• No results found

En la historia del pensamiento económico la fisiocracia constituye la primera “escuela económica”. El auge de esta escuela francesa se sitúa en la segunda mitad del siglo XVIII,

siendo Quesnay su figura más representativa, y su obra el Tableau économique (1764) una de sus principales aportaciones a la historia del análisis económico.

François Quesnay no sólo puede considerarse la figura más representativa de los fisiócratas, sino que además adquirió entre ellos el grado de maestro. Escribió en 1765 un tratado que tituló Droit naturel y que sirvió de fuente inspiradora de los futuros plantea- mientos de la escuela. Los discípulos más destacados de Quesnay fueron Victor Riqueti, marqués de Mirabeau, el famoso “amigo de los hombres” y autor de la Philosophie rurale (1763); Mercier de la Riviére, autor de L’ordre naturel et essentiel des sociétés politiques; Dupont de Nemours, Le Trosne, autor de L’intérét social (1777), y el abate Nicholas Baudeau. Se puede afirmar que los fisiócratas alcanzaron su mayor influencia política cuan- do Anne Robert Jacques Tourgot, uno de sus partidarios, fue nombrado ministro de Economía en 1774. Tal vez por el hecho de que Turgot concediera menos importancia a la agricultura que sus correligionarios, acercándose así más a los planteamientos de Adam Smith, le imposibilitó el ser aceptado dentro del círculo más íntimo de la escuela. Por últi- mo hay que decir que la Escuela poseía una publicación periódica titulada Efemérides.

Fueron constructores de un sistema económico en el que la naturaleza se considera omnipotente y en donde existen unas leyes naturales por medio de la cuales, sin la inter- vención del Estado, se aseguraba el buen funcionamiento del sistema. La escuela, que se puede afirmar que es el resultado de la doctrina del derecho natural de Quesnay y de Mercier de la Riviére, se preguntaba si la naturaleza de las cosas tendía hacia una ciencia de la economía política. También se inspiraron en John Locke para justificar la propiedad privada que, como veremos a continuación, consideran fundamental para el buen funciona- miento de su modelo económico. Así, consideraba Mercier de la Riviére, que el orden esen- cial de las sociedades está fundado en el derecho de propiedad. Lo expresaba en los siguientes términos:

“El hombre recibe de la misma naturaleza la propiedad exclusiva de su persona y la de las cosas adquiridas por sus esfuerzos y trabajos. Digo la propiedad exclusiva, ya que, si no fuera exclusiva, no sería derecho de propiedad”.

Su método se fundamentaba en la observación, y tenía por objetivo buscar relacio- nes de causalidad entre variables con la intención de encontrar en ellas aquellas leyes gene- rales que rigen el comportamiento de los fenómenos económicos. Todo culminaba en el denominado Tableau Economique –cuadro económico– que no pasaba de ser una situación ideal pero útil para fundamentar la doctrina.

El Tableau Economique concebía la economía como un flujo circular de renta y gasto donde interaccionan distintas variables económicas durante un periodo de tiempo. Para llevar a cabo esta labor, Quesnay dividió la economía en tres clases o sectores: Una clase productiva integrada enteramente por agricultores; una clase estéril compuesta por comer- ciantes, fabricantes, criados y profesionales, y una clase de propietarios terratenientes.

En definitiva el Tableau es un esquema que tenía por objetivo imaginar cómo circula- ba la riqueza entre las tres clases y conocer los elementos que subyacen al proceso producti- vo y, lo que es más importante, la reproducción del mismo, esto es, una situación en la que cada sector proporciona a los demás sectores una determinada cantidad de inputs requerida por ellos mismos. El modelo, aunque simplifica la realidad, entre otras cosas porque describe una economía que no tiene relaciones con el exterior, concibe la existencia de propiedad priva- da de los recursos naturales. La tierra, que era propiedad de los terratenientes, proporcionaba una renta procedente de los agricultores, generaba capital y contrataba mano de obra.

El modelo destacaba la importancia del sector agrícola por ser el único capaz de generar, a juicio de los fisiócratas, producto neto, esto es, un excedente económico. Así, y para evitar distorsiones, proponían en el ámbito impositivo, establecer un impuesto único que gravase ese producto neto generado por la agricultura, porque se consideraba la única fuente posible de generar riqueza para la sociedad. Además, el crecimiento económico no sólo estaba regulado por la productividad de la agricultura, sino también por la manera en cómo el producto neto generado por ella se distribuía por el sistema económico por medio de una red de intercambios. Para comprender los intercambios, o canjes entre las tres dife- rentes clases, los fisiócratas utilizaron tres tipos de “adelantos” con la intención de explicar la dinámica del proceso de producción-reproducción económica. En este sentido aparecían los denominados “adelantos raíces”, que incluían el trabajo y los gastos necesarios para preparar el suelo para el cultivo; los “adelantos primitivos”, que vendrían a ser los gastos de inversión en bienes de capital, y los “adelantos anuales” que son los gastos necesarios para la reproducción (semillas y sustento de los trabajadores). Como el objetivo es reproducir el producto neto, los adelantos siempre tienen que tener la capacidad de estar disponibles, por lo que el modelo requería necesariamente que las tres clases retuvieran, o descontasen parte de los ingresos para asegurar la existencia de los adelantos. De esta manera el modelo aseguraba una feliz conjunción entre, por un lado, los intercambios de los adelantos y, por otro, la producción-reproducción del producto neto.

Por último, el Tableau no sólo expresaba las condiciones “ideales” que debía cumplir el modelo, sino que, además, permitía justificar lo que con posterioridad se convirtió en el frontispicio de los liberales: el laissez-faire. La no intervención del Estado en la economía se justificaba porque, según los fisiócratas, permitiría que, de forma natural, floreciera una sociedad próspera y virtuosa, en dónde la agricultura se encargaría de proporcionar los excedentes. El comercio y la industria tendrían la labor de distribuirlos. A pesar de la tras- cendencia de esta idea, y para el progreso de las ideas económicas significó un cambio importante frente a la visión que tenían los mercantilistas. Los fisiócratas al proponer la noción de producción, desterraron por un lado la vieja idea mercantil de “adquisición”, y, por otro, se proscribió la consideración de que la economía se comportaba como un juego de suma cero. En definitiva, los fisiócratas se dedicaron a estudiar las leyes que rigen la producción de la riqueza y a descubrir cuáles son las reglas que determinan la distribución de la misma. Sus ideas colisionaron de lleno contra las políticas mercantilistas que consi- deraban que la riqueza de una nación dependía de la adquisición de metales preciosos, adquisición que permitía justificar la plena intervención del Estado con el fin de conseguir dicho objetivo.

En la actualidad existen estudios –la economía de los recursos naturales y la econo- mía ecológica– que revitalizan las aportaciones de los fisiócratas. Estos trabajos demues- tran que los planteamientos fisiocráticos siguen vigentes hoy en día: trazaron en el siglo

XVIIIun problema de rigurosísima actualidad, a saber, la relación que existe entre economía

y naturaleza.

8. EJERCICIOS

1. ¿Se puede hablar de una “escuela mercantilista”? ¿Por qué?

2. Explique en qué consiste el mecanismo de flujo de especie de David Hume. 3. Explique el denominado Efecto Cantillon.

Lecturas

“El gran ingenio del Rey nuestro señor dio un arbitrio ingenioso, y fue alentar a los denunciadores de modo que aunque uno hubiese sido cómplice en entrar o sacar algo vedado en el Reino, sólo con denunciarlo quedaba libre del delito, y llevaba parte del provecho. Pero todos querían ser en quebrar las leyes, pareciéndoles ganancia más corriente, y más seguro, quedar bien quistos. El medio eficaz es poner en cada parti- do de puertos, como son San Sebastián, Bilbao, La Coruña, Alicante, Cádiz, Cartagena, y los demás, un tribunal de jueces seglares, que procedan por vía de inquisición, siguiendo el estilo de la Apostólica de España, contra los que sacaren, o entraren cosas prohibidas, afrentando y condenando irremisiblemente a muerte a los culpados”

Sancho de Moncada [1619] La Restauración política de España, Dis. i, Cap. XIX: pág. 127.

“Estimo en general que un aumento de dinero efectivo determina en un Estado un aumento proporcional del consumo, que gradualmente provoca el aumento de los precios. Si el aumento de dinero efectivo proviene de las minas de oro y plata que se encuentran en un Estado, el propietario de estas minas, los empresarios, fundidores, refinadores y, en general, todos cuantos trabajan en ello, no dejarán de aumentar sus gastos en proporción de sus ganancias. En sus hogares consumirán más carne y más vino o cerveza que antes, se acostumbrarán a llevar mejores trajes, ropa blanca más fina, a poseer casas mejor decoradas y a disfrutar otras comodidades deseables. Darán, así, ejemplo a muchos artesanos que antes carecían de trabajo, y que, por la misma razón, aumentarán también sus gastos; todo este aumento de gasto en carne, vino, lana, etc., disminuye necesariamente la parte de otros habitantes del Estado que no participan en un principio en la riqueza de las minas en cuestión. El regateo en el mercado, o la demanda de carne, vino, lana, etc., serán más intensos que de ordina- rio, y no dejarán de elevar los precios. Estos precios más elevados inducirán a los colonos a emplear más extensión de tierra para producirlos en años sucesivos: estos mismos colonos se beneficiarán con el referido aumento de precio, y aumentarán, como los otros, sus gastos familiares. Quienes sufrirán este encarecimiento y el

aumento del consumo serán, primeramente, los propietarios de las tierras, mientras duren sus contratos de arrendamiento; después, sus criados y todos los obreros o gentes con salario fijo, que a ellos están vinculados. Será preciso que todas estas personas disminuyan su gasto en proporción al nuevo consumo, circunstancia que obligará a un gran número a salir del Estado, y a buscar fortuna en otros países”

Ricardo Cantillon [1755] Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general. “Supongamos que los dos tercios de todo el dinero que hay en Inglaterra quedasen en el espacio de una noche reducidos a nada y la nación vuelta a la misma situación que estaba a este respecto en el reinado de los Enriques y de los Eduardos. ¿Qué saldría de todo esto? ¿El precio de la mano de obra y de todos los géneros no dismi- nuiría en proporción y no sería preciso que todo se vendiese a un precio tan barato como en aquellos tiempos? ¿Qué nación competiría con nosotros en el comercio exterior? ¿Habría siquiera una que pretendiese navegar o vender sus mercancías al mismo precio que nosotros y del que nosotros sin embargo obtendríamos un prove- cho suficiente? ¿Cuánto tiempo tardaría este proceso en reemplazar el dinero que habíamos perdido y ponernos al nivel de todas las naciones vecinas?”.

D. Hume, [1752] “De la balanza comercial”, Ensayos Políticos.

9. LECTURAS RECOMENDADAS

• ADAM SMITH, (1987): “Del Principio del Sistema comercial, o mercantil”, en Investigación sobre la Naturaleza y Causas de la Riqueza de las Naciones, Vol. I, Lib. IV, Cap. I. Oikos-Tau, Barcelona. Este capítulo es elemental para comprender qué es lo que pensaba Adam Smith sobre los mercantilistas.

LARRAZ, J. (2000): “Los críticos coetáneos de la política económica”, en La época del mercantilismo en Castilla, 1500-1700. Asociación Española de Historia Moderna, Madrid. En este trabajo se investiga la razón del abandono de la teoría cuantitativa que habían descubierto los autores de la denominada Escuela de Salamanca por los arbitristas castellanos del siglo XVII.

• PERDICES DE BLAS, L. (1999): “El florecimiento de la economía aplicada en España”, en E. FUENTES QUINTANA (ed.), Economía y economistas españoles, t. II, Galaxia Gutemberg-Círculo de Lectores, Barcelona, pp. 451-498. El objetivo de este artículo es estudiar a los autores españoles dedicados a la economía aplicada que no pertenecieron a la corriente teórica de los teólogos-juristas, y que, tanto en su época como en la actualidad, han sido designados con nombres diversos: arbitristas, proyectistas, economistas políticos, panfletistas, mercantilistas, autores económicos o simplemente economistas.

10. BIBLIOGRAFÍA

ANES, G., (1982): (1978): “La depresión agraria durante el siglo XVII en Castilla”, en

Carreira, A., Cid, J.A. Gutiérrez Esteve, M. y Rubio, R. (1978): Homenaje a Julio Caro Baroja, Madrid, pp. 83-100.

ARGEMÍ D’ABADAL, L., (1987): Las raíces de la ciencia económica una introducción histórica, Barcelona, Barcanova.

BELTRÁN FLORES, L. (1989): Historia de las doctrinas económicas, Barcelona, Teide.

BLAUG, M. (1985): Teoría Económica en retrospección, Madrid, Fondo de Cultura Económica.

CANTILLON, R., [1755] (1996): Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general, México, Fondo de Cultura Económica.

COLMEIRO, M. (1953-1954): Biblioteca de los economistas españoles de los siglos XVI, XVII y XVIII, Madrid, Real Academia de las Ciencias Morales y Políticas.

E. FUENTES QUINTANA (ed.), Economía y economistas españoles, t. II, Barcelona, Galaxia Gutemberg-Círculo de Lectores, pp. 451-498.

—(1996): La economía política de la decadencia de Castilla en el siglo XVII.

Investigaciones de los arbitristas sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones

GONZÁLEZ, M. J. (1983): “El enfoque micro-económico y su originalidad en el ‹‹Ensayo sobre la Naturaleza del Comercio en General›› de Ricardo Cantillon” en Historia económica y pensamiento social, Madrid, Alianza Universidad Textos, pp. 109-128.

GRICE-HUTCHINSON, M.

—(1995): Ensayos sobre el pensamiento económico en España, Madrid, Alianza Universidad.

—(1982): El Pensamiento económico en España (1177-1740), Barcelona, Crítica. —(1978): Early Economic Thought in Spain, 1177-1740, Londres, George Allen & Unwin.

HAYEK, F.A. (1996): Precios y Producción, Madrid, Ediciones Aosta.

HECKSHER, E. F. (1983): La época mercantilista. Historia de la organización y las ideas económicas desde el final de la Edad Media hasta la sociedad liberal, México, Fondo de Cultura Económica.

HUME, D., [1752] (1982): “De la balanza comercial”, Ensayos Políticos, Madrid, Ed. Civitas.

KEYNES, J. M. [1936] (1980): Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, México, Fondo de Cultura Económica.

KUCZYNSKI, M.Y MEEK R. L. (comps.) (1980): El Tableau Économique de Quesnay, México, Fondo de Cultura Económica.

LARRAZ, J. (2000): La época del mercantilismo en Castilla (1500-1700), Madrid, Asociación Española de Historia Moderna.

MARTÍN MARTÍN, V.

—(2000): “Análisis económico y economía aplicada en el pensamiento económico español de los siglos XVIy XVII, en Cuadernos de Ciencias Económicas y Empre-

sariales, 37: 33-49.

—(1999): “Estudio preliminar” a JOHN LOCKE, Escritos Monetarios, Madrid, Editorial Pirámide.

MARTÍN RODRÍGUEZ, M. (1984): Pensamiento económico español sobre la población. De Soto a Matanegui, Madrid, Pirámide.

PERDICES DE BLAS, L.

—(ed.) (2003), Historia del Pensamiento Económico, Madrid, Editorial Síntesis. —(1999): “El florecimiento de la economía aplicada en España. IV. El afán por el análisis cuantitativo” en E. FUENTES QUINTANA (ed.), Economía y economistas españoles, t. II, Barcelona, Galaxia Gutemberg-Círculo de Lectores, pp. 451-498. —(1996): La economía política de la decadencia de Castilla en el siglo XVII.

Investigaciones de los arbitristas sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, Madrid, Editorial Síntesis.

PERDICES DE BLAS, L. y REEDER, J.

—(2000): Diccionario de Pensamiento Económico en España, 1500-1812, Madrid, Editorial Síntesis-Fundación ICO.

—(1998): El mercantilismo: política económica y Estado nacional, Madrid, Editorial Síntesis.

SCHUMPETER, J. A. (1994): Historia del Análisis Económico, Barcelona, Ariel.

SPIEGEL H.W., (1991): El desarrollo del pensamiento económico. Historia del pensa- miento económico desde los tiempos bíblicos hasta nuestros días, Barcelona, Ediciones Omega.

SUREDA CARRIÓN, J. L.

—(1999): “La hacienda castellana en la literatura económica del siglo XVII”, en

E. FUENTES QUINTANA (ed.), Economía y economistas españoles, t. II. Barcelona, Galaxia Gütemberg-Circulo de Lectores.

—(1949): La Hacienda castellana y los economistas del siglo XVII, Instituto de

Economía “Sancho de Moncada”, número 4 -serie C- Historia de las Doctrinas e Instituciones Económicas, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas. VILAR BERROGAIN, J. (1973): Literatura y Economía. La figura satírica del arbitrista

en el Siglo de Oro, Madrid, Revista de Occidente.

VINER, J., (1975): Studies in the Theory of International Trade (1937), Clifton: August M. Kelly.

8