PERMANENT STRUCTURED COOPERATION
1. THE ESDP’S FIRST DECADE: PROMISE UNFULFILLED
Ante esta actitud de los teólogos católicos, ¿qué decían los reformistas? Tenemos que distinguir entre la corriente luterana y la calvinista. Tanto una como otra consideraban inadecuada la definición del matrimonio como sacramento indisoluble y criticaban la
63 El divorcio estaba presente socialmente, ya fuese mediante la separación entre personas de clase alta, el
abandono familiar, la bigamia o la venta de la esposa. Sobre el divorcio dice san BASILIO, regla 73: “Si el marido, tras haberse separado de su mujer, se une a otra mujer, es adúltero, porque hace cometer un adulterio a esta mujer; y la mujer que había con él es adúltera, porque ha atraído a sí al marido de otra”. 64 El c.1055-1 establece que entre los fines del matrimonio está el bien de los cónyuges por lo que de una
interpretación extensiva y adaptada a nuestros tiempos concluimos que guarda su fundamento en que a través de la institución del matrimonio se asegura mejor el cuidado entre personas mayores.
65 ROIGÉ VENTURA, Xavier, “Amor, Sexualitat i Reproducció social a l’Europa preindustrial” cit.,
págs. 66 y ss.
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complejidad de la legislación, que no consideraban apropiada y que tenía muy poco en cuenta el Nuevo Testamento. Pero LUTERO formuló explícitas precisiones como las siguientes: su rechazo a los matrimonios clandestinos (una de las razones por las que a la Iglesia católica le costó tanto prohibirlos)67; no consideraba sacramento el matrimonio; ni competente a la Iglesia para regularlo, sino a la autoridad civil; discutía el principio de indisolubilidad; requería para el matrimonio la aquiescencia de los padres; y, contra lo que establecía la doctrina católica, exaltaba la institución matrimonial por encima del estado de virginidad apostólica (celibato y votos)68. En cambio, los calvinistas ponían el acento en que el matrimonio está constituido por Dios, aun no siendo un sacramento, y se fundamenta en el libre consentimiento de los contrayentes69.
En materia de sexualidad es reseñable que para los protestantes el matrimonio debía de dar satisfacción suficiente para que éstos no buscasen consuelo en otros sitios70. Además, CALVINO considera que el acto sexual es un “don de Dios” que podía justificarse no sólo con el objetivo de la procreación, la cual, por otra parte, debía restringirse a los hijos que se pudieran mantener71.
Progresivamente, tanto la Iglesia católica como la Iglesia reformista, trataran de moralizar la sexualidad superando una cierta permisividad anterior. No obstante, esta preocupación moralizante penetraba con dificultad en las zonas rurales dónde la
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LEBRUN, Jean-Fraçois, BURGUIÈRE, André, “El cura, el príncipe y la familia” (Coord. BURGUIÈRE, André: KAPLISCH-ZUBER, Christiane; SEGALEN, Martine; ZONABEND, Françoise),
Historia de la familia, Alianza Editorial, vol. II, Madrid, 1988, pág. 99.
68 REINA BERNÁLDEZ, Víctor; MARTINELL GISPERT - SAÚCH, Josep Maria, Curso de Derecho
matrimonia.l… cit., pág. 116.
69 ROIGÉ VENTURA, Xavier, “Amor, Sexualitat i Reproducció social a l’Europa preindustrial” cit., pág.
69. 70
Así, en la Inglaterra del siglo XVIII, se prohibieron las relaciones sexuales por Cuaresma y todos los domingos. La condena del Pecado de Onan también estaba presente en las tradiciones teológicas protestantes. Vid. STONE, Lawrence, Familia, sexo y matrimonio en Inglaterra, 1500-1800, Fondo de Cultura Económica de España, S.L., México, 1990, pág. 254.
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permisividad sexual hacia los jóvenes era visto como un medio de contentarlos y hacerlos cooperar con las estrategias familiares72.
Sobre las anteriores bases la expresión de la sexualidad sobre todo en las clases altas y en los albores de la Edad Moderna se desdobló en dos modelos: uno, el conyugal, dedicado sobre todo a la procreación; y otro, extramatrimonial, caracterizado por el amor y el placer sexual73. Ahora bien, el patrón de matrimonio de la Europa occidental se caracterizaba por la elevada edad de los contrayentes por lo que, en orden a la satisfacción sexual, se creó una “nueva moral” que toleraba e incluso incitaba la experimentación sexual masculina aunque, por el contrario, insistía en la virginidad femenina hasta el matrimonio. De ahí, que la prostitución fuera un fenómeno creciente74.
Parece claro, y así lo sostiene FLANDRIN, que existía un fuerte desajuste entre la doctrina oficial católica y el comportamiento del pueblo75. Señala SEGALEN76, que aunque las relaciones de afecto se expresasen de una manera diferente, esto no significa que no existieran. Así, mientras que los burgueses se escandalizaban por la manera como los campesinos trataban a sus mujeres, las relaciones amorosas entre los burgueses eran consideradas en el medio rural como algo ridículo por las formas que utilizaban.
Vemos, pues, que el análisis del papel de las relaciones afectivas no puede separarse de las condiciones económicas y sociales en que viven las personas77.
72 Ibídem, pág. 130.
73 ROIGÉ VENTURA, Xavier, “Amor, Sexualitat i Reproducció social a l’Europa preindustrial” cit., pág.
71.
74 STONE, Lawrence, Familia, sexo y matrimonio en Inglaterra cit., págs. 249 y ss.
75 FLANDRIN, Jean Louis, Les amours paysannes: amour et sexualité dans les campagnes del’ancienne
France (XVI-XIXè siècle), Gallimard-Julliard, Paris, 1975, págs. 243 y ss. 76
SEGALEN, Martine, Amours et marriages de l’Ancienne France, Bibliothèque Berger-Levrault, París, 1983.
77 Nos referimos a una época en la que está arraigado un importante rechazo social de la ilegitimidad, en
que hay una precaria situación económica de una gran mayoría, y en que la utilización consciente y premeditada de métodos anticonceptivos es absolutamente excepcional.
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En definitiva, de la época que acabamos de examinar hemos podido constatar el intento de control de la sociedad por parte de la Iglesia –en mayor medida que los protestantes en sus distintas corrientes– a partir de una doctrina sobre la sexualidad y sobre el matrimonio vertebrada casi exclusivamente en torno al fin procreativo, con apenas relevancia de los aspectos afectivos y, muy especialmente, en lo que se refiere a la mujer a la que se atribuye un rol meramente pasivo al servicio de la reproducción. Y que contra esta visión un tanto monolítica y utilitarista (perpetuación de la especie humana) aparecen otras manifestaciones de la sexualidad (con las características propias derivadas de cada contexto socio-económico) más espontáneos, que no tienen cabida en el anterior esquema, pero que serán el germen de un reconocimiento ulterior –aunque no precisamente en el seno de la Iglesia– de las reivindicaciones que acabarían dando lugar más tarde a una concepción del matrimonio al servicio del individuo y no al contrario y al reconocimiento de determinados derechos de minorías sexuales.