OPPORTUNITIES AND CHALLENGES
3. ANALYSING THE SUBSTANTIAL IMPLICATIONS
3.4. Implications for the Quality of Democracy in the EU
2.6.1. La identidad como fenómeno social
Según las definiciones que se pueden encontrar en diferentes diccionarios, hablar de identidad supone pensar en un “conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás” (Real Academia Española, 2002) o en aquel “conjunto de rasgos psicológicos, sociales, ideológicos, etc., que caracterizan a una persona o colectividad y con los que éstas se reconocen a sí mismos” (Moliner, 2007). En otras palabras, en “el conjunto de datos que definen a un individuo de manera que lo singularizan y lo limitan de tal forma que no puede ser confundido por ningún otro” (Molina, 1975).
Para Berger y Luckmann (1988), la identidad es un fenómeno social que surge de la relación entre el individuo y la sociedad y que no se entiende más que dentro de un mundo social y de las definiciones que aquella realiza sobre la realidad. Es un elemento fundamental de la realidad subjetiva y, por tanto, está en relación dialéctica con la sociedad. A partir de los procesos sociales que forman la identidad, serán las relaciones sociales las que la preservarán, la modificarán o la transformarán.
“Laidentitat, doncs, és un fenomen que sorgeix de la dialèctica entre l’individu i la societat. Els tipus d’identitat, d’altra banda, són purs productes socials: és
a dir, elements de la realitat social objectiva relativament estables (però amb
un grau d’estabilitat determinat, també socialment, és clar)… La identitat no és intel·ligible sinó dins d’un món social. Per consegüent, tota teoria sobre la identitat (i sobre uns tipus concrets d’identitat) ha d’ésser feta des del marc d’aquestes interpretacions teòriques globals.” (Berger & Luckmann, 1988: 240)
Se trata, pues, de un constructo social que existe en cada contexto en virtud de cómo es definido en el seno del mismo. Así, los valores de una sociedad influyen en la percepción que los componentes de la misma tienen de sí mismos.
De este modo, en la construcción de esa identidad necesitamos al otro, la presencia de los demás, que será quien nos devolverá la imagen que nos define. No hay identidad sin el otro. Somos quienes somos gracias al espejo de los demás (González, Fernández, & Fernández, 2007).
2. Referentes Teóricos
39 Autores como Goffman diferencian entre identidad personal e identidad social. La identidad personal estaría relacionada con la idea de que un individuo puede diferenciarse de todos los demás. El ser reconocido por los otros como persona “única” implica una “marca positiva” o un “soporte de la identidad”. Además, será la sociedad la que establezca los medios para categorizar a las personas y los atributos de cada una de dichas categorías. Así, cuando vemos por primera vez a una persona, será su apariencia la que nos permitirá anticipar cuál es su identidad social, es decir, la categoría en la que se halla y sus atributos. En esta anticipación suponemos determinados aspectos o atributos de la persona que tenemos ante nosotros (identidad social virtual) aspectos que si realmente le pertenecen constituirán su identidad social real (Goffman, 1963).
En cualquier caso, la identidad no se adquiere definitivamente al nacer ni permanece de manera estable: se construye en la infancia y a partir de aquí debe reconstruirse a lo largo de la vida. Además, el individuo no la puede construir solo sino que dependerá de los juicios que realicen los otros, así como de su propia orientación y definición del yo. La identidad es el producto de socializaciones sucesivas (Dubar, 1991).
Así, la identidad se entiende como un proceso en continua construcción o reconstrucción resultante de la interacción con los otros (Berger & Luckmann, 1988; Molina, 1975). Cada experiencia en la vida hace que nos situemos en una posición determinada y adoptemos roles que suponen una representación de nosotros. Con cada experiencia vamos matizando la anterior y sumando representaciones sucesivamente. Este proceso de cúmulo de roles es determinante para la construcción identitaria. Cabe también resaltar en algún caso el papel activo de la persona en la construcción de su propia identidad al elegir la forma en que quiere ser visto por los demás (González et al., 2007). Sin embargo, no basta solamente con la descripción que la persona realice de sí misma, sino que se requiere tomar conciencia de esta representación para, desde su auto percepción subjetiva siempre confrontada con la mirada de los otros y la realidad cambiante, asumir su propio ser (Aguilar, 2003).
2. Referentes Teóricos
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2.6.2. La identidad profesional enfermera: experiencia y sentimiento
La identidad que se construye en relación a un grupo profesional de referencia y a un espacio de trabajo, donde se asume un modo determinado de situarse ante la construcción del conocimiento, constituye la identidad profesional. Está integrada por (Caballero, 2009):
a) una identidad compartida. Es decir, unos rasgos, funciones y atributos que son propios y específicos de esa profesión, que la diferencian de otras y que comparten todos los individuos que la ejercen
b) una manera personal de entender y de ejercitar la profesión
c) una determinada cultura profesional resultante de las relaciones producidas en el desempeño de la profesión.
En la construcción de la identidad profesional se interrelacionan factores tanto personales como sociales. Entre los primeros, aparece la vocación, el cómo se concibe la profesión, el saber (tanto teórico como práctico), la integración en la cultura profesional, el auto concepto o la autoestima. Entre los segundos, el prestigio de la profesión, la categoría profesional, el reconocimiento profesional o la interacción profesional (Caballero, 2009).
Hablar de la identidad profesional enfermera supone, además de lo expuesto, pensar en la percepción individual de cada profesional de la enfermería en el contexto de su práctica, entendida no como el trabajar de enfermera sino como “la experiencia y el sentimiento de ser enfermera” (Fagermoen, 1997; Öhlén & Segesten, 1998), el sentimiento de ser una persona que puede ejercer la enfermería con habilidad y responsabilidad. La identidad como profesional es vista como una parte integral de la identidad personal de las propias enfermeras. Esta experiencia y sentimiento de ser enfermera constituye la parte subjetiva a la que se añade la imagen que la gente tiene sobre la enfermera. Conceptos como autoestima, autoimagen, rol de la enfermera o profesionalismo están conectados con la identidad profesional enfermera y su relación es central para proporcionar estabilidad y poder. Cuando enfermería desarrolla una identidad profesional firme, esta permanecerá intacta incluso aunque aparezcan problemas de rol (Öhlén & Segesten, 1998). Los valores profesionales fundamentan la identidad, este sentido de pertenencia a un grupo de
2. Referentes Teóricos
41 referencia, donde cada enfermera se sienta enfermera (Ramió & Domínguez Alcón, 2003; Ramió, 2005).