3 User Centred Evaluation: Methodology and Data Collection
3.1 Methodological Framework
3.1.5 Image Retrieval Tasks
Existieron algunas diferencias entre los tratadistas médicos sobre el concepto de la muerte natural. Algunos negaban la muerte natural considerándola como una causa ineludible y necesaria en la que la Naturaleza no tenía intervención alguna. El médico Alonso González, uno de los muchos partidarios de conservar la salud a partir de bebidas refrigeradas mediante nieve, consideraba “que ninguna muerte es intentada por naturaleza y que solo es necesaria, porque de necesidad se ha de acabar el humido, que si no se le acabara, la naturaleza passara adelante procurando su conservación”129.
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A.P.S.S., (Santiago), Legajo I, Libro de gastos de la hacienda de Luisa Rubio.
127
A.P.S.S., (Santiago), Legajo I, Papeles del vicario Juan Villaspesa.
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CASTRO Y ÁGUILA, Tomás de: op. cit., p. 31.
129
GONZÁLEZ, Alonso: Carta al doctor Pedro de Párraga Palomino en que se trata del arte y orden
para conservar la salud y dilatar la vida, y buen uso de bever frío con nieve, Granada, imp. Martín
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Los teólogos apuntaban que la muerte natural no se debía a la progresiva descomposición de la naturaleza, que en tiempos anteriores había tenido una gran fuerza primigenia, permitiendo a los antiguos patriarcas bíblicos alcanzar edades insospechadas, sino que la decisión divina era la causante de que el tiempo de vida del ser humano se viese reducido para servir como aviso de la transitoriedad de la misma y para mantener al espíritu vigilante ante la memoria de la muerte130.
Pero la mayoría consideró el deceso natural del individuo como una consecuencia necesaria e inevitable producida por el agotamiento de los humores vitales. La consumición del calor natural, que ardía en el humor radical deshacía la proporción de las calidades primeras con lo que los cuatro humores contrarios dejaban de actuar y se producía la separación entre el alma y el cuerpo por falta de los instrumentos necesarios para gobernar el alma. El orden lógico de las cosas establecía que todo aquello que tuviese sustentación material, por su propia finitud, estaba condenado a la destrucción. Otros tratadistas simbolizaron la muerte natural con la vejez, momento postrero de la vida del hombre, en el cual la expiración ocurría suavemente y sin grandes aflicciones. La idealización de la muerte tranquila y apacible alejada de todas las terribles angustias que conllevaba estuvo siempre asimilada a la beatifica muerte que experimentaban muchos de los santos. Sin embargo, se sabía que muy pocos podían aspirar a ella.
Una mujer, Olivia Sabuco de Nantes, propugnaba investigar las causas naturales que influían en la vida y muerte de los hombres mediante reflexiones de orden ético y moral que evitaran la muerte temprana o violenta pudiendo así llegar a una “muerte natural de vejez que se pasa sin dolor”. Su obra es un alegato contra la medicina tradicional de aquel tiempo, que demostraba constantemente su ineficacia, incapaz de curar las enfermedades epidémicas que periódicamente se presentaban.
“Pues han provado la medicina de Hipócrates y Galerno, dos mil años i en ella han hallado tan poco efecto y fines tan inciertos, como se ve claro cada día, y se
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“La vida no se abrevió después del Diluvio por flaqueza de la Naturaleza, porque nunca fueron peores los hombres cuando vivieron muchos años, porque al verse lejos de la muerte cayeron en grandes pecados. Por esto Dios dispuso a la naturaleza cercenar la vida, para que la muerte, más vezina a nosotros, más repetida en los vezinos, revocasse nuestras licencias con la memoria de nuestra condición”, NIEREMBERG, Juan Eusebio: Curiosa y oculta filosofía: primera y segunda parte de las maravillas de
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ve en el gran catarro, tavardete, viruelas y pestes passadas y otras muchas enfermedades, donde no tiene efecto alguno, pues de mil, no viven tres todo el curso de la vida natural hasta la muerte natural y todos los demás mueren muerte violenta de enfermedad sin aprovechar nada su medicina antigua”131
.
Cuando esta autora habla de la muerte natural la atribuye más a la transformación que experimenta el alma que al debilitamiento fisiológico del cuerpo. El alma tiene dos de las tres columnas de la vida que son la alegría y la esperanza del bien pero la experiencia hace que surja el desengaño. Ya no hay lugar para aquello que engañosamente producía alegría en la juventud. Se ven los errores de la vida pasada dando lugar a la tristeza que viene con el temor de la muerte cercana y cierta. También cesa la esperanza de bien corporal, porque ya no quedan fuerzas para alcanzarlo, ni salud ni gusto para gozarlo, y la prudencia no deja engañarse como en la juventud con vanas esperanzas. La tercera columna, que es la armonía del estómago, se debilita por la falta de calor y va disminuyendo la humedad. De esta manera, van creciendo en el alma la tristeza, los dolores y las penas y ella misma va ayudando a causar la muerte natural porque ama los deleites que son perdurables y no los del cuerpo que son pasajeros. Esta curiosa teoría de la que se desconoce el grado de aceptación que tuvo entre la clase médica del momento, termina con una descripción de carácter gerontológico en el que el símil entre la vida vegetal y la del hombre es evidente:
“... y por esto no puede faltar en la vejez los decrementos especiales violentos del ánima que ayudan a los forçosos del tiempo y simiente que desecan el humido de la rayz con su movimiento propio y natural, dessecandose la rayz, dessecanse con ellas sus ramas, que son los nervios y telas que della nacen. Dessecase y endurecese el nervio que cubre todo el cuerpo (que es el cuero) y va cessando su vegetación y vienen las rugas: el qual cuero comiença en la vértice o remolino de la cabeça por donde va la mayor parte de la vegetativa. Dessecanse todos los demás nervios y telas que desta rayz y su tronco nacen por do va el xugo blanco de la nutrición. Dessecanse también las vías, acetábulos o chupadores y filos de nervios por do chupa y assí muere por sequedad el hombre que va ganando y por la humidad radical que va perdiendo”132
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SABUCO DE NANTES, Olivia: Nueva filosofía de la naturaleza del hombre, no conocida ni
alcançada de los grandes filósofos antiguos la qual mejora la vida y salud humana, Madrid, imp. P.
Madrigal, 1588, fol. 4r.
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