Figure 2: Socio-economic Development of Regions in Turkey
Chart 12 Q: What should be the primary action to take as to make the Kurds happy?
5.2.4 Generative Recognition and Ethno-centric Multiculturalism
Para poder entender cómo funcionan estos cuatro tipos de narrativas. Baker (2006) describe aquellos elementos que las caracterizan y a través de los cuales se estructura el lenguaje para construir el mundo. En la recopilación de estos elementos se incluyen las teorías de Bruner (1991) y Somers y Gibson (1994), cuyos estudios sobre la carga cultural y política en el lenguaje conformarán una guía para el intérprete que le permita analizar y comprender las distintas elecciones lingüísticas utilizadas por los participantes. Su función principal será poder transmitir el sentido de sus intervenciones en el contexto que nos ocupa.
Para Derrida (1967) (en Fazio, 2005: 328), el logocentrismo en la filosofía occidental, interpreta la realidad según la perspectiva del logos humano, constituyendo una metafísica de la presencia: ‘el logos desvela al ser’. Derrida propone el método de la deconstrucción para desenmascarar las falacias que han producido el logocentrismo y las tendencias conceptualizadoras en la historia de la filosofía. A través de la deconstrucción se deshacen las oposiciones, se invierten las jerarquías y se llega a conceptos no asimilables que no remiten a ninguna verdad última o dada. En este sentido, según la deconstrucción de Derrida, sólo cuando podamos desenmascarar las falacias y tendencias conceptualizadoras de las prácticas culturales, podremos ser capaces de analizarlas y volver a montarlas según las prácticas culturales de cada participante. En este sentido explicaremos los elementos que menciona Baker:
a) Temporalidad
Baker (2006: 51) establece que los elementos de una narrativa se sitúan siempre dentro de algún tipo de secuencia y el orden en el que se sitúan aporta significado. Ricoueur (1981: 165) considera que la secuencia (temporalidad) es la estructura de la realidad a través del lenguaje en la narrativa mientras que la narrativa es la estructura del lenguaje que tiene como referente definitivo la secuencia. De esto se deduce que el orden cronológico de la narrativa es esencial para expresar conceptos y que estos conceptos van a depender de la experiencia del interlocutor con la percepción temporal que tengan en su cultura. Como advierte Goodman (1978: 13), la narrativa consta de una variedad de formas de construir y representar la secuencia u orden diacrónico de los acontecimientos humanos, en las que el orden de las cláusulas de la narrativa oral y
escrito es un único engranaje.
Cualquiera que haya escuchado alguna vez relatos de acontecimientos sabe que los hablantes constantemente pierden el hilo del orden cronológico (Bourdieu, 1986: 69- 72). En este sentido, destaca que el tiempo y el espacio no son realidades universales u objetivas. Bolzan y Brabroschi (1978: 37) explican cómo la experiencia y nuestra relación con el mundo, e inevitablemente la cultura a la que pertenecemos, nos influye en nuestra forma de percibir el tiempo y el orden cronológico de las cosas:
Esta percepción del tiempo ut duratio se da siempre con el trasfondo de una experiencia: a ordenación de relaciones que se establecen en la real co-duración de los móviles y el hombre y en la cual consiste, propiamente, el tiempo físico […] y por consiguiente el paso desde la percepción del móvil ut sic a la del tiempo -pasando por su percepción en cuanto durante y en cuanto a través de una trayectoria descrita por el móvil y percibida como ordenada secuencia de estados coexistenciales. Bajo tales premisas puede aceptarse que ‘percibimos tiempo’ en cuanto toda una cultura heredera nos lleva casi inmediatamente del ser durante a la comparación de duraciones (o de trayectorias cronológicas), pero, en rigor, es ‘el tiempo que es el ser temporal’ el que existe: de aquí que, insistimos, se trata propiamente de una percepción de co-duración de ‘lo otro’.
Por otro lado, Baker (2006: 51) señala que la falta de precisión en las referencias temporales no es algo inusual en la vida diaria y puede deberse a una gran variedad de factores, incluyendo traumas o lapsus de memoria. Este rasgo recoge la importancia del análisis de las variaciones en el orden cronológico, sobre todo en zonas de conflicto, ya que no identificar la razón de las alteraciones narrativas puede incrementar las dificultades comunicativas. La labor del intérprete es transmitir el sentido del tiempo entre personas de diferentes culturas, ya que no en todos los lugares la medida del tiempo se evalúa de forma similar (Barsky, 1993: 152).
b) Relacionabilidad
Barsalou (en Sperber y Wilson, 1993: 19) expone que la construcción de conceptos ad hoc se ve afectada por una gran diversidad de factores, entre los que destaca el contexto. Sin embargo, no ofrece una propuesta concreta sobre cómo estos conceptos podrían surgir y, en especial, sobre cómo se desencadena el proceso de construcción y cuando acaba. Por otro lado,este elemento implica la imposibilidad de la mente humana de dar
sentido a acontecimientos aislados o de un mosaico de acontecimientos que no constituyen dentro de una narrativa (Baker, 2006: 61).
Por otro lado, cuando tratamos de establecer la interpretación de un texto al completo recurrimos a interpretaciones de expresiones parciales; y aunque hallemos significado en estos segmentos, las expresiones cobran sentido o no en relación con las demás. En general, las interpretaciones de expresiones parciales dependen las unas de las otras y finalmente de un todo (Taylor, 1971: 28). El equivalente es para Sperber y Wilson (1993: 3) lo se llama ‘implicación contextual’, considerado como el elemento cognitivo más importante que surge del procesamiento de una idea dentro de un contexto; es decir, se trata de una conclusión que se deduce de la idea y el contexto en conjunto y nunca de una idea y un contexto por separado. Para ejemplificar este elemento explican:
Cuando ves llegar tu tren, quizás mires el reloj y teniendo en cuenta el conocimiento de los horarios de trenes podrías llegar a la conclusión contextual de que tu tren llega tarde (Ibid). El lenguaje y, en consecuencia, la traducción y la interpretación, examinados desde este punto de vista, se ven afectadas por la ‘relacionabilidad’. En este sentido,Salama-Carr (2011: 20-27) analiza las traducciones de Ra’aytu ramallah, una novela autobiográfica sobre la ocupación de Palestina. En la traducción al francés observamos que la utilización de la expresión le pouvoir (el poder) no ofrece el mismo significado que Al-
sulTa (las autoridades en árabe palestino) en el texto origen. Al-sulta alude a las
autoridades palestinas indirectamente y así se percibe en el mundo árabe. El uso de traducciones como le pouvoir o the authorities (en inglés) hace desaparecer no sólo la identidad de las autoridades palestinas, sino su legitimidad en el mundo occidental. Otro ejemplo en este sentido es el caso del libro Exile and Memory (Ibid), donde también encontramos una dicotomía latente en el texto original entre ‘residente’ y ‘repatriado’, que subraya el sentimiento de diáspora forzada del pueblo palestino. La expresión utilizada en inglés Israeli Arabs para referirse a los residentes palestinos en territorio israelí anula de nuevo la identidad palestina y suprime las connotaciones políticas (la ocupación de Israel) que se reflejan en el texto de origen. Así, al extraer un concepto de su contexto y no adecuarlo al contexto meta para que mantenga todo su significado se modifica no sólo el elemento cultural, sino también una serie de elementos identitarios y políticos. Es decir, la terminología que en la lengua origen
contiene ciertos matices puede tener un equivalente en la lengua meta que desencadene un conjunto de matices semánticos totalmente diferentes.
c) Argumentación causal
La función de este elemento, advierte Polkinghorne (1995: 5), tiene lugar sólo cuando los acontecimientos pertenecen a un contexto determinado. Es entonces cuando adquieren sentido dentro de una narrativa por ser entendidos desde la perspectiva de su contribución e influir dentro de un ámbito determinado. La argumentación causal nos permite tomar un mismo conjunto de acontecimientos y entrelazarlos entre diferentes narrativas ‘morales’. Se trata, quizás, del elemento más crucial de la narrativa, ya que nos permite identificar la razón de un conjunto de acontecimientos y el tipo de estrategia que deberíamos tomar para contrarrestar sus efectos. A su vez, nos permite empatizar con aquellos que ven sus propios sentimientos o intereses reflejados en esta elección dentro de un marco social (Bennet y Edelman, 1985: 160). Este elemento narrativo sirve al participante para dar sentido o legitimar sus acciones, utilizando la moralidad como verdad universal.
Debemos identificar, pues, este elemento dentro de la narrativa para evitar la manipulación lingüística entre los participantes, ya que utilizamos la moralidad como método para limitar la conducta de los o para justificar nuestros actos. Baker (2006: 70) sugiere que en la traducción deben utilizarse cambios relativamente mínimos que equilibren los elementos de la narrativa original. Los patrones de la argumentación causal pueden ser también reconfigurados, intencionadamente o, quizás, simplemente como consecuencia de la elección entre equivalentes en la traducción y la interpretación.
d) Apropiación selectiva
Las narrativas inevitablemente están formadas por una selección de acontecimientos o elementos que dan forma a la idea de la narrativa. Somers y Gibson (1994) argumentan que las narrativas se construyen de acuerdo con unos criterios que establecen y guían una ‘apropiación selectiva’ de un conjunto de acontecimientos o elementos entre una amplia variedad de acontecimientos abiertos y coexistentes que constituyen una experiencia. Por lo tanto, para elaborar una narrativa coherente es inevitable que
algunos elementos de la experiencia sean excluidos y otros destacados (en Baker, 2006: 71). Si tenemos en cuenta que la narrativa nace a través de un deseo de representación real, como deberíamos hacer para justificar las distintas teorías del origen del universo en los diferentes tipos de representaciones históricas, debemos concluir que se trata, entonces, del resultado de una imagen de la realidad de acuerdo con el sistema social. Esta imagen de manera aislada es capaz de proporcionar señales diacríticas para ordenar jerárquicamente la importancia de los acontecimientos, que sólo están presentes en la conciencia del escritor, o más bien, como un factor en la composición de la narrativa debido a su ausencia (White, 1987: 401).
Para mostrar este elemento de una forma más gráfica podemos extraer el ejemplo que Sperber y Wilson (1993: 34) incluyen en su ‘teoría de la relevancia’:
Supón que un extraño aparece y te pregunta la hora. Miras al reloj y ves que son las 11: 58 exactamente. Alguien que siga las máximas de Grice (y en particular la máxima de veracidad) y que se dirige a otro interlocutor que espera observar estas máximas debería responder, ‘11:58’. Pero en otra situación, en la que el otro interlocutor espera que se redondee la hora en función de la relevancia del contenido esperaría oír las ‘12:00’.
En Baker (2006: 75), llevar este elemento a un terreno más académico y/o de divulgación, seleccionando el contenido de los textos que ayudan a elaborar una narrativa específica sobre una cultura ‘enemiga’ constituye una práctica muy bien documentada, lo que supone una gran responsabilidad para los traductores e intérpretes. Por otro lado, hay que tener en cuenta que estas tácticas de ‘apropiación selectiva’ no siempre son selecciones inocentes, sino que también se utilizan para argumentar algún acontecimiento o idea. Pizarroso (1991: 67), en La guerra de las mentiras, menciona la censura de información como un medio de propaganda:
En efecto, no dejan de ser un medio de propaganda los inhibidores de la comunicación. La censura está íntimamente ligada a la actividad propagandística de los Estados y de las iglesias. Muchas veces los grandes propagandistas han sido también, en realidad grandes censores a lo largo de la historia. Impedir la difusión de ideas contrarias, seleccionar la información, es un mecanismo de manipulación propagandística.
e) Particularidad
La ‘particularidad’ es el elemento que alcanza un estatus simbólico debido a su contextualización en un relato que es, de algún modo, más genérico. La ‘subjetividad’ de un relato recae, entonces, en la naturaleza simbólica de sus partes, su relevancia dentro de un tipo de narrativa más inclusiva (Bruner, 1991: 6). Por ejemplo, en la literatura popular podemos encontrar diferentes versiones de una misma historia dependiendo de la cultura. Según explica Baker, una narrativa individual que proviene de una trama establecida puede variar en determinados elementos (nombres, escenarios, matices en los personajes) pero, constituirá, principalmente, una variante de su estructura interna. En los estudios demosóficos la idea central la conforman los elementos iniciales de las narrativas populares, ya que están meticulosamente orientados a trazar su desarrollo y sus diferentes interpretaciones a través de la cultura y el lenguaje (2006: 78).
f) Generalidad
Toda narrativa se engloba dentro de un género y esto conlleva ciertas asociaciones no sólo literarias, sino también conceptuales. Bruner (1991: 14) distingue entre lo que él llama la ‘forma argumental’ de un género y la ‘forma de narrar’ asociada. . De esta manera, traducir la ‘forma de narrar’ de un género hacia otra lengua o cultura donde no existe este género requiere una nueva intervención lingüístico-literaria. En los diferentes géneros, incluyendo aquellos recursos verbales y no verbales característicos, son, a menudo, asociados a rasgos formales como longitud, duración, contenido temático, tono y volumen, nivel de formalidad y escenario. Estos rasgos no son estéticos, ya que el cumplimiento o mantenimiento de estos rasgos podría determinar la inteligibilidad de los comportamientos (Baker, 2006: 87).
g) Normatividad/ canonicidad y ruptura
Bruner explica que el término ‘normatividad’ se refiere al hecho de que el la narrativa resida en la ruptura con las expectativas convencionales; por ello la narrativa es necesariamente normativa (1991: 15). Para que una narrativa adquiera el valor de ser contada debe consistir en la ruptura, la violación o la modificación de un texto canónico
de una manera violenta, o lo que White llama ‘legitimidad del texto canónico’ (en Bruner, 1991: 11).
Ewick y Silbey (1995: 221) recalcan que una de las condiciones para desafiar la hegemonía es ‘conocer las reglas’ que ambos poderes hegemónicos y aquellos que se quiere subvertir tienen que seguir para participar.
Por último, la normatividad no se restringe a las narrativas. También funciona para presionarnos directamente e indirectamente para tomar parte en éstas, jugando papeles normativamente definidos, incluso en los casos donde podría no haber una motivación aparente para ello (Polletta, 1998). Todo aquello que se repite constante en las narrativas crea patrones sociales que asumimos sin cuestionar y, por lo tanto, la ruptura de estos patrones en las narrativas supone también un cambio social y una emancipación de los mecanismos de control.
h) Narrativa acumulativa
Bruner (1991: 19) describe este elemento como la imposición de vinculación histórico- causal ficticia, proponiendo, así, que la coherencia narrativa se reduzca al contexto contemporáneo, por medio del cual los acontecimientos se relacionan entre sí por el mero hecho de pertenecer a una misma época. Baker (2006: 101) afirma que la concepción de nuestra propia vida, de nuestras acciones y comportamiento para sobrevivir en la sociedad es el resultado de los acontecimientos a los que estamos expuestos desde la infancia. Por lo que la influencia de los momentos históricos que vivimos y la consecuente transformación de individuo o colectivo contemporáneo, también se ven reflejadas en las narrativas como un rasgo que desvela información. En la siguiente tabla (Figura 18) se muestra un resumen de los elementos narrativos y los principales autores que los han estudiado:
Concepto Definición
Temporalidad/N. diacrónica Influencia del tiempo y el espacio en el discurso.
Baker/ Goodman
Relacionabilidad/ Composibilidad hermeneútica
Influencia de un evento dentro de un contexto determinado.
Baker/ Sperber y Wilson
Argumentación causal Justificaciones basadas en principios morales. Baker/ Polkinghorne/ Bennet y Edelman
Apropiación selectiva Selección de los elementos relevantes para justificar una argumentación.
Baker
Particularidad Variación de matices y elementos simbólicos dependiendo del contexto.
Baker/ Bruner
Generalidad Variación de expresión y estilo dependiendo de la lengua.
Baker/ Bruner
Normatividad/ Canonicidad y ruptura
Mecanismo de control a través de la repetición patrones sociales.
Bruner/ Baker
N. acumulativa Influencia de la historia en nuestra visión del mundo.
Baker/ Bruner
Figura 18. Elementos narrativos. Fuente: Elaboración propia
En resumen, la descripción de los elementos que conforman la narrativa no tiene otro fin que ser capaces de analizar cómo se refleja nuestra experiencia con el mundo a través de las narrativas y, de este modo, poder interpretar correctamente todas las estrategias lingüísticas, conscientes o inconscientes de los interlocutores. Tras el análisis de las diferentes narrativas y sus elementos, Baker establece un sistema de reformulación de los elementos para reproducir el contenido en el contexto meta. Este sistema será el que nos otorgue la base para establecer un modelo de análisis enfocado a la interpretación en ámbitos de conflicto.