4.2 Accelerating Online Model Checking
4.2.3 Parallel Computing
La síntesis del tiempo es el marco formal universal para la constitución de los objetos y para la autoconstitución de la subjetividad trascendental. Pero no revela lo que da unidad de contenido a cada objeto y lo que establece diferencias
70 Cf. Hua X, 109; Hua X, 125 s. 71 Hua XI, 322. Véase capítulo V § 1.
entre ellos. Por eso es necesaria otra síntesis que transcurre junto con la que constituye la forma temporal y concierne al contenido. Esta síntesis ulterior es también pasiva porque se lleva a cabo sin la participación del yo. Es la síntesis de la asociación a la que Husserl caracteriza de esta manera: «“Asociación” es la denominación más general de las formas de unificación que unifican las
unidades del curso». Y aclara:
La constante e invariante forma de la totalidad —la más general del curso—, ella es una forma para totalidades particulares, unidades. Tenemos, pues, la asociación de contenidos que crea unidades particulares concretas, y la forma universal que unifica todas las unidades de esta índole en la forma universal —en la forma univeresal del tiempo.72
De este modo, la fenomenología de la asociación se presenta como «una continuación más elevada de la teoría de la constitución originaria del tiem- po»73 Su papel es decisivo en la fenomenología genética en la que permite una
descripción más adecuada de los componentes de la conciencia indicados por la fenomenología estática, es decir, los datos hyléticos y las interpretaciones que confieren sentido. Husserl define la asociación como «el principio uni- versal de la génesis pasiva», esto es, «una forma y una legalidad de la génesis inmanente inherentes permanentemente a la conciencia en general».74
Hay grados en las operaciones de la asociación. Ante todo se encuentra la protoasociación (Urassoziation), que recibe ese nombre por su analogía con, y prioridad respecto de, las relaciones asociativas que operan en la constitución de los tipos empíricos. La protoasociación constituye en primer lugar la hyle y de ese modo estructura el presente viviente. Tiene su fuente primaria en el contenido protoimpresional y en las evocaciones que parten de él en direc- ción a otros contenidos impresionales en el horizonte de simultaneidad y al
72 Hua XXXIX, 385 (Ms C). 73 Hua XI, 118. Cf. EU, 75 s., 207. 74 Hua XI, 113, 117.
CAPÍTULO III. El presente viviente [111]
contenido de las retenciones y protensiones en el horizonte de sucesión. Es po- sible en virtud tanto de la semejanza entre los términos de la asociación como de su contraste con respecto al trasfondo. Por eso el contraste es un «fenómeno originario».75 La fusión asociativa es, pues, lo que explica la génesis del dato
hylético. Este se revela como una totalidad de momentos que remiten unos a otros por su homogeneidad y de ese modo generan el espesor y la vida propia de la que proviene la fuerza de su afección. Además de este horizonte interno, el dato tiene un horizonte externo porque el poder afectante depende también de la magnitud del contraste con el trasfondo. Husserl compara este despertar asociativo con la situación en que una luz aumenta su intensidad dentro de una hilera de luces. En virtud de este incremento parte de ella una evocación que se extiende a las restantes luces, y de ese modo su mayor luminosidad beneficia toda la serie. Esto significa que, en un horizonte de simultaneidad, la mayor irradiación de una luz se transfiere a todo el conjunto. Y lo mismo sucede con respecto a la sucesión. Si se destaca con más intensidad en el trans- curso de una melodía, un sonido da lugar a una evocación que se orienta hacia la serie de sonidos de la que aún se tiene conciencia en la retención viviente, y también hacia el futuro, de modo que nuevas formaciones sonoras llegan a ser objeto de un interés temático. Análogamente, a partir de una impresión originaria, la síntesis se propaga hacia otras impresiones y fases, es decir, hacia retenciones y protensiones inmediatas de contenido homogéneo. Una vez aso- ciados, los momentos del fluir temporal se entrelazan, fluyen unos en otros en una suerte de superposición, y pueden afectarnos como un dato unitario. La unidad produce una vivificación por la que el conjunto nos afecta y queda incluido en la esfera del presente viviente. Con esta fusión de cercanía queda en claro que no basta la mera yuxtaposición temporal para constituir la síntesis de contenidos, y que es necesaria también una homogeneidad entre las fases temporales que se enlazan.76
75 Hua XI, 138.
El carácter relativo de la unidad hylética respecto de otros datos y el campo del que emergen obliga a distinguir entre la afección efectiva y la tendencia a la afección, es decir, la potencialidad de afectar que está enraizada en la situa- ción perceptiva global y emite rayos débiles que no alcanzan a atraer al yo. En virtud del carácter relativo de la afección, lo que afecta puede dejar de estimu- lar al yo, y lo que no afecta puede convertirse en atracción. Como una pura nada en el orden de la afección no puede convertirse en un elemento afectante, Husserl concluye que lo que no afecta al yo en un determinado presente no puede ser totalmente ajeno a la afección, sino que debe poseer una tendencia hacia ella. Hay unidades hyléticas explícitas que se destacan y afectan de modo efectivo, y unidades hyléticas implícitas que no afectan pero pueden hacerlo en circunstancias favorables. Estas no son otras que el grado de fusión interna y de contraste externo. Solo lo que afecta está presente al yo como algo consti- tuido en la conciencia, y con respecto a lo que afecta de modo efectivo se debe distinguir entre lo dado y lo solo predado según que el yo se vuelva o no recep- tivamente hacia lo constituido en la pasividad hylética a fin de convertirlo en un objeto en sentido estricto.77
La protoasociación no solo tiene lugar entre elementos que se suceden o coexisten continuamente en una fusión de cercanía. Manchas rojas constitui- das separadamente sobre una superficie blanca en virtud de la anterior síntesis de fusión se agrupan luego en una fusión de lejanía que contrasta con la su- perficie y las manchas de otros colores. Además, todos los elementos hyléticos de orden visual se fusionan dentro de un mismo campo sensible o campo de homogeneidad coexistente que contrasta con los demás. Los campos sensibles (acústico, táctil, etc.) tienen una unidad formal por encontrarse en el presente 77 Cf. Hua XI, 149, 162 s. Ante estos análisis de Husserl se debe recordar que los datos constituyen una capa abstracta en lo percibido y solo se ponen de manifiesto en virtud de una orientación reflexiva que aparta nuestra mirada de las cosas dadas de manera concreta en la experiencia: «En nuestra consideración del grado inferior en la génesis formulamos el problema con la abstracción necesaria para una génesis sistemática: hacemos como si el mundo del yo solo fuera el presente impresional y como si no coactuara nada de las apercepciones cuyo alcance depende de legalidades subjetivas que se extienden más allá, nada de los conocimientos, intereses estéticos y prácticos, valoraciones, etc., adquiridos en la vida en el mundo. Tomamos en cuenta, pues, funciones de la capacidad de ser afectado que se fundan puramente en lo impresional» (Hua XI, 150).
CAPÍTULO III. El presente viviente [113]
viviente, pero se diferencian porque cada uno muestra una unidad material relativa al contenido. Sobre la base de esta homogeneidad general que caracte- riza a un campo sensible pueden constituirse enlaces particulares de homoge- neidad. Así, por un lado, la homogeneidad visual enlaza todo lo visual, y, por el otro, un grupo de manchas de color puede enlazarse ulteriormente dentro del campo visual. Como reverso de la homogeneidad aparece la heterogeneidad que posibilita la pluralidad en el sucederse de la diferenciación de datos, de agrupamientos de datos y de campos sensibles.
De este modo, dentro de las formas abstractas de la coexistencia y la suce- sión, surgen fusiones de contenidos en el presente viviente por medio de un enlace inmanente, es decir, una síntesis que se produce en la conciencia. Los datos exhiben un parentesco, que, al presentar una gradación desde la mínima semejanza hasta la completa igualdad, establece unificaciones más o menos acabadas. Como la fuerza afectante de cada unidad hylética se propaga hacia las demás en una transmisión asociativa, cada presente viviente exhibe un relieve que cambia de manera constante e implica a la vez la unidad y la posibilidad de aumentos o disminuciones de modo que los momentos singulares pueden sobresalir o desvanecerse. Por medio de estas síntesis pasivas que tienen lugar en el ámbito hylético se crea de modo continuo para el yo un campo de lo predado «a partir del cual se destaca lo singular y por así decirlo “estimula” a la percepción, a la contemplación perceptiva».78 Nos encontramos con un campo
de objetos dados y componentes predados (Vorgegebenheiten) que nos afectan en conjunto en el presente viviente. Todo lo que se da eventualmente como objeto se encuentra predado en la pasividad hylética y en las unidades que allí surgen por semejanza y contraste. Y sus horizontes responden al trasfondo y a la vida interna de estas motivaciones para la captación perceptiva. En suma, las fusiones de cercanía y lejanía que se establecen por medio de la asociación constituyen a su vez diferencias que configuran un primer plano respecto de un trasfondo:
En todo presente viviente abarcado universalmente con la mirada tenemos naturalmente un cierto relieve de advertibilidad (Merklichkeitsrelief), un re- lieve de notabilidad (Bemerksamkeit) y atención (Aufmerksamkeit). Se dis- tingue ahí, pues, trasfondo y primer plano. El primer plano es lo temático en el sentido más amplio. Lo nulo en la advertibilidad reside en una vivacidad del tener conciencia, eventualmente considerable pero que no suscita en el yo ninguna tendencia particular como respuesta, no se abre paso hacia el polo yo.79
El dato hylético se configura, pues, primero según momentos temporales en la coexistencia y la sucesión, y luego por la asociación de estos momentos temporales en virtud de su semejanza entre sí y su contraste con otros momen- tos. La fenomenología genética tiene en cuenta no solo la protointencionalidad de la conciencia del tiempo, sino también una «intencionalidad de la asocia- ción»80 como fenómeno de la esfera de la pasividad que antecede a la intencio-
nalidad del yo activo. Considera que, al ser el resultado de síntesis temporales y asociativas, los datos hyléticos resultan de una «construcción sintética inte- rior» o «trabajo efectuado» en la hyle que fluye.81 De ahí que el análisis genético
conduzca al abandono de la primera concepción husserliana del dato sensi- ble como una «existencia en bruto» o «material muerto» cuya animación solo proviene de la interpretación noética.82 De modo paralelo, los datos hyléticos
dejan de ser un contenido meramente inmanente y se desplazan hacia el lado noemático de la conciencia. Aparecen a la vez como «productos de una síntesis constitutiva» y una “«capa abstracta en las cosas concretas».”83 De este modo se
atenúa la diferencia respecto de la objetividad constituida, y la noción de una
79 Hua XI, 167.
80 Hua XI, 429; XVII, 321. 81 Hua XI, 140, 160. 82 Hua XIX/1, 399; XVI, 46. 83 EU, 75.
CAPÍTULO III. El presente viviente [115]
aprehensión noética que lleva a cabo una animación e interpretación tiende a pasar a segundo plano.
El nuevo modo de análisis de la percepción se refleja en la distinción entre los tres estadios de una «protointencionalidad pasiva» respecto de la cual no se puede hablar aún de objetos, sino de un campo del predarse pasivo, la afec- ción que las unidades que se destacan en el campo pueden llegar a ejercer sobre el yo, y el volverse-hacia del yo que conduce a la captación del objeto. Toda percepción presupone que, sobre el trasfondo de un campo, se destaque previamente algo que incita a ser captado y sobre lo cual puede volverse el yo en una operación objetivante. Según la intensidad con que se destaca sobre el trasfondo de lo predado, la unidad preobjetiva afecta en mayor o menor grado, y el yo puede recibir el estímulo para el volverse-hacia. Entonces se contraponen aquello que se impone como un dato sensible y el yo al cual se impone. Si bien no se puede hablar aún en sentido propio de un objeto hasta que el yo se vuelve hacia lo que se le enfrenta con intensidad, Husserl se refiere a una «tendencia al pasaje del objeto intencional desde la condición de tras-
fondo-del-yo (Ichhintergrund) al frente-al-yo (Ichgegenüber)».84 Esta tendencia
puede tener diversos grados de fuerza en la atracción que lo dado ejerce sobre el yo y correlativamente en el ser atraído o afectado del yo mismo. Por su parte, el volverse-hacia del yo es un proceso intermedio que termina con la captación (Erfassung) cuando el yo acoge lo que le es predado en la afección median- te una receptividad que se presenta como el nivel inferior de la actividad. La tendencia que culmina en esta captación se continúa luego en una tendencia orientada hacia la explicitación del horizonte interno del objeto.
Una vez que los objetos se han constituido, aparecen nuevos tipos de aso- ciación entre los objetos percibidos con anterioridad y la experiencia actual. El segundo grado de la asociación es la evocación que se orienta en una retros- pección hacia las retenciones oscurecidas. Estas representaciones vacías, pero
84 EU, 81. En la medida en que es implícita o potencialmente un objeto, lo que afecta se enfrenta al yo y adquiere una cierta significación noemática. Husserl se refiere a «las unidad hyléticas que frente al yo, las capacidades del yo, los actos del yo, la conciencia del yo, son algo por así decirlo extraño al yo, y sin embargo, son concretamente inseparables del yo como algo que aparece en la vida de la conciencia, y es inherente a su plena concreción» (Hua XV, 128).
orientadas objetivamente, en su condición primaria de horizonte viviente del ahora, pierden luego su vivacidad, capacidad afectante y referencia objetiva al desplazarse hacia el trasfondo de la conciencia hasta llegar al punto cero de la indiferenciación en un «horizonte nulo de afección».85 Se convierten aparen-
temente en una nada al hundirse en el ámbito del olvido como representacio- nes no solo vacías, sino también indiferenciadas e inanimadas por esa falta de orientación hacia una objetividad. Por eso es necesario que desde el presente partan evocaciones a fin de que las retenciones se destaquen sobre un trasfon- do indiferenciado sin perder por ello en un primer momento la condición de representaciones vacías. La evocación pasiva del pasado semejante a partir del presente impresional asegura a la subjetividad una unidad pasiva e implícita al margen de la actividad del polo yoico. Todo presente impresional tiene un horizonte de pasado afectante en virtud de una asociación por semejanza. Esta síntesis se lleva a cabo sin la participación del yo y por obra de la asociación entendida como «la conexión puramente inmanente del “algo recuerda algo”, “una cosa remite a la otra”».86 Al establecer una síntesis entre el presente y el
pasado encubierto, la asociación avanza hacia el horizonte de lejanía de un modo que Husserl compara con el abrirse camino a través de la niebla. Hace emerger lo que ha retrocedido o se ha hundido con respecto al campo de pre- sencia en un proceso que tiene lugar sin la participación del yo —si bien even- tualmente puede haber para ello una incitación de sus intereses—. Se trata de una síntesis pasiva en que lo actual aparece como elemento motivante y lo evocado como elemento motivado. Así, un pasado retenido cuyo contenido objetivo y consiguiente fuerza de afección se ha desvanecido, experimenta un aumento en ese poder en virtud de que es despertado a partir de la esfera im- presional que instituye un «relieve afectante» sobre una «esfera de horizonte muerta o más bien dormida».87
85 Hua XI, 167. 86 EU, 78.
[117]
CAPÍTULO IV.
La estructura de la horizonticidad
A
través de sus diversas configuraciones se destacan algunos rasgos fundamentales por medio de los cuales es posible determinar lo que es inherente esencialmente al horizonte en cuanto tal. Husserl decla- ra que el horizonte tiene una «estructura esencial que debe ser desvelada por medio de una interrogación metódica», que nuestro saber latente y universal acerca del horizonte «ha de ser explicitado de manera sistemática», y que tal explicitación «no debe permanecer en un discurso superficial y vago, sino que debe acceder ella misma a un modo de cientificidad».1 Para dar un contor-no preciso a la horizonticidad recurre a una serie de nociones que revisten el carácter de oposiciones, o se asocian con ellas, a fin de complementar la opo- sición primer plano-trasfondo que da lugar a la noción misma de horizonte. Podemos ordenar estos rasgos fundamentales en diversos niveles. En primer lugar, dos pares de nociones —unidad y multiplicidad, actualidad e inactuali- dad— conciernen al origen mismo de la intencionalidad de horizonte, esto es, a la concepción de una pluralidad de experiencias que comparte una misma orientación, y al carácter potencial que exhibe la serie. Así, se establece el marco para la ulterior noción de un sistema de remisión, que pone de relieve el nexo 1 Hua VI, 378, 382 s. Husserl observa que los horizontes «necesitan de la aclaración según principios» (Hua I, 177), y que «la fundamental teoría de los horizontes debe ser desarrollada con
de los posibles componentes de la multiplicidad unos con otros e introduce el par de opuestos vacío-plenitud. Un nivel de análisis subsiguiente muestra que no se trata de una mera referencialidad arbitraria, sino de una implicación in- tencional que se asocia con el par inmediatez-mediación. Un nuevo paso se da al indicar que tal implicación no es meramente indeterminada, sino que se en- cuentra sujeta a una estructura de determinación predada que nos remite a la experiencia pasada. Y todavía se añade la noción de una totalidad en la síntesis de la multiplicidad. Aquí se tiene en vista la experiencia futura respecto de la cual esa totalidad se esboza como una idea por la cual la finitud dada converge con una infinitud predelineada como polo. Estos contrastes aparecen como fenómenos primigenios en relación con la horizonticidad.
1. Unidad y multiplicidad
Husserl asocia su interpretación de la intencionalidad con el tema de lo uno y lo múltiple, como se advierte cuando contrapone su punto de vista al de Brentano: «Faltaba el correlativo examen consecuente de la noesis y del noema, del cogito y del cogitatum qua cogitatum. Faltaba la explicitación de las intencionalidades implícitas, el desvelamiento de las multiplicidades en las que se constituye la “unidad”»2 No basta, pues, hablar de una dirección al objeto y
distinguir tipos de experiencia si se quiere comprender las operaciones de la conciencia: «Es necesario poner de manifiesto, en una reflexión fenomenoló- gica, las multiplicidades de conciencia, que caen bajo estas denominaciones, y desmembrarlas estructuralmente».3 Este recurso a la oposición entre lo uno y
lo múltiple para poner en claro el esquema fundamental ego-cogitatio-cogita-
tum se lleva a cabo en pasos sucesivos. Con ello aparecen diversas estructuras