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René T. Capote-Fuentes, Leda Menéndez, Gretel Garcell, Dunay Macías y Elizabeth Y. Roig

Introducción

A pesar de la amplitud potencial del concepto de resiliencia, en el presente trabajo solamente se tratan aspectos ecológicos de la regeneración de la vegetación de manglar (Holling, 1986; Grimm and Wissel, 1996; Costanza et al., 1998; Rapport, 1998; Capote-Fuentes et al., 2005). Para ello se tomará como resiliencia de manglares la capacidad de estos ecosistemas, en presencia de impactos, para mantener sus características ecológicas en rangos que evitan cambios definitivamente hacia otro tipo de cobertura (Capote-Fuentes, 2004).

Los ecosistemas de manglar están constantemente expuestos a impactos naturales y antrópicos (Menéndez, 2000). Tiene relevancia práctica interpretar un ecosistema a través de variables interrelacionadas. A partir de ello, el enfoque de las redes de impactos permite interpretar los cambios en estas variables como impactos, ya sean positivos o negativos, lo cual es de interés para la evaluación, el monitoreo y la gestión ambiental en general (Capote-Fuentes y Levins, 2006).

La regeneración de la vegetación de manglar es uno de los procesos básicos en la respuesta de estos ecosistemas ante impactos (Field, 1996; Menéndez et al., 2000; Menéndez, 2001,

2002; Capote-Fuentes y Lewis, 2004). Estos últimos han proliferado a partir del siglo XX como parte

de los cambios de cobertura asociados a los cambios globales y de medio ambiente. En este contexto, la actividad humana suele manifestar un gran poder de transformación y propicia el desarrollo de tipos de vegetación de sustitución o reemplazo (Capote et al., 1988; UNEP, 1995; Vales et al., 1998; Capote, 2001; Vilamajó et al., 2002).

La regeneración de la vegetación de manglar, ya sea mediante su ocurrencia espontánea o mediante restauración, es vital para que se manifieste la resiliencia de manglares y se garantice la continuidad de sus funciones ecológicas. Esto es básico para asegurar los servicios que la humanidad recibe de estos ecosistemas (Capote-Fuentes et al., 2005). La apertura de claros en un manglar propicia la renovación de la vegetación. Mientras el dosel se mantiene cerrado, el desarrollo de los propágulos como individuos independientes tiende a estar limitado por la poca iluminación, la cual es fuente de energía para los mecanismos relacionados con la salinidad

(Tomlinson, 1986; Duke et al., 1999). Tanto en pequeños claros dentro del bosque como en territorios de mayor extensión, pueden formarse comunidades de sustitución o reemplazo debido a la influencia de impactos naturales o antrópicos.

Duke et al. (1999) propusieron un modelo esquemático de recuperación natural en claros de Rhizophora mangle L. basado en la edad y densidad de las plantas. Por su parte, Jiménez et al. (1985) propusieron un modelo para los cambios temporales en la densidad de individuos en un manglar en ausencia de cambios ambientales catastróficos. Capote-Fuentes (2003) no encontró evidencias que nieguen dicho modelo, pero plantea que sus fases podrían tener lugar más de una vez en un mismo proceso de regeneración o desarrollo del manglar.

Uno de los aspectos más llamativos en la regeneración de la vegetación de manglar es la viviparidad: la germinación de la semilla ocurre en la planta madre. Macnae (1968) describió este fenómeno de la manera siguiente: «El zigote una vez formado se desarrolla ininterrumpidamente de embrión a plántula sin la intervención de algún proceso de reposo». Autores como Gill y Tomlinson (1969) y Rabinowitz (1978) plantearon que el embrión carece de latencia, y no debe hablarse de semilla; la dispersión que garantiza la regeneración del manglar se realiza por «pequeños árboles», por lo que el término apropiado es el de propágulo. La viviparidad de los frutos de mangle rojo (Rhizophora mangle), mangle prieto (Avicennia germinans) y patabán (Laguncularia racemosa) constituyen adaptaciones a las condiciones extremas de salinidad e inundación en que se desarrollan estas especies (Hanokel, 1963, Pannier, 1976).

Los objetivos de este trabajo están encaminados a unificar evidencias sobre la regeneración de la vegetación de manglar en Cuba y particularizar en diferentes situaciones en que se manifiesta esta regeneración.

Áreas de estudio

Se valoran 4 estudios de caso en Cuba (Tabla 1), y se ilustra cómo éstos representan etapas de un esquema sobre trayectorias en que un manglar puede manifestar su resiliencia a partir de que es impactado (Capote-Fuentes et al., 2005).

Tabla 1. Áreas donde se realizaron los estudios de caso y las situaciones de regeneración que trataron

En Cabo Cruz se trata de una franja de costa baja acumulativa, protegida por una zona arrecifal. Está conformada por bosques de mangles y lagunas costeras de gran dinamismo. El bosque de mangle se caracteriza por una franja estrecha de mangle rojo en la primera línea que puede alcanzar entre 5 y 6 m en ocasiones hasta 7 m. Detrás se establece manglar mixto con

predominancia de A. germinans y L. racemosa. En éste se encuentran sitios con sustratos más altos, areno fangoso, desprovistos de vegetación o vegetación baja, y por partes se desarrollan comunidades halófitas. Más hacia el este se encuentra un sistema de lagunas costeras detrás del cual se encuentra el poblado de Cabo Cruz. Es importante destacar la poca asimilación socio- económica de esta área.

En Majana, costa sur de la provincia La Habana, se trabajó en un área donde el manglar ocupa una franja de 3 km de ancho, allí se desarrollan bosques de manglares típicos y representativos de nuestro archipiélago. Desde la línea de costa hacia tierra adentro puede distinguirse: franja de mangle rojo; bosque con dominancia de mangle prieto, bosque mixto de patabán y mangle prieto, áreas más heterogéneas con presencia de las cuatro especies arbóreas que conforman nuestros manglares (Menéndez, 2000).

Los Bajos de Santa Ana se localizan aproximadamente 800 m al este de la desembocadura del río Santa Ana, de poco caudal (Capote-Fuentes, 2003). La desembocadura de este río coincide con el límite entre los municipios Bauta (provincia La Habana) y Playa (provincia Ciudad de La Habana). En el litoral existe una franja de terrazas marinas emergidas, modeladas sobre rocas carbonatadas, con la presencia de dunas costeras fósiles constituidas por calcarenitas eólicas (Capote-Fuentes, 2003). Por tramos la costa presenta sectores abrasivos, abrasivo- acumulativos y acumulativos. En el área están presentes el bosque de manglar, y los complejos de vegetación de costa rocosa y arenosa (Capote-Fuentes, 2003). Se encuentran representadas las tres especies típicas de mangle R. mangle, A. germinans y L. racemosa, así como el pseudomangle C. erectus.

El Paisaje Natural Protegido Rincón de Guanabo comprende el extremo oriental del sector Playas del Este de La Habana, a 2 km al este del balneario Brisas del Mar, en la costa norte de la provincia Ciudad de La Habana (Programa Sibarimar, 2004). Es un sector costero conformado por varios niveles de terrazas abrasivo-acumulativas sobre las cuales se encuentran formas acumulativas como las dunas actuales y camellones costeros en algunos sectores (Programa Sibarimar, 2004). No cuenta con cursos superficiales permanentes de agua. La zona terrestre ha sido altamente antropizada. Los tipos de vegetación actuales son el bosque de manglar, el complejo de vegetación de costa arenosa, y la vegetación ruderal. El aumento de la urbanización y la vegetación ruderal han reducido la franja original contínua de manglar a parches. Entre los principales fragmentos por su extensión están el manglar que rodea la laguna del Rincón de Guanabo, y los parches aislados en vegetación ruderal en las manzanas de Brisas del Mar. La especie predominante de mangle es L. racemosa (patabán) (García et al., 1993; Menéndez, 2000; Programa Sibarimar, 2004; Garcell, 2005).

Unificación de evidencias sobre la regeneración de la vegetación