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5.3 Source Code Instrumentation

5.3.3 Graph Partitioning

El movimiento corporal es caracterizado como «una praxis del yo en el mundo, esto es, una protopraxis (Urpraxis), que coopera para todas las otras praxis y ya ha operado de antemano».4 Este movimiento espontáneo es el único del que se

puede tener una experiencia originaria por medio de las kinestesias, es decir, aquellas sensaciones de movimiento que revelan la situación de los órganos corporales. Además de ser el portador del yo, el cuerpo propio es el portador de las kinestesias. En cuanto depende de quien lo pone en marcha, y es expe- rienciado como propio, el automovimiento no consiste en un simple cambio de lugar o suceso observable desde el exterior, sino que está acompañado por sensaciones de una índole peculiar. Por eso se denomina movimiento kinesté- sico, y se contrapone al movimiento del que nos habla la mecánica. Puesto que el yo dispone de ellas y las pone en juego —hacer un movimiento es introducir y experienciar alteraciones en estas sensaciones—, las kinestesias no pueden dejar de tener el carácter del «yo hago» o «yo muevo» o «yo obro». Es cierto

3 Hua IV, 151; Hua XIV, 77, 445, 470. 4 Hua XV, 328.

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que hay kinestesias que transcurren en forma compulsiva, y de modo extraño al yo, como sucede cuando una parte del cuerpo es empujada en forma pasiva sin la intervención del yo. Pero ellas tienen lugar ante todo en la forma del «yo muevo».5

Las kinestesias y las sensaciones localizadas, de las que también es porta- dor el yo, permiten la constitución del cuerpo propio como una «objetividad subjetiva» (subjektive Gegenständlichkeit)6 La localización de las sensaciones

consiste en que la hyle ya no se capta en una dirección objetiva como aparición de un objeto trascendente, sino en una dirección subjetiva como mero sentir del órgano pertinente. De modo que, por ejemplo, ante el contacto de la mano con una superficie se tiene la sensación del carácter liso o rugoso de la mesa y a la vez una sensación de presión localizada en la mano. Esta localización, o relación con el cuerpo propio, no se limita a los datos sensibles que tienen una función constitutiva para la constitución de las cosas materiales. Caracteriza también a los sentimientos sensibles, es decir, las sensaciones de placer o dolor y el bienestar o malestar que se siente en todo el cuerpo. Y se extiende al sus- trato material de la vida de la voluntad, es decir, las sensaciones de tensión y relajación, las sensaciones de inhibición o liberación, los impulsos, etc. Husserl señala que las kinestesias se localizan de manera indirecta por su entrelaza- miento con las sensaciones directamente localizadas. Así, el cuerpo propio se constituye para mi experiencia como un objeto y está provisto no solo de las cualidades sensibles inherentes a su condición de cosa material, sino también de sensaciones de movimiento o kinestesias y sensaciones localizadas. Es aque- llo sobre o en lo cual se extienden estas nuevas sensaciones cuya consideración convierte al cuerpo en propio, aun cuando no haya experimentado como rea- lidad física ningún enriquecimiento de sus materiales hyléticos. Con el estrato de las sensaciones localizadas se relacionan las vivencias intencionales que no están localizadas en forma directa. A través de la hyle a la que aprehende, y que

5 Cf. Hua IV, 257 s.; Hua VIII, 61; Hua XIV, 507; Hua XVI, 162. 6 Hua IV, 153.

en su dirección subjetiva se presenta como sensación localizada, se puede decir que la intencionalidad se relaciona con el cuerpo propio:

De este modo, pues, toda la conciencia de un hombre está unida en cierto

modo a su cuerpo mediante su base hylética, pero, por cierto, las mismas

vivencias intencionales ya no están localizadas directa y verdaderamente, ya no configuran un estrato del cuerpo.7

Las kinestesias implican una conciencia de la posición de los órganos y a la vez, en la forma de un horizonte vacío, la conciencia de todo un sistema de po- sibles posiciones. Todo movimiento parcial forma parte de un sistema como el de los movimientos de la cabeza, el tronco, el desplazamiento, etc., y en última instancia del sistema kinestésico total que comprende la totalidad de los mo- vimientos posibles del cuerpo propio. De modo que todas las kinestesias están enlazadas unas con otras en una unidad que se modifica con la puesta en juego de las kinestesias parciales y con respecto a la cual el quedarse quieto no es más que una modalidad. Este sistema es un complejo de capacidades disposiciona- les (Vermöglichkeiten), es decir, de posibilidades que podemos poner en juego. Si bien solo se pueden realizar por vez algunas de estas posibilidades prácticas, el sistema en su conjunto se actualiza en cada situación kinestésica configurada en cada caso por los movimientos efectivos del cuerpo propio porque «todas las kinestesias están enlazadas unas con otras [...] en una unidad universal»8

El sistema unitario de mis posibilidades libres de movimiento constituye un horizonte práctico-kinestésico. Husserl señala que toda posición del cuerpo «se da con un horizonte vacío que es un horizonte de la libertad».9 Se trata de

un horizonte no plenificado de intenciones prácticas —es decir, un horizonte de fases futuras del obrar que recibe con ellas una impleción— con respecto al cual se tiene la conciencia de un libre «yo puedo», es decir, de un posible

7 Hua IV, 153. 8 Hua VI, 108. 9 Hua XI, 15.

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transcurso de actividades que emergen del yo por contraste con la conciencia de un suceso que se ha de producir dentro de un simple curso de eventos que transcurren en tercera persona. Con la conciencia de una cierta posición se enlaza un horizonte referido a todas las posibles y continuas posiciones que se encuentran a disposición del yo, y a cada una de las cuales corresponde un modo de aparición distinto de los objetos: «Tengo el horizonte práctico: un sistema que puede se recorrido libremente en la representación y del que puedo disponer libremente en la práctica, […]».10

La serie de las apariciones de los objetos se correlaciona con las kinestesias que dependen del desplazamiento del cuerpo propio. A tal o cual conciencia de la posición de los ojos, por ejemplo, corresponde una aparición del objeto: «si» se ponen en acción ciertos tipos de kinestesias, «entonces» aparecen tales o cuales contenidos sensibles. Por un lado, se encuentran las sensaciones que escorzan las características de las cosas al caer bajo determinadas aprehen- siones, y, por el otro, se presentan las kinestesias que no exponen las cualida- des sensibles ni reciben una aprehensión especial, pero participan en todas las aprehensiones de las sensaciones del primer grupo. La percepción es, pues, una operación unitaria en la que transcurren dos series de sensaciones entre las cuales se establece una relación unilateral: las kinestesias en el plano moti- vante, y las sensaciones que escorzan las características de las cosas en el plano motivado. En virtud de esta correlación, el cuerpo propio está constantemente coimplicado en el plano perceptivo como medio u órgano de la percepción. De manera que, a través del ejercicio del movimiento, se logra una familiari- dad con las cosas. Si bien existen protokinestesias de carácter instintivo, no se puede decir que el sistema de las kinestesias se encuentre constituido de ante- mano. Antes bien, se constituye paralelamente a la constitución de los objetos. El progresivo dominio de las funciones kinestésicas por el yo como centro de movimiento espontáneo posibilita el enriquecimiento de nuestro acceso al en- torno abriendo sus estructuras fundamentales. Cuando no alcanza el objetivo buscado, da lugar a nuevos ensayos que implican un aprendizaje de modo que

el yo se familiariza con lo que es capaz de hacer, es decir, descubre las posibili- dades de disponer del cuerpo propio. Con ello se corresponde una progresiva configuración del entorno como un espacio en que se desenvuelven nuestras posibilidades de movimiento. Este horizonte práctico tiene una estructura de determinación como reflejo de las capacidades adquiridas para el movimiento.

En virtud de la relación de motivación entre sensaciones y kinestesias, existe una correspondencia entre el conjunto de los posibles datos hyléticos y el conjunto de los posibles datos de posición relativos al cuerpo propio y sus órganos. La esfera de coexistencia del conjunto de situaciones kinestésicas es el sistema kinestésico, mientras que la esfera de la coexistencia de los datos así motivados es el campo sensible de índole visual o táctil. Por un lado, hay un único ámbito kinestésico, o bien diversos ámbitos con un único tipo de datos kinestésicos, y, por el otro, hay campos sensibles con diversos tipos de datos. En cuanto ámbito de coexistencia de los posibles datos hyléticos motivados, el campo perceptivo es el correlato del sistema total de capacidades kinestésicas. Estos datos solo son posibles en el marco de una unidad así como cada kines- tesia parcial solo es posible dentro de la unidad del sistema kinestésico.

Husserl distingue entre kinestesias en la función no-práctica y kinestesias en la función práctica. Por un lado, se encuentran las kinestesias que mera- mente operan en la percepción contribuyendo a la constitución de un mundo perceptivo. En ellas aparece ya el fenómeno de la tensión aun en los movi- mientos más simples cuando los ojos giran dejando de mirar hacia adelante. Por otro lado, se encuentran las kinestesias que operan de manera prácti- ca porque intervienen con eficacia en el mundo dado en la percepción. De manera que Husserl distingue el movimiento de los órganos corporales como una función para la percepción y el movimiento que se esfuerza porque tiene que superar una resistencia. El segundo movimiento requiere un suplemento de tensión. En la función perceptiva, en cambio, está en juego un movimiento no-obstruido que no implica un esfuerzo dirigido a superar una resistencia. Por tanto, cada kinestesia tiene dos momentos: el momento de la posición kinestésica según las potencialidades que actualiza en el sistema kinestésico, y el momento de la tensión o de la fuerza. De modo correlativo, hay que distin- guir entre lo que es a partir de la mera experiencia y lo que es a partir de una

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finalidad práctica. Husserl pone de relieve una analogía entre las kinestesias: «No se trata de dos tipos separados de kinestesias, sino de dos maneras de operación conjunta de las kinestesias que se articulan de múltiples maneras en la unidad del sistema kinestésico».11 Y también destaca una diferencia en

el modo de operar: «El operar práctico de las kinestesias […] es un problema frente al operar no-práctico en el cual el mundo es perceptivamente para mí”12.

El empujar implica el despliegue de una fuerza que mueve el cuerpo. No se limita a tocar, sino que provoca una transformación en el estado de lo tocado. La fuerza tiene su correlato en la resistencia de las cosas que exigen en cada caso un despliegue diferente. Esta transformación del mundo predado puede pro- ducirse por modificaciones en la posición espacial de las cosas a través de una intervención que altera su movimiento o reposo, por alteraciones en las cosas que modifiquen su figura y las cualidades sensibles que se extienden sobre ella, o por una intervención en el estilo causal del mundo de tal manera que las alte- raciones en las cosas tienen consecuencias en el entorno. En esta intervención causal, mi cuerpo y en particular, por ejemplo, la mano que empuja, se con- vierte en un cuerpo físico que ejerce como una cosa movimientos que tienen consecuencias causales como las de cualquier otro cuerpo material.

El momento de fuerza del movimiento kinestésico se asocia con una aspi- ración o esfuerzo que oscila entre los extremos de la auténtica aspiración posi- tiva y de la falta de esfuerzo en que ya no hay energía y se llega a una situación de aspiración muerta. O sea, el esfuerzo se caracteriza por una tensión que experimenta o bien un acrecentamiento o bien una distensión que puede llegar a la situación de reposo o kinestesia nula. Husserl examina cómo se relacionan el momento de fuerza y la tensión que la acompaña con la multiplicidad total de posiciones en el sistema kinestésico, es decir, el horizonte práctico-kines- tésico. Porque diversos caminos que conducen a una posición de acuerdo con distintas direcciones pueden exigir una diferente tensión de la fuerza a pesar de conducir a una igual intensidad final.

11 Hua XXXIX, 397. Cf. Hua XV, 329, 650-654; XXXIX, 397 ss. 12 Hua XXXIX, 398.

De las kinestesias deben distinguirse los modos de la voluntad, pero ellas «se constituyen como caminos de la voluntad hacia fines, en la aspiración activa hacia algo, se convierten en caminos ensayados, en caminos que se han de recorrer según las capacidades [...]».13 Con las aspiraciones de la voluntad

pasamos a la vida de las metas y los intereses, al mundo de las acciones y las adquisiciones en cuanto fines cumplidos que sirven como presupuestos para nuevas metas o fines. Se abre un horizonte de satisfacciones futuras al que no son ajenas obstrucciones y perturbaciones que requieren una superación al igual que la exigen los movimientos que se topan con la resistencia de las cosas materiales.

El horizonte kinestésico presenta, respecto del horizonte temporal, una diferencia que ha sido puesta de relieve por Ulrich Claesges.14 En el caso del

tiempo, no es posible ni una coexistencia efectiva ni una coexistencia ideal de los momentos temporales. En el caso del espacio, si bien no es posible en un momento dado la coexistencia efectiva de diversas situaciones kinestésicas, hay una coexistencia ideal de ellas en la medida en que el sistema kinestésico puede dar lugar a cualquier actualización. A pesar de que es la efectivización de una potencialidad implícita en el horizonte temporal en la forma de retencio- nes o protensiones, la presentificación tiene que manifestar una inactualidad con respecto al ahora actual porque de lo contrario sería una presentación. La razón de esto se encuentra en que las potencialidades dependen de un or- denamiento sucesivo en que solo uno de los momentos puede ser actual. Los ahoras sucesivos no exhiben una coexistencia ni real ni ideal, pero los posibles movimientos coexisten de manera ideal porque pueden ser actualizados en cualquier orden. Las potencialidades inherentes al sistema kinestésico en que se constituye el espacio son simultáneas en lugar de sucesivas. Por eso cada actualización de la potencialidad es plenamente actual, es decir, no exhibe la inactualidad que afecta a la presentificación. Y, por consiguiente, la cosa corre- lativa del movimiento actualizado es actual en sentido pleno.

13 Hua XV, 330.

14 Cf. Claesges, Ulrich. Edmund Husserls Theorie der Raumkonstitution. Phaenomenologica 19. Den Haag, Martinus Nijhoff, 1964, pp. 59-64.

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Si todos los movimientos no pueden ser ejecutados al mismo tiempo, las cosas no pueden efectivamente acceder de manera simultánea a la presencia perceptiva. El modo de operar del cuerpo propio introduce una despresen- tación de las cosas cuya presencia no es motivada por los movimientos. En virtud de que no hay una coexistencia actual de las situaciones kinestésicas, tampoco las cosas pueden ocupar al mismo tiempo el centro del campo per- ceptivo. Toda aparición de una cosa en el centro del campo desplaza las demás a otros lugares de modo que nos encontramos con una exterioridad recíproca. Pero es posible volver a colocar una cosa en el centro del campo, y por eso se ha de hablar de una exterioridad recíproca en la simultaneidad. Que los lugares ocupados sean exteriores unos a otros en la coexistencia se funda en que la situación kinestésica que nos coloca en uno no es al mismo tiempo ac- tualizable con la que nos coloca en otro. Y que sean coexistentes o simultáneos en la exterioridad se debe a que ambas situaciones kinestésicas están a nuestra disposición porque solo suponen un movimiento corporal. En suma, la coe- xistencia ideal y no actual de las situaciones kinestésicas como característica de un sistema tiene su reflejo en la forma del espacio que tiene el carácter de la exterioridad recíproca en la simultaneidad a diferencia de la forma del tiempo caracterizado por la exterioridad recíproca de los ahoras en la sucesión. El es- pacio adquiere la estructura de la exterioridad recíproca en la simultaneidad como correlato de un sistema de posibles movimientos que coexisten de modo ideal y se realizan sucesivamente en una exterioridad recíproca. Esto diferen- cia al espacio del tiempo cuya forma es la de la exterioridad recíproca en la sucesión.