5 PRESENTATION AND DISCUSSION OF FINDINGS
5.5 RESEARCH OBJECTIVE NUMBER 1
5.5.2 RESEACH OBJECTIVE NO 2: PERCEPTIONS ABOUT CONTRIBUTION
La llamada meteosensibilidad no forma parte de las características estándar de la alta sensibilidad, pero he escuchado ya tantos comentarios de mis clientes y de otras PAS que se sienten afectados por el tiempo y el cambio de las estaciones que he decidido dedicar unas palabras a este tema. Se da el caso de que muchísimas personas altamente sensibles, yo incluida, se sienten afectadas de una u otra forma por los cambios de tiempo. Casi siempre provocan reacciones como dolor de cabeza, nerviosismo, molestias en las articulaciones. Muchos se sienten afectados por el cambio de las estaciones. Si pensamos en lo mucho que varían las horas de luz y las temperaturas, tampoco es de extrañar. Por supuesto, no solo los altamente sensibles experimentan sensaciones de este tipo; no hace falta serlo para tener reacciones físicas o emocionales a los cambios de clima. Según parece, también se presentan de forma acusada en niños con hiperactividad y personas con autismo.
En el cambio estacional, lo que más llama la atención son los días largos, de mucha luz, en verano, en contraste con los de invierno, bastante más cortos y con menos horas de luz. Nos sentimos en general más vivos y más alegres en verano, mientras que muchos —PAS y no PAS— tienen tendencia a deprimirse en invierno. En verano queremos salir, estar fuera, buscamos la compañía de amigos, y en invierno nos sentimos más solitarios, más vueltos hacia nuestro interior. Si miramos los datos de las investigaciones y las publicaciones sobre el efecto de las estaciones, estudios que no tratan sobre las personas altamente sensibles, hay bastantes cosas que llaman la atención.
Lo primero es que, según las investigaciones, no todo el mundo se ve afectado por la llamada meteosensibilidad, sino que se trata solo del 25 por ciento. Seguro recuerdas que entre un 15 y un 20 por ciento de la humanidad es PAS. Los porcentajes se parecen. Luego hablan del trastorno afectivo estacional (TAE) o tristeza en tiempo de invierno, una faceta de la meteosensibilidad. Este estado emocional suele aparecer hacia finales de otoño o principios del invierno. La persona que lo padece se siente mejor cuando comienza el verano. Aunque se cree que el TAE es causado por la respuesta del cerebro a la disminución de la exposición a la luz natural, seguramente también habrá que tener en cuenta los factores genéticos. Evidentemente no es lo mismo sentirse algo más triste en invierno y añorar el sol, que padecer un trastorno de este tipo o una depresión. Una depresión es una enfermedad, sentirse triste es una fase normal en el ritmo anímico de cada ser humano, cuyo estado emocional fluctúa entre periodos más alegres y periodos más ensimismados.
En primavera a muchas PAS les ocurre una cosa que a lo mejor sorprende. En teoría se podría esperar que, con el aumento de las horas de luz, la gente se pusiera más alegre y más activa. La publicidad nos presenta la primavera con imágenes de encuentros entre amigos, excursiones, actividades deportivas y similares, imágenes todas que hablan de cierta euforia y mucha energía, de expansión y de bienestar. Decidí poner una encuesta en uno de los grandes grupos de PAS de Facebook, para preguntar cómo viven ellos la primavera. Hubo muchas respuestas y alguna sorpresa: la gran mayoría reconoce sufrir astenia primaveral, o sea, luchan con síntomas como fatiga,
somnolencia y falta de energía. Casi nadie dice sentirse eufórico con la llegada de esa estación.
Sabemos que una de las características de la alta sensibilidad es la dificultad en la gestión de los cambios, y puede que esto sea una explicación, al menos parcial. Al fin y al cabo, el paso del invierno a la primavera es el que exige más adaptación. ¿Es posible que el cambio de hora al principio de la primavera nos afecte más de lo que pensamos?
El verano, en fin, gusta más que la primavera. Un porcentaje elevado de las PAS que participaron en la encuesta indica que se siente mucho mejor en días con mucho sol que en días nublados. El otoño es una estación bastante bien valorada por la mayoría, mientras que el invierno, sin embargo, se lleva peor, sobre todo por las bajas temperaturas —muchas PAS dicen ser frioleras — y por la escasez de las horas de luz.
Aparte del cambio estacional existen los cambios puntuales del tiempo. Días soleados o nublados, lluvia, nieve, viento, tormenta, días sorprendentemente calurosos o frescos…, muchos reconocen que se sienten afectados por el tiempo que hace cada día.
El viento, por ejemplo, suele molestar a muchas de las PAS. Los vendavales, las rachas de viento, la calima producen intranquilidad emocional, una sensación de irritabilidad. Un fuerte viento cálido y seco parece estresar y crispar a mucha gente, posiblemente más a las PAS que a las no PAS.
El viento fuerte del tipo que sea, con su silbido continuo, con la agitación de árboles y arbustos en el campo o el vuelo de papeles en las ciudades, supone un extra de información sensorial.
Aunque sea de manera inconsciente, nos molesta la agitación atmosférica. Si eres maestra y trabajas con niños pequeños, te habrá llamado la atención que los peques presentan un comportamiento inquieto y alborotado en los días de mucho viento. Elaine Aron, en el documental
Sensitive y también en su libro Psychotherapy and the highly sensitive persons (Psicoterapia para las personas altamente sensibles), habla sobre la
alta sensibilidad en animales. Si tienes una mascota, notarás cambios en su comportamiento relacionados con los cambios en el tiempo. He tenido varios gatos en mi vida, y en los días de mucho viento, o incluso en la víspera,
solían correr a gran velocidad por la casa, subiéndose hasta por las cortinas. Era como si, de repente, aquellos animales más bien apáticos se hubieran transformado en coches de carreras.
La lluvia suele afectar a muchas PAS en varios sentidos. La mayoría dice que la lluvia les calma y relativamente pocas afirman entristecerse. Algunos, como me pasa a mí, tienen dolor de cabeza cuando va a nevar. Yo sé que «hay nieve en el aire» hasta un día antes, más o menos. No hace falta que nieve donde estoy; a veces nieva en la montaña que está a unos veinte kilómetros de donde vivo. Es un dolor de cabeza atípico, más bien una presión en la nuca. No falla.
Las tormentas eléctricas también avisan. No es solo el olorcillo a ozono que vamos percibiendo. Hay algo en la luz, un ligero cambio de intensidad y de color. Muchos también notan una especie de dolor de cabeza que, posiblemente, tiene que ver con el cambio de presión atmosférica, igual que un aumento de nerviosismo y cierto malestar.
Está claro, pues, que la mayoría de las PAS es sensible al clima, o sea que sufre en mayor o menor medida de la llamada meteosensibilidad, que en sí misma no tiene que ver con ser PAS, aunque por lo visto, alta sensibilidad y meteosensibilidad se solapan mucho. Como fuere, lo único que decimos es que, dentro del gran grupo de las personas altamente sensibles, la sensibilidad de cara al cambio estacional y de cara al tiempo de cada día es algo bastante común.