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Así, con el estallido de la pulsión comienza la batalla, y con ella como no podía ser de otra forma comparecerá la muerte. Ya advertíamos anteriormente que la muerte era la encargada de tutelar en su latencia esta secuencia de trincheras y guerra, y es ahora cuando se hace por fin presente sellando uno de los hechos fundamentales de la historia: el fallecimiento del sargento Juan Mendiluze en el campo de batalla ante los ojos de su vecino, Manuel Irigibel, el aizkolari cobarde al que se refiere el título del presente episodio.

Aunque ya hemos incidido en el hecho de que el odio profesado entre los Irigibel y los Mendiluze es sugerido desde el texto como algo irracional y anterior a todo esto, no puede negarse que éste acontecimiento se configura como un claro punto de inflexión en sus relaciones, una vieja afrenta que será recordada por la familia traicionada y que no hará sino encender el rencor y la desconfianza. Pero más que interesarnos en debatir acerca de si es este acontecimiento la causa que justifica las tensas relaciones entre las familias protagonistas abordaremos la manera en la que es plasmado en imágenes.

En el comienzo del tiroteo se alternan por medio del montaje los planos de ambos personajes, quienes cruzan sus miradas, ausentes de todo lo que pasa a su alrededor (F33y F34). Una ceremoniosidad inusual es remarcada aquí, en este punto en el que se confrontan las dos fuerzas activas del relato, los Irigibel y los Mendiluze, en las figuras de los personajes masculinos de la primera de las tres generaciones familiares que el film abarca.

F33 F34

La ceremoniosidad, de la música y de la actitud de Karmelo, pone de manifiesto unas connotaciones heroicas de la batalla que tienden a remitir a otras tantas representaciones, institucionalizadas en el subconsciente colectivo a lo largo de la prolífica producción de cine bélico para consumo de masas. La heroicidad del soldado, la visión propagandística del ejército y la gloria de morir por unos ideales, factores tan habituales en ese tipo de cine -y que sí podemos identificar en la figura de Karmelo- se contrastan aquí con la cobardía de Manuel, totalmente inmóvil, paralizado por el miedo, rígido.

Por el contrario, lo que se plantea en la figura de Manuel es el derecho a la cobardía, el derecho a no participar en un conflicto, el derecho a no matar. Manuel no es un hombre de guerra pero está envuelto en un conflicto en el que no cree, es por ello que ejerce ese derecho. Para Medem, y así lo reiterará en numerosas entrevistas, la actitud del personaje consiste en una manera de ser cobarde “que además del miedo

físico, tiene que ver con no entender, con no poder comprender lo que ocurre (…) como una guerra que para ellos (los soldados) no tiene una causa suficiente como para que puedan asumirla”122.

Tras mantener los planos de los personajes observándose mutuamente en el fragor de la batalla, Karmelo sonríe. Una sonrisa que parece burlarse de la cobardía que demuestra su vecino, el héroe, el “aizkolari que nunca ha perdido una apuesta”. Es entonces cuando intenta obligar a Manuel a matar antes de morir, irrumpiendo literalmente en el encuadre de su vecino para dirigirle hacia la trinchera con el objetivo de que comience a disparar (F35).

La cámara se sitúa de manera frontal a los dos personajes justo en el borde de la trinchera (F36) uniéndoles por primera vez en un mismo encuadre para que acontezca durante esa unión la muerte de Karmelo, cuando éste se dispone a dar valor a su vecino para que consiga serenarse y luchar - “No tiembles Manuel” - mientras sujeta las manos de su vecino para que apunte el fusil.

F35 F36

Un par de planos generales ilustran el horror del contexto de la batalla (F37y F38): el resto de las tropas carlistas disparando y siendo abatidos por los disparos de un enemigo al cual no vemos123.

F37 F38

122 Angulo, J. y Rebordinos, J.L.: Contra la certeza: el cine de Julio Medem. Filmoteca Vasca/ Festival de Cine de Huesca, Pamplona, 2005. p. 201.

123 No interesa ahora la focalización de un enemigo exterior, sino trabajar sobre la idea de rivalidad y odio entre familias vecinas.

Tras esta visión general del contexto se vuelve al plano anterior pero utilizando una escala más corta, lo que enfatiza la unión de los personajes en este momento crucial (F39): un primerísimo primer plano en el que el encuadre recorta los rostros de los personajes y deja el cañón del fusil en el mismo centro de la composición, amenazante, en espera de ser disparado por las manos de Manuel con la ayuda de su vecino el cual le conmina repetidamente que luche, que acepte su rol de ser sacrificado en defensa de los ideales que allí los reclaman: “Dispara…mata alguno antes de morir…dispara”.

Un disparo abate entonces a Karmelo, dejando vacía la parte que él ocupaba en el encuadre. Manuel permanece quieto mientras la cámara se centra en su rostro y, tras mirar a un lado y a otro explota en un grito a la par que arroja con ira el fusil (F40), tambaleándose y cayendo hacia atrás, quedando vacío el encuadre.

F39 F40