Chapter 7: Methodology
7.5 Feature Extraction
El instrumento básico de planificación y ordenación de los espacios urbanos es el plan general de ordenación urbana. Este plan es un marco normativo que define los objetivos generales del crecimiento urbano del municipio, delimita qué espacios deben crecer y de qué forma, establece los usos de cada una de las áreas urbanas fijadas en el mismo plan y regula los criterios de urbanización.131
Los nuevos planes generales han procurado incorporar parámetros o condiciones que favorecen un desarrollo turístico más racional:
Aplicación de medidas que pretenden preservar y valorar los elementos de la identidad local, lo que favorece la creación de un espacio turístico singular.
Limitación de la capacidad de crecimiento de los espacios residenciales y turísticos, a través de un planeamiento más racional y armónico.
Aparición de grandes operaciones recreativas y turísticas, cuya repercusión va más allá del área donde tienen lugar y afecta al desarrollo de la ciudad en su conjunto.
Integración del espacio natural periurbano en la planificación del espacio lo que permite una gestión recreativa de los recursos con valor ambiental.
“Los nuevos planes generales de ordenación urbana tienen una mayor incidencia en el desarrollo turístico. Estos nuevos planes valoran la identidad del espacio urbano y natural, tienden a limitar la capacidad de crecimiento, pueden diseñar piezas recreativas que actúan como agentes de proyectos urbanos e incorporan el espacio natural periurbano en el diseño de la oferta recreativa del municipio.
130 Fuente: Op cit. Donaire José Antonio, González Reverté Francesc y Puertas Blásquez Javier. Diseño de planes
turístico del territorio… Págs 144-145.
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Ver: Op cit. Donaire José Antonio, González Reverté Francesc y Puertas Blásquez Javier. Diseño de planes turístico del territorio. ..
Un plan general es siempre un “proyecto de ciudad”, un modo de materializar de forma ordenada y viable los objetivos de desarrollo del espacio urbano. El capítulo de los objetivos del plan es, por lo tanto, el punto más importante del mismo, ya que el resto de las actuaciones previstas responden a los principios generales. La relación entre los objetivos del plan y el desarrollo turístico y recreativo puede ser de dos tipos:
1) Relación directa. El plan general puede considerar que el desarrollo o la consolidación del turismo es un eje prioritario del crecimiento urbano y, por lo tanto, tener en cuenta las necesidades del turismo en la propia concepción del plan (áreas hoteleras, zonas de equipamientos recreativos, accesos internacionales, etc.). Es interesante constatar que la mayoría de los nuevos planes consideran el turismo como un elemento clave en la definición del “proyecto de ciudad”.
2) Relación indirecta. Aunque en los objetivos no se haga una referencia explícita al desarrollo turístico, muchas de las orientaciones generales del plan tienen una repercusión inmediata en el desarrollo del turismo: accesos nacionales e internacionales, protección del patrimonio, tipología de edificios y densidades, gestión de los espacios públicos, zonas verdes periurbanas, etc.”132
Los planes generales de ordenación urbana distinguen entre tres grandes tipos de suelo: el suelo urbano, el suelo urbanizable y el suelo no urbanizable, los cuales presentan características propias e influyen de manera distinta en la planificación de la actividad turística. El suelo urbano es aquel espacio municipal que presenta un nivel de consolidación elevado. Se trata de un área en la cual la mayor parte del espacio presenta una función y una morfología claramente urbanas. En estos espacios, el plan general de ordenación urbana fija de forma rigurosa los usos permitidos y excluidos, la tipología de construcción, los límites de crecimiento (altura y volumen) y otros aspectos relacionados con la modificación del espacio construido (colores, apertura, alineaciones, etc.) La incidencia del planeamiento en el suelo urbano sobre la actividad turística puede tomar muchas formas: la definición de usos turísticos (hoteleros, recreativos, culturales, etc.) en una parcela, el mantenimiento de la identidad de áreas históricas o su puesta en valor, el establecimiento de un nivel de protección especial para un edificio o un conjunto monumental que destaque por criterios artísticos o históricos, el desarrollo de un plan especial de rehabilitación interior (PERI), en el que se definen de forma integral los criterios de rehabilitación de áreas urbanas históricas degradadas.
El suelo urbanizable es aquel espacio municipal en el que el plan proyecta las previsiones de crecimiento del espacio urbano, y su regulación es más genérica, con el fin de que su concreción se haga mediante los planes parciales, a diferencia que la regulación del suelo urbano es muy precisa. La incidencia del suelo urbanizable en el desarrollo del turismo se concreta en el crecimiento inmobiliario en conjunto con el desarrollo turístico, que ha ocurrido
especialmente en las áreas litorales, el desarrollo de muchos proyectos turísticos y recreativos: grandes museos, complejos científicos, áreas lúdicas, zonas comerciales y recreativas, etc., la delimitación de espacios de crecimiento y desarrollo de la actividad turística (oferta de alojamiento, oferta complementaria, etc.), con el objetivo de crear “distritos turísticos” en la trama urbana.
El suelo no urbanizable recoge aquellos espacios del ámbito municipal en los que se considera inadecuado el desarrollo urbano. El plan estima que los valores paisajísticos, históricos, arqueológicos, científicos, ambientales o culturales de las áreas afectadas son incompatibles con la urbanización de las mismas y opta por su preservación. La creciente sensibilidad hacia los espacios no urbanizables ha permitido pasar de modelos de protección en los que el principio básico era negativo (“no construir”) hacia modelos de gestión basados en principios positivos (“qué hacer”) Una de las aplicaciones más comunes de estos espacios es la creación de pulmones verdes de las áreas metropolitanas, que actúan a la vez como espacios recreativos para los habitantes de las ciudades y como producto turístico para los visitantes.
En la planificación de la actividad turística además de los tipos de suelo, se consideran los mismos instrumentos de la planificación general urbana. De esta forma, los planes parciales (que son uno de los instrumentos más importantes del plan general, porque permite desarrollar el suelo urbanizable) en el desarrollo turístico han actuado como mecanismos para la creación de urbanizaciones en el diseño de complejos recreativos (comerciales, deportivos, culturales, lúdicos, etc.).
Los planes especiales (PE) (que son instrumentos de planificación muy flexibles, que se desarrollan en el suelo urbano y en el suelo no urbanizable) constituyen un instrumento esencial para la planificación turística de los espacios urbanos, porque permiten la ordenación y protección de los parques urbanos, la planificación del espacio natural que rodea los espacios urbanos, el diseño de planes de mejora del paisaje natural y agrícola, la mejora del sistema de accesos a la ciudad, la planificación de la conexión entre el espacio metropolitano y los accesos internacionales (puertos, aeropuertos, etc.), los diseños de complejos turísticos y recreativos y la recuperación de áreas degradadas (industriales, residenciales, portuarias, etc.) con fines recreativos. Los planes especiales son los instrumentos normativos que han permitido la creación de complejos turísticos y recreativos. Los nuevos espacios museísticos (como el Guggenheim, de Bilbao), la remodelación del frente portuario con fines recreativos (el Port Vell, de Barcelona), el diseño de complejos comerciales (La Maquinista, de Barcelona), la creación de espacios deportivos (el Parc del Segre, de La Seu d’Urgell) y complejos de salud o la planificación de las zonas verdes periurbanas son el resultado de operaciones urbanísticas guiadas por un plan especial.133
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Ver: Op cit. Donaire José Antonio, González Reverté Francesc y Puertas Blásquez Javier. Diseño de planes turístico del territorio
2.4.3.2. El turismo en la planificación de los espacios urbanos monumentales.
Los espacios monumentales han recibido, en los últimos años, una mayor atención en los procesos de planificación del espacio turístico, incidiendo en la ordenación física y funcional del espacio, la gestión de los flujos de visitantes y la determinación de la capacidad de acogida. En la ordenación física y funcional del espacio turístico, el primer paso consiste en la rehabilitación de las piezas del patrimonio histórico y monumental que necesiten una intervención pública existiendo para ello cuatro procesos complementarios de intervención: la recuperación y rehabilitación de monumentos y edificios singulares, la catalogación de los elementos singulares, la planificación urbanística de los centros históricos y los planes integrales que no sólo se refieren a los elementos urbanísticos de los centros históricos, sino que también incluyen consideraciones sobre el desarrollo económico, la gestión del tráfico, la imagen y la promoción turística del centro, etc.
Un segundo ámbito de intervención en las ciudades o conjuntos monumentales es la gestión de los flujos de visitantes. Los visitantes sólo consumen una porción del espacio urbano visitado. La redistribución de los flujos de visitantes puede llevarse a cabo a través de la creación o potenciación de nodos secundarios y la habilitación de vías de acceso que conecten éstos con los nodos principales permitiendo redistribuir una parte de los flujos hacia nuevos espacios urbanos; la planificación del tráfico y los accesos, creando aparcamientos disuasorios o centros de recepción de visitantes, estableciendo políticas de peatonalización (o de prioridad invertida) en los centros históricos o generando sistemas de transporte público convencionales o específicos (buses turísticos, tranvía, etc.); la gestión de la información turística, estática (oficinas de información y turismo, señalización, etc.) o dinámica (guías, intérpretes, informadores, etc.). Algunas ciudades empiezan a incorporar criterios de gestión de colas y sistemas de flujos de visitantes que tienen una larga tradición en otros ámbitos como centros comerciales o parques temáticos. “Los flujos turísticos de los núcleos urbanos tienden a concentrarse en un espacio muy reducido de la ciudad. Los principales instrumentos de gestión que permiten mitigar este impacto son los mecanismos de gestión de la información (estática y dinámica), la planificación del tráfico y los accesos y la potenciación de centros secundarios de interés. Estas medidas se complementan con la gestión de la capacidad de acogida de las ciudades históricas.” 134
Cabe destacar que la falta de planificación en los espacios urbanos monumentales puede dar lugar a los siguientes impactos no deseados: degradación del espacio urbano; pérdida de identidad del espacio histórico como consecuencia de la presión residencial que con frecuencia va de la mano del crecimiento turístico; desertificación, que genera una pérdida progresiva de la función residencial; monofuncionalidad turística, es decir, una presencia masiva de actividades turísticas o complementarias que desplacen otras actividades urbanas
2.4.3.3. La planificación de la actividad turística en los espacios naturales