Península Ibérica.
Introducción
Un objetivo fundamental de la investigación ecológica es entender los mecanismos que influyen en la estabilidad, la complejidad y la dinámica temporal de los ecosistemas. Esto es esencial para ser capaces de predecir, y, finalmente, mitigar, las consecuencias del aumento de las perturbaciones ambientales, tales como la pérdida de hábitat, el cambio climático o las invasiones de especies exóticas (MCCANN2000, MONTOYA et al. 2006). El estudio de las interacciones entre los organismos que componen las redes ecológicas ha jugado un papel central en el desarrollo de la ecología como disciplina científica (HARDY 1924, MCCANN 2000).
Las especies del género Monochamus, y en concreto M. galloprovincialis, son insectos saproxílicos de hábitos secundarios que buscan pinos muy debilitados para completar su ciclo biológico (VIVES2000). El estudio de este género de coleópteros ha despertado un gran interés en los últimos años ya que sus especies son los únicos vectores conocidos del nematodo de la madera del pino Bursaphelenchus xylophilus (Steiner et Buhrer) Nickle (NMP), agente causal de la enfermedad del marchitamiento del pino.
La introducción del NMP en Portugal causó una gran mortandad de P.pinaster en la península de Setúbal entre los años 2001 y 2007. Diversos estudios relacionaron, en ese periodo, la presencia de M. galloprovincialis con las de otros insectos saproxílicos (pertenecientes las familias Cerambicidae, Curculionidae (Scolytinae) y Buprestidae, en el interior de los árboles muertos (BONIFÁCIO 2009). No obstante solamente M. galloprovincialis fue identificado como vector efectivo de la enfermedad (SOUSA et al. 2001).
Las larvas de los cerambícidos son consideradas por norma general fitófagas (CRAIGHEAD 1923, LINSLEY 1959), aunque el canibalismo durante dicha fase larvaria (VICTORSSON Y
WIKARS1996) y la depredación de escarabajos cortícolas han sido constatados en algunos estudios (HELLRIGL 1971). Asimismo, la colonización por parte de cerambícidos de pies moribundos o recién muertos por ataque de escolítidos es sumamente frecuente, y de hecho muchas asociaciones entre cerambícidos y escolítidos han sido identificadas hasta la fecha
(CHANSLER1967, MOSER et al. 1971, DAHLSTEN Y STEPHEN1974, DIXON Y PAYNE
1979, DODDS et al. 2001).
En este mismo sentido, algunas especies de escolítidos producen feromonas de agregación que permiten realizar ataques coordinados contra sus hospedadores. Asociado a ello, un conjunto de escarabajos saproxílicos pueden responder cairomonalmente a los infoquímicos de los escolítidos (ETXEBESTE et al. 2013b). Y son muchas las evidencias de la exitencia de estas respuestas semioquímicas de cerambícidos a los volátiles de pinos hospedantes así como a los atrayentes kairomonales producidos por escolítidos (BILLINGS Y CAMERON 1984,
FATZINGER et al. 1987, SCHROEDER Y WESLIEN1994, PAJARES et al. 2004, IBEAS et al. 2007, PAJARES et al. 2010). En concreto, el complejo de sustancias con mayor actividad atractiva para M. galloprovincialis incluye un compuesto cairomonal emitido por el hospedador (α-pineno) y dos compuestos de la feromona emitida por escolítidos del género Ips y
Orthotomicus (ipsenol y metil-butenol) de acuerdo con PAJARES et al. (2004) e IBEAS et al.
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algunas especies de pino emiten dicho compuesto (SEYBOLD et al. 2006). Todo esto parece evidenciar una relación entre ambos grupos que va a tender a la coincidencia espacio-temporal en el floema y la región subcortical de los árboles muy decadentes o recién muertos.
Con todo, estas interrelaciones entre las especies saproxílicas que colonizan las coníferas no se ajustan simplemente a una rudimentaria cadena trófica, sino que están revestidas de una mayor complejidad, formado redes reticulares que afectan a un mayor número de especies conectadas, donde los casos de omnivoría, predación-competencia intragremio, o compartimentalización de los recursos no son, en absoluto, aislados (AMEZAGA Y RODR GUEZ 1998, DODDS et al.
2001, AUKEMA Y RAFFA2004, HUNTER2009, ETXEBESTE et al. 2013b). Son, por tanto,
muchas y muy complejas las interrelaciones que suceden en la región subcortical de las coníferas mediterráneas y su conocimiento sería de gran ayuda en la gestión de las plagas forestales desde la perspectiva del control integrado de plagas.
El carácter genérico de las trampas y los atrayentes utilizados en las redes de trampas vigía, en general, puede hacer posible afrontar estudios para la caracterización y evaluación de estas comunidades (RASSATI et al. 2014, RASSATI et al. 2015a, RASSATI et al. 2015b). No obstante, la identificación y determinación de la diversidad entomológica es indiscutiblemente complicada, y paralelamente a la inventariación, se necesitan mecanismos ágiles y baratos para estimar y cuantificar la biodiversidad, la ecología o el medio ambiente. Un enfoque hacia la monitorización restringida de especies indicadoras, representantes o sustitutos de sus valores, puede ser uno de esos métodos (SAMWAYS1994, NEW et al. 1995, MARTÍN-PIERA2001). The Oxford Dictionary of Zoology define “especie indicadora” como aquella especie que posee una estrecha relación con respecto a uno o varios factores ambientales y, por tanto, cuando está presente, indica una condición medioambiental o un grupo de condiciones. Seleccionar correctamente aquellas especies se vuelve muy importante con la pretensión de que su estudio suponga una buena, barata y rápida aproximación de la realidad y ayude a conseguir una buena gestión del espacio natural. Ello dependerá de que satisfaga diversas condiciones: fácil muestreo y clasificación, distribución cosmopolita, adecuada representación en las muestras, abundancia significativa, facilidad y seguridad de almacenamiento, pertenencia a grupos taxonómicos bien conocidos, identificación rápida, distribución temporal y espacial predictible (para asegurar una continuidad a largo plazo), entre otras (MCGEOCH1998).
En referencia al muestreo de comunidades, de acuerdo con DE CÁCERES (2015), la determinación de la ocurrencia o la abundancia de un pequeño conjunto de especies indicadoras, como alternativa a la toma de muestras de toda la comunidad, ha sido particularmente útil en el monitoreo ambiental a largo plazo para la conservación o gestión ecológica. Las especies, por lo tanto, deberían ser elegidas como indicadores sólo si i) reflejan el estado biótico o abiótico del medio ambiente, ii) presentan pruebas de los efectos del cambio ambiental, o iii) predicen la diversidad de otras especies, taxa o comunidades dentro de un área.
En definitiva, el objetivo de este trabajo es realizar una primera aproximación al estudio de la comunidad de insectos saproxílicos asociada a M. galloprovincialis mediante el análisis preliminar de los primeros datos aportados por la Red MUFFET.
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