(1) El sitio de Jabes, 11:1–5. Ben-mí fue hijo de Lot por el abominable acto de incesto (Gén.
19:38). Suscitaron problemas eternos entre Israel y este pueblo cuya capital fue Rabat Amón, ahora capital de Jordania, la llamada Amman. Jefté había combatido y vencido a los amonitas unos 25 ó 50 años antes (Jue. 10). Adoraban a sus dioses detestables Milcom y Moloc. Los israelitas nunca pudieron acabar con los amonitas y perduraron ellos hasta el segundo siglo antes de Cristo. Najas fue su rey. El nombre Najas quiere [PAG 95] decir “serpiente”. Es la misma palabra serpiente de Génesis 3:1. El su-mo enemigo del pueblo de Dios todavía se llama “la serpiente antigua” en Apocalipsis 12:9 y todavía se ve vergonzosamente astuta.
Una extraña exigencia
1 Samuel 11:1, 2
Saúl acababa de ser ungido por Samuel como rey de Israel. Su trono es-taba en peligro. Las poderosas y malvadas fuerzas de Nahas (Serpiente) el amonita ya estaban instaladas en el campamento frente a Jabes de Galaab.
Las fuerzas de esta "serpiente" eran mucho más superiores que la de esta ciudad. El pasaje describe cómo los hombres de Jabes de Galaad buscaron la paz con Nahas: "Haz alianza con nosotros y te serviremos." ¿Cuál fue la pro-puesta de Nahas?: "Con esta condición haré alianza con vosotros, que a cada uno de todos vosotros, saque el ojo derecho, y así pondré en ridículo a los israelitas."
Jabes de Galaad quiere decir "monte del testimonio", y lo que esa ser-piente quería destruir para siempre era el testimonio del pueblo de Dios. La analogía es evidente. Si Satanás no puede destruir la fe del creyente, por lo menos buscará que este haga concesiones, querrá obligarnos a negociar acep-tando su poder sobre nosotros. El precio es muy alto: “le costó un ojo de la cara” se suele decir cuando el precio es desproporcional.
Detrás del aspecto simbólico y de humillación, se ocultaba una cuestión de orden práctico. En aquel entonces los guerreros peleaban con la espada en la mano derecha y el escudo en la izquierda. Este los protegía casi comple-tamente contra los ataques y estaba diseñado para que lo mantuvieran contra la cara, dejando libre solamente la visión del ojo derecho. Por esta razón Na-has quería que todos los guerreros de Jabes de Galaad (monte del testimonio) perdieran el ojo derecho. En realidad estaba tratando de destruir sus posibili-dades de ataque y defensa. El caso práctico se repite en nuestros días cuando ante la duda en cuestiones de conducta y testimonio se suele decir: "Yo no veo ningún mal en este asunto" ¡y puede ser! porque ya le sacaron el ojo de-recho. ¡Cuidado con las alianzas con el mundo!
Jabes de Galaad fue un pueblo unos 40 km. al sur del lago de Cineret o Galilea y tres a cuatro km. al este del Río Jordán. El territorio originalmente pertenecía a la tribu de Gad y a la tribu de Manasés aun-que mucho antes se hizo famoso por el pacto aun-que hizo Jacob con su suegro Labán. Galaad se refiere a un montón (de piedras) que sirve de testimonio (ver Gén. 31:48). Jabes en hebreo es seco. Aunque los amonitas sitiaron a Jabes, la ciudad antiguamente se gozaba de una posición bastante fuerte y se hubiera requerido tiempo para poderla vencer. Tanto los amonitas como los de Jabes sabían esto. Por eso, cuan-do se propuso que se les diera siete días de plazo, el enemigo accedió. No hubo alternativa. Siete se ve como un número especial para Israel y en toda la Biblia tiene una sanción divina. Además Amón estaba seguro de que nadie vendría a socorrer a Jabes. Y si no hubiera sido por el llamamiento y capacitación del Espíritu de Dios, nadie hubiese venido. Eso es evidente por el v. 4. La primera reacción del pueblo fue llorar. La palabra tiene que ver con algo que fluye y describe la abundancia de lágrimas derramadas. Especialmente se encuentra empleada en contextos donde lloran por los muertos como en Génesis 23:2; 37:35 y 50:3. Parece que ellos ya lamentaban como si Jabes estuviera ya muerto, y no guardaran ningu-na esperanza de su liberación.
(2) La salvación de Jabes, 11:6–11. La reacción de Saúl al venir del campo fue otra. Se encendió
de ira. Quiere decir que se emocionó. La palabra viene de “respirar fuerte”, exhalar o resoplar. Describe la agitación e indignación de sus fuertes sentimientos. Los amonitas tenían fama de ser crueles. Amós 1:13 comenta casi tres siglos después de Saúl, que habían cometido la barbaridad de abrir los vientres de las mujeres encinta en Galaad. Najas iba a recibir el rendimiento de Jabes a costo del ojo derecho de sus hombres. Tendría el fin de imposibilitarles la actuación como guerreros puesto que el ojo derecho sería necesario para apuntar sus armas y para ver asomados de detrás de su escudo.
Saúl en días anteriores tampoco hubiera acudido al socorro de los afligidos de Israel. Pero ahora vemos a un hombre distinto. El Espíritu de Dios descendió con poder sobre él. Esta es la formula común que describe la investidura de los jueces y su capacitación (ver Jue. 6:34; 11:29; 14:19). El ministerio y actividad del Espíritu difiere algo entre el AT y el NT. Es igualmente Dios, el omnipresente en todo tiempo, pero su ministerio en el AT capacita y da poder especial a ciertos hombres. En el NT mora en cada creyente a partir del día de Pentecostés, dándole el poder para ser testigo de Jesucristo.
Saúl había vuelto a cultivar sus tierras y ganarse la vida después de su aclamación como rey en Mizpa. No sabemos cuanto tiempo habrá pasado pero parece razonable creer que fue un año o menos. Ahora la situación demanda acción. Corta en pedazos sus bueyes para que sirvan de auxiliar visual acompañando su llamado a las tribus. Es severa su advertencia y produce el resultado deseado. Infunde temor (v. 7). Los israelitas eran muy emotivos y manifiestan en este caso dos emociones [PAG 96] fuer-tes; el llanto y luego el temor. La severidad de la advertencia fue necesaria para contrarrestar la austeri-dad de sus lamentaciones.
Los hombres de guerra se reunieron en Bezec, lugar al poniente del Jordán, unos 20 km. de Jabes. Fue un lugar ideal, céntrico y próximo a su destino. El nombre Bezec en heb. tiene referencia una dis-persión. Aunque fue lugar de reunión para Israel, produciría la dispersión de los amonitas (v. 11). Ellos serían derrotados y dispersos. Los de Jabes, viendo tantos soldados dispuestos para su liberación, entre-gan a los amonitas su mensaje como si nadie hubiera respondido en su ayuda. El mensaje que les dan es ambiguo, pues de dos maneras se puede entender según la interpretación. En verdad ellos saldrían a los amonitas el día siguiente, pero no para rendirse sino para perseguirles.
Saúl muy sabiamente divide su ejército en tres divisiones para atacar, estrategia militar luego em-pleada por Joab para derrotar las fuerzas de Absalón (2 Sam. 18:2). Y atacaron al apuntar el día cayendo sorpresivamente sobre el enemigo desprevenido. La victoria fue completa.
Gilgal
11:12–15
Samuel, después de la victoria lograda sobre los amonitas, y habiendo observado cómo Saúl obró con prudencia y piedad inaugurando de esta ma-nera su reino y sobreponiéndose a su deseo natural de venganza, el antiguo juez y profeta creyó que era oportuno convocar al pueblo en Gilgal para con-sultarlo acerca de la conveniencia de confirmar el reino en manos de Saúl.
Con respecto de la importancia histórica de este santuario William J. Deane, dice: "El famoso santuario benjaminita en el valle del Jordán y el lugar en su circuito más cercano de Jabes de Galaad estaba relacionado con recuerdos muy cercanos al corazón del pueblo: Recordarían la entrada de sus antepasados en la Tierra de Promisión y los milagros que acompañaron y facilitaron aquella entrada. Aquí los peregrinos habían pasado la primera noche después de cruzar el río Jordán; aquí fueron levantadas las doce pie-dras, que aún se veían en el tiempo de Jerónimo, para conmemorar el paso maravilloso; aquí se ejecutó el rito de la circuncisión, descuidado por cuaren-ta años, sobre los que habían nacido en el desierto, y así fue quicuaren-tado el opro-bio de la incircuncision, y aquí se celebró la primera pascua en Tierra de Promisión. Al reunirse alrededor del altar y lugar alto, y mirar los recuerdos venerados de acontecimientos pasados, los israelitas no pudieron dejar de reconocer su dependencia de la ayuda sobrenatural y el pronto auxilio de Jehovah."
Debemos notar que Saúl actuó con ánimo pronto. No sólo se trataba de un pueblo afligido sino de un pueblo posiblemente emparentado con su familia. Jueces 21:12 nos informa que 400 mujeres de Ja-bes habían sido dadas en matrimonio a los hombres de Benjamín cuando quedaron pocos y la tribu casi eliminada. De tal manera [PAG 97] que la tribu de Benjamín debía bastante a Jabes, históricamente hablando. Y después de esta victoria sobre los amonitas, se ve que Jabes quedaba muy agradecida con Saúl. Y cuando murió el rey, juntamente con sus hijos en el monte Gilboa (31:11, 12), los hombres de Jabes arriesgando sus vidas fueron a llevar y sepultar los cuerpos.
(3) La separación de Saúl en Gilgal, 11:12–15. Samuel estuvo allí con Saúl para esta importante
ocasión. Acuden a él algunos indignados del ejército buscando venganza contra los que anteriormente despreciaron el liderazgo de Saúl. Pero con magnanimidad el rey respondió que nadie moriría aquel día
y dio amnistía a sus detractores. Reconoció que la victoria pertenece a Jehovah y que él mismo no me-recía crédito o reconocimiento. Hasta aquí se ve que Saúl como rey actúa prudentemente dando gloria a Dios.
Samuel evidentemente aceptó su decisión como buena y sugirió que pasasen todos a Gilgal para confirmar el reino. La palabra “confirmar” quiere decir “renovar” o hacer nuevo. A veces se usa la pa-labra para indicar la restauración de edificios. Ahora se aplica a la instalación formal de Saúl como rey, es decir, su coronación. Y tomaría lugar en Gilgal, [PAG 98] sitio especial en la historia de Israel. Ten-drían que seguir el río Jordán hacia el sur unos 50 ó 60 km. y Gilgal quedaba entre el río y la ciudad de Jericó.
Joya bíblica
Yo ya soy viejo y estoy lleno de canas, y he aquí que mis hijos están con vosotros. Yo he andado delante de vosotros desde mi juventud hasta el día de hoy (12:2b).
La corrupción es hoy en manos del poder político el cáncer de los pue-blos. La evaluación del gobierno de Samuel por tantos años y la transparen-cia de sus actos y pureza de sus palabras para con todos es un ejemplo digno de imitación. Fue intachable.
Gilgal fue el lugar de la circuncisión de Israel (Jos. 5:9), al entrar en la Tierra Prometida. Samuel vi-sitaba Gilgal regularmente (7:16) y ahora sería el sitio de la coronación. Los sacrificios de paz se podrí-an ofrecer en cualquier momento, siendo voluntarios, y presentados en agradecimiento a Dios por su bondad. Serían una expresión de acción de gracias como en el Salmo 116:16, 17 y recordaban el hecho de que el adorador estaba en paz y comunión con Dios. Nosotros en Cristo debemos ofrecer a Dios nuestro sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre (Heb. 13:15). Esto pro-duce mucho gozo como vemos al terminar este cap. 11 que “Israel se alegró mucho”.
(4) La protesta de Samuel, 12:1–15. Con este discurso Samuel en efecto se retira de su ministerio
activo. Aunque lo vemos en varias ocasiones, da a entender que ya tienen a su rey, desplazándole a él. Como el último juez, se hace a un lado para que la monarquía gobierne en Israel. Y protesta su prefe-rencia por la monarquía como habiendo rechazado a él mismo como juez y a Jehovah como su Rey di-vino. Los vv. 1 al 5 demuestran claramente que no había nada en Samuel que motivara su preferencia por un rey. Y luego en los vv. 6 al 12 repasan históricamente la fidelidad de Jehovah para librarles y guiarles en todos sus aprietos. Su Dios había sido mejor que un rey por todos estos siglos. Su selección de un rey realmente fue un acto de rebeldía y falta de confianza en Dios. Testifican que no pueden acu-sarle de malversación, ni a Samuel ni a Dios.
A pesar de esto, en los vv. 13 al 15, Samuel declara la disposición de Dios para perdonarles su re-beldía y bendecirles con su nuevo rey si es que obedecieran. La obediencia determinaría el rumbo del futuro.
[PAG 99] (5) La prueba del poder de Dios, 12:16–25. Dios haría por mano de Samuel una
mara-villa (lit. una gran cosa). Lo haría llover en tiempo de la siega de trigo. El trigo se cosechaba como la primera de las tres grandes cosechas del año. Venía entre mediados de mayo hasta mediados de junio, una temporada seca en Israel. Un aguacero en tiempo de cosecha podría dañar el trigo. La constante comunión que tenía Samuel con Dios se manifiesta y al invocar a Dios, caen truenos y lluvias. En tem-porada de lluvia tales cosas producirían gozo y acciones de gracias. Pero con el trigo de grano lleno, constituía un peligro y un castigo. La gente tendría que saber que tales cosas sólo se producen por la mano de Dios.
Produjo temor entre los presentes. En hebreo hay siete palabras que se traducen temor. Algunas dan una idea de timidez; otras de dolor tembloroso. Otras ideas prominentes son las de horror o de cautela. La palabra usada aquí es la más [PAG 100] común. Tiene el significado de “tomar en serio”. Dios les había llamado fuertemente la atención con trueno y lluvia. Y le comenzaron a tomar en serio. Pero para que no fueran vencidos por su pavor, les dijo Samuel, “no temáis” (v. 20). Habían tomado muy a pecho
su maldad hasta pensar que Dios no les escucharía más. Rogaban a Samuel que orara a su Dios, es de-cir, al Dios que sólo a él le escucharía. Y ante esta expresión del reconocimiento de sus pecados, Sa-muel les aseguró que Dios todavía les amaba y les consideraba como su pueblo.
¿Un gobernante conforme al corazón de Dios?
13:14
Cada vez que ejercemos nuestro privilegio como ciudadanos votando a un candidato que se postula para el alto cargo de gobernar la nación, es nues-tro deber preguntarnos acerca de sus condiciones morales, su capacidad inte-lectual, su trayectoria política y sobre todo su respeto y acatamiento por las leyes que rigen a su pueblo... y podríamos seguir.
Después del fracaso de Saúl, Dios pidió a Samuel que buscara un hombre conforme a su corazón. En otras palabras, un hombre con elevados ideales, un corazón recto, incorrupto, alguien en quien se pudiera confiar. Y eviden-temente que lo encontró. Dios había apostado por un muchachito humilde, el más pequeño de una familia de cinco hermanos. Era la reserva moral y espi-ritual de la nación y de quien dependería la esperanza mesiánica de Israel.
Ante la encrucijada, pues, de elegir un gobernante, es necesario volver a la Biblia y saber qué dice Dios en esta circunstancia. Romanos 13:1b nos asegura que "... porque no hay autoridad que no provenga de Dios; y las que hay, por Dios han sido constituidas". La advertencia divina está en 1 Samuel 16:7, un pasaje que Lucas recordó muy bien en hechos 13:22. La meta es muy alta para nuestro tiempo, pero no imposible. El que aspira un cargo pú-blico será necesario que esté revestido de un corazón con un estilo de vida conforme al corazón de Dios, y después votemos tranquilos. También vale para la elección de un nuevo pastor (1 Sam. 2:35).
Samuel es el ejemplo más sobresaliente de un hombre de oración. Puesto que le habían rogado que orara, les aseguró también que iba a rogar por ellos, no sólo en ese instante sino siempre. Y 450 años después Jeremías todavía se acuerda del poder que tenía Samuel en la oración (Jer. 15:1). Juan Bunyan, el gran predicador bautista del siglo XVII, dijo bien: “La oración aparta al hombre del pecado o el peca-do le apartará de la oración. La oración es un escupeca-do para el alma, un sacrificio para Dios y un azote a Satanás”. La oración no es autosugestión o racionali-zación o un vano ejercicio. Es comunión con Dios, es sentir lo que él siente, es pasar tiempo con él. Hacia esto les urge caminar Samuel, tomándole a Dios en serio, sirviéndole de corazón y andando en lo recto. Figura como uno de los gigantes de toda la histo-ria de Israel. Cualquier ministro del evangelio no puede mejor que imitarlo.