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21 In resembling the liberal culturalists to an extent the communitarian scholars including Van

3.2 A Context-Sensitive Approach: When Multiculturalism Does Not Fit

3.2.3 Multiculturalism in Contrast Cases

A continuación, mostraremos los principios deontológicos más intrínsecos de la interpretación en zonas de conflicto y que, por lo tanto, serán conceptos recurrentes a lo largo de nuestra investigación. Procedemos a mostrar su lugar en los diferentes códigos éticos mencionados anteriormente:

1) Neutralidad:

El código ético de AUSIT trata bastante a fondo algunos aspectos de la integridad, la imparcialidad y la ética de los traductores e intérpretes: “Interpreters and translators shall observe impartiality in all professional contracts.” En relación a la honestidad, la integridad y la dignidad, AUSIT afirma que los intérpretes no deben expresar sus intereses ni emitir juicios de valor, al igual que no deben admitir regalos ni gratificaciones, ni deben ejercer su poder para influir en los participantes.

Con respecto a los conflictos de intereses, AUSIT propone a los intérpretes abstenerse de aceptar trabajos en los que la imparcialidad se vea afectada por sus creencias personales o circunstancias propias o familiares. En cuanto a la imparcialidad, también se aconseja al intérprete abstenerse de ofrecer su opinión, aunque le sea demandada, a menos, entendemos, que tenga que ver con la misma interpretación. Takeda (2014) lo expresa de manera que hace consciente al intérprete de la influencia de sus propios principios y valores y, por ello, deben reflexionar y aprender a manejar distintos niveles de neutralidad, analizando de forma inmediata el discurso, con el objetivo final de resolver o apaciguar cualquier conflicto.

En general, podemos decir que la decisión de mantenerse fiel al mensaje o modificarlo en función de las características y las circunstancias de los participantes concierne al intérprete en cualquier ámbito de la interpretación.

La negociación y/o la mediación se pueden tratar en el marco de un diálogo para un proyecto en común. San Román y Uribe (2009: 7) defienden una posición más activa del intérprete afirmando que el objetivo es evitar la violencia, real o simbólica, donde una de las partes impone su código a la otra mediante una presión asimiladora o a través de la diferencia. Esta violencia tiene su origen en el etnocentrismo e imperialismo de las lenguas dominantes. A su vez, Hortal (2007: 186) considera que esta violencia se refleja

en traductores demasiado complacientes con la mentalidad de culturas imperialistas “que se someten al imperativo de la fluidez, como primera y principal exigencia a toda traducción que se haga a dicho idioma.” La consecuencia directa de la sumisión a las normas de la hegemonía lingüística se ve directamente en la comunicación.

Gracias a una actividad más “intrusiva” del intérprete, término utilizado por San Román y Uribe (2009: 6), se permitiría esclarecer preconcepciones, prejuicios y estereotipos que surjan de ambas partes y que amenacen con obstaculizar el logro de un trabajo en común. Esto supone la aproximación al marco referencial del otro, ya que el interés por el otro es una vía que nos facilita el acercamiento a su realidad social y cultural y contribuye al despliegue de la empatía.

Avery (en Bancroft, 2011: 347) propone una diferenciación clara entre ambas posiciones:

El intérprete neutral

De acuerdo con la perspectiva neutral del intérprete, la única función del intérprete es transferir el mensaje. La única responsabilidad del intérprete es proporcionar una trasmisión del mensaje precisa y total de una lengua a otra. Desde este punto de vista, el intérprete no es un participante activo en el encuentro. El papel ideal del intérprete consiste, por lo tanto, en pasar desapercibido.

El intérprete activo

La perspectiva de un intérprete activo consiste en otorgar al intérprete diferentes responsabilidades en vez de únicamente trasmitir el mensaje. Esta perspectiva la llevan a cabo intérpretes que pertenecen a comunidades culturalmente pequeñas y cerradas y aquellos que interpretan para comunidades en las que los lazos afectivos son la base de la confianza y la credibilidad. […] les permite negociar entre ambas culturas- la suya propia y la dominante- lo que les lleva a tener que adoptar diferentes posiciones y a asumir diversas responsabilidades. Si un factor cultural como una creencia, asunción o valor que pueda causar un malentendido que afecte a los objetivos del encuentro, el intérprete debe intervenir. En estas situaciones, el intérprete tiene la opción legítima de alertar a ambas partes del malentendido, ofreciendo sugerencias que eviten este tipo de conflictos (Ibid).

A su vez, Valero-Garcés y Walh-Kleiser (2014: 324) presentan otras dicotomías del tipo ‘visible’ frente a ‘invisible’, ‘máquina’ frente a ‘humano’, ‘implicado’ frente a ‘no implicado’, que no parece que capten adecuadamente las complejidades en la labor del

intérprete. Lo que nos gustaría destacar es que es imposible que un intérprete actúe como una máquina. Cada situación requiere la adopción de una posición diferente, por lo que es importante conocer todos los factores en los que el intérprete tiene que especializarse, para así evitar malentendidos o conflictos que podrían surgir del desconocimiento y la falta de formación. Quizás sea el elemento más polémico en cuanto a la traducción y su método de enfoque y puede que también sea el más antiguo. Desde el siglo XIX se plantea la misma idea. En este sentido, Schleiermacher (en Bolaños, 2009: 111) lo expresa de la siguiente manera:

Pero entonces, ¿qué caminos debe recorrer el verdadero traductor, que desea hacer encontrar a estas dos personas separadas, el autor y su lector y a este último sin forzarlo a salir del círculo de su lengua materna, ayudarlo a que logre una comprensión y un deleite lo más acertados y completos posibles del primero? Es mi parecer que existen solo dos alternativas: o bien el traductor deja al autor muy tranquilo y hace que el lector se desplace hacia él, o bien deja al lector muy tranquilo y hace que el autor vaya hacia él.

Por el contrario, United Nations High Commissioner for Refugees (UNHCR, 1995: 5) desde su posición, sostiene la idea de que un intérprete abogue por una comunicación fluida en vez de permanecer fiel al texto de origen:

[…] los intérpretes deben entender que todo lo que el entrevistador y el solicitante diga debe ser interpretado. No es suficiente resumir o embellecer lo que se subraya rellenando información que falte. Ni se debería tratar de mejorar las palabras ni las frases del solicitante para hacerle sonar más coherente, creíble o culto.

Sin embargo, como hemos visto, esta posición puede dejar en situación de desigualdad a los participantes que carecen de herramientas de expresión tan desarrolladas como las del participante discrepante.

2) Confidencialidad:

La confidencialidad es una exigencia de cualquier profesional. Se menciona en todos los códigos éticos presentados y tendrá especial cabida en el nuestro. La confidencialidad, como ya sabemos, adquiere mayor relevancia en un contexto bélico y aún más cuando los participantes forman parte del ejército, ya que la información pasa a considerarse secreto de Estado. Según AUSIT y Code of Professional Conduct-NRPSI, el énfasis se centra sobre todo en la confidencialidad, según podemos ver a continuación:

They shall not disclose such information to a third party unless instructed by the Principal to do so and provided that such disclosure would not be lawful or infringe the rights of any party concerned (Code of Professional Conduct-NRPSI).

Practitioners do not seek to take advantage of information acquired during or as a result of their work (AUSIT).

3) Reconocimiento y derechos:

Igual que en el dicho ‘traduttore traditore’, la historia de la traducción y la interpretación ha estado marcada por una banalización de su labor, lo que ha derivado en la escasa protección de derechos y casi nula formación de estos profesionales. Los códigos éticos mostrados anteriormente empiezan a introducir una lista de derechos que protegen al traductor e intérprete y le proporcionan el reconocimiento necesario de la misma profesión. El intérprete de guerra es posiblemente el más vulnerable y, por lo tanto, el más abandonado en cuanto a la previsión de códigos éticos aplicables.

Entre los reconocimientos y derechos reclamados destacan los límites del intérprete, el salario digno, la legitimidad para negarse a encargos que ataquen sus principios morales o su seguridad y, por último y lo más importante, sus derechos a ser protegidos por la institución que les contrata.

4) Límites:

El tema de los límites del traductor es un aspecto poco tratado en los códigos éticos, ya que la mayoría de las veces el traductor se encarga del texto desde su casa y pocas veces tiene que enfrentarse a otras tareas que poco tienen que ver con su labor. Sin embargo, el intérprete en zonas de conflicto se enfrenta a este problema en su labor diaria. El intérprete debe ser consciente de su derecho a rechazar cualquier tarea que comprometa su ética o principios o que pueda poner en peligro su seguridad. Es importante también que el intérprete defina los límites de su participación, sin que le exija ningún tipo de posicionamiento, manipulación o persuasión de ninguno de los participantes. De hecho, en el punto 6 del código de AUSIT (2012: 5), se mencionan algunos de los límites del papel del traductor/intérprete:

Clarity of role boundaries:

Interpreters and translators maintain clear boundaries between their task as facilitators of communication through message transfer and any tasks that may be undertaken by other parties involved in the assignment.

Explanation: The focus of interpreters and translators is on message transfer. Practitioners do not, in the course of their interpreting or translation duties, engage in other tasks such as advocacy, guidance or advice. Even where such other tasks are mandated by particular employment arrangements, practitioners insist that a clear demarcation is agreed on between interpreting and translating and other tasks. For this purpose, interpreters and translators will, where the situation requires it, provide an explanation of their role in line with the principles of this Code.

En la misma línea, el código diseñado por RED T en colaboración con AIIC (2012: 2), define los límites del intérprete por partida doble, incluyendo tanto su papel como sus límites:

Definición del papel:

Defina claramente el papel que debe cumplir el T/I. Explique los requisitos operativos y la cadena de responsabilidad. En general, no les asigne tareas que no se relacionen con la traducción/interpretación y tenga en cuenta que los T/I tienen el derecho de rehusarse ante cualquier tarea que comprometa sus principios y su ética profesionales o personales y/o su seguridad.

Límites:

Los límites de su participación deben ser claramente definidos. Usted tiene el derecho de rehusarse ante cualquier tarea que comprometa sus principios y su ética profesionales o personales y/o que lo coloque en peligro de forma excesiva.

5) Condiciones de los trabajadores:

A pesar de no ser un aspecto excesivamente recurrente en la creación de códigos éticos las condiciones de trabajo de los intérpretes, es un tema que necesariamente se debe tratar en nuestro contexto. Aunque debe ser tratado en la situación de cualquier traductor e intérprete, es el intérprete de guerra el que puede verse más afectado por la ausencia de una lista de condiciones establecidas que le protejan y le permitan realizar su labor de la mejor forma posible.

En esta línea, la AIIC pide el reconocimiento y la protección de la “neutralidad e imparcialidad de la actuación de los intérpretes” por parte de, por ejemplo, la Asamblea General de las Naciones Unidas o la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, que, de conseguirse, dotaría a los intérpretes con un instrumento con el que podrían defenderse:

[Con este instrumento] podríamos defender a intérpretes en casos de abusos o secuestro para que no pueda reproducirse un caso como el del intérprete afgano, Ajmal Naqshbandi, quien, después de la liberación del periodista de La República para el que trabajaba fue asesinado en cautividad, sin nadie que se hiciera cargo de su suerte, sin estatuto legal y sin apoyo político. Fue liquidado como un perro de la calle sin amo que lo reclamara. Está documentado que cientos de intérpretes mueren al año en los páramos de Afganistán e Irak, sin dignidad y sin merecer, no ya reconocimiento, sino una mención de su nombre.

Kahane (2009, en la página web AAIC), destaca su condición delicada:

This does not help interpreters' work to be perceived as ‘independent’ and ‘impartial’. Furthermore, once the party that employed them leaves the area, they and their families are liable to be the target of reprisals.

Por otro lado, ASETRAD defiende, en su página web (2017), el derecho a un salario acorde con el riesgo y la labor realizada:

Los profesionales de la lengua tienen derecho a ser remunerados de forma que puedan ejercer su profesión de forma digna y eficaz, en condiciones equivalentes a las de otros profesionales con una cualificación similar. Y a exigir la misma protección que otras profesiones del más alto prestigio.

No ofrecerán ni aceptarán condiciones de trabajo que sean indignas para ellos mismos o para la profesión.

AIIC (2012), por su parte, reclama en su “Rights Protection” lo siguiente:

You have a right to protection both during and after the assignment […] You should be provided with protective clothing and equipment, but not arms. […] Prior to deployment, you should be given security and emergency training.

La motivación principal de AIIC es promover la creación de códigos que regulen la labor del intérprete de una manera justa para todos los participantes, incluido el mismo intérprete.

6) Formación:

Mencionar la necesidad de formación resultaría absurdo en la mayoría de los ámbitos profesionales. Sin embargo, para el traductor y el intérprete, si bien cada vez más suelen recibir formación en su labor, se trata de una formación meramente lingüística. Reyes (2008: 192) apunta que la tarea principal del traductor es rescatar todos los sentidos, los denotativos, connotativos, elocutivos, intencionales y asociativos, todos ellos comprimidos por el contexto y hacerlos más accesibles al hablante de la misma lengua que al lector extranjero. Como subraya Steiner (en Valero-Garcés, 2011: 160): “La traducción tiene que volverse, en cierta medida, explicativa y la equivalencia total es imposible.”

Si tomamos estas afirmaciones como ciertas, entendemos que la formación de un traductor e intérprete no puede ser meramente lingüística y que debe variar en función del ámbito en el que va a trabajar. Dentro de este contexto son varios los factores que afectan a los usuarios y, de manera directa o indirecta, también al intérprete y a su trabajo. MSF (Médicos sin Fronteras, 2009) ha constatado que las guerras y otros desastres de gran envergadura tienen un gran impacto en la salud mental y el bienestar psicosocial de la población afectada. Estas organizaciones dirigen la asistencia psíquica a las personas que padecen problemas tras actos de violencia y pérdidas debidas a situaciones de conflicto, guerra, catástrofes, epidemias o violencia sexual. Por lo tanto, la gestión del impacto emocional de los temas tratados, así como de las situaciones delicadas tiene que formar necesariamente parte de la formación profesional del intérprete.

En el mismo contexto es importante que el intérprete sepa/aprenda cómo debe dirigirse a una persona que está sufriendo un trauma o cómo interpretar una posible incoherencia que puede deberse a problemas graves como: trastornos psicológicos y traumáticos (estados de shock, recuerdos intrusivos); ansiedad (fobias, miedo); depresiones (pérdida de la autoestima, pensamientos suicidas, duelo) y manifestaciones sintomáticas dolorosas e invalidantes.

Además, en este tipo de interpretación afecta directamente el modo de preguntar, el dilema entre la interpretación utilizando un estilo directo o indirecto y la constancia con el estilo elegido. La forma de realizar la pregunta puede afectar directamente en la respuesta y una interpretación inconstante puede dar lugar a error. Todos estos aspectos

son extrapolables a cualquier ámbito donde la comunicación sea determinante para la solución de un conflicto. Podemos decir, pues, que estos conflictos surgen, en la mayoría de los casos, a causa de una ineficiencia comunicativa y se agravan cuando se carece de unas normas o incluso de una legislación que regule el trabajo de un intérprete o mediador.

Por último, destacamos que la posibilidad de formarse en ámbitos especializados o simplemente de prepararse para adaptarse a diferentes situaciones no es tan fácil debido a esa falta de reconocimiento de la profesión y su necesidad.

En conclusión, recalcamos la importancia del código ético como herramienta imprescindible no sólo para definir los derechos y obligaciones del intérprete-mediador, sino también para utilizar como una guía con pautas y directrices que minimicen los posibles conflictos éticos que puedan surgir. El alcance de un protocolo de actuación en las circunstancias de la interpretación en zonas de conflicto debe cubrir todos estos aspectos y vacíos legales e incluso converger entre un protocolo de actuación y una especie de curso formativo básico. Consideramos necesario que los códigos éticos se adapten a cada tipo de profesional, traductor o intérprete y, a su vez, a cada tipo de ámbito dependiendo del contexto y las circunstancias específicas de sus usuarios.