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6 CONCLUSIONS AND RECOMMENDATIONS

6.4 Future Research direction

M

uchas de las consultas que recibo contienen preguntas sobre niños: cómo educarlos, qué consejos puedo dar, si hay que forzarlos a hacer cosas que no les gustan, cómo saber si un niño es PAS o si, a lo mejor, tiene otro problema, cómo hablarles y qué tono utilizar, qué decir o comentar a los profesores…

Son muchas preguntas, y son importantes. Lo primero que digo siempre es que, si tu hijo es PAS, por lo menos uno de los padres también lo es. Como sabéis, se trata de un rasgo genético que se transmite a los hijos. Pero, ojo, la alta sensibilidad no se pasa de forma automática; puedes ser PAS y tener hijos que no lo son. Muchas veces la madre o el padre que me escribe se asusta y niega esa posibilidad; sin embargo, una vez que ha empezado a conocer el rasgo se da cuenta de que sí, de que también él o ella es una persona altamente sensible. Alguna vez, apunta Elaine Aron, el rasgo puede saltar una generación o estar presente en tíos o tías; pero la tendencia predominante es a transmitirse de padres a hijos.

Una vez que la madre o el padre ha descubierto que también es PAS, empieza a mirar al niño con otros ojos y a través del filtro de los propios recuerdos. La persona en cuestión recuerda cómo fue educada y tratada por sus padres, sus profesores y los compañeros de clase. La pregunta de cómo educar a su altamente sensible hijo de repente cobra otro color, el de las propias vivencias.

El mundo cambia muy rápido; las transformaciones que se han producido en el transcurso de una generación son enormes. Los retos a los

que tienen que enfrentarse los padres de hoy no son los mismos que los de hace veinticinco años. Más tecnología, más estrés en general, más presión por llegar a fin de mes, menos trabajo, menos valores, mayor competitividad y más materialismo e indiferencia. Pero, y esto realmente me alegra en el alma, también vemos que cada vez hay más personas que descubren que son altamente sensibles. Por tanto, cada vez hay más conciencia PAS.

Ese aumento de conciencia hace que, entre otras muchas cosas, la sociedad sea cada vez más receptiva al rasgo de la alta sensibilidad y todo lo que conlleva. Creo que no es una coincidencia que encontremos un elevado número de PAS entre los grupos de activistas que defienden los valores del medio ambiente, de la justicia o de los derechos humanos. Este tipo de consciencia requiere cierta sensibilidad y empatía. Al mismo tiempo constato que ser sensible, ser una PAS, cada vez es más aceptado. Mucho ha cambiado desde que, hace unos diez años, empecé a introducir este tema en España con un blog, unas conferencias y un grupito de PAS valientes de Madrid, donde nos juntábamos una vez al mes. Ahora existen grupos de encuentro en muchas ciudades, vemos un creciente número de colectivos y páginas en Facebook, mientras periódicos y revistas publican artículos y reportajes que intentan explicar el rasgo y lo que ello conlleva. Tampoco podemos olvidar la radio y la televisión que, empezando por el documental de Crónicas, «La sensibilidad al trasluz», han contribuido y siguen contribuyendo a que la alta sensibilidad cada vez se conozca más. La semilla de hace diez años está dando frutos.

Gracias al trabajo de investigación de Elaine Aron y de su equipo, hoy día disponemos de mucha información sobre nuestro tema. Esto nos ayuda a entender muchas cosas a la hora de vivir un embarazo como madre PAS, o tener que cuidar y educar a un hijo PAS o, cómo no, ser padre o madre PAS. Está claro que un niño PAS requiere un tipo de educación distinto que otro con una sensibilidad, digamos, normal. Propongo tratar el tema cronológicamente, empezando con la primera fase.

Entre las muchas características del rasgo de la alta sensibilidad figura, ya lo hemos visto, la dificultad para adaptarse a cambios. La mayoría de las PAS, hombres y mujeres por igual, reconocen que necesitan mucho tiempo para acostumbrarse a cualquier situación nueva. Tiene su lógica. De repente te ves con una gran cantidad de información nueva que necesitas procesar, elaborar y encauzar. Lo ideal sería poder tomarte todo el tiempo que necesites; sin embargo, en la mayoría de los casos la realidad te exige seguir el tempo y los ritmos del mundo en que vivimos. Todo suele pasar muy rápido, sin dejarnos el tiempo que hubiéramos necesitado, creando un desfase entre lo que nos hace falta y lo que la vida, el mundo, requiere. Este desfase produce estrés, algo que no le conviene a la mujer embarazada.

Uno de los cambios más grandes, profundos y transformadores que una mujer puede experimentar en su vida es el embarazo. Es una enorme transformación a nivel emocional y físico. Un cambio a nivel hormonal, pero también en cuanto a las relaciones personales y de la familia. Nueve meses sería tiempo suficiente para acostumbrarte si no fuera porque en muchas PAS la intensidad de la experiencia puede ocasionar inseguridad, incertidumbre, dudas y, hasta incluso, miedo.

Si la futura mamá es PAS, la manera en que haya sabido encauzar su sensibilidad es determinante para la fuerza interior y la actitud con que vivirá los meses del embarazo. Hay que tener claro que el cambio hormonal hará a la mujer todavía más sensible de lo que ya era antes del comienzo de la gestación. La sensibilidad se intensificará, y, cómo no, la emocionalidad también. En este sentido es más que probable que ella empiece a preocuparse por más cosas de las que antes ya ocupaban gran parte de su pensamiento: por la evolución del embarazo y su salud, por la salud del bebé, por el parto, por el nuevo cuarto del bebé, por si será PAS o no, por la reacción de la familia, por su vuelta al trabajo, por la guardería (o la disponibilidad y predisposición de los abuelos), por el colegio, por el mundo en que tendrá que crecer y vivir su hijo y por muchísimas cosas más.

Como sabemos, una de las características básicas de la persona altamente sensible es la de procesar la información a un nivel profundo y dar muchas vueltas a las cosas. Esto puede derivar en otra característica de muchas PAS: la facilidad con que pueden montarse películas, imaginarse

situaciones futuras que, en la mayoría de los casos, suelen ser escenas complicadas y difíciles con un desenlace casi siempre negativo. Las PAS generalmente no somos conscientes de que nuestra atención está dirigida la mayor parte del tiempo a todo lo que pasa en nuestro entorno. Nuestras antenas apuntan hacia fuera, rastreando el mundo como un radar, desde que abrimos los ojos por la mañana hasta cerrarlos por la noche. «No se me escapa ni una», es una frase que escucho con regularidad. Aunque siempre hago saber a la gente que esa actividad inconsciente cansa y suele aportar estrés, por lo cual puede ser una buena idea aprender a manejar las propias antenas.

También es verdad que hay una parte positiva en ese rastreo: recibimos mucha información que, mientras que en el momento mismo puede ser superflua, va enriqueciendo nuestro «banco de datos» personal, proporcionándonos todo tipo de conocimientos. Lo bueno, lo positivo de tener un rico banco de datos es que disponemos de muchos recursos a la hora de encontrar soluciones creativas ante cualquier clase de problemas. Si a la capacidad de registrarlo todo, por un lado, y el enorme caudal de información que acumulamos, por otro, añadimos la baja autoestima y la inseguridad que también son características de muchas personas altamente sensibles, no cuesta mucho entender que las proyecciones y expectativas acaben siendo películas que raras veces tienen un final feliz. La realidad, sin embargo, demuestra que no todo acaba mal y no todo es un problema. Es, pues, una pena quedarse atrapado en fantasías complicadas si al mismo tiempo tenemos la opción de disfrutar de algo tan especial y milagroso como el embarazo.

¿Qué puedes hacer para disfrutar de tu embarazo y experimentarlo como el enorme milagro que es? Creo que es esencial reparar en eso, en la parte milagrosa. Las PAS somos personas profundas, con un rico mundo interior, y tendemos a hacernos preguntas existenciales. Pensar sobre el milagro, sobre temas como el karma, la reencarnación, el misterio de las conexiones entre las personas, y soñar con el pequeño ser que quiere nacer de tu vientre, la meditación, centrarte en la gratitud, todo eso te puede aportar un estado de calma muy satisfactorio. Le puedes cantar a tu bebé, le puedes hablar de ti, de tu vida, sobre su padre y sus abuelos, sobre la belleza de nuestro planeta... Reserva un tiempo cada día para conectar con tu hijo, para hacerle saber que

lo esperas con amor y reverencia. Hazlo, si puedes, en un lugar tranquilo, sin ruidos y sin luces fuertes, procura crear un espacio íntimo lleno de calor anímico.

Haz tu mundo más pequeño, más íntimo, procurando que tus «antenas PAS» estén dirigidas sobre todo hacia ti misma y el milagro que estás viviendo, que se está gestando en ti.

También es importante que te cuides. Tu cuerpo te pide más atención que antes, ya que también tienes que cuidar a tu peque. Vigila la dieta, que sea rica en nutrientes y pobre en sal, grasas y azúcares. Mucha atención a los aditivos que contiene la comida preparada. Recuerda que, como PAS, necesitas tener siempre algo a mano para picar —nueces, almendras, una barrita energética, un plátano— para contrarrestar las súbitas bajadas del nivel de azúcar en la sangre que nos pueden provocar un intenso y repentino mal humor. Estando embarazada es probable que esto, lo de los cambios de humor, te ocurra todavía con más frecuencia que antes. Y, aunque seguro que ya lo sabes, debo insistir en que fumar (incluyendo los porros) y tomar alcohol u otras sustancias nocivas nunca es una buena idea, pero ahora todavía menos.

Vigila tus niveles de estrés. Ya lo he dicho muchas veces: los cambios nos provocan estrés, pero ahora, con esta nueva vida que está creciendo en ti, te cansarás antes, con lo cual tendrás que hacer más pausas e intentar no llenar tu agenda con tareas que te exigen más energía de la que puedes desplegar.

No te compares con otras mujeres embarazadas, y menos si no son PAS. Aprende a escuchar a tu cuerpo, ya que es muy sabio y te dirá en cada momento qué es lo que necesita. Te llegarán muchas historias, experiencias y recuerdos de otras mujeres... Las abuelas con su propia sabiduría (muchas veces sabias de verdad, pero otras basadas en leyendas anticuadas y obsoletas), tu madre, tu suegra, las cuñadas, tías, amigas... Seguro que su intención es la mejor del mundo, pero no creas todo lo que te cuentan: investiga. Una de las grandes ventajas de nuestros tiempos es que internet almacena mucha información que nos permite desmitificar gran cantidad de mitos y fábulas.

Necesitas buscar información sobre el parto, es decir, la manera en que quieres dar a luz. Si tu embarazo no presenta problemas, en teoría puedes elegir entre varias opciones. ¿Has pensado dónde quieres que nazca tu hijo? Me puedo imaginar que, como PAS, te gustaría celebrar el nacimiento de tu hijo en casa, en tu entorno privado, donde tú te sientes bien y donde te podrás relajar más que en un hospital, donde el trato a veces es un poco frío, distante e impersonal. Muchas comadronas están a favor de los partos domiciliarios. También me puedo imaginar que eres una PAS que cree que en el hospital todo es más seguro y que por eso optas por él. Elijas lo que elijas, seguro que es lo que más te conviene; una persona altamente sensible no decide a la ligera.

El parto es un proceso natural por el cual han pasado todas las generaciones. No existe un parto sin dolor. La mayoría de las PAS tenemos el umbral del dolor más bien bajo. El del parto, sin embargo, es un dolor de otro tipo, cuya principal característica es que se olvida casi de inmediato. Personalmente no creo en los partos sin dolor, partos con epidural y menos todavía en las cesáreas que pueden parecer una solución más humana, pero que van en contra del ritmo natural de tu cuerpo y el de tu bebé. Eso, por supuesto, siempre y cuando el embarazo no presente problemas y no conlleve riesgos.

Aunque la idea del parto natural te puede asustar, te garantizo que, en el caso de un embarazo sin complicaciones, no te arrepentirás si lo eliges.

El nacimiento es un milagro entre la madre y su hijo. Para el niño pasar por el «túnel» que le otorga el acceso a su existencia terrenal es tan necesario como pasar por el túnel hacia la luz del mundo espiritual en el momento de la muerte. Hablamos de «dar a luz», normalmente utilizamos la expresión sin darnos cuenta de lo que estamos diciendo: alumbrar a un nuevo ser humano es uno de los misterios más grandes que existen.

Busca una comadrona que te caiga bien. A lo mejor prefieres una doula. Las doulas son mujeres, en su mayoría madres, que acompañan a otras en su camino hacia la maternidad. Su labor fundamental es dar apoyo, tanto físico como emocional, durante el embarazo, el parto y el puerperio. Aunque las

doulas no tienen una formación académica regulada, sí poseen una formación

y puerperio, de puericultura, lactancia y educación prenatal. Si eres PAS y encuentras a una doula PAS (sé por experiencia que la mayoría de ellas es altamente sensible), asegúrate de que te acompañe. Es una muy buena decisión.