ambos extremos, reduciendo el dolor con analgésicos, reduciendo los espasmos con relajantes musculares. Pero estos remedios no colocarán al disco d~ nuevo en el lugar apropiado. Es claro que una terapia debe ocuparse del disco en sí mismo.

Un médico con inclinaciones hipocráticas preguntaría: “ ¿Por qué es que el disco se deslizó al comienzo del proceso? Tal rastro de nuestra civilización y al bibliotecario en el papel de una partera o de un obstetra, ayudando a la gente a dar nacimiento a nuevas ideas, entendimientos e intuiciones.

Esto significa que les hablaré acerca de “ dejar conocer” a aquellos que desean conocer; en otras palabras, les hablaré acerca de la aplicación de; una teoría del conocimiento. Es',o justifica la última parte de mi título que en su forma completa es: “ Conocer y dejar conocer: una teoría aplicada del conocimiento” .

Así he completado mis consideraciones preliminares y puedo ahora empezar con mi presentación propiamente dicha. Haré esto, nuevamente, en cinco pasos. Primero, quisiera discutir la sociopatología de la cual laespecia- lización acelerada es sólo un síntoma. Segundo, me ocuparé del concepto de conocer desde una posición epistemológica central, y tercero, les contaré algunos encantadores liallazgos acerca del aprender, particularmente acerca del aprender estilos y estrategias. Cuarto, voy a tocar el tema de las potencia­ lidades y de los límites de la nueva tecnología que podría llegar a estar a vuestro servicio, en lugar de estar ustedes al servicio de esa tecnología; finalmente, quisiera invitarlos a ver la biblioteca como un instrumento de convivencia en el sentido de Iván Illich [1] y de Valentina Borremans [2].

Patología

La historia del desarrollo de los criterios que identifican una enfer­ medad mental específica y diseminada, la esquizofrenia (del griego: schis-

ma, dividir; phren, mente), es relativamente reciente.* Debidoa la similitud entro la característica más prominente de la esquizofrenia, a saber, la ruptura de la integración cognitiva, y la característica más prominente de disfunción social,

a

saber, la ruptura de la integración social, projiongo llamar a esta ot-vjio|V>tología “ esquizodemia” (del griego: schisma, dividir; demos, gente). Las otras características de la esquizofrenia muestran también gran afinidad con aquellas de la esquizodemia. Observemos este fascinante paralelismo.

Mi justificación para hacer este ejercicio es que, si hay una estrategia para liberarse a uno mismo de las garras de una enfermedad que afecta al individuo, sería posible encontrar una estrategia semejante que pudiera ayudar a liberamos de las garras de una enfermedad que afecta a la sociedad.

I£n cada uno de los siguientes cuatro puntos voy a mencionar un criterio diagnóstico de esquizofrenia, tal como fue definido por Breuler (i) (ii) (iv) y Meduna-MacCulloch (iii), y luego señalaré la correspondiente situación en la esquizodemia.

(i) Ruptura de la integración cognitiva

... Si este fenómeno se da en una “ sociedad” , en vez de darse en un paciente, y en vez de dar por resultado un “ patrón de lenguaje esquizofré­ nico , produce una “jerga profesional” , la descripción del fenómeno podría parafrasear la descripción de Scott acerca de lo que aqueja a vuestra profesión o, yo diría, a la ciencia en general.

(i i) Alienación

Este tipo de des personal ización puede ser visto en las ciencias a muchos niveles. Superficialmente aparece en el estilo de escritura requerido, en el cual el pronombre de primera persona singular resulta inaceptable, excluyen­ do a la subjetividad del discurso científico. En el gran esquema de la ciencia natural esta tendencia termina empujando a todos los sujetos fuera de sus modelos del mundo, creando un “ universo sin sujeto” .

(iii) Confusión del símbolo con el objeto

Yo creo que esta confusión está directamente ligada con lo que yo llamé, en el punto cuatro de mis consideraciones preliminares, perversión de la noción de conocimiento, y está relacionada con una errónea eoncep-

* Ciertos desarrollos 110 han sido incluidos en este artículo, ya que aparecen en otros

artículos de esta misma colección. Por ejemplo, una caracterización de loe síntomas diagnós­ ticos de la esquizofrenia y la descripción del embudo de Nuremberg aparecen en “ La percepción del futuro y el futuro de la percepción” . Una cita del metálogo “ ¿Qué es un instinto?” aparece en “ Desorden/orden: ¿descubrimiento o invención?” [T.]

ción de la función social de la biblioteca y de sus bibliotecarios. Esa confusión presenta a la biblioteca como un depósito de conocimiento y de información. Sin embargo, una biblioteca no puede almacenar conocimiento e información, sino tan sólo'docianenlos, libros, mapas, microfichas, diaposi­ tivas, etcétera. Cuando la gente usa estos itiaieñales se vuelven entendidos e informados. Borroneando esta distinción, conocimiento e información pueden aparecer como si fueran mercaderías, a saber, la emergente “ industria del conocimiento” , los “ procesadores de información”, etcétera. De este modo los problemas de cómo conocer y cómo dejar conocer son empujados con éxito bacía una mancha ciega cognitiva. Ni siquiera vemos que no vemo6.

(iv) Sensorio claro r

En las interacciones sociales nuestras facultades de percepción, orientación, memoria, etcétera, no están alteradas; nuestro “ sensorio claro” resulta claro. Es decir, contestamos por la afirmativa al tercer criterio de Breuler. Esto completa mi descripción “ clínica” de la esquizodemia, y ahora tengo que contestar a la pregunta: “ ¿Qué haremos con todo esto?”

Hasta hace 20 años atrás la esquizofrenia era considerada incurable y proyectar sus síntomas en los de otra enfermedad hubiera bastado para mostrar como incurable a la otra también. Mientras tanto, estudios cuida­ dosos sobre el comienzo de la enfermedad han indicado que bien podría haber una predisposición orgánica, una latencia para su desarrollo en algunos individuos pero, en muchos casos, hace falta una configuración cultural, social o familiar, que facilite su manifestación. Si esto fuera así, uno podría argüir que un cambio radical en estas configuraciones podría eliminar los núcleos cognitivos alrededor de los cuales la red de disfun­ ciones se conforma al principio, y luego crece y se estabiliza.

Hay una estrategia de cambio radical de circunstancias conocida como “ reencuadre” . En mi próximo paso, aplicaré esta estrategia como antídoto para la esquizodemia, reencuadrando la noción prevalente acerca del conocimiento.

Conocimiento

Algunas de las nociones actuales sobre la enseñanza, por ejemplo,

la

noción de información asistida por ordenador, puede ser reconducida hasta precursores respetables como la instrucción asistida por embudo, tal como se presenta en “ el embudo de Nuremberg” * [7]. Conocemos las consecuen­ cias de esta tradición: ¡esquizodemia!

Permítanme presentar una perspectiva opuesta a la ya dacla: la

* Véase antes la nota del traductor en este mismo capítulo. [T.]

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posición constructivista. ¿Cómo reconoce uno a un constructivista? Muy fácilmente. Si ustedes le preguntaran a uno de ellos si algo, digamos, una fórmula, una noción, un objeto, el orden, la simetría, una taxonomía,' las leyes de la naturaleza, etcétera, se descubrióo se inventó, un constructivista tendería a decir que se inventó. Más aun, si se !o presiona fuertemente, un constructivista diría incluso que el mundo tal como lo conocemos es nuestra invención. Desde el momento en que cualquier cosa que inventa­ mos es de nuestra propia responsabilidad, la posición constructivista contiene la semilla de una ética.

Me doy cuenta de que podría n o sal irme con la mía fácilmente con semejantes afirmaciones. Por tanto, voy a reunir cuanta ayuda pueda conse­ guir. Una alternativa sería arrojarles una variedad de literatura que va de la psicología infantil a los fundamentos de las matemáticas (8, 9, 10, 11, 12). Otra alternativa sería darles de probar el gusto del constructivismo. Para esto ustedes podrían leer una encantadora viñeta de Gregory Bateson. El empa­ quetó una enorme cantidad de epistemología en un espacio mínimo usando el artificio literario de un diálogo entre una hija precoz y su padre. El los llamó “ metálogos” . El que les propongo leer es: “ ¿Qué es un instinto?” * [13].

Quisiera que ustedes reflexionaran acerca de si un bibliotecario puede servirse del desvío hecho por el padre en ese “ metálogo” . Yo considero de gran importancia la transición desde una situación monológica a otra di alógica que allí se muestra, y volveré a esta cuestión más adelante.

Los conslructivistas insistirían en que, no solamente nosotros inven­ tamos ¡as leye': de la-naturaleza, sino que también construimos nuestras realidades. Pemiítanme sostener esto con éjemplos, uno tomado de la neurofisiología, el otro de la biología, que pretendo que sean solamente, en el contexto de esta conferencia, señaladores de hacia adonde mirar. Si se sintieran tentados a mirar de más cerca, mi breve lista de lecturas podría permitirles hacerlo indoloramente.

En mi ejemplo neurofisiológico voy a apelar a vuestros recuerdos de la educación secundaria. Puede que ustedes recuerden que todas las células nerviosas, ya sea en el cerebro o distribuidas en la superficie corporal (los receptores sensoriales), consisten esencial mente de un cuerpo celular de uno de cuyos extremos surgen ramificaciones (las dendritas), mientras que del otro emerge un tubo largo, delgado (el axón) que termina en una pequeña protuberancia cercana a la superficie de alguna dendrita de otra (o a veces de la misma) neurona. Sólo las motoneuronas terminan en fibras musculares. Casi todas las células receptoras sensoriales no tienen axones terminando en ellas. Las neuronas están eléctricamente cargadas (alrededor de un décimo de voltio) y, cuando son perturbadas en,

por ejemplo, la dendrita, envían un breve impulso eléc I rico por el axón que, al llegar a su terminación, puede producir uno de dos efectos posibles sobre la neurona en cuestión.

Un rfecto posible consiste en iniciar un impulso como el que desen- • ’idenó a ose mismo impulso, y el otro consiste en inhibir el efecto d^ un impulso que llega de otro axón que, en caso contrario, hubiera iniciado otro impulso. Una perturbación sostenida producirá un tren sostenido de im ­ pulsos cuya frecuencia será conmensurable con la intensidad de la pertur­ bación. La figura 1 muestra un registro de un tren de impulsos medidos con una sonda eléctrica extraordinariamente pequeña en la vecindad de un axón de un receptor táctil.

En lugar de registrar esta actividad eléctrica mecánicamente uno puede conectarla a un altoparlante y escuchar “ el lenguaje de las neuro­ nas” . Como ustedes ya se habrán imaginado, lo que uno oye es tan sólo una secuencia de pips uno detrás del otro, ya sea lentamente: “ pip-pip-pip-...” , o rápidamente: “ pippippippippip...” , dependiendo dé la intensidad de la perturbación que causó esa actividad.

El punto importante de apreciar es que, cualquiera que sea el tipo específico de receptores sensoriales que uno esté escuc liando — un receptor de frío-calor, un receptor táctil, células oculares sensibles a la luz, las células de la cóclea del oído interno— todas ellas solamente dan cuenta de la intensidad de su estimulación, sin dar clave alguna respecto del agente físico que causó la actividad. En esto consiste el principio de codificación indife- renciada. En otras palabras, las señales :jue viajar 'lev.l la sir >erficie corporal hasta el cerebro no dicen en su lenguaje “ c a l i e n t - “ frío” , “ verde” , “ dulce” , etcétera; ellas dicen solamente “ mucho aquí” , poco allá” , “ menos aquí” , etcétera, en estos y aquellos puntos de mi cuerpo.

Principio de codificación indiferenciada: actividad de impulsos eléc­ tricos medida con una microsonda en el axón de una neurona sensorial táctil con diferentes presiones. Alia frecuencia corresponde a alta presión.1 ]jp>, actividad eléctrica de una célula receptora (y también de todas las, células nerviosas) codifica solamente la magnitud de la perturbación que causó esa actividad y no la naturaleza del agente perturbador (sólo se codifica “ tanto en este punto de mi cuerpo” , pero no “ qué” ).

La monumental pregunta que surge entonces es ¿cómo es que el cerebro construye la magnífica riqueza de nuestra experiencia a partir de estos anónimos pips?

La respuesta a esta pregunta surgió al comprender que la sensación por sí sola es insuficiente para la percepción. Es necesario correlacionar los cambios de sensación con la propia actividad motora, es decir, con nuestros propios movimientos de control, giros de nuestros ojos o nuestra cabeza, cambios de la propia posición, etcétera [15, 16]. Como gusta decir uno de mis amigos, un eminente neurofisiólogo: “ Vemos con nuestras piernas ’, o como dijo otro: “ Conducta: el control de la percepción” . [17]

Tal vez pudiera ya verse cierta circularidad en esta explicación, a saber, la necesidad de movimientos para la percepción y, por supuesto, la necesidad de la percepción para el control de los movimientos. Es, en realidad, a este círculo sensoriomotor, a su representación matemática, y a los equilibrios dinámicos emergentes que se les ha dado, últimamente, considerable atención [18, 19].

Son estos equilibrios sensoriomotores o, tal vez más estrictamente, estas competencias sensoriomotoras las que, en última instancia, pueden ser asociadas con el conocimiento de un organismo. Menciono esto porque quiero que todos nosotros apreciemos cuán lejos estamos de una epistemo­ logía que considera al conocimiento como una mercancía.

Quisiera que ustedes me acompañasen aun un poco más lejos para ver a la noción de conocimiento en el contexto más amplio de la biología. Estoy pensando en el concepto de “ autopoyesis” , un término acuñado por tres neurofilósofos chilenos (como a ellos les gusta humorísticamente ser llamados): Humberto Maturana, Francisco Varela y Ricardo Uribe [20,21].

Ellos llevaron la noción de circularidad a sus últimos límites para obtener una versión definitiva de la organización de los objetos vivientes. El término “ autopoyesis” deriva de dos términos griegos: autos (sí-mismo), y poiesis, generar, que es la raíz semántica de poesía. Autopoyesis significa esencialmente un “ autogenerarse” . Sus autores justifican esta terminología señalando un hecho universal de los organismos vivientes, cuyos compo­ nentes están organizados de modo tal que los resultados de sus interaccio­ nes producen nuevamente a esos mismos componentes, de allí la “ autogeneración” , la autopoyesis. Una consecuencia de esta clausura

organizAcional es la autonomía, la autodeterminación. Desde el momento que cualquier cosa que una entidad autónoma determine es de su propia responsabilidad, la noción de aitfopoyesis contiene la semilla para'una ética. La autopoyesis se manifiesta en tina variedad extraordinariamente amplia de estructuras diferentes, evidente ;¡i ¡a variedad de objeto» vivientes.

Tal vez, después de todo esto, ustedes podrían preguntarse ¿qué es conocer? Un constructivista respondería: “ Es ser” . Si, en tanto constructi- vistas, ustedes se preguntaran a sí mismos: “ ¿Qué es la memoria?” , ustedes dirían: “ Yo soy mi memoria” .

Aprender

Espero que esté suficientemente claro que enseñar a través del embudo de Nuremberg no serviría, no a causa del embudo, sino a causa del cubo, que no mantendría conocimiento. El otro problema en tomo del enseñar se resume usualmente diciendo: “ Usted puede llevar a un caballo hasta el agua, pero no puede hacerlo beber” .

Todo esto fue visto hace muchos años por Gordon Pask, un hombre al que me siento, en verdad, muy apegado. Lo encontré por primera vez en 1958, en una conferencia internacional sobre cibernética en Namur, B él­ gica, y este joven o, tal vez debiera decir, este ingenioso duende, me impresionó con ciertas nociones notoriamente no ortodoxas con ;t-specto a la enseñanza y al aprendizaje. Una noción fundamental entre ellas es la que me gusta llamar “ el primer teorema de Pask” . Dice así: “ Un maestro debe ser un alumno, si no, la enseñanza no puede tener lugar” . El maestro debe aprender acerca de las idiosincrasias, los hábitos de aprendizaje, las competencias, las deficiencias, las metas, etcétera, del alumno. Del mismo modo, el estudiante tiene que aprender las idiosincrasias del maestro, una de las cuales puede ser su campo de estudio, digamos, la química orgánica. Un corolario a este teorema es que la situación de enseñanza-aprendizaje es simétrica.

Hace más de 20 años Pask elaboró estas ideas y construyó la primera “ máquina de aprender” [22] cuya función complementaria era facilitar la adquisición de una “ habilidad intelectual” por parte de su operador. En ese caso era volverse un eficaz operador de tarjetas perforadas para orde­ nadores. La máquina (que, por supuesto, parecía una máquina perforadora de tarjetas) monitoreaba constantemente la 'eficacia de su operador y proponía tareas levemente por encima de su estado de competencia pre­ sente. Nunca se vio previamente tal rapidez en el aprendizaje y tal euforia experimentada por el observador. No voy a hablar del desarrollo ulterior de

estas máquinas, porque esto pueden hallarlo en la bibliografía [23, 24], Sin embargo, me gustaría hablar acerca de lo que aprendimos de estas máquinas. ' 1

Desde el momento que todo el proceso de-interaccién entre el estudiante y la máquina, desde loe primeros pa v.a b*sía 1* pnseba de desempeño final, eran registrados en la máquina y podían ser inspeccio­ nados, estos sistemas nos daban una oportunidad única para aprender acerca del aprendizaje. Entre las muchas inesperadas y fascinantes cosas