6 CONCLUSIONS AND RECOMMENDATIONS
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Aunque este libro se centra en la alta sensibilidad, quiero dedicar unas palabras a un asunto que es tan delicado como difícil. La posible confusión entre el rasgo de la alta sensibilidad y trastornos como el TDA (Trastorno por Déficit de Atención), el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad), el TLP (Trastorno Límite de la Personalidad) y la enfermedad de Asperger. Se trata de un terreno peliagudo sobre el cual creo que todavía convendría hacer mucho más trabajo de investigación.
La línea que separa el rasgo de carácter del trastorno es muy fina. Por su aparente semejanza, da pie a mucha confusión. Las características de la alta sensibilidad y algunos de los llamados trastornos de la personalidad se solapan en gran medida. A veces alguien con un determinado trastorno descubre el rasgo de la alta sensibilidad y cree que en lugar de tener un problema serio que necesita medicación lo suyo es «solamente» PAS, de modo que deja de tomar sus medicamentos, con todas las consecuencias que esto conlleva. Entiendo que es preferible ser PAS y la tentación de deshacerse de un diagnóstico serio, a veces un auténtico estigma, es grande. También puede pasar lo contrario, es decir, que por falta de conocimiento del rasgo de la alta sensibilidad, terapeutas, psicólogos y psiquiatras lleguen a diagnósticos equivocados. Yo soy una simple coach y por lo tanto mis conocimientos médicos son muy limitados, pero tengo que hablar del tema, aunque solo sea para llamar la atención y hacer ver que es preciso tener en cuenta la alta sensibilidad a la hora de determinar el rasgo psíquico de una persona. Está claro que aprender a manejar un rasgo es mucho más fácil e incluso más sano que recurrir a una fuerte medicación de por vida.
¿A qué se debe la posible confusión entre rasgo y trastorno? En primer lugar, como ya he dicho, las características de ambos se solapan en gran medida, y en este sentido llama mucho la atención que tanto las PAS como los TDAH se saturen muy rápido con los estímulos sensoriales. Por ejemplo, ambos se sentirán mal en un centro comercial con mucha gente, muchas luces y música, y se saturarán de la misma manera. Personas con TDAH presentan un comportamiento inquieto y su manera de actuar y pensar tiene una faceta
imprevisible, algo que también puede ocurrirle a una PAS en el momento en que, por saturación sensorial o emocional, de repente se bloquea.
Aun así, hay importantes diferencias. Veamos, para empezar, el Trastorno del Déficit de Atención. Elaine Aron nos explica que a nivel fisiológico hay una diferencia importante en el riego sanguíneo del cerebro de ambos: en las PAS se puede percibir un aumento de riego sanguíneo en el hemisferio derecho, mientras que en las personas con TDA es el izquierdo el que recibe un mayor flujo de sangre.
La persona PAS investiga mucho y durante bastante tiempo antes de llegar a tomar una decisión, mientras que una persona con déficit de atención generalmente es más impulsiva. Una PAS, antes de dar el salto tiene que estar segura de que le saldrá bien. Sopesará todas las opciones y las posibilidades para poder tomar una decisión en la que puede confiar. Incluso las PAS extrovertidas, que pueden dar la impresión de ser impulsivas, se lo han pensado mucho antes de lanzarse. Si te han diagnosticado hiperactividad o déficit de atención, pero en casa puedes estar tranquilo con un libro que haya captado tu interés o escuchando tu música preferida, quizá lo que te pasa es que eres PAS.
Siempre hubo niños y adultos más y menos activos. Había niños que jugaban horas en la calle, corriendo, saltando, subiendo a los árboles sin cansarse, de la misma manera que había otros que se perdían durante horas en sus libros preferidos o se podían pasar horas tumbados en la hierba mirando las nubes. ¿Desde cuándo consideramos estas conductas «comportamientos extremos»? No niego la existencia de trastornos cuya base es una dificultad de concentrarse en un solo tema durante cierto tiempo —repito, no soy médico y seguramente me falta mucho conocimiento y sabiduría—, pero veo, observo y hablo con mucha gente y saco conclusiones. En la mayoría de las aulas se espera de un niño que esté mucho tiempo sentado, callado y, sobre todo, que no moleste. Un niño que necesita moverse y que se inquieta porque su cabeza está saturada de información es considerado «molesto» pues perturba la calma en la clase. Lo entiendo. Si el niño es PAS, y también si tiene TDAH, e incluso si es un niño sin etiqueta alguna, con un perfil «medio», le va bien moverse entre las asignaturas cognitivas. Mover el cuerpo, correr, saltar, hasta hacer manualidades, ayuda a digerir la
información intelectual y a vaciar la cabeza. En algunos sistemas educativos, como el Waldorf, ideado por Rudolf Steiner, lo tienen muy en cuenta y con resultados sorprendentes. Hace poco leí en un artículo en la prensa holandesa que, según se ha demostrado mediante una serie de pruebas realizadas en la enseñanza pública, introducir más movimientos en las horas de clase —y especialmente en las asignaturas cognitivas— hace que mejoren considerablemente los niveles de aprendizaje en los niños.
RESUMIENDO
En caso de duda creo que es importante que el médico especialista o el psicólogo tengan conocimiento del rasgo de la alta sensibilidad, valorándolo como una realidad y no como una «tontería». Solo entonces el profesional podrá calibrar objetivamente si el paciente es una PAS o si hay otros problemas.