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2.3 Discussion

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El término mercantilismo se utiliza para denominar la política económica de los Estados nacio- nales en un periodo de tiempo que abarca aproximadamente desde el siglo XVal siglo XVIII.

Acabada la guerra de los Treinta Años (1618-1648), que mantuvo enfrentada a toda Europa por motivos religiosos y políticos, comenzó a tomar forma una nueva institución, el Estado secular y centralizado, que consiguió reemplazar las instituciones feudales que hasta el momento habían sido utilizadas como instrumento de poder e influencia mundial. Sin embargo, a mediados del siglo XVII, las distintas regiones de Europa emergieron como

naciones poderosas y centralizadas, temerosas del poder de la nación vecina, que de entre todos sus objetivos, bélicos, políticos, sociales, descollaba la idea de que el engrandeci- miento nacional se debía de llevar a cabo sin tener en cuenta los intereses del Estado veci- no. En otras palabras, se trataba de arruinar económicamente al vecino.

Aquellos individuos que en esta época reflexionaban sobre asuntos económicos, los llamados mercantilistas, arbitristas, colbertistas y cameralistas, capaces de ser oídos e inclu- so medrar persuadiendo a los monarcas, utilizaban una idea muy contundente que podría- mos resumir diciendo que consideraban que la economía se comportaba como un juego de suma cero, esto es, que lo que ganaba un país representa la pérdida de otro. Tomando como base esta idea, una idea que las proposiciones más elementales de la teoría del comercio internacional demostraron errónea, se diseñaban políticas intervencionistas cuyo fin último

era la acumulación de metales preciosos. Para conseguir el acaparamiento de oro y plata se actuaba sobre las partidas de la balanza comercial con el objetivo de conseguir que el volu- men de las exportaciones fuera superior al de las importaciones. En general estos autores consideraban los metales preciosos –oro y plata– como sinónimo de riqueza.

Se refería Adam Smith en sus Lecciones de Jurisprudencia 1762, a esta política en los siguientes términos:

“La riqueza de un reino se ha considerado por casi todos los autores después de Mun, consistente en oro y plata. En su libro –se está refiriendo a Thomas Mun– llamado England’s Treasure by Forraign Trade, trata de mostrar que la balanza comercial es la única cosa que puede mantener a Inglaterra, ya que, mediante ella, el oro y la plata se traen al reino y en ellos consiste su riqueza, pues sólo ellos no son perecederos. Esta doctrina, aunque absurda, ha sido asumida por todos los sucesivos autores, y en ella se fundan estas leyes de felonía”

A las características anteriores hay que añadir otras que también forman parte de las políticas mercantilistas. Estos autores proponían fomentar la industria mediante la subven- ción a la importación de materias primas baratas prohibiendo su exportación, la instaura- ción de aranceles proteccionistas que gravasen las importaciones de productos manufacturados y la subvención a la exportación de bienes con elevado valor añadido. Por último hay que destacar el énfasis por el crecimiento de la población. El fin de las políticas poblacionistas era hacer disminuir los salarios para de esta forma permitir que las industrias nacionales compitieran ventajosamente en el exterior. En este sentido los mercantilistas proponían medidas favorables a los matrimonios precoces y a las familias numerosas. Criticaba Thomas Robert Malthus el poblacionismo mercantilista en su Ensayo sobre la población 1798, de la siguiente manera:

“Nada es hoy día tan común como oír que hay que estimular el aumento de la pobla- ción […] La verdadera razón es que este estímulo a incrementar la población se desarrolla sin preparar los fondos necesarios para sostenerlo […] Es posible que forzar un aumento de la población sea aparentemente ventajoso para los gobernantes y los ricos de un Estado, ya que esto permite reducir el precio del trabajo […] pero todo intento de este género debe ser observado con la máxima atención”.

Por último cabe destacar las ideas que estos autores tenían acerca del comercio colo- nial. Sugerían explotar las colonias en beneficio de la metrópoli. En este sentido, las colo- nias debían de ofrecer a la metrópoli materias primas a cambio de productos manufacturados procedentes de la metrópoli.

En otro orden de cosas, y aunque pudiera parecer anacrónico, cabe destacar la defen- sa que del mercantilismo realiza John Maynard Keynes en el capítulo veintitrés de su Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero 1936:

“Sin embargo, como una contribución al arte de gobernar que se ocupa del sistema económico en conjunto y de lograr la ocupación óptima de todos los recursos del sistema; los métodos de los primeros precursores del pensamiento económico en los siglos XVIy XVIIpueden haber captado fragmentos de la sabiduría práctica que las irreales abstracciones de Ricardo olvidaron primero y extinguieron después. Había

sabiduría en su intensa preocupación por conservar reducida la tasa de interés por medio de leyes de usura, sosteniendo las existencias nacionales de dinero y desani- mando las alzas en la unidad de salarios, así como en su predisposición a restaurar, como último recurso, las existencias de dinero por medio de la devaluación, cuando se habían vuelto francamente deficientes, debido a una sangría exterior inevitable, a un alza en la unidad de salarios o a cualquier otra causa”.

El argumento de Keynes en favor del mercantilismo no sólo pasa por ser una búsqueda afanosa por encontrar en el pasado precursores de su doctrina, sino que escon- de una correspondencia sorprendente, aunque forzada, por encontrar una relación entre, por un lado, el hecho de conseguir un saldo de balanza comercial favorable y, por otro, la posibilidad de manipular la demanda agregada por medio de la inversión gracias a la abundancia de metales preciosos y los tipos de interés bajos. En definitiva, la idea de proponer una balanza comercial favorable que permitiese la entrada de metales precio- sos permitiría disminuir los tipos de interés y por consiguiente estimular la inversión y el empleo. El problema de la interpretación keynesiana, como señala Blaug en su Teoría Económica en retrospección, es que no existen pruebas en la literatura mercantilista que permitan deducir que la preocupación por una balanza comercial favorable tuviese rela- ción con el reconocimiento de que el desempleo se debiera a la escasez de demanda efectiva.

Pues bien, a continuación realizaremos un breve repaso de los autores más destaca- dos de la literatura mercantil en Inglaterra, Francia, Alemania y España. Cabe señalar que estos autores no forman una escuela de pensamiento, son reflexiones aisladas, monotemá- ticas e interesadas que estudian aspectos muy concretos de la economía. En ningún momen- to construyeron modelos económicos en donde las variables económicas se encontrasen interrelacionadas, y lo que es más importante, en general no se leían unos a otros, no se cita- ban, impidiendo el análisis crítico que ralentizó, por ende, el avance del análisis económi- co.