Los autores mercantilistas formaron parte de numerosos debates sobre la moneda, la pobla- ción, la hacienda y el comercio internacional. Los autores más representativos dentro de lo que podríamos denominar mercantilismo inglés fueron Gerard Malynes y su Treatise of the Canker of England’s Commonwealth (1601), donde criticaba las prácticas usureras de banqueros, comerciantes y cambistas. Si bien no explicaba con claridad en qué consistía la balanza comercial, al menos dejaba bien claro que la importación de productos con eleva- do valor añadido, esto es, productos con elevada renta, implicaba una pérdida de riqueza y una saca de metales preciosos que posibilitaba el lucro de cambistas y especuladores. Para evitar la especulación consideraba que se había de intervenir estabilizando los tipos de cambio a la paridad determinada por el valor intrínseco de cada moneda.
Destaca también el trabajo de Edward Misselden, miembro de la Sociedad de Mercaderes Aventureros y comisario de la compañía de las Indias Orientales. En su Free Trade or the Meanes to make Trade flourish (1622), defendió la devaluación de la moneda
con la intención de estimular el comercio y atraer metales preciosos. Estas ideas dieron lugar a otra publicación, The Maintenance of Free Trade, according to the three essential parts of traffique; or an answer to a Treatise of Free Trade, or the Meanes to made Trade flourish, lately published (1622), y un año más tarde The circle of commerce or the balan- ce of trade, in defense of free trade, en donde defendía el típico argumento mercantilista de que la saca de metales preciosos se debía al saldo desfavorable de la balanza comercial. Debemos de apuntar que del trabajo de Misselden surge por primera vez el concepto de “balanza comercial”.
Más arriba destacábamos la crítica que del sistema mercantil realizaba Adam Smith, utilizaba para ello la obra de Thomas Mun, England’s Treasure by Forraign Trade de 1621. Este autor mercantilista consideraba en general que el saldo desfavorable de la balanza comercial era la causa de la salida de metales preciosos. Como miembro de la Compañía de Indias Orientales consideraba el hecho de que si la actividad comercial de la compañía finalizase, tarde o temprano su lugar lo ocuparían los holandeses que aumen- tarían su “gloria, riqueza y poder” y debilitarían la situación de Inglaterra. Expresaba una idea muy extendida en el siglo XVII, que como hemos apuntado más arriba, se puede sinte-
tizar diciendo que lo que gana un país representa la pérdida para otro. Una idea falsa, que Adam Smtih con su teoría de las ventajas absolutas, David Ricardo con la teoría de las ventajas comparativas y John Stuart Mill con su teoría de las demandas recíprocas se encargarían de demostrar.
Destaca también el trabajo de Sir Josiah Child, Brief Observations concerning trade and Interest of Money (1668), en donde no sólo le preocupaba los problemas relacionados con la marina mercante, que la considera indispensable para la riqueza nacional, sino también el tipo de interés. Consideraba que la moderación del tipo de interés es indispen- sable para la prosperidad, y pide al Gobierno que lo regule fijando tipos máximos. El obje- tivo era abogar para que el tipo de interés se redujera por ley del 6 por 100 al 4 por 100. El trabajo de Child impulsó la discusión sobre la regulación de los tipos de interés, regulación acuciada por la rivalidad comercial que representaba Holanda para los intereses ingleses. Para Child los holandeses:
“mantenían una cuidadosa inspección para garantizar la calidad de los bienes, recom- pensaban a los inventores por publicar sus descubrimientos, construían barcos pequeños y eficientes, educaban a sus hijos para el comercio y ponían a trabajar a los pobres. Ellos hicieron la mayor parte de su capital manteniendo bancos públicos y montes de piedad, incentivando el uso de letras de cambio, y manteniendo registros públicos de títulos, que permitían a los propietarios de tierras vender más fácilmen- te o hipotecar su propiedad”.
Pero no sólo eso, sino que, además, la mayor ventaja en el comercio se debía al bajo tipo de interés. Child estaba convencido de que dicha baratura era causa del enriquecimiento de un país:
“la rebaja del interés es la causa de la prosperidad y de la riqueza de una nación, y que la rebaja del interés en este Reino, del 6 al 4, o al 3 por 100, necesariamente duplicaría la reserva de capital de la nación en menos de veinte años”
Fue John Locke (1632-1704) quién intentó rebatir la doctrina de Child. Para ello escribió Algunas de las consecuencias que es probable que sigan a la disminución del inte- rés al 4 por 100 redactado entre 1668 y 1674. En este trabajo intentaba demostrar cómo afectaría la reducción del tipo de interés al poder de compra, y afirmaba que en cualquier momento debe haber un tipo natural de interés determinado por la oferta y demanda de fondos prestables, esto es, por el número de prestatarios, el estado del comercio y la canti- dad de dinero disponible. La interferencia con este tipo de interés de mercado serviría para subir el precio que debían de pagar los prestatarios, pues, bajando por ley el tipo de interés, disminuiría la cantidad de dinero disponible para préstamos. A finales de 1668 Locke añadió un suplemento al trabajo original. Aquí se enfrenta, como sostiene Martín (1999) con la que ha venido a ser conocida como su doble teoría del valor del dinero. Distingue el valor que tiene el dinero, como cualquier otra mercancía, como medio de cambio para conseguir bienes, de su valor, lo mismo que la tierra, para producir un ingreso para el propietario.
En tiempos de Locke se aceptaba que el tipo de interés variaba inversamente con la cantidad de dinero en el país. Esta creencia, típicamente mercantilista, se basaba en la confusión del dinero con el capital. El estudioso del comercio internacional Jacob Viner, refiriéndose a los mercantilistas en general, e incluyendo al propio Locke, afirmaba:
“Identificaban dinero con capital, gran parte de su argumentación puede ser explica- da solamente si contemplaban el dinero y capital como idénticos de hecho. Esto aparece de una forma más patente en las doctrinas del periodo de que el interés se pagaba por el uso del dinero, que el tipo de interés dependía de la cantidad de dine- ro y que los altos tipos de interés eran prueba de la escasez de dinero”.
Por último cabe destacar los trabajos de William Petty (1623-1687), A treatise of taxes and contributions (1662); Political Arithmetic (1676) y The political anatomy of Ireland (1691). En estos trabajos discute temas relacionados con los ingresos del Estado, los recursos de la guerra, los problemas monetarios y la distribución de la renta. Petty se detuvo en un aspecto que con el tiempo se convertirá en vital para el desarrollo de la cien- cia económica, la cuantificación. En concreto se detuvo en medir las partidas de la balanza comercial. Preocupación que manifestó en su Political Arithmetic, donde señaló que la medición de dichas partidas contribuiría a conocer mejor el crecimiento económico de un país. Su método lo describe de la siguiente manera:
“El método que pretendo seguir es todavía desacostumbrado: en vez de usar sola- mente comparativos y superlativos, y argumentos intelectuales, he decidido expre- sarme en términos de número, peso y medida (como ejemplo de la aritmética política que tanto he perseguido); de usar sólo argumentos basados en la sensación y de tomar en consideración únicamente aquellas causas que tienen fundamentos visibles en la Naturaleza; dejando aquellas que dependen de las volubles mentes, opiniones, apetitos y pasiones de cada hombre a la consideración de los demás”.
Con relación a la controversia sobre los tipos de interés, Petty fue otro de los autores contemporáneos a Locke que también se opuso a la limitación por ley del tipo de interés. Coincide con Locke en relacionar el tipo de interés con la renta de la tierra, cuando afir-
maba que la cuantía del interés debiera ser como mínimo equivalente a la renta de la tierra capaz de ser comprada por el montante de dinero prestado.