4.2 Approach
4.4.2 Identifying Code Changes
La inexistencia de datos adecuados y comparables en muchos países hace difícil la generalización. De la información disponible, sin embargo, es posible, sacar algunas conclusiones provisionales sobre la situación actual.
El índice de participación de las personas con discapacidades en el mer- cado de trabajo competitivo tiende a ser considerablemente inferior que la de los otros trabajadores, mientras que el índice de desempleo suele ser mayor.
En la UE en 2003, tenían empleo el 40% de las personas con discapaci- dades en edad laboral, frente al 64,2% de las personas sin discapacidad (CE 2005; las cifras se basan en una encuesta, no en datos administrati- vo). Según la Comisión Europea, la tasa de inactividad de las personas con discapacidades duplica la de las personas no discapacitadas, lo que muestra los bajos niveles de integración tras un «problema de salud o una discapacidad de larga duración» (LSHPD en sus siglas en inglés) y, com- parativamente, también es bajo su nivel educativo y de formación profe- sional. La pregunta básica que se usa en el sistema de la UE para recopilar datos es si la persona tiene un LSHPD durante un período supe- rior a 6 meses o se prevé que dure 6 meses. En 2002, aproximadamente el 16% del total de la población de la UE en edad laboral (entre 16 y 64 años) consideraba que tenía un problema de salud o una discapacidad de larga duración. La cifra no distinguía entre personas con una discapaci- dad y personas con un problema de salud.
Los motivos para esta elevada inactividad varían en función de los países. La trampa de las prestaciones y el riesgo de perderlas en caso de empezar a trabajar tienen un efecto disuasorio. Otra posible causa es la reticencia de los empleadores a la hora de contratar a trabajadores discapacitados por miedo a tener que hacer ajustes muy costosos del lugar de trabajo o por la dificultad de despedir a alguien una vez nombrado.
En Australia, la tasa de participación de los hombres con discapacidades era del 60% aproximadamente en 1998, frente al 90% de las personas
sin discapacidades. Las cifras correspondientes para mujeres eran del 46% y del 71%, respectivamente. La tasa de desempleo entre los hom- bres con una discapacidad era del 14% frente al 8% para los hombres sin discapacidades. Las tasas correspondientes a las mujeres eran del 9% y del 8% respectivamente.
En Canadá, el mercado de trabajo disponible para las personas con disca- pacidades era del 6,5% en 2001, pero ocupan sólo el 2,4% de la fuerza de trabajo regulada a escala federal. Las personas discapacitadas estaban infrarrepresentadas en todos los sectores industriales, con un 1,8% en el transporte, 2,3% en bancos, 2,4% en comunicaciones y 2,9% en otros sectores (NIDMAR 2001, pág.4).
En Francia, la tasa de desempleo de los trabajadores discapacitados en 1996 era tres veces mayor que la de la población activa total. En los diez años anteriores la tasa de desempleo global creció un 2,3%, pero para las personas con discapacidades creció en un 194%. Los trabajadores discapacitados desempleados tienden a permanecerlo durante el doble de tiempo.
En Alemania en 1997, la tasa de participación en el mercado laboral de las personas gravemente discapacitadas era del 37%, frente al 80% de los hombres y el 63% las mujeres sin discapacidades. En 2003, el índice de desempleo de las personas discapacitadas era del 16,6%, frente al 10,4% de las personas no discapacitadas (OIT 2004a).
En Hungría en 2002, de las 656.000 personas en edad de trabajar con «problemas de salud de larga duración», menos de 95.000 estaban en el mercado de trabajo, entre ellos 10.000 desempleados (ídem).
En Suecia, en 2002, el 68% de las personas con discapacidades partici- paba en la fuerza de trabajo, frente al 77% de la población total. La cifra de las personas con «capacidad de trabajar reducida» era del 57%. Cerca del 65% de las personas con discapacidades estaban empleadas, frente al 77% de las no discapacitadas. De las personas discapacitadas con capacidad de trabajar reducida, el 53% tenían empleo. El 4,6% de las personas discapacitadas estaban desempleadas (el 5,8% en caso de
capacidad de trabajo reducida), frente al 3,9% de la población total (ídem).
En el Reino Unido en 2003, las personas con discapacidades representa- ban el 19% de la población en edad de trabajar, pero sólo alrededor del 12% del total de empleados. De los 6,8 millones de personas con disca- pacidades en edad de trabajar que se calcula que hay en el país, en pri- mavera de 2003 estaban empleadas el 49% frente al 75% de los no discapacitados (ídem).
El índice de empleo de las personas con discapacidades en Noruega, era prácticamente del 45% en 2006, frente al 83% de la población no disca- pacitada. La tasa de desempleo de los trabajadores discapacitados en
Suiza también supera la de los no discapacitados, aunque el índice de
empleo de los primeros es del 52%, relativamente elevado si lo compara- mos con otros países de la OCDE (Organización para loa Cooperación y el Desarrollo Económico) (OCDE 2006).
En general, las personas con discapacidades en el mercado laboral suelen tener un nivel educativo inferior al resto. También es más probable que tengan empleos a tiempo parcial. Las tasas de desempleo varían según los tipos de discapacidad y son superiores para aquellos con enfermedades mentales. En el Reino Unidos se estima que el 75 % de aquellos en edad de trabajar con enfermedades mentales están desempleados. En Suiza, la enfermedad mental se ha convertido en el motivo más frecuente para empezar a recibir prestaciones por discapacidad, y representa más del 40% del total (ídem, pág.21), tendencia que se manifiesta claramente también en otros países (Gabriel y Liimatainen 2000).
Según un examen de la información disponible, las razones para los elevados índices de desempleo entre las personas con discapacidades son:
• bajo nivel de educación y formación;
• caída de la demanda de trabajo no calificado;
• reducción de la fuerza de trabajo de las grandes empresas y los servicios públicos;
• reticencia a registrarse como discapacitado;
• falta de información sobre oportunidades laborales;
• desconocimiento por parte de los empleadores de las necesidades y aptitudes de las personas con discapacidades;
• la «trampa» de las prestaciones;
• el temor a perder prestaciones sociales;
• desánimo tras varias experiencias fallidas en la búsqueda de un trabajo y/o por la imagen negativa que han interiorizado;
• apoyos técnicos/personales inadecuados.
2.1.1 Más políticas activas del mercado laboral
Muchos países están preocupados por los crecientes niveles de desempleo entre las personas con discapacidades y su baja tasa de participación en el mercado laboral, lo que redunda en un incremento de los costes de asistencia social. El próximo capítulo explica los detalles de las medidas específicas pero la tendencia general de las nuevas políticas refleja que se hace más hincapié en la activación de la política del mercado laboral mediante:
• medidas para prevenir y desincentivar la dependencia de la asistencia social;
• incorporación de las personas con discapacidades en los servicios comunes de formación y de empleo;
• incentivos para participar en iniciativas educativas, formativas y laborales;
• mayor implicación de los empleadores;
• mejores servicios de empleo subvencionado;
• aplicación más eficaz de la legislación antidiscriminatoria; y
• mayor cumplimiento de las disposiciones existentes en los regímenes de cuota.
Actualmente, las medidas pasivas (pagos en efectivo) representan una proporción de los recursos públicos considerablemente mayor que las
medidas activas del mercado de trabajo. Si bien parece que existe la clara intención de invertir la situación, los índices de desempleo relativamente elevados, sumado a una crisis económica generalizada en muchos países dificultan la aplicación efectiva de estas medidas.