En su artículo Actor Network Theory and Material Semiotics, John Law explica la génesis de la ANT. Según relata, surge entre 1978 y 1982, y si bien fue Callon quien acuñó el término, se considera a Law y Latour sus exponentes más reconocidos. Para Law,
“[…] la ANT es un familiar distinto de las herramientas de la semiótica material, así como de sensibilidades y métodos de análisis que tratan a todo en los mundos sociales y naturales como un efecto, continuamente generado, de las redes de relaciones en las que se ubican. Asume que nada es real o tiene forma fuera del desempeño de dichas relaciones. Sus estudios exploran y caracterizan las redes y prácticas que las ejecutan. Como otros acercamientos material-semióticos, la ANT describe el desempeño de relaciones material y discursivamente heterogéneas que producen y reconstruyen todo tipo de actores, incluidos objetos, sujetos, seres humanos, máquinas, animales, “naturaleza”, ideas, organizaciones, inequidades, escalas y tamaños, y arreglos geográficos.” (2009:141, traducción propia).
Los temas de la ANT están relacionados con tecnología, organizaciones, mercadotecnia, circulación de información, etc. A decir de Latour: materias “donde las fronteras son terriblemente difusas. Temas nuevos” (2008:206, resaltado en el original).
Son reconocidos los primeros trabajos de Callon sobre los vehículos eléctricos (1980) y las vieiras de la bahía de San Brieuc; en 1988 Latour llevó a cabo el estudio llamado La pasteurización de Francia en el que hacía un análisis histórico sobre este proceso. El estudio es relevante porque describe no solo el contenido científico, sino la serie de pugnas, debates y (des)articulaciones políticas y sociales que acarreó. (Latour, 2001).
En los años que siguieron a la emergencia de esta teoría aparecieron muchas investigaciones con este acercamiento, que tiene su valor esencial en la manera en que es observado un fenómeno: superar lo interpretativo para ir en busca de lo descriptivo; de asociar lo objetivo y lo subjetivo; de cuestionar paradigmas y mostrar cómo los acontecimientos modifican y trastocan lo social y lo natural por igual.La ANT sugiere una serie de nociones que son, sobre todo, llamados de atención sobre los procesos que deben ser observados durante el trabajo de investigación: una orientación más hacia el cómo, que hacia el qué.
Empleada en el estudio del turismo de forma reciente pero incremental, la teoría se usa como metodología principal o complementaria. Entre los primeros: van der Duim (2005), para el concepto de sostenibilidad en un estudio multi-situado en Costa Rica, Kenya, Tanzania y Holanda; Johannesson (2007), para el manejo de proyectos de turismo en Finlandia; Ren (2009), en la construcción de un destino turístico en Polonia; Simoni (2012) para el análisis del turismo en Cuba y la representación de las materialidades; entre los segundos: Salazar (2008) y Ramunas (2008).
Tres son los focos de la ANT: las relaciones entre actores-red, los modos de ordenar (la propia percepción de la realidad) y la simetría (la igualdad de importancia entre materialidad y ser humano). El concepto de poder se considera parte de las relaciones y no pre-existente: es el resultado de “la manera en que los recursos son movilizados y desplegados sobre lapsos de espacio y tiempo” (van der Duim 2005:126). En cuanto a las relaciones entre los participantes, la ANT no considera que solo se ejercen entre individuos sino entre Colectivos: asociaciones no dirigidas –sino por interés propio- entre actores (Latour, 2001).
Sus proponentes sugieren que describir la ANT en lo abstracto, “es erróneo porque no es abstracta, sino fundamentada en casos de estudio empíricos. Solo podemos entender este acercamiento si tenemos un sentido de dichos casos y de cómo funcionan en la práctica” (Law 2009:141).
1.2.2. Utilidad
En el apartado metodológico se aludió a tres aspectos por los que la ANT es útil a los estudios del turismo. Interesa ahora ampliar la explicación:
El concepto de redes permite trazar las conexiones que se establecen entre actores que pueden no estar físicamente en un lugar determinado pero importan tanto como si lo estuvieran: información, publicidad, imaginarios, visitantes, fondos económicos e institucionalidad internacional, agencias de viajes y muchos etcéteras. Esto permite debatir las dicotomías geográficas (local-global, rural-urbano), un tema con el que los estudios recientes lidian, que muestra incongruencias cada vez mayores entre el adentro y el afuera y conlleva la necesidad de abrir nuevos caminos de análisis, así como de dejar lo binario para ir hacia una enorme gama de tipologías. 5
La noción de red no solo sirve para describir lo que sucede en el presente, sino para regresar al pasado y observar –en un recorrido topográfico y cronológico- acontecimientos terminados pero que marcan un momento especial: la idea de red permite atender la manera en que las organizaciones y sus elementos materiales se integran. En ese sentido, abre un espacio para la observación de objetos y símbolos.
Respecto a la insistencia de la descripción sobre la interpretación existe un debate: ¿Es la labor del científico explicar los fenómenos o describirlos? Los proponentes de la ANT insistirán que antes de explicar es necesario presentar todas las asociaciones que conforman un fenómeno: una buena descripción permite mayor comprensión. Para Latour (2008), el uso que hace la ciencia de ciertos conceptos ocasiona que se conviertan en cajas negras, que explican a priori lo que viven los actores: por ejemplo, más que explicar que existe una pugna “por el poder”, importa describir cómo la viven sus actores de forma llana. El autor considera que,
“[E]s mejor usar el repertorio más general, más banal, incluso el más vulgar, para que no haya riesgo de confundir las expresiones prolíficas de los propios actores.
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Por ejemplo en el debate entre lo rural y lo urbano, acaso estemos obligados a reconocer la validez del oxímoron contemporáneo de pueblos urbanos y/o ciudades rurales, así como a estudiar neologismos, tales como los términos rurbano, o glocal. Sobre lo rurbano: Gilberto Freire da Veiga (2001), citado por Schjetman y Berdegué (2003); sobre lo glocal, ver más adelante.
Los sociólogos de lo social, en general, hacen exactamente lo opuesto. Se esfuerzan por producir términos precisos, bien escogidos, sofisticados, para lo que, según ellos, dicen los actores.” (2008: 50)
Esto se encuentra en línea con la crítica a la investigación actual (por ejemplo Philimore y Goodson, 2004), que insiste que los estudiosos deben evitar el rol de “expertos” y prestar más atención a las maneras en que los actores explican sus propios mundos y describir su contexto. Este último, de gran importancia pues como lo ha enunciado uno de los clásicos de la lingüística, Ferdinand de Saussure: “Lo que de idea o de materia fónica hay en un signo importa menos que lo que hay a su alrededor en los otros signos” (1945:144), haciendo de este modo énfasis en que los conceptos dependen, en mucho, de las relaciones con otros sujetos y el contexto en que se usan.
Finalmente, en lo que corresponde a la noción de la realidad se ha descrito que uno de los objetivos de la ANT consiste en conocer los modos de ordenar. De acuerdo con Law, los modos de ordenar serían “mini- discursos que fijan los límites de lo que es o no posible según determinadas condiciones, reconociendo la existencia de múltiples realidades.” (2009:148). Para este autor, “la absoluta verdad de una teoría es irrelevante, porque no hay una manera independiente de saberla” (Ibíd.:143). Como lo explica con más detalle Fleck:
“La verdad está siempre o casi siempre determinada por un estilo de pensamiento: “Si A y B pertenecen al mismo colectivo de pensamiento, el pensamiento será verdadero o falso para ambos. Pero si pertenecen a distintos colectivos de pensamiento, simplemente NO será el MISMO pensamiento […] La verdad no es una convención sino más bien 1) en perspectiva histórica, un evento en la historia del pensamiento y 2) en su contexto contemporáneo, un condicionamiento estilizado del pensamiento” (en Latour, 2008:166).
Latour adiciona que el “acuerdo modernista”, nos ha forzado a vivir en un mundo que nos obliga a ver la realidad desde el punto de vista impuesto por el eurocentrismo a través de cuatro órdenes: “un convenio entre la epistemología, la moral, la política y la psicología” (2001:27).
Este acuerdo, mínimamente autocrítico, ha fijado una serie de paradigmas sobre la ciencia, la religión y la política que impiden al conocimiento ir hacia nuevos caminos y por ende reconocer otras realidades. Jóhannesson, parafraseando a Latour agrega que: “El imperativo del orden moderno es una clara distinción entre la naturaleza y la sociedad que ha catapultado, a
su vez, otras asimetrías, por ejemplo, las manifestadas en un rompimiento entre el mundo moderno y el pre-moderno, así como una división cultural entre ‘Nosotros’ y ‘Ellos’ (2007:87, traducción propia).
Un interesante ejemplo que explica la visión sobre distintas realidades es el trabajo de Annemarie Mol, relatado por Law, en el que se alude a un estudio sobre la arterioesclerosis. En él, la autora muestra que “cada práctica médica genera su propia realidad material. Esto significa que para [esta enfermedad] habría cuatro redes de actores o realidades en lugar de una sola” (2009:152). Para Mol “no existe una real, singular y objetiva realidad. Más bien lo que aparece son conocimientos diferentes y válidos que pueden no estar ni reconciliados por completo, pero tampoco ser rechazados” (en Ren, 2009:49).
Si cada realidad se explica según convenciones sociales, interesa ver cómo al construirse, los Colectivos eligen unas relaciones sobre otras (Law, 2009: 154). Al mismo tiempo, la temporalidad de dichas relaciones importa, pues éstas se modifican ante la presencia de nuevos actores.
Se debe reconocer, no obstante, que ninguna investigación es inocua. Como lo plantea de nuevo Law: “Esta nueva semiótica material insiste que las historias de la teoría social son interpretaciones performativas, no inocentes. También asume que realidad no es destino. Con mucha dificultad, lo que es real, puede ser re-hecho.” (2009:155). La “performatividad” (performativity) implica que “las cosas son lo que son porque los actores las hacen ser de ese modo en su relación con otros” (Gad y Jensen, 2010: 58).
En lo anterior se encuentran también coincidencias con la insistencia de Bourdieu (2006 [1984]) en el sentido de que ningún intelectual está a salvo de sus propios prejuicios y de su posición social. Por consiguiente, se adhiere a la insistencia de Latour en el sentido de “describir, escribir, describir, escribir” (2008:216), pues solo en la medida que se dan voces a la mayor cantidad posible de actores, será posible captar las distintas maneras de comprender su realidad.
1.2.3. Críticas
Como toda teoría, la ANT ha sido criticada por múltiples aspectos. Se alude a los más trascendentes. En primera instancia, la idea de la invisibilización de los actores se refiere a las relaciones que no son tomadas en cuenta para describir el entramado. Callon considera que esto se origina en el proceso de ordenamiento, que define las relaciones que serán o no consideradas (en van der Duim, 2005:152). Puede ser que el investigador las estime poco trascendentes o que funcionen de una forma tan apropiada que no se evidencian.
Aunque frecuentemente se cita que “si los actores […] no hacen nada, no deberían estar en la descripción” (Latour, 2008:213)6, tanto Latour como otros proponentes de la ANT han reconocido que hay actores que pueden no hacerse presentes en cierto momento, pero que ello no significa que no existen. Law y Singleton agregan que “la presencia también implica una cantidad de ausencias […] Describir la red no solo implica mirar lo que está presente, sino también lo que ha sido convertido en el otro o hecho ausente.” (en Ren 2009:186). En esta investigación se presta atención a actores cuya presencia no es notoria en el momento de la observación, pero lo ha sido.
El segundo aspecto es la dificultad de establecer límites a lo observado: en tanto es imposible seguir todas las relaciones del entramado –no solo por aspectos metodológicos y recursos necesarios, sino por la pérdida de foco en el tema del estudio-, una investigación presenta la evidencia obtenida de una serie de observaciones limitadas –en tiempo y espacio- sobre un fenómeno sin fronteras definidas. Es, de hecho, un constructo analítico al que se fijan límites artificiales, del mismo modo que lo hacen los actores al plantear su participación en la sociedad y espacio geográfico. El mismo Bourdieu insistiría en el derecho científico a la abstracción: se hace abstracción de un número de cosas y se trabaja en el espacio que se ha definido (2006:108).
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La crítica a esta frase proviene de lo que parece una tergiversada interpretación: se encuentra en el relato ficcionado de una discusión entre Latour y un estudiante en la que el autor explica de forma sarcástica la ANT (Latour, 2008). Al insistir que se evite la interpretación, comenta que debe evitarse hablar por los actores y presentar a los que no están en el entramado. En otros textos, no obstante, el autor reconoce que pueden no estar visibles en un momento dado y ser parte del entramado.
Esta delimitación puede generarse de dos formas: siguiendo los límites que los mismos actores fijan –como lo ha descrito Ren (2009)- o de manera artificial, a través del planteamiento del estudio (objetivos, objeto de estudio, etc.). El presente trabajo se delimita con base en los objetivos planteados y da prioridad a procesos de traducción relacionados con cuatro aspectos: 1) proyectos de turismo; 2) prácticas frente a la sostenibilidad; 3) construcción del producto turístico, y; 4) influencia del turismo en la gestión del espacio y la actividad económica.
La tercera línea de críticas es respecto a la extensa descripción y lo que se considera un débil trabajo epistemológico. Jóhannesson lo describe así:
“El punto es que las descripciones interminables no proveen una base para la crítica social […] Si todo es un efecto de la red, entonces las variables tradicionales como clase, cultura, economía y poder son inútiles para explicar, interpretar y criticar la condición social. Todo parece fluir mientras la ANT rechace cortar la red que traza. Reconocer que el mundo no es plano, es una arena movediza para la crítica social y es por lo tanto, políticamente incompetente” (2007:94).
Este juicio es al mismo tiempo el argumento más fuerte de la ANT: si en años recientes la reflexividad ocupa cada vez más espacio en la investigación (Lash y Urry, 1998; Phillimore y Goodson, 2004) y con mayor frecuencia hay cuestionamientos hacia el conocimiento según Occidente, la supuesta debilidad epistemológica se convierte en una posibilidad de salir de los tradicionales modos de ordenar. Como lo han planteado el mismo Latour y los proponentes de la ANT, no se trata de hacer de lado el conocimiento humano para re-explicarlo todo, sino de permitirnos la oportunidad de que la descripción provoque el surgimiento de nuevas maneras de pensar y debates.
Se trata de salir del paradigma que obliga a los científicos a “forzar a la naturaleza en las cajas conceptuales proporcionadas por la educación profesional” (Kuhn, 2012 [1962]) para darnos la oportunidad de mostrar, no la propia realidad, sino la de los actores. De lo que no se trata, insiste Latour, es de emplear categorías como poder, cultura, lucha de clases o identidad, de forma interpretativa para explicar nuestras observaciones: lo emblemático es describir cómo estas categorías se construyen, debaten o
ensamblan desde la voz de los actores y evitar la invisibilización de relaciones que pueden ser obviadas por dichos conceptos.
Aunque esta investigación no intenta proponer el deber ser del entramado turístico (cuando más, reflexiona sobre algunos de sus hallazgos), tampoco se exime de presentar los debates políticos y su influencia en el entramado. En ese sentido, se considera que la ANT puede tener múltiples fallas, pero en definitiva no es apolítica.