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3.3 Model and Hypothesis Development

3.4.2 Other Data

Nunca había habido cronistas taurinos en dicha radiodifusora al modo que Alameda lo pretendía, “con la ambición de estar allí domingo a domingo, en forma institucional, ejerciendo la crítica desde aquella tribuna de enorme alcance, que entraba en todos los hogares de México”339.

El programa de José Alameda llevaba el nombre de Crónica taurina y se mantuvo durante treinta años, de 1945 a 1975.340Cada domingo Alameda compartía con sus

oyentes el resultado de la corrida, sus juicios “imparciales y técnicos”341 le granjearon el

favor del público. Con el tiempo algunos le criticarían lo que sin duda fue una de sus características: cubrir con metáforas la mala actuación de un torero, en lugar del vapuleo y la crítica agria. Ya por aquel entonces, a su práctica escribiendo textos se unía su experiencia en la producción de programas de todo tipo, incluso musicales. Aun así, el día de su debut estaba muy nervioso, la XEW era considerada la catedral de la radio, sabía que si fracasaba terminaba su carrera:

Era yo un suicida que se tira al agua: Muy buenas noches, amable auditorio. El Toreo no Es Graciosa Huida, Sino Apasionada Entrega…Lo escribo así, todas las palabras con mayúscula, menos una, porque así lo había puesto, por casualidad, en las cuartillas que estaba leyendo. Me di

338 G. Sosa Plata, Las mil y una historia, un análisis actual de la radiodifusión mexicana, México, Mc.

Graw-Hill, 1997, pág. 333.

339 J. Alameda, op. cit., pág. 81.

340 M. Mendoza-López, “Radio y televisión”, en El Exilio Español en México 1939-1982, pág. 656. 341 Enrique Guarner, “Mis periodistas y libros taurinos favoritos”,

106 cuenta después y lo consigno ahora, pues hubiérase dicho una premonición. La palabra condenada era la única negativa. El no342.

Tal vez de aquí provenga esa costumbreo superstición,que refería su secretario personal de sus últimos tres años de vida y buen amigo suyo, Guillermo Leal, de que los artículos de El Heraldo de México tenían que empezar invariablemente por la letra “S”, porque era la letra del “sí”, afirmativo, aunque debía ponerle dos rayas verticales para que no pareciese un ofidio, como llamaba siempre a las culebras.Entre sus innovaciones destaca que el autor planeó cómo debía ser su presentación. Pues, en todos los programas había una técnica menos en los comentarios taurinos, que daban la impresión de un paréntesis informal. Su experiencia le había enseñado la conveniencia decomenzarlos programas con un lema, de ahí la idea de abrir el suyo con una rúbrica verbal.

Comenzó a buscar material y recordó los aforismos finales de su ensayo

Disposición a la muerte;todos eran muy largos, pero había uno que podría servir: “El

toreo no es burla, sin pasión; entrega total y no graciosa huida”343. Seguía siendo muy largo, por lo que le dio la vuelta y quedó: “El toreo no es graciosa huida, sino apasionada entrega”344. La frase hizo fortuna y comenzó a difundirse, a veces ignorando

su procedencia y a su autor. Cronistas de México y de otros países empezaron a imitarla. Observa José Alameda que “los fabricantes de ‘slogans’ suelen creer que para hacerlos lo que importa son las ideas, los conceptos. No se dan cuenta de que muchas veces –y ésta es una de ellas- la música vale más que la letra. Una buena idea sin un formato eufónico, no va a ninguna parte…Consideren aquello de que ‘en arte, la forma es el fondo’, que dijo Hebbel. Lo que se entiende mejor, traduciéndolo así: el fondo del arte es su forma”345.Esta misma cita de Hebbel preside los textos en prosa de su

poemario Sonetos y Parasonetos.

El recién estrenado locutor de la XEWse granjeó pronto el favor del público por su forma, tan diferente de la habitual, de presentar a los personajes y la naturalidad de su discurso al narrar las corridas, “procuraba enfocar las cosas a modo de tocar otros temas aparte de los toros, que eran el punto de partida”346, tomandoasí como eje el mundo de

los toros, introducía elementos de la literatura, la pintura, el cine o de la vida diaria.

342 J. Alameda, Memorias, op. cit., pág. 81. 343 J. Alameda, op. cit., pág. 84.

344Ibidem.

345Ibidem, pág. 85. 346Ibidem, pág. 83.

107 En el segundo de los programas al hablar de Manolete, comentabaque le “había dado la impresión del ciprés que torea, tan enhiesto y casi fúnebre”347.Este tipo de

crónicas fueron del agrado del entonces gerente de la estación, don Othón M. Vélez. “Por supuesto, su criterio no era subjetivo, de lo que le gustase o no a él, era el criterio objetivo de lo que pudiera interesar al auditorio […] Los toros son un tema especial; un programa sobre toros podría restringir el auditorio”348.Otros dos factores vinieron a

contribuir al éxito del programa.El primero de ellos fue que desde sus inicios estuvo patrocinado por importantes marcas; el segundo fue “tener amigos […] a la hora de la hora, lo único que neutraliza a los inevitables enemigos”349.

Durante los años que trabajó en la radio, no solamente cubrió las corridas de toros de México, sino que también hizo el primer control remotoen 1962 desde la plaza de las Ventas de Madrid para México, y de la misma forma desde Maracaibo (Venezuela). Siendo también contratado en Quito (Ecuador) y en Manizales (Colombia), para narrar sus ferias por radiodifusoras de aquellos países, con destino a su público nacional. Fueron tantas las corridas que narró que perdió la cuenta. José Alameda fue durante treinta años cronista de XEW, la voz de América Latina desde México.

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