• No results found

Institutional Context and Hypothesis Development

In document Three Essays in Financial Economics (Page 121-123)

Los problemas de índole política a los que tiene que hacer frente al poco de llegar a México lo apartan de la “protección oficial” de la que disfruta la mayoría de los refugiados españoles y lo enfrentan a gran parte de la intelectualidad que a partir del 39 ha ido llegando a México. Además, tiene que competir, como todos los demás, con las diversas generaciones de intelectuales mexicanos que en esos momentos “se disputaban con ahínco el terreno”313. Lleva un año trabajando en la radio y, en cierto modo, se

siente periodista: “ese oficio nuestro tan modesto que puede tenerlo cualquiera, o que cualquiera se cree que puede tenerlo”314. Y al igual que otros jóvenes exiliados españoles en México, José Alameda se inicia como periodista y comienza en el año 1942 a publicar sus crónicas taurinas en diferentes semanarios, como Estampa, Sol y

311 Pertenece al movimiento literario conocido como el Grupo de los Ocho, el cual estaba integrado por

Alejandro Avilés, Dolores Castro, Efrén Hernández, Octavio Novaro, Rosario Castellanos, Honorato Ignacio Magaloni y Javier Peñaloza.

312 J. Alameda, op. cit., pág. 72.

313 S. Reyes Nevares, “México en 1939”, en El exilio español en México, 1939-1982, pág. 61. 314 J. Alameda, op. cit., pág. 74.

98

Sombra, Semanario Taurino Nacional, Revista Gráfica Taurina, La Lidia(donde

también publicará crónicas taurinas su padre, don Luis Fernández Clérigo), compaginando esta actividad con el trabajo en la radio. En esta primera etapa publicará en La revista Estampa, “editada por Excélsior y realizada por un grupo de republicanos entre los que se contaba José Alameda”315.Este semanario comenzó su andadura en el

verano de 1939 y estuvo activo hasta el invierno del 46. Carlos publicó su primera crónica taurina en esta revista el 24 de noviembre de 1942, y la última el 27 de febrero de 1946, coincidiendo con la desaparición de dicha revista.Aunque no todos sus artículos fueron sobre toros, sí que lo fueron en su mayoría.

Si bien su actividad profesional comenzaba a despegar, su vida personal se enfrentará al doloroso acontecimiento de la muerte de su hermano, a consecuencia de las graves heridas producidas por un accidente de tráfico que tuvo lugar en la carretera de México a Puebla, el 28 de febrero de 1943, muriendo el 13 de marzo. “Apenas hacía un mes que se había casado y fue a Puebla, a ver una corrida de toros. Era la primera vez que se separaba de su mujer […] Era yo cronista de la revista “Estampa”. Fui a la corrida, como hubiera ido a la oficina, de haber sido burócrata -la disciplina, siempre la disciplina”316. Felipe muriócon 24 años, y se había casado con Ángeles Soler Miguel,

también española exiliada.

Sus crónicas en el semanario mexicano La Lidia tienen la peculiaridad de estar firmadas con su verdadero nombre. Por aquel entonces las corridas se celebran en el Toreo de la Condesa. La del 30 de junio de 1944 tiene la característica de que mezcla prosa y verso. Los versos que utiliza son de Manuel Machado y pertenecen a “La Fiesta Nacional (rojo y negro)”. Estos versos le sirven para introducir los textos en prosa y explicar la corrida. Alameda solamente cubrió para este semanario la temporada taurina del año 1944, temporada que abarca desde el 11 de junio hasta el 5 de noviembre, en total se celebraron 23 novilladas. Este semanario estaba dirigido en aquellos años por Roque Sosa Ferreiro.

A partir de aquella primera visita como invitado a la XEBZ el 23 de noviembre de 1941 se fueron encadenando una serie de sucesos, como hemos visto, que lo convirtieron en periodista y más concretamente en periodista taurino. Una cosa le fue llevando a otra, las circunstancias, su facilidad con la palabra, sus conocimientos tauromáquicos y su amplia cultura, hicieron el resto.

315 J. Alameda, “Toros”, en El exilio español en México, 1939-1982, pág.700. 316 J. Alameda, Memorias,op. cit., pág. 96.

99 Uno de sus primeros amigos dentro del periodismo taurino fue José Jiménez Latapí317: “Se complacía en ayudar a la gente y desde que me vio llegar le entró la idea de que yo iba a dar guerra. Me lo decía a cada instante. Por lo pronto, me invitaba a toda clase de reuniones, banquetes y asambleas, de los que organizaba muchos, pues movía los hilos del mundillo de los toros con una ‘granguiñolesca’ complacencia, con un gozo a la vez sarcástico e infantil, malicia de viejo y fervor de niño”318. Comienza a tener

muchos amigos en ese mundillo, se siente feliz, sabe que es porque es novedad, le dedican halagos. De pronto uno de ellos, señala nuestro autor (Retrato inconcluso, 75) “me atacó en un pasquín. Y otro me dedicó aviesas indirectas en un importante rotativo. Yo no salía de mi asombro”319. Ante su perplejidad, “Don Dificultades” le quita

importancia diciéndole: “Hasta hace un mes, era usted un chico encantador […] ha pasado usted a ser un hijo de la Gran Tiznada. Váyase acostumbrando. Pero puede sentirse orgulloso, eso quiere decir que ya es importante. Le dije que iba usted a dar guerra”320. No obstante, debido a la resonancia de aquellas tribunas, José Alameda

empezó a ser realmente un personaje público. “Polémicas he tenido bastantes. Casi todas me han servido de publicidad. Pero por lo general no las he buscado ni fomentado. Me parecen incómodas, aunque a veces sean, como digo, publicitariamente útiles”321.

Por otra parte, su integración en la vida y costumbres mexicanas era cada vez mayor. Su falta de prejuicios, “pienso que no los tengo por una razón de fe y otra de escepticismo. Creo en el hombre esencial, que en el fondo es igual en todas partes. Y al mismo tiempo desconfío del hombre, cuyos defectos y limitaciones me parecen también iguales, aunque se embocen en el color local”322, le permitió percibir el encanto de

México.Y en 1943 toma la decisión de naturalizarse mexicano, acogiéndose a las facilidades que el gobierno mexicano otorgaba a los refugiados españoles, los cuales solo tenían que solicitarlo para tener a su disposición el pasaporte y la nacionalidad mexicana323, así queda registrado en la carta número 79 de Relaciones Exteriores324.

317 Comentarista y apoderado de toreros y ganaderos conocido bajo el seudónimo de “Don Dificultades” o

“Don Mugre” debido a su aspecto desaliñado.

318 J. Alameda, op. cit., pág. 75.

319 El autor puede referirse al artículo “La crónica pagada” de Martín Luis Guzmán publicado en la revista

Tiempo el 19 de febrero de 1943, pág. 42.

320 J. Alameda, op. cit., pág. 75. 321Ibidem, pág. 85.

322Ibidem, pág. 68.

323 Aunque como señala Carlos Blanco Aguinaga en Ensayos sobre la literatura del exilio español, pág.

25, los exiliados españoles con pasaporte mexicano, nunca tuvieron los mismos derechos que los nacidos en México, ya que, si bien, esto les permitía votar, pero “no podían participar activamente en la política del país”, hecho que hizo que vivieran en una contradicción permanente.

100 Entre los periódicos más importantes del México de los años cuarenta se encontraba el Excélsior, que contaba con la edición Noticias de Excélsior y con Últimas Noticias. Su primer número salió a la venta en marzo de 1917, por lo que se convierte en el segundo periódico con mayor antigüedad del país:El Universal había nacido en octubre de 1916. Será en las páginas de la segunda edición de Últimas noticias del Excélsior, donde José Alameda empezaría en 1944 como columnista taurino, con la sección “Tendido”. En 1946 amplía su participación en el diario Excélsior con la sección “Brindis”, pero manteniendo “Tendido”325.Por otra parte, José Alameda es uno de los

fundadores del efímero, duró poco más de un año, semanario gráfico informativo

Momento, publicación que ve la luz el 10 de julio de 1945,donde figura como jefe de

redacción con su verdadero nombre: Carlos Fernández Valdemoro. Esta será una de las tentativas de nuestro autor por no encasillarse en la prensa exclusivamente taurina, así los artículos relativos al mundo del toro los firmará como José Alameda y para los artículos que abordan otros temas, usará su verdadero nombre.

También su vida amorosa sufrirá cambios, pues poco tiempo después de finalizar su relación con Cecilia Ram, comenzaría un romance con Xochittalicia Valencia Durán conocida como Xóchitl, que en nauhlt significa flor. El nombre con el que Alameda la da a conocer en sus memorias es “Xonia Valente”. Una relación que no duró mucho, pero que hizo que el autor se comportara de forma diferente en sus posteriores relaciones.

Cuando Xonia Valente se empeñó en andar conmigo, no me pregunté si lo hacía por amor, o por algún tipo de interés, ni siquiera cuando tomó un departamento en el que empezamos una vida marital. Ella era divorciada y con no poca cultura; tenía un temperamento agudo y vivaz, al punto de que daba la impresión de que manejaba a todos, amigas y amigos. Hasta la temían un poco. Yo, en cambio, la sentí siempre débil […] dejé correr el “romance” hasta donde naturalmente alcanzó. Que no fue mucho. Y a partir de ahí comencé a tratarla como a una simple amiga. Pero no me separé de ella, acostumbrado como estaba a que fueran ellas las que se iban. Esta no se fue. Y empezó a crecerle el despecho como la cizaña. […] Urdía intrigas de toda clase […] Yo, que tenía que sostener una cerrada lucha profesional, no me preocupaba en exceso de su problema ni de sus enredos y siempre fui indulgente, hasta que un día se le pasó la mano, al tiempo que otras sombras vinieron a mi vida para desplazar a la suya… Y colorín, colorado…

324 J. Alameda, op. cit., pág. 70. No ha sido posible acceder a esta Carta porque según las diferentes

personas que nos atendieron en la Secretaría de Relaciones Exteriores (Plaza Juárez, 20, Ciudad de México) “es una información personal e íntima y solo es posible facilitarla a un familiar directo”.

101 Pero me quedó una enseñanza. O un recelo. […] En cuanto la marea de un romance empezaba a bajar, era yo el primero en cortarlo. […] En eso, ya no les dejé nunca la iniciativa. No les di tiempo. Así, vino a producirse otra de mis antinomias. Mientras mi vida profesional y mi íntima formación literaria eran todo rigor y disciplina, mi vida privada -a ratos, bastante pública- era cambiante, tornadiza, diversa e inestable326.

Xóchitl será el inicio de una larga lista de mujeres, generalmente bellas, pues en palabras de los que le conocieron, le gustaban las mujeres “exóticas”.

In document Three Essays in Financial Economics (Page 121-123)