THE PRESIDENCY TRIANGLE
2. INITIAL PRACTICAL EXPERIENCE
Se ha dicho que un profesor es estratégico si es capaz de tomar decisiones deliberadas sobre los conocimientos conceptuales, procedimentales y actitudinales a utilizar, para alcanzar determinados objetivos de aprendizaje en determinadas situaciones educativas (Del Mastro, 2005).
Tomar decisiones deliberadas significa en términos de Gaskins y Pressley (2006) que el docente ajusta intencionalmente sus prácticas al contexto de cada materia: objetivos, contenidos, alumnos, recursos, competencias personales y que es capaz de autorregular sus emociones y acciones frente a demandas que pudiesen producirse en su aula de manera inesperada.
Para que la instrucción sea estratégica se habla de dos niveles interrelacionados de tareas que deben llevarse a cabo. Por un lado, el proceso planeado, justificado y declarado de las acciones educativas dirigidas a un contexto, y por el otro, el control de emociones y de acciones frente a demandas particulares de las situaciones de enseñanza en aula.
El profesor es estratégico si regula todo el proceso de enseñanza, desde que planea hasta que lleva a cabo la instrucción, y demuestra en todo el proceso, que las decisiones tomadas son consideraciones ajustadas a las situaciones de enseñanza.
Esta manera de actuar implica un mayor posicionamiento del profesor en recursos, tiempo y espacios para la reflexión que le permita prever o identificar situaciones, porque la aplicación de determinadas formas de enseñanza es planeada, no automática. Más allá de la transmisión de información, una actuación estratégica se revela cuando el profesor intencionalmente va cediendo el control del aprendizaje en una situación educativa. Es decir, se descentra en la situación de enseñanza y se focaliza especialmente en el aprendizaje; como lo expresa Tainta, (2003), se trata de dotar de sistematicidad al conjunto
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de sugerencias, consejos y “trucos” que el profesor recomienda al estudiante. En otras palabras, enseñar al estudiante incluso a reflexionar sobre la manera en que aprende y cómo puede seguir aprendiendo mejor (Monereo, 2001).
En este sentido, la enseñanza estratégica se asume como un proceso de transferencia progresiva de los interrogantes y decisiones que deberían generar los alumnos, para lograr autorregular su proceso de aprendizaje y ejecutar acciones más eficaces. Siempre respetuosos de las condiciones relevantes del contexto en el que se produzca (Badia & Gómez, 2014).
Lo expuesto implica que en el análisis a una situación educativa, se debe evidenciar un mayor nivel de autonomía por parte de los estudiantes. Un aula caótica en que los estudiantes no logran seguir la tarea, tal vez requiera de un direccionamiento estratégico.
Para identificar con mayor detalle si una actuación es estratégica en el contexto que investigamos en este proyecto, siguiendo a Monereo et al. (2008) y Monereo y Castello, (1997) se pueden tener en cuenta tres aspectos:
Primero, el profesor cede el control sobre el aprendizaje a los estudiantes y les ayuda a analizar con qué conocimientos cuentan y los procedimientos que requieren para seleccionar y dominar un determinado método, es decir se trata sobre todo de la activación de procedimientos.
Segundo, el estudiante puede identificar las demandas de una tarea y desarrollar las estrategias para conseguir los objetivos.
Tercero, el profesor identifica las condiciones de la situación de aprendizaje, lo que permite prever las decisiones a tomar. En consecuencia, la instrucción estratégica implica un posicionamiento diferente del profesor en lo que a su rol se refiere, puesto que le interpela e incita a ubicarse centrado en el aprendizaje.
En los estudios de la identidad profesional del profesor sobre la instrucción estratégica, se han encontrado algunas limitaciones vinculadas a las posibilidades reales de dar respuestas ajustadas a las diversas situaciones de enseñanza (Monereo & Badia, 2011).
Es decir, el profesor puede preservar sus prácticas sin realizar ajuste alguno, por la seguridad que provee el resultado de sus estrategias rutinarias, tratando de evitar el costo
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emocional que implica el cambio ligado a algunos convencimientos sobre lo que se considera mejor en la enseñanza y el aprendizaje.
Hacer las cosas de la misma manera reduce las tensiones que implica ajustarse a las demandas de un grupo, pero a la vez, esto puede ser contraproducente, en razón a que el profesor se expone a situaciones que pueden tener consecuencias negativas en su actividad. Las demandas del aula en la medida que comprometen el rol docente y socavan la identidad profesional, pueden impactar emocionalmente al docente. (Monereo & Badia, 2011).
Monereo y Badia (2011) creen que se pueden hallar en la perspectiva identitaria los dispositivos de cambio para promover actuaciones estratégicas, en razón a que los docentes parecen mantener rutinas que no facilitan la enseñanza y ello tal vez está ligado a aspectos emocionales.
En esta perspectiva, la noción de instrucción estratégica adquiere otro matiz y se entendería como adoptar una versión de la propia identidad ajustada a una nueva situación, desplegando creencias, sentimientos y configurando un rol, de acuerdo con las situaciones de enseñanza.
Lo que hemos mencionado tiene que ver con la posibilidad de lograr una identidad maleable, es decir, que a pesar de las teorías del profesor en la educación secundaria, sobre la enseñanza y el aprendizaje, los roles asumidos, y las emociones experimentadas, se pueda hablar de una identidad que tiene la posibilidad de adoptar diversas formas de actuación, diversos self.
En términos de Badía y Alvarez (2011) se habla de profesor estratégico cuando dicho profesor es capaz de desplegar los diferentes tipos de self de manera coherente con su identidad y de manera ajustada a las condiciones que surgen en cada contexto educativo.
En otras palabras, cuando hablamos de una actuación estratégica del profesor en el contexto de la educación secundaria, nos estamos refiriendo a que el paso de la identidad narrada, a la identidad situada, puede tener cierta coherencia o constancia que se manifiesta entre lo que se dice y se hace, según el tipo de demandas de las situaciones educativas.
Ya decíamos que los profesores pueden mantener rutinas ajustadas por igual a todos sus grupos de clase, pero en una perspectiva identitaria, la actuación estratégica va a implicar procesos adaptativos del profesor. Como hemos mencionado, implicará tomar
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decisiones ajustadas a las condiciones de la situación educativa.
Consideramos que la instrucción es más efectiva si el profesor es capaz de hacer ajustes en razón a las demandas, son diversas los factores que deben manejarse en el contexto de la enseñanza, por ende, no todas las situaciones se pueden enfrentar con las mismas estrategias.
Para cerrar este capítulo, como advertimos, exploraremos las dimensiones contextuales que pueden estar asociadas a la actuación del profesor.