• No results found

4.3 Applications

4.3.2 Image Super-resolution

Tras corte directo y siguiendo la continuidad espacio-temporal de la persecución anterior146 pasamos a un plano de escala general que recoge el conjunto de personajes: Ilegorri (Karra Elejalde) junto a los miembros de la familia Mendiluze -el aizkolari Juan Mendiluze (Kándido Uranga), hermano de Catalina, y Paulina (Pilar Bardem), la madre de ambos. El grupo se sitúa en el exterior del caserío, una composición en la que Juan, en tanto objeto de la apuesta, se encuentra flanqueado por su madre y por Ilegorri, los interlocutores que se encargan de la organización de la misma (F91).

F91

Ilegorri toma en principio la palabra, exponiendo la posibilidad de la apuesta y la conveniencia de la participación de la familia en el desafío. Desde este primer momento, la rivalidad y diferenciación entre ésta y la otra familia (“los de abajo”) contaminan el tono de un diálogo en el que se superponen a las palabras al continuo y violento ruido del hacha de Juan despedazando el tronco bajo sus pies. Cuando el hombre finaliza su argumentación, Juan sin mediar una sola palabra gira la posición de su cuerpo 180º para seguir talando en dirección a su madre, quien inmediatamente se dispone a tomar el control de la negociación (F92).

145 No obstante este mismo personaje, siendo aun un niño, fue el causante del encuentro de Manuel y Karmelo en el frente de batalla.

F92

Este simple y automático movimiento del personaje evidencia el liderazgo de la madre en la familia, por encima de cualquier autoridad que pudiera tener su hijo en la toma de esta decisión aun siendo él la parte más implicada. Se nos presenta desde un principio a este personaje masculino sin voz y sin posibilidad de opinar, a expensas de los designios de la madre, es decir, una figura que se encuentra ligada a la tradición, al pasado. Un pasado cuya trágica sombra se plasma en el negro luto de la mujer.

Efectivamente, el negro de la sobria vestimenta de la madre no remite sino a la muerte en el campo de batalla del marido (y padre), aquel sargento carlista que murió desangrado ante la impasible mirada de su vecino. La referencia a ese acontecimiento pasado, trágico punto de contacto en la historia de las dos familias, enfatiza el rencor que define las relaciones entre ambos contendientes de la apuesta: un odio enquistado y atávico, atado a antiguas afrentas al orgullo familiar, y centralizado desde el punto de vista de la matriarca Mendiluze en el infame acto de cobardía de Manuel Irigibel en la trinchera, que derivó en su propia salvación gracias a la sangre de su marido muerto.

El diálogo en el que se propone definitivamente el desafío se articula en base al plano contraplano. Una estructura que deja a Juan al margen de lo que allí se debate al confrontarse mediante el montaje los planos de la madre (F93) -con el luto resaltando sobre el verde de la vegetación y el azul del cielo- y de Ilegorri -un plano en contrapicado que recorta su figura sobre el cielo y recuerda gráficamente aquel otro en el que aun siendo niño observaba intrigado el encuentro entre Manuel y Karmelo en la trinchera- (F94 y F95).

Paulina pretende que Ilegorri participe en la competición apostando por su hijo, lo que es rechazado inmediatamente por éste argumentando su neutralidad: “Este es un

desafío entre vuestras familias, y nada más”. Esta negativa nos hace plantearnos el

papel neutral que ejerce el personaje de Ilegorri como intermediario entre las dos familias. El personaje actúa en principio de forma ambigua, puesto que como organizador de la apuesta manipulará con diplomacia sus condiciones y la final decisión de las familias en beneficio propio147.

Una vez establecido el desafío y sus condiciones se culmina con la vuelta al plano de escala general con el que comenzábamos, mientras Ilegorri parte a comunicar la propuesta a la otra familia involucrada. Su puesto en la composición es ocupado por Catalina (“¿Cuánto vamos a apostar por el hermano?”), que ha regresado de su breve incursión en el bosque. Se completa de esta manera el retrato familiar de los Mendiluze, visualizados bajo el luto de la madre junto a sus dos hijos huérfanos, y así mismo, bajo el peso del edificio que sirve de telón de fondo en el que encontramos simbolizado arquitectónicamente, en piedra, la unidad familiar e historia y tradición de su sangre (F96).

F96

147 Propone una alta cantidad de dinero a sabiendas de que la familia Irigibel no podrá hacer frente a una fuerte apuesta, adulando la superioridad de los Mendiluze consigue que estos se confíen y apuesten una alta suma, que el mismo igualará al participar de lado de los Irigibel ayudándolos a alcanzar la cifra. Este doble juego del personaje hace que se enriquezca su función en la historia, y el hecho de decantar finalmente su apoyo por una familia desembocará en su trágico final. La explicación de ese final para el personaje debemos empezar a rastrearla en este doble juego, que le hace en cierta medida culpable de todo lo que ocurrirá a raíz del desafío entre las familias.