Si bien la construcción en tierra existía de manera clara en el nuevo mundo, el Tapial como técnica constructiva fue introducida en este territorio como una técnica que no podía ejecutarse de manera sencilla; principalmente por la dificultad de conseguir su materia prima; se trabajaba con más cuidado, y la tierra empleada para este fin no se encontraba en cualquier lugar; de allí la posible explicación sobre el uso del tapial en los cantones de Gualaceo y Paute de manera principal. Las casa en un inicio fueron de barro, madera y paja; con el desarrollo de las villas (ciudades), se ingreso la cal y empezó a levantarse de cal y canto, techumbre de teja al estilo español.
Al referirse a la madera, si bien era un material que se utilizaba normalmente antes de la llegada de los españoles, la técnica de su uso se enriqueció con la inserción de la carpintería de rivera. Se generaron nuevas soluciones estructurales, nuevas tradiciones se fundieron con las aquí existentes: cortes, ornamentaciones, uniones, empalmes, ensambles fueron perfectamente acondicionados o fusionados con las aquí existentes. El trabajo en madera para la construcción en estos territorios se enriquecieron en algunos casos y en otros se ha reforzado los saberes populares y técnicas vernáculas preexistentes.
El arco y la bóveda son innovaciones que constituyen aportes tecnológicos; sin embargo, estos se aplicaron principalmente a obras de carácter monumental y no a viviendas.
b)
Evolución de la Vivienda
En un inicio la construcción de la vivienda, su diseño, estructura y materiales eran establecidos por los indígenas.
Sobre la forma comunitaria de construcción Arias Dávila, sacerdote de Pacaibamba (Girón) afirma: sus casas son de bahareque las cuales duran de
seis a ocho años o más y se construyen en una minga, palabra que ellos usan para designar a un grupo de trabajo, y como todo el pueblo viene a ayudar, en dos días construyen una casa de veinte pies de ancho y treinta de largo.
Pero al igual que en la época Inca, la vivienda también reflejaba la posición social de sus propietarios. Por ejemplo la de los caciques, en el pueblo de Azogues algunas casas eran redondeadas con paredes delgadas; son de un piso
con dos terrazas, una a cada lado. Los caziques tienen casas grandes y cuadradas y tienen encima de las dichas casas, hechas de madera y cubiertas de paja, que las llaman los indios rinriyuc huasi, que quiere decir “casas con orejas” y esto es por grandeza que solo los caciques las hacen destasuerte estas son de lodo y madera y tienen paredes delgadas, como he dicho; ellos no las hacen de ningún otro modo, porque este es un método tradicional de construcción y esto ocurre generalmente en toda la provincia del Cañar (Gallegos. 1965: 274-278)
Domingo de los Ángeles, sacerdote de Paccha en 1582 describía que: tienen
las casas de los caciques a la entrada, patio, donde manda el cacique juntar sus indios.
Si bien la vivienda fue ovalada o redonda desde la época cañari, con el tiempo, se obligó a construir casas cuadradas imitando aquellas de Castilla.
En lo que refiere a la vivienda de los españoles, éstas fueron construidas a imagen y semejanza de las peninsulares, en la medida en que los materiales y medios se los permitieron. Pero en general se transmitieron e incorporaron formas, manera de construir, creencias y conocimientos sobre los materiales a emplearse. Por ejemplo, se conoce de casos en los que en el contrato se estableció que la madera para la construcción debía ser cortada durante el tiempo de luna menguante (AHM/C: Libro segundo de cabildos. 12 de noviembre de 1563).
En las ciudades o villas a medida que crecían, surgían nuevas y mejores casas, cada vez con mayor influencia española; aparece el portal, el arco y la bóveda. El material más utilizado fue el adobe y en la zona de lo que hoy constituye Cañar se utilizó el killucaca como mortero de unión; sus propiedades eran superiores al barro regular, ésta posibilitaba un secado adecuado y no presentaba variaciones de volumen con el propio adobe, esto constituía un valor irremplazable; adicionalmente, era un material que, como se refirió, fue utilizado por los los incas para la unión de las piedras en Ingapirca.
El bahareque era más económico como técnica constructiva, la misma se encontraba insertada en los saberes populares desde la época Cañari; por lo tanto fue el sistema que mas utilizaban los indígenas en sus viviendas antes y después de la llega de los españoles, prevaleciendo la paja para la cubierta, la cual debía cambiarse cada dos o tres años pero su ventaja radicaba en que era un buen aislante térmico y que facilitaba la eliminación del humo que se
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producía en el interior de la vivienda (Zeas P. Flores M. 1982: 42). Sin embarco conforme se instalaron las tejerías, el acceso a la teja se hizo más popular, llegando a que ésta ingrese paulatinamente como uso regular en la vivienda.
Poco a poco, el adobe fue desplazando la técnica del bahareque en las ciudades, esto debido a la facilidad de conseguir los materiales y la poca exigencia técnica en su construcción. En lo que se refiere al Tapial, fue una técnica que se instalo en Paute y Gualaceo principalmente, también se conoce en algunas zonas en Cañar, pero como se manifestó anteriormente, esta práctica no fue muy utilizada debido a la falta del material adecuado, así se registra en 1582: “no se hacen de tapias por no ser
la tierra para ello” (Bello Gayoso, en
Ponce Leiva. 1994: 377)
Para tener una idea clara sobre lo antes referido, ha quedado registrado una descripción muy precisa de cómo eran las primeras casas de la ciudad de Cuenca en el siglo XVI: …como
aquellas en España, construidas con piedra, lodo y adobes hechos de tierra; no hay tapias porque la tierra no es buena para eso, porque no hay limo o ladrillos, no hay construcciones que los utilicen porque sería muy caro. Las casas son selladas con tejas. (Pablos
Hernando. 1965: 265-270). En su mayoría las casas se techaban con ese material pero por lo menos hasta 1,710 en algunas casas del centro de la ciudad se utilizó la paja, ya para el siglo XVIII la mayoría de las casa tenían techos de tejas (Jameson Ross. 2003:94).
Para los pisos en la parte baja de la vivienda se recurría a la tierra apisonada, pero en edificaciones públicas importantes y en viviendas de propietarios con alto estatus social, podía utilizarse el amorillado de piedra o las baldosas de barro cocido (ladrillo) como es el caso de los Monasterios de la Concepción y del Carmen. En la parte alta se recurrió casi exclusivamente a la madera por ser un material más barato, cabe destacar que en dos casas coloniales que aún se conservan en la ciudad de Cuenca existieron y existen estos ladrillos en su piso superior: la casa de los Tres Patios y la Casa de las Posadas. Roos Jemieson manifiesta que las casas coloniales tenían reglas que seguir, tanto en su construcción como su distribución espacial y morfológica. Debían de tener una sola habitación de profundidad, así surgen pórticos exteriores y patios como una ampliación del espacio; esto era principalmente para la gente pobre de Todos Santos, de esta manera el pórtico se convertía en el espacio social familiar con interacción pública. No existía privacidad. Sin embargo la existencia del pórtico como espacio social integrador, entre la gente de la calle y de la casa, también generó sentimientos de solidaridad comunal entre la gente del mismo vecindario, esto desarrollo la organización barrial que a la postre derivó en formas de defensa contra la explotación y a la búsqueda de reivindicación social y de derechos. Se podría decir que este patrón de asentamiento se repitió casi en todos los barrios indígenas y artesanales de Cuenca. Aún hoy perviven, a pesar de una modernización agobiante y destructora. Allí en esos espacios es donde se puede encontrar aún la arquitectura vernácula de nuestros territorios, hoy urbanos, pero que se iniciaron como rurales, y donde el crecimiento de la ciudad fue paulatinamente adaptando tipologías y formas de uso.
“Algo diferente se dio en las viviendas de la élite; las construcciones eran ordenadas alrededor de un patio y encerrados dentro de paredes, crearon una vista interior propia de un hogar privado, con fuertes barreras que las aislaban del mundo externo. Este encerramiento o confinamiento de actividades particulares dentro de espacios estrictamente apartados fue una parte importante del poder disciplinario del colonialismo español” (Jamieson Ross. 2003: 172)
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