La primera tarea del analista consiste en reconocer que hay una resis- tencia. Esto puede ser sencillo cuando la resistencia es patente, como en los ejemplos clínicos citados en la sección 2.2. Es más dificil cuando la resistencia es sutil, compleja, vaga o egosintónica para el paciente. En los últimos casos, el paciente tal vez complique nuestra tarea tra- tando de encubrir el hecho de que está rehuyendo algo. O quizá sea dificil de determinar la situación porque el material del paciente con- tenga una mezcla de algún contenido inconsciente del Ello con resis-
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tencia. La observación intelectual del paciente ha de completarse con la empatía del analista para descubrir esas sutiles resistencias. La ex- periencia clínica y la labor psicoanalítica bajo la supervisión de un ana- lista experto son los mejores modos de aprender a reconocer esas com- plejas manifestaciones de resistencia. De todos modos, me gustaría ilustrar el problema del descubrimiento de resistencias con un ejem- plo clínico para señalar algunos puntos técnicos.
Un profesional de treinta y dos años de edad que lleva en análisis unos seis meses empieza su visita del lunes diciéndome que está cansado, tiene dolor de cabeza y se siente algo irritable, pero no puede precisar nada. El fin de semana fue aburrido y aun algo deprimente. Su hija se mojó en la cama por primera vez desde hacía meses y su hijo tuvo una recurrencia de una infección en el oído. El paciente también se hacía en la cama de niño y recuerda cómo lo hu- millaba su madre por ello. Su hija no soportaba lo que él tuvo que soportar. Su esposa es una niñera mucho más considerada de lo que fuera su madre. Naturalmente, este tipo de responsabilidad es muy cansado y no puede culpar a su mujer por estar tan fatigada siempre. No obstante, ella estaba siempre dispuesta a las relaciones sexuales y aun hacía cosas extraordinarias por darle gusto. Se ofrecía a mamarle el pene, y lo hacía, aunque no muy bien. Tal vez su preferencia por que se lo mamen es una señal de homosexualidad. Sucedió en la visita del viernes, cree. Sí, habíamos hablado de su interés en comparar el tamaño del pene con otros hombres. Esta idea le había atormentado cuando tenía cita con otras mujeres. ¿Preferían a otros que tuvieran el pene más grande? Su hijo parece estar "bien dotado", y tal vez no tenga los problemas sexuales que hubo de padecer el paciente. Alguien dijo una vez que "la ana- tomía es destino". Pero él nunca ha creído en axiomas y siempre despreció la religión.
Lo que antecede es un extracto de lo más importante que dijo en unos cua- renta minutos. Escuchándolo alcancé a distinguir un matiz depresivo y coléri- co, y el material parecía concordar con ese talante. El fin de semana había sido aburrido, la hija se había orinado en las sábanas, el hijo estaba enfermo, la esposa sólo era medianamente agradable en lo sexual, otros hombres tenían el pene más grande y el destino no había sido muy generoso con él. Siguiéndo- lo en sus asociaciones esperaba el afloramiento de algún impulso colérico o de- presivo subyacente en diferentes momentos de la sesión y no intervine. Pero no sucedió así. Me pareció que el paciente se debatía con alguna fuerte emo- ción latente, pero su material parecía señalar hacia posibilidades significantes muy diferentes.
¿Estaba enojado con su madre, su destino, su esposa, o estaba todo ello rela- cionado conmigo? ¿Se sentía más enojado que dolido o deprimido? Yo no te- nía certeza acerca del contenido subyacente más importante que buscaba des- cargarse, ni de si al final se manifestaría solo o se corroborarían las resisten-
das. Por eso lo dejé proseguir casi hasta el final de la hora. En ese punto decidí intervenir porque pese a la presencia de algunos derivados inconscientes, pare- cía haber una considerable cantidad de resistencia y sin embargo su Yo razo- nable debía ser accesible a una interpretación.
Le dije: "Siente usted que su madre lo trató mal, y lo mismo su esposa, sus hijos y el destino. Parece ligeramente deprimido y enojado, pero como que re- frena sus sentimientos." Apenas pudo el paciente esperar que yo acabara y me soltó: "Sí, hay más. Mientras usted hablaba me disgustaba y enfurecía su tono meloso. Después recordé que antes de la sesión del viernes estaba furioso con usted por tenerme esperando mientras dedicaba parte de mi tiempo a alguna paciente bonita. Creo que no lo mencioné en aquella sesión, pero recuerdo que lo pensé después de irme. Cuando manejaba mi coche de vuelta a la casa di un giro equivocado y casi choco con otro. Aquella noche al dormirme tenía una sensación peculiar en las manos, como si estuvieran paralizadas. Pensé que tal vez necesitaría matar a alguien para curarme. Tal vez lo que necesite sea una explosión de cólera en su presencia. A veces siento que me gustaría retor- cer el cuello a todos ustedes, las gentes bondadosas. Son ustedes más hipócritas que yo, porque yo al menos tengo la decencia de presentar síntomas."
Creo que la reacción del paciente indica que yo estaba en lo cierto cuando reconocí la presencia de una resistencia y la señalé. Podía ha- ber intervenido en momentos anteriores de la sesión e intentado perse- guir alguno de los temas que él presentaba. Por ejemplo, pude haber tratado de hacerle explorar cómo lo había humillado su madre, o su temor a la homosexualidad, que ya había aparecido en la sesión del viernes, o su resentimiento por haberlo defraudado el destino. Pero tu- ve la sensación de que estaba revoloteando por encima de algunas emo- ciones e impulsos que pugnaban por emerger; por eso decidí enfocar la pugna, o sea la lucha entre los impulsos inconscientes que buscaban descargarse y las resistencias que se les oponían. Esta lucha es lo que apareció más claramente en la superficie en su asociación libre. Nues- tra tarea es más sencilla cuando prevalece una u otra cosa de modo bien marcado, como en los ejemplos clínicos de la sección 2.2 o en las llamadas "sesiones buenas", en que los derivados son cada vez menos deformados. Al escuchar al paciente, nuestra primera obligación es de- terminar si predominan los derivados inconscientes, o sea el "conteni- do", o las fuerzas de resistencia, o bien si estamos ante un empate. Esto nos lleva a la siguiente cuestión: ¿cómo se reconoce la resisten- cia cuando el material no está muy claro? La respuesta se basa en nuestro entendimiento de la asociación libre y la oportunidad que ofrece al ana- lizando. Al pedir a éste que deje llegar las cosas a la mente y que las co- munique sin la censura social sólita, tratamos de descartar las resisten-
114 LA RESISTENCIA TÉCNICA PARA EL ANÁLISIS DE LAS RESISTENCIAS 115 cias conscientes. El resultado revela la lucha entre las resistencias más
inconscientes y los derivados inconscientes del Ello que logran descar- gar. Fenichel (1941, p. 34) empleaba la analogía de soltar la aguja de una brújula y verla oscilar a uno y otro lado. Hay dos señales de tras- torno posible: la aguja no queda quieta sino que sigue moviéndose, o bien se aquieta demasiado pronto, demasiado directamente. En el pri- mer caso, en que la aguja no cesa de oscilar, el paciente habla de cosas heterogéneas que no se localizan en torno a algún impulso inconscien- te ni algún denominador común en busca de expresión. La localiza- ción se efectuaría si no hubiera en obra resistencias importantes. Cuando la aguja se para con demasiada exactitud y rapidez, podemos suponer que el paciente tiene un programa consciente y está omitiendo los pen- samientos errantes que deberían surgir si su asociación se hiciera con relativa libertad.
He observado que es útil preguntarse al escuchar al paciente: ¿va hacia algo inconscientemente importante, o en dirección contraria? ¿Se está ahondando el material o haciéndose somero? ¿Está el paciente aña- diendo algo significativo o está rellenando la sesión de paja? Si parece ir hacia algo, me quedo quieto hasta ver algo claro. Si parece apartarse de algo, espero hasta que el hecho esté suficientemente claro, y enton- ces lo reconozco como resistencia y procedo a laborar con ella. A veces me hallo en la incertidumbre. Por lo general, en este caso digo al pa- ciente al final de la sesión que no veo claro lo que está desarrollándose.