En general, la figura del traductor, intérprete o lingüista tiene muy poca visibilidad en los organismos de defensa tanto dentro como fuera de España. Según Schwerzel (2005), en su Informe sobre la OTAN, la organización no cuenta con antropólogos o expertos islámicos, ni hablantes de farsi o árabe en Bruselas, a pesar de tener misiones en Afganistán e Iraq y de intentar mejorar el diálogo con las regiones próximas al Mar Mediterráneo. Consideramos, al igual que Schwerzel (2005), que “la formación en inteligencia cultural debería convertirse en una parte esencial y obligatoria de la OTAN.” Es más, deberían proponerse políticas que ofrezcan cursos en cuestiones culturales y religiosas, igual que otros cursos destinados a mejorar la calidad de su trabajo, como pueden ser los de informática. Esta información, extraída de la misma página de la OTAN, sugiere la creación de cursos que entrenen en estándares básicos que se puedan certificar a través de un diploma y que podrían llevarse a cabo por instituciones educativas como por el propio CIMIC.
Llama la atención la ausencia de la figura del traductor o intérprete en la Ley Orgánica
5/2005, de 17 de noviembre, de la defensa nacional, considerando que se trata de la ley
que regula la defensa nacional y establece las bases de la organización militar conforme a los principios de la Constitución. Las Directivas de defensa nacional (DDN), cuyo objetivo es establecer las líneas de actuación y objetivos que persigue el Ministerio de Defensa para la legislatura, tampoco mencionan al traductor, intérprete o lingüista. Sólo las órdenes ministeriales, como La Orden Ministerial 64/2010, de 18 de noviembre, por la que se regulan los procedimientos para evaluar la competencia lingüística en los idiomas extranjeros considerados de interés para las fuerzas armadas; se regulan las competencias lingüísticas, pero, en cualquier caso, no existe ningún punto relacionado con este puesto.
Cabe destacar que a este vacío se sumaba el Ministerio de Defensa británico hasta el año 2004. Es en el año 2005 cuando se incluyen medidas para mejorar las habilidades lingüísticas del ejército.
Según Joint Doctrine Note 4/13 Culture and Human Terrain, la capacidad lingüística en defensa ha evolucionado notablemente comparado con los años anteriores. Se creó el
formación para intérpretes dentro del departamento. Actualmente, en este centro se forma y entrena en 24 lenguas diferentes. Llegó a contar con 3.500 estudiantes y más de 1.700 instructores profesionales de más de 50 partes del mundo. La evaluación de 2010 sobre estrategia de defensa y seguridad (Strategic Defence and Security Review) y, más recientemente, el acuerdo International Defence Engagement Strategy enfatiza la importancia de la prevención, la defensa diplomática (cooperación y seguridad) y la influencia de la centralidad. Esta doctrina considera el lenguaje como un elemento crítico para permitir el desarrollo de las capacidades lingüísticas de estos aspectos y la dirección estratégica de defensa. Lo más remarcable es la distinción consciente de los privilegios y accesos a la información que se realizan entre los diferentes estatus de traductores e intérpretes, lingüistas militares y locales, siendo los últimos los que se llevan la peor parte.
Sin embargo, se incrementaron las medidas que prohíben la contratación de trabajadores independientes, sin reformar la manera en la que se entrena a los soldados en materia lingüística. Outzen (2012) afirma que la inversión de millones de dólares en recursos lingüísticos y cantidades similares en equipamiento ad hoc ha resultado de dudosa eficacia. Por su parte, el programa Af-Pak Hands (APH) es un ejemplo claro. Los intérpretes no se entrenan en el dialecto correcto que se necesitará durante el combate. E incluso cuando los intérpretes son competentes en el dialecto adecuado la distancia cultural que les separa de la población local resulta insalvable.
Quizás una de los mayores problemas sea la pérdida de esa inteligencia obtenida durante el conflicto, ya que esta información no se almacena y una vez abandonan terreno, se olvida. Por esta razón, en los Estados Unidos interpretar para el ejército se considera una carrera y se ofrece como tal a través del National Language Service
Corps,donde se proporciona entrenamiento lingüístico a aquellos que quieran trabajar
para el ejército estadounidense como intérpretes o en cualquier tipo de apoyo lingüístico.
En la misma línea, otras páginas también se ocupan de ofrecer puestos como intérprete y traductor en el ejército: careersinthemilitary.com. En este caso no sólo se requieren traductores e intérpretes para realizar la traducción o interpretación de lenguas, sino también para actuar como lingüistas, por lo que pueden ser requeridos en interrogatorios, en el uso del equipo de comunicación o en la elaboración de informes.
A pesar de que las lenguas parecen ser un elemento clave en los encuentros en terreno, los programas de formación creados por el ejército, dedicados exclusivamente al lenguaje y la cultura, son difíciles de encontrar (Foottit, 2012). Los únicos programas de formación del intérprete que existen actualmente en el ámbito militar estadounidense
son: Military Translation and Interpretation Pilot Program del Monterey Institute of
International Studies junto con Translation and Interpretation Training Capabilities
Project creado por Cyracom International para el Defense Language Institute y el 09L
del ejército estadounidense. Estos cursos están enfocados a la asistencia en casos de desastres naturales y, por ejemplo, el National Language Service Corps se centra en aspectos militares estadounidenses y agencia de gobierno. Allen (2012) afirma que se trata de proyectos diferentes a InZone tanto en su concepción como en sus objetivos, aunque comparten la idea de formar tanto lingüística como culturalmente a sus intérpretes.
En el contexto militar británico encontramos la Joint Doctrine Note 4/13 Culture and
Human Terrain, donde se resalta la importancia del estudio de la cultura para los
militares y la necesidad de una guía práctica dirigida a la formación y el desarrollo de las habilidades culturales. Esta doctrina del Ministerio de Defensa británico empieza por definir el concepto de cultura en 20 páginas, de las se puede resumir la siguiente información:
The customs, ideas and social behaviour of a particular people or group. 2 In essence, it is the shared concepts that guide what people believe and how they behave. It includes: how they are organised; their beliefs and values; and the ways in which they interact with each other and outsiders.
Gran parte del texto se centra en el ámbito cultural y el uso del lenguaje. Esta evidente relación epistemológica entre lengua y cultura constituye e implica una necesidad en la aplicación de estos estudios culturales al aprendizaje de lenguas extranjeras en el contexto militar. En el texto se subraya la formación cultural de los militares de la siguiente manera:
Cultural Training. Cultural awareness is defined as an awareness of the current and historic values, norms and beliefs reflected in different social structures and systems and in particular, how they contribute to an actor’s motives, intents and behaviours. […] It requires the development of cultural expertise in areas where we are likely to operate,
together with a more general awareness of other cultures.
Esta formación cosiste en tres niveles de habilidades culturales:
a) Conocimiento cultural. Como su propio nombre indica, este elemento se describe como el conocimiento de costumbres, creencias, etc. de una sociedad, de manera general.
b) Competencia cultural. Este elemento se describe de manera más detallada y ya se habla de un intérprete. Esta competencia:
[…] se consigue a través de la interacción directa con el otro (una vez se han adquirido habilidades lingüísticas básicas), o, más probablemente, gracias a un intérprete, en el que hace falta confianza, interés y deseo de éxito. Este acercamiento puede favorecer un alto nivel de competencia cultural que le convertirá en experto.
c) Experto cultural. Se requiere una inmersión cultural y generalmente, se desarrolla en consonancia con la habilidad de pensar dentro de una misma mentalidad. El desarrollo de estas habilidades requiere un proceso a largo plazo y una inversión que proporcione oportunidades para la inmersión y acercamiento cultural. Por último, describe el papel del especialista cultural y su implicación en la inteligencia militar. La definición de apoyo lingüístico de la Joint Doctrine Note 4/13 Culture and Human Terrain afirma lo siguiente:
Linguist support is very likely to be a requirement for engaging with the local population. Planners should consider the importance of interpreters and basic language training for deploying forces. 16 Ideally, military personnel bring both language and cultural understanding to the operation, but these do not always have to be delivered by the same individual.
Joint Doctrine Note (JDN) 1/09 The Significance of Culture to the Military se divide en
6 capítulos: El capítulo 1 proporciona un contexto estratégico y describe el acercamiento contemporáneo al conocimiento y la inteligencia. El capítulo 2 explica los fundamentos de inteligencia. El capítulo 3 describe el desarrollo de la inteligencia y su aplicación durante la misión. El capítulo 4 explica el apoyo de inteligencia en las operaciones militares. El capítulo 5 justifica la relación entre las diferentes estructuras militares y los estudios de inteligencia. Por último, el capítulo 6 explica cómo influye la inteligencia en el proceso de planificación operacional. Esta doctrina revela un mayor
interés en las habilidades lingüísticas como método de conocimiento cultural. Uno de los apartados subraya lo siguiente sobre la necesidad de lingüistas militares y su formación:
Language Training. It is likely that the intelligence function will need to draw on capability outside its own resources to meet linguist demands. This capability can be obtained from contractors and locally employed civilians. However, due to security considerations some intelligence function will require military linguists. [...] This requires deliberate capability planning within the intelligence community. The cost of training may be high and careful judgement is required about the volume and variety of standing capability.
También encontramos Association Nationale des officiers de Liaison et des Interpretes
de Réserve (ANOLIR), que se define como una asociación de especialistas del lenguaje
de defensa (Moser-Mercer, 2015: 309). Esta asociación ofrece la posibilidad de formarse como lingüista militar, defendiendo esta carrera como un refuerzo operacional necesario para la capacidad del ejército de tierra. A través de su página web se puede acceder a diferentes recursos terminológicos del ámbito militar y se puede leer el siguiente documento con respecto a la formación de la reserva del ejército de tierra:
Les officiers et sous-officiers de réserve de l’armée de terre Qualifiés « Langues Étrangères » sont destinés, comme tous les autres réservistes, à renforcer la capacité opérationnelle de l’armée de terre professionnelle en matière d’interprétation, de traduction et d’enseignement des langues étrangères ou en tant qu’officiers traitants ou officiers de liaison en état-major (Reserva del ejército de tierra, 2006).
En la misma línea, cabe destacar la terminología estandarizada publicada online. En este sentido, existen una serie de fuentes terminológicas de utilidad:
- El programa terminológico de OTAN, que tiene una estructura práctica y de utilidad a largo plazo. La primera edición del AAP-6 (creado en inglés y francés) del glosario más conocido de la OTAN fue publicado en 1956.
- El glosario útil y bien desarrollado del gobierno estadunidense (sólo en inglés). - El glosario de la página web del Ministerio de Defensa.
Después de consultar estos glosarios se puede señalar que la terminología militar, como concepto tangible, es un recurso muy explorado y fácil de divulgar y, por ello, resulta bastante sencillo acceder a glosarios online sobre terminología militar.