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The Zelig Interaction Metaphor

Desde inicios del siglo XX, la Humanidad ha asistido a numerosos cambios en distintos ámbitos, algunos de los cuales han sido más vertiginosos, otros menos evidentes: cambios en la estructura social, en la economía, en la industria, el desarrollo y aplicación de las tecnologías. Si bien la gran mayoría de estos cambios que se observan en las sociedades han tenido gran influencia en nuestra vida cotidiana, Bianco y otros (2002) afirman que probablemente la raíz de estos cambios está relacionada con el ámbito de la producción: se ha pasado de una era en donde el principal proceso para generar valor o riqueza era la transformación de materias primas en productos, a una era donde el conocimiento se ha convertido en un factor clave y distintivo que permite generar bienes y servicios con mayor valor agregado.

A partir de estos cambios se produjo la revolución tecnotrónica, que dio paso a la conformación de un nuevo tipo de sociedad: la sociedad de la información. En este contexto, el mundo del trabajo sufrió grandes cambios, particularmente desde la década de los setenta, con la incorporación de las primeras computadoras al mercado laboral. Los cambios originados por la acelerada integración de las tecnologías de la información y comunicación (TIC) a la vida privada y profesional de los seres humanos posibilitaron el auge de esa sociedad de la información, a tal punto que dichas transformaciones incidieron no sólo en la vida y el trabajo, sino que moldearon en forma permanente a la sociedad y a todas sus instituciones.

A partir de la integración de las tecnologías en los diferentes ámbitos, surge el término “sociedad del conocimiento”, entendida como aquella en la que el conocimiento es parte estructural de la sociedad y a la vez la piedra angular para cualquier proceso socioeconómico. En definitiva, hace referencia a “cambios en las áreas tecnológicas y económicas estrechamente relacionadas con las TIC, en el ámbito de planificación de la educación y formación, en el ámbito de la organización (gestión de conocimiento) y del trabajo (trabajo de conocimiento)” (Krûger, 2006).

Este pasaje de una sociedad de tipo industrial a una sociedad del conocimiento, se basa en la producción, administración y uso del conocimiento, y genera nuevas necesidades tanto a los profesionales como

a los trabajadores, los estudiantes, y todos los miembros de la sociedad (Cabero y Román, 2006).

En esta nueva sociedad, las personas tienen la necesidad y la idea de aprender a lo largo de toda la vida: buscan el aprendizaje autónomo y colaborativo, se informan, seleccionan, elaboran y difunden la información necesaria y útil para ellos mismos y para los demás; se capacitan con nuevas competencias para el trabajo y toman conciencia de las implicaciones económicas, ideológicas, políticas y culturales de la tecnología.

Desde esta perspectiva, surge la necesidad de repensar y reestructurar los modelos formativos utilizados hasta ahora, ya que la educación pasa a ser también una necesidad de los adultos y, por extensión, de todos los ciudadanos, y es y será un factor clave para el desarrollo político, social, cultural y económico de esta nueva etapa de la civilización (Area Moreira, 2002).

A partir de estas necesidades, se plantean nuevas exigencias sobre todo a los sistemas educativos (ANUIES, 2001; citado en Dávalos, 2006), generando la necesidad de una educación cada vez más actualizada y especializada, que incluya la aplicación y el manejo de estas tecnologías. Las instituciones educativas deben implementar cambios a nivel organizativo y curricular, para ofrecer conocimientos nuevos y actualizados, y nuevas habilidades para gestionar y aprovechar ese conocimiento, posibilitando y favoreciendo un aprendizaje a lo largo de la vida.

En este sentido, el hecho de extender la formación a lo largo de la vida genera la necesidad de crear espacios de formación alternativos que tiendan al autoaprendizaje y a la autogestión formativa.

La formación a lo largo de la vida implica una nueva conceptualización del diseño de la formación, planificando una formación a largo plazo y estrategias metodológicas encaminadas a formar en el momento en que se necesita. A este tipo de formación se la ha llamado just-in-time. Su implementación implica un alto grado de individualización y de autogestión del proceso de aprendizaje, de manera que el sujeto aprende cuando lo necesita. Los entornos tecnológicos y la teleformación constituyen los ejes fundamentales de este tipo de formación (Salinas, 2002).

Como un complemento al término sociedad del conocimiento, surge el de sociedad del aprendizaje, que parte del hecho de que las sociedades

actuales requieren de la formación continua o educación para toda la vida (lifelong learning) de sus ciudadanos, acompañando así el ritmo en que se genera nueva información y nuevos conocimientos. De esta manera, la calidad de la educación y del aprendizaje continuo hace que se hable de sociedad del aprendizaje.

En esta sociedad del aprendizaje también surgen desafíos que deben afrontar quienes tienen la responsabilidad de formar a los hombres y mujeres de dicha sociedad (Sarmiento, 2012). A saber:

• De la formación para trabajar al aprendizaje para vivir. • Formación a lo largo de toda la vida.

• Aprender a aprender.

• Cambios en las maneras de trabajar y en los tipos de empleo. • Formación basada en counselling y orientación profesional. • Los nuevos mediadores del conocimiento (e-learning, NT). • Aumentar la independencia de las instituciones formativas del

presupuesto público.

• Difuminación de las fronteras formativas entre trabajo y vida, vida y aprendizaje, trabajo y ocio, escuela y sociedad.

• Rápida obsolescencia de los conocimientos.

La sociedad del aprendizaje tenderá a la gestión de las competencias adecuadas para que el aprender sea una construcción y un instrumento para el cambio de la sociedad, y no solamente una preparación para la vida laboral. Este tipo de formación reposará en los cuatro pilares de la educación: aprender a conocer; aprender a ser; aprender a hacer y aprender a convivir (Delors, 1997).

En la sociedad del conocimiento, las instituciones de educación superior juegan un rol importante, entrenando agencias y organismos asociados al mundo del trabajo. Desde el punto de vista de la persona que aprende, existe una amplia variedad de oportunidades y estrategias, pudiendo pasar por un amplio rango de instituciones educativas durante toda su vida.

En esta situación, las instituciones de educación superior y las agencias de formación necesitan abordar desafíos complejos, en particular:

• Ofrecer oportunidades de formación apropiadas, respondiendo a las necesidades de la sociedad presente, especialmente en términos de demandas del mercado laboral, involucrando a tomadores de decisión (empresas, gobiernos, sindicatos, consejos profesionales, ONG, etcétera) en el diseño y desarrollo de los programas curriculares.

• Adecuar las ofertas formativas a un contexto cambiante y dinámico. • Incorporar estrategias de enseñanza adecuadas a las nuevas formas

de aprendizaje y a las características de los estudiantes.

• Usar herramientas y estrategias en los programas formativos que permitan el reconocimiento y certificación de aprendizajes realizados en otros contextos no universitarios.

Asimismo, a escala internacional, luego del proceso de Bologna, que ha sido fundamental para el desarrollo de la educación superior, surge la necesidad de construir una perspectiva de enseñanza y aprendizaje que integre las diferentes instituciones de educación superior, dando respuesta a los procesos de movilidad propios de un mundo globalizado.

En lo que se refiere a la formación universitaria de posgrado, se requiere una mirada particular, tanto por las características de los estudiantes (normalmente adultos, con experiencias formativas previas en ámbito formal y ya insertos en el mundo del trabajo), como por la tipología de temáticas a abordar (normalmente de profundización y especialización en temáticas específicas).

Es necesario pensar este ámbito de enseñanza y aprendizaje en el marco del aprendizaje a lo largo de la vida como una etapa significativa en la vida de las personas, vinculada estrictamente con el área de desempeño profesionales, pero también como un momento de significativo crecimiento personal y social.

El presente trabajo se enfoca en la discusión de la formación de posgrado en el área de gestión de negocios en Argentina. Busca evaluar de qué manera las carreras formales son parte de un proceso formativo mayor, donde las competencias profesionales desarrolladas en la universidad potencian saberes, habilidades y formas de desarrollado en otros contextos.

En una primera parte, teniendo como base publicaciones especializadas y con el desarrollo de grupos focales reunidos en talleres presenciales

y foros de discusión en línea, se discute con profesionales del área del conocimiento, docentes universitarios, estudiantes de posgrado y representantes de entidades intermedias, sobre las competencias necesarias para el desempeño profesional y el rol de la universidad en su desarrollo. El enfoque es interdisciplinario, con la participación de profesionales de diferentes áreas del conocimiento, tanto en los talleres como en los foros de discusión. Complementariamente, se analizan los programas de posgrado en el área de gestión de negocios de las principales universidades argentinas, observando la estructura de los planes de estudio y la incorporación, en los contenidos mínimos de las materias, de las competencias reconocidas como importantes para el desarrollo profesional.

En una segunda parte del trabajo se plantea cómo estas competencias se incorporan en el marco de procesos formales, analizando los estándares de evaluación y acreditación de las carreras de posgrado en Argentina. Para esto, se evalúan diferentes documentos producidos por el Ministerio de Educación de la República Argentina y la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU). Con particular foco en la Resolución Ministerial 160/11, se identifican cuáles con las herramientas facilitadoras que se pueden aplicar a los estudios de posgrado.

Finalmente, el trabajo plantea, de manera prospectiva, el cambio esperado en la formación de posgrado con la inclusión de las nuevas tecnologías y la perspectiva del aprendizaje a lo largo de la vida. Se discuten los nuevos desafíos en la formación profesional de posgrado.

Competencias profesionales en el área