Quizás el área de gestión de negocios sea una de las áreas donde la aproximación holística de enseñanza y aprendizaje por competencias se encuentre mayormente internalizada. En la relación entre las instituciones educativas y las empresas, existen numerosos ejemplos que analizan las competencias necesarias en el ámbito de la administración de negocios y frecuentemente forman parte central de las estrategias de selección de personal, asignación de funciones y evaluación del desempeño laboral en la empresa (Carrasco, 2005; Cortez Gómez, 2013).
En este contexto, tradicionalmente la relación entre la universidad y la empresa se ha centrado en el desarrollo de competencias conceptuales (técnicas) necesarias para el desarrollo de la actividad profesional. Esto es particularmente cierto en el caso de la formación universitaria a nivel de grado, donde los programas de estudio se encuentran principalmente orientados a la formación de grupos de estudiantes en un esquema de homogeneidad que da sostén al ejercicio profesional. Esto se entiende en la estructura del sistema de educación superior en Argentina, donde la incumbencia profesional (es decir, el campo en el que se autoriza oficialmente el desarrollo de la profesión) está determinado por los alcances de las carreras de grado.
En el caso, de las carreras de posgrado (particularmente en el caso de las especializaciones y maestrías), los objetivos son diferentes. Se busca la excelencia del profesional y la diferenciación competitiva de manera personal, requiriendo de una mayor profundidad de los contenidos técnicos (conceptuales), pero también otras competencias que complementen la formación individual para el mejor ejercicio de la profesión.
A nivel de posgrado, existe acuerdo en que los docentes actuales no pueden enfocarse en la mera transmisión de conocimientos específicos. La aproximación debe ser integral y holística. En particular, en el área de la gestión de negocios, donde el enfoque es interdisciplinario y se requiere de un permanente diálogo entre diferentes modos de ver la realidad.
En un aporte a los foros de discusión realizados, esto resulta evidente: “teniendo en cuenta los permanentes cambios que resultan en la faz laboral, es necesario pensar en las competencias adquiridas, como sujetas a permanente actualización y, más allá de las competencias conceptuales (efímeras por el avance continuo en todos los campos del conocimiento), resultan indispensables aquellas competencias instrumentales (capacidad de organización y de planificación, habilidades de gestión de la información, toma de decisiones), interpersonales (apreciación de la diversidad y multiculturalidad, compromiso ético, capacidad de trabajo en equipo interdisciplinar, capacidad para comunicarse con expertos de otras áreas) y sistémicas (capacidad de aplicar conocimientos en la práctica, habilidades de investigación, habilidad para trabajar en forma autónoma, iniciativa y espíritu emprendedor, conocimiento de culturas y costumbres de otros
países, preocupación por la calidad, motivación por el logro)” (R. Paz, aporte foro 1, Taller enseñar por competencias, 29 de marzo de 2013).
En el área de gestión de negocios, las competencias interpersonales y sistémicas muchas veces definen la empleabilidad y en los programas modernos, se encuentran integradas en los cursos formales de posgrado. Es frecuente encontrar en la estructura curricular de posgrados la combinación de cursos que aborden aspectos conceptuales de base, talleres y seminarios con desarrollos prácticos de metodologías aplicadas y contenidos de gestión y comportamiento empresarial. Esto, frecuentemente se encuentra complementado por otras actividades como visita de empresarios, jornadas de networking, programas de intercambio de estudiantes, workshops de orientación y desarrollo profesional, estudios de casos y reuniones sociales, entre otros.
Competencias que resultan fundamentales para el desempeño profesional se encuentran presentes en las estructuras propias de los planes de estudio y también, de manera transversal, en diferentes momentos del ciclo formativo. Sin embargo, para lograr con éxito el desarrollo de competencias con impacto directo en el ejercicio profesional, es necesario tener en cuenta las siguientes consideraciones:
• Los estudios de posgrado son parte de un proceso formativo mayor. El mismo concepto de aprendizaje a lo largo de la vida pone el eje de la discusión del desarrollo de las competencias en la conexión/ interconexión de las diferentes experiencias de aprendizaje. En particular, en el ámbito formal, la articulación entre los diferentes niveles del sistema educativo y sus subdivisiones. El objetivo de los estudios de posgrado es profundizar, potenciar, resignificar, enfocar las competencias desarrolladas durante la formación de grado. • Es necesario tener en cuenta el contexto de actuación inmediato y
las particularidades presentes en el entorno donde se desarrollará la actividad profesional. Es decir, el diseño e implementación de cualquier actividad de formación requiere del ajuste y adecuación al entorno donde se aplicarán los resultados de las mismas. • Es importante tener en cuenta que frecuentemente existe una
diferencia de criterio entre los profesionales que realizan el reclutamiento (normalmente formados en gestión de recursos
humanos y con un conocimiento claro del concepto de competencias) y los administradores de las empresas. La valorización de las competencias no siempre se ponderan de la misma manera entre las personas que definen la empleabilidad.
• El docente de posgrado debe potenciar la formación integral de los estudiantes-profesionales. En el marco de este nuevo paradigma, es un camino compartido, donde los docentes deben resignificar también sus propias competencias.
En este sentido, durante los talleres y foros de debate realizados, ha sido reconocida como competencia fundamental para todos los actores involucrados (docentes, estudiantes-profesionales y empresarios) la capacidad de adaptación al contexto, es decir, la capacidad de reflexión para interpretar la realidad y tomar decisiones. En esto es fundamental la interacción recíproca entre el ámbito universitario y el ámbito laboral- profesional.
Muchas veces se manifiesta la falta de interacción entre el mundo académico y el mundo del trabajo: la academia define contenidos y desarrollo de programas de formación en función del propio funcionamiento institucional e interés de los actores internos. Eso es cada vez menos frecuente, sobre todo en las disciplinas vinculadas a la gestión donde hay por lo menos factores que pueden ser considerados como facilitadores de este proceso.
En los últimos tiempos, existe una creciente y significativa participación de las universidades en iniciativas nacionales, provinciales y municipales de promoción del desarrollo del territorio en el que se encuentran insertas (planes estratégicos, procesos de participación, elaboración de normativas, etcétera). Esto permite que los contenidos de la formación se encuentren vinculados a contextos específicos. De la misma manera, existe una cada vez mayor conexión entre las actividades de investigación, transferencia y docencia que permiten un ajuste de los contenidos en función del relevamiento de los avances científicos y tecnológicos.
Todos estos aspectos son requeridos como base para la evaluación y aseguramiento de la calidad de las instituciones de educación superior y la acreditación de las carreras que otorgan título oficial.