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La lógica no se ocupa de formaciones dadas en una mera evidencia actual. Se refiere a formaciones permanentes que podemos reactualizar e identificar una y otra vez. Más allá de la afirmación objetiva de que todo juicio es idéntico a sí mismo, el principio de identidad significa, desde un punto de vista subjeti- vo-trascendental, que el juicio que ha sido constituido originariamente como una unidad intencional en la evidencia de la distinción es un objeto ideal sobre el cual se puede volver en cualquier momento reactivándolo e identificándolo siempre de nuevo por medio de nuevas evidencias. Así, la formulación objeti- va del principio de identidad, según la cual todo juicio es idéntico a sí mismo, experimenta un giro subjetivo de acuerdo con la lógica trascendental y se con- vierte en la afirmación de que todo juicio es reidentificable de manera infinita. El principio de identidad señala que un juicio no es algunas veces verdadero y otras falso, sino que es verdadero o falso de una vez por todas. La verdad no puede perderse en la actualidad contingente de un acto de juzgar ocasional. El juicio es una unidad ideal que permanece idéntico a través de todas las condi- ciones temporales de las vivencias de un sujeto o de varios sujetos. Si bien la producción del juicio se da en el tiempo y el espacio de cada uno de los sujetos,

el juicio mismo al que podemos volver una y otra vez es algo numéricamente idéntico respecto a la multiplicidad de actos que lo producen o reproducen.

Husserl procura comprender, por un lado, «cómo existen originalmente en nuestro campo de conciencia, en cuanto puras formaciones de nuestra espontaneidad, objetividades ideales que surgen puramente en nuestras acti- vidades judicativas y cognoscitivas», y, por el otro, «cómo cobran el sentido ontológico de “objetos” existentes en sí, frente a la índole contingente de los actos y de los sujetos».56 Las idealidades son lo que son tan solo a partir de la

producción original, pero esto no quiere decir que lo sean únicamente durante la producción original. Las evidencias de las objetividades ideales poseen la propiedad de todas las evidencias en general, esto es, que en la síntesis de di- ferentes experiencias de lo mismo se manifiesta algo numéricamente idéntico. Para comprender la condición objetiva de las idealidades, es necesario advertir que la evidencia de los objetos ideales es una operación análoga a la evidencia de los objetos reales. En ambos casos se tiene la evidencia de la identidad de algo ideal. Es un prejuicio considerar que solo en la experiencia interna o ex- terna se produce una objetivación original. Ahora bien, la analogía entre las objetividades ideales y las objetividades reales no significa una equiparación. El análisis genético pone de manifiesto la prioridad de las objetividades reales: «La realidad tiene una primacía ontológica frente a cualquier irrealidad, por cuanto todas las irrealidades están referidas, por esencia, a una realidad efec- tiva o posible».57

Los principios lógicos de contradicción y tercero excluido también experi- mentan un giro subjetivo. En su formulación objetiva, el principio de contra- dicción señala que dos juicios contradictorios no pueden acceder ambos a una existencia ideal, es decir, integrarse en la lógica de la no-contradicción. Validez no significa aquí verdad, sino un juicio en el modo de la distinción, y en el sentido estricto o fuerte de distinción que elimina no solo la confusión, sino también la contradicción. En la perspectiva objetiva de la lógica, el principio

56 Hua XVII, 270 s. 57 Hua XVII, 177.

CAPÍTULO V. La experiencia [187]

de contradicción no es una proposición sobre la evidencia, es decir sobre la posibilidad de efectuar un juicio distinto. En una consideración objetiva, el principio es un principio sobre la existencia y coexistencia ideal, esto es, sobre la composibilidad de juicios en la distinción. En su formulación subjetiva, en cambio, el principio de contradicción debe relacionarse con la evidencia de la distinción en su sentido fuerte. Así, el principio de contradicción señala del lado subjetivo que, de dos juicios contradictorios, solo uno puede tener validez para el sujeto que juzga en el modo de la distinción. La creencia en un juicio que se da como juicio distinto implica la imposibilidad de la creencia en el juicio contradictorio. Esto concierne no solo a un sujeto juzgante fáctico, sino a un sujeto juzgante en general que juzga con la evidencia distinta.

Por su parte, el principio de tercero excluido sostiene, en su formulación objetiva, que, de dos juicios contradictorios dados, uno de ellos tiene una va- lidez o existencia ideal. En su formulación subjetiva, señala que, de dos juicios contradictorios, uno de ellos se da en la evidencia de la distinción en el sentido fuerte que excluye la contradicción.

En la lógica de la verdad aparecen nuevas formulaciones de los principios lógicos en conexión con la evidencia de la claridad. El principio de contradic- ción tiene una formulación objetiva según la cual juicios contradictorios no pueden ser verdaderos al mismo tiempo. Si un juicio es verdadero, su con- tradictorio es falso. La formulación subjetiva señala que, si un juicio puede adecuarse a lo dado mediante una evidencia de la claridad, su contradictorio no puede adecuarse de la misma manera. Por último, en la lógica de la verdad, el principio de tercero excluido presenta una formulación objetiva según la cual todo juicio es verdadero o falso. Y tiene una formulación subjetiva según la cual todo juicio puede adecuarse a las cosas mismas en una adecuación po- sitiva o negativa de modo que en un caso puede ser llevado a la evidencia de la claridad y en el otro no. El valor de la formulación subjetiva reside en que podemos a priori, si bien los juicios que se pueden comprobar son pocos en los hechos, colocarnos en situación de verificar un juicio, es decir, entrar en cone- xiones intencionales de confirmación o verificación. Husserl señala que «debe

ser evidente a priori que no puede haber ningún juicio no-evidente que “en sí” no pueda volverse evidente, en el sentido de la evidencia positiva o negativa».58

El análisis del sinsentido material permite completar la crítica de los prin- cipios lógicos. El principio de tercero excluido, que sostiene que todo juicio es verdadero con evidencia o falso con evidencia, no puede referirse a juicios que contienen sinsentidos materiales. El juicio «la suma de los ángulos de un triángulo es igual al color rojo» no puede ser verdadero ni falso por más que cumpla con las condiciones de un sentido unitario desde el punto de vista formal. Sobre la posibilidad de llevar cualquier juicio a una adecuación po- sitiva o negativa, Husserl añade la aclaración de que, respecto de los juicios cuyo contenido carece de sentido, el tercio no está excluido: «[…] juicios, con predicados que carecen de relación significativa con los sujetos, están por así decirlo, en su carencia de sentido, más allá de la verdad y de la falsedad».59 La

carencia de sentido (Sinnlosigkeit) de enunciados como «este color + 1 = 3» consiste en que las materias sintácticas que hacen posible el juicio no tienen que ver entre sí en el suelo universal de la experiencia antepredicativa sobre la que se sustenta el juicio: «A priori las materias sintácticas de cualquier juicio posible […] tienen una referencia intencional a la unidad de una experiencia posible o a una cosa experienciable con unidad».”60

58 Hua XVII, 201. 59 Hua XVII, 229. 60 Hua XVII, 227.

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CAPÍTULO VI.

La corporalidad

L

as múltiples apariciones de las cosas percibidas encuentran una motiva- ción en los movimientos del cuerpo propio. Además, el cuerpo propio introduce un sistema de orientación. Así como no hay percepción que no implique el absoluto punto cero del ahora, no hay percepción externa en que lo percibido no se ordene en torno del cuerpo propio en cuanto porta- dor del punto cero de todas las orientaciones dentro de un horizonte espacial. Husserl escribe: «En toda presencia [...] está también ahí mi cuerpo propio, […]. Es el objeto nulo, la condición de posibilidad de otros objetos».1 Es un objeto

peculiar que posee el doble carácter de ser un cuerpo espacial y de mantener una cercanía estrecha con el yo, que no puede alejarse de él:

De modo peculiar y distinto es punto medio, objeto que se encuentra en el medio [...] y se convierte, aun cuando él mismo es ya objeto (frente a mí), en el centro funcional para todos los otros objetos, para todas mis funciones en relación con ellos [...].2

1 Hua XIV, 540. 2 Hua XIV, 58 s.

Referirse al cuerpo como cuerpo propio (Leib) es considerarlo no ya solo en su condición de cuerpo fisico o material (Körper), sino además, como un cuerpo que es puesto en movimiento por el yo. Significa advertir que siempre se manifiesta como una cosa, pero también se da como más que una cosa, y poner de relieve que goza de una preeminencia única entre todos los cuerpos físicos, porque es lo más originariamente mío en cuanto lo más cercano para mí entre todas las cosas, lo que se encuentra siempre a mi disposición, y lo que siempre se encuentra a mi disposición de modo inmediato. De este modo se tiene en cuenta su carácter de «órgano de la voluntad y portador del movi- miento libre», «protoinstrumento», «objeto protoespiritual», «cosa protoprác- tica», y «órgano de la praxis que altera las cosas y el cuerpo mismo».3