• No results found

Summary Statistics

In document Three Essays in Financial Economics (Page 86-103)

2.3 Data & Methodology

2.3.5 Summary Statistics

“El azar, en forma de tragedia, provocó la salida de miles de españoles, quienes aquí reemprendieron la lucha con ese burel que es la vida”254. El 1 de marzo de 1940

llegan su madre, su hermano, su prima y él al centro dela Ciudad de México, tras un largo viaje en autobús desde Nuevo Laredo, “una canción de la época clava ese viaje en el recuerdo: ‘South of the border’, al sur de la frontera…”255. El autobús los deja justo a los pies del “Caballito”, escultura de Tolsá que representa una figura ecuestre de Carlos IV. En palabras de Carlos: “Mal rey de España. Buena escultura de Tolsá”256.

Su primer domicilio será en la calle Roma número 9, en la colonia Juárez257. En

aquellos momentos el Distrito Federal se dividía política y administrativamente en la Ciudad de México y 12 Delegaciones Políticas. Su extensión era de 1.483 Km² y contaba con 1.757.530 habitantes, de los cuales el 82% residía en la Ciudad de México258. Todavía no se había convertido en la populosa ciudad que es hoy. Nada tenía

que ver con la ciudad que he encontrado en 2015 al ir en busca de su rastro.

El calor de Nuevo Laredo se ha trastocado en nieve, y Carlos reinterpretando los primeros versos del poema “Rosa-fría, patinadora de la luna”, de Alberti259, recuerda

ese ese primer encuentro del que será su destino definitivo:

Voy con paraguas, pero sin abrigo y no tengo bufanda que pueda estriar el cielo…Esto da una confianza física, confianza del ambiente, que se refleja en lo psíquico…Esa confianza temprana se aumentó al comprender que el mexicano, siendo asequible como no lo son por ejemplo los franceses, tampoco se adelantan hacia el prójimo con esa iniciativa demasiado pronta de los italianos o de los españoles… Un equilibrio que percibí claramente y que me satisfizo260.

253 J. Alameda, op. cit., pág. 77.

254 J. Alameda, “Toros” en AA. VV, El exilio español en México 1939-1982, México, FCE, 1982, pág.

697.

255 J. Alameda, Memorias, op. cit., pág. 65. 256Ibidem.

257Ibidem, pág. 142.

258 Censo Nacional de Población de 1940, Secretaría de Gobernación, México, 1940.

259 El cuarteto del soneto “Rosa-fría, patinadora de la luna”de Alberti dice así: “Ha nevado en la luna,

Rosa-fría. / Los abetos patinan por el hielo, / tu bufanda, rizada, sube al cielo, / como un adiós que el aire claro estría”. Curiosamente, el sintagma “estriar el cielo”, también lo hallamos en el capítulo sexto de la novela de ciencia ficción El mundo interior, (1971), del escritor estadounidense Robert Silverberg.

82 Cuando llega a la ciudad de México, muchos de sus amigosse encontraban ya residiendo allí, con el primero que sale a recorrer las calles será el pintor Blandino García Ascot261,que residía en Mexico D.F. desde mayo del 39. Pronto, además de

amigo se convertiría en familia, pues se casó con Pilar Saiz López-Valdemoro, prima de Carlos y también pintora. Lo primero que visitaron fue la Galería de Arte Mexicano, fundada en 1935 por Inés Amor. En ella Carlos se encontró de bruces con una exposición de José Clemente Orozco. El impacto que le causó fue tal que, años después, le dedicaría una décima endecasílaba262, “como si octosílaba me pareciese poco para un hombre de arte mayor”. En 1940 Orozco ya había terminado su obra gigantesca en Guadalajara263, por su parte Diego Rivera hacia cinco años que había acabado el mural de la escalera del Palacio Nacional de la Ciudad de México y Siqueiros, que había vuelto a México en el 39, tras su participación en la guerra civil española, comenzaba, en el Sindicato Mexicano de Electricistas, su Retrato de la burguesía264.

De los tres grandes muralistas mexicanos sería a Orozco al que más admiró y, sin embargo, fue al único al que no conoció en persona:

El pueblo mexicano encontró en Orozco a uno de sus observadores más severos, un espíritu intransigente que nunca dejó de denunciar las taras de la sociedad en la que le tocó vivir. Nunca quiso limitarse a la exaltación de las glorias nacionales ni aún menos a hacer de su obra un arma de propaganda política a favor de tal o tal causa. Por consiguiente, su obra no se presta a interpretaciones lisas y monolíticas. La ambigüedad y la polisemia son palabras claves de su estética.265

Con Siqueiros tuvo algunos breves encuentros, y le pareció “bondadoso y de mente clara”. Con el que más contacto tuvo fue con Diego Rivera, “que pintaba con la palabra mejor que con el pincel”, tanto en su estudio de la avenida del Desierto de los Leones,

261 B. García Ascot fundó en la década de los años cincuenta la Galería Diana de orientación surrealista y

que, junto a la Galeria Prisse, se convirtió en la alternativa al realismo socialista imperante, así lo señala Miguel Cabañas Bravo, entre otros autores, en “El exilio en el arte español del siglo XX. De las problemáticas generales de la emigración a las específicas de la segunda generación de artistas del exilio republicano en México” en El arte español del siglo XX, su perspectiva al final del milenio, Madrid, CSIC, 2001, pág. 296.

262 La “Décima endecasílaba a José Clemente Orozco” es publicada, por orden cronológico, en: Seis

poemas al Valle de México y ensayos sobre estética (1974); Retrato inconcluso. Memorias (1982); Retrato de tresciudades: Sevilla, Madrid, México (Obra póstuma, no venal, 2006). El poema publicado en 1974 presenta variantes respecto a las dos ediciones siguientes.

263 De 1936 a 1939 José Clemente Orozco realizó tres grandes obras murales en Guadalajara: en el

Paraninfo de la Universidad, en el Palacio de Gobierno y en el Hospicio Cabañas.

264 S. Reyes Nevares, “México en 1939”, en El exilio español en México 1939-1982, México, FCE, 1982,

pág. 62.

265Marie P. Ramouche,Marie-Pierre: “Miguel Hidalgo: un héroe dual en Sublevación de José Clemente

83 como en su casa de Coyoacán, incluso en Televicentro266. Rivera y Orozco serán punto de partida de dos breves ensayos publicados en 1974 en su libro Ensayos sobre estética. En general, los exiliados españoles que llegaron a México sabían muy poco del país que los acogía267. No era este el caso de Carlos que, a través de la prensa escrita

mexicana, que durante años había llegado a su domicilio en España, se había familiarizado con el devenir del país y sabía de la voluntad de cambio y desarrollo que imperaba en el México de los años cuarenta. Esto lo diferenciaba de la mayoría de los españoles que habían corrido la misma suerte que él. Pero, todos, obviamente, tenían que seguir viviendo, hecho que lo igualaba al resto.

Carlos ya había cumplido 27 años y todavía no tenía una profesión definida. Sus devaneos con la pintura, los toros y la literatura le habían restado el tiempo que hubiese necesitado para terminar sus estudios de derecho y haber comenzado a ejercer antes de la guerra. Ya hemos comentado anteriormente que al llegar a México no lleva consigo el título de abogado, bien como asegura él, quedó olvidado en París, o como dice el personal del Archivo General de la Universidad Complutense de Madrid no consta que lo tuviera. Sea como fuere, la primera cuestión a la que debía hacer frente era cómo resolver el problema económico.Se le ocurrió poner un negocio, “una tienda de curiosidades, complicada con una galería de pintura, en la avenida Juárez, en la esquina de lo que después sería el callejón de García Lorca. Casualmente, estaba muy cerca el café Papagayo, donde se reunían los españoles que la guerra había lanzado a estas playas”268. Entre los asistentes habituales se encontraban, entre otros, León Felipe, Luis

Fernández Clérigo -padre del autor-, Ramón Otaola, Ernesto Guasp, José Ramón Arana. En aquellos momentos la Junta de Auxilio a los republicanos españoles (JARE) daba pequeñas ayudas económicas ycréditos para facilitar la incorporación laboral de los refugiados. No fue este el caso de Carlos, el cual pidió un préstamo a José María Jardón269, por entonces marido de su hermana pequeña María Victoria, y antiguo compañero de estudios. Que no solicitase ayuda de la JARE sin duda está relacionado con los problemas políticos que su padre, presidente de la Diputación Permanente de las Cortes Españolas en esos momentos, tenía con Prieto, los cuales afectaron gravemente a toda la familia a su llegada a México. Muestra de ello podemos encontrarla

266 J. Alameda, Memorias, op. cit., pág. 66.

267 Véase C. Ruiz Funes, E. Tuñón, Palabras del exilio-2. Final y comienzo: el Sinaia, México, Instituto

Nacional de Antropología e Historia, 1982.

268 J. Alameda, op. cit., pág. 68.

269 Dato proporcionado por el Lic. Gustavo Iván Robledo Guillén en un encuentro en la Ciudad de

84 documentalmente en los libros de actas de 1939-1942 de la Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles (JARE), donde consta la petición (el 21 de febrero) de ayuda económica que hizo la esposa de Fernández Clérigo para poder subsistir hasta la llegada de su marido270. Se le concedió el 1 de marzo de 1941 un subsidio-préstamo de 250

pesos mensuales, con el voto en contra del señor Indalecio Prieto, hasta la llegada de su marido a México y a devolver por el Sr. Fernández Clérigo271.Pero el 28 de abril del

mismo año la JARE, a petición del señor Esplá, propone que se modifique el acuerdo anterior y el señor Prieto vuelve a votar en contra, por lo que se acuerda enviarle el siguiente cable a Fernández Clérigo: “Díganos si continuamos pagando 250 pesos mensuales esposa por cuenta de usted”, a lo que Fernandez Clérigo responde cuatro días después: “Carezco medios ahora para ordenar pagos mi cuenta pero ruego se auxilie esposa hijos si lo necesitan. Clérigo”. Se vuelve a acordar seguir pagándole los 250 pesos hasta la llegada de su marido. Prieto vuelve a votar en contra “por no ser concreta la respuesta de Fernández Clérigo y por hallarse convencido de que a la esposa e hijos de éste no les faltan recursos”272. ¿Cómo podemos explicar esta negativa de Prieto a

socorrer a la familia del presidente de la Diputación Permanente de las Cortes Españolas en el exilio? Daremos una posible respuesta a tenor de los hechos que ocurrieron y de los que tenemos constancia en el siguiente apartado.

La tendencia natural de los refugiados era agruparse y recrear sus formas de vida en México y los cafés cumplieron esta función aglutinadora donde poder pensar y hablar de España, de ahí, que proliferaran en los primeros años del exilio:

[…] a la llegada de los españoles a la capital mexicana, tan solo existía un café claro de estilo español. El Tupinamba […] frecuentado por aficionados al toreo y al fútbol […] este espacio se convertirá en un hervidero tras la corrida dominical, y desde él, a través de la radio, los contertulios de la peña llamada de los “sabios” ofrecía sus peculiares críticas o alabanzas de la corrida, participando en ocasiones los exiliados españoles más afines al mundo del toreo […] los exiliados fundaron un nuevo café (a la vez restaurante) bajo el nombre de la Parroquia, situado en la calle Venustiano Carranza, calle poblada de españoles. A la par

270 Don Luis Fernández Clérigo no llegó a México hasta el 28 de mayo de 1941. Archivo de la Secretaría

de Estado de Cultura. Movimientos Migratorios Iberoamericanos. http://pares.mcu.es/MovimientosMigratorios/buscadorAvanzado.form

271JARE, Libros de actas de la JARE, Libros 3-4, acta número 10 del 21 de febrero de 1941, acuerdo 10;

acta número 14 del 1 de marzo de 1941, acuerdo 2.

http://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmc3v0c4 [Consultado: 21 de octubre de 2014]

85 surgió el Papagayo, en el que se abría una tertulia que iba pasando de mesa en mesa273.

También existió el Betis, la Parroquia (bis), el Latino, ambos en la calle López; el Sorrento, el Campoamor, El Puerto de Cádiz, al lado de la Alameda Central; entre otros. La proximidad del café Papagayo a la tienda de Carlos le permitió entablar relación con diferentes intelectuales del momento. Allí conoció a los pintores Ramón Gaya, Rodríguez Luna y Enrique Climent; al poeta Juan Gil Albert, al crítico Antonio Sánchez Barbudo:

Allí, concurría Octavio Paz, amigo de todos ellos, de cuyo talento de ensayista tuve pruebas verbales, antes de las que recibí por escrito en la prosa admirable de El laberinto de la soledad.

Muchos de aquellos amigos visitaban mi ‘no negocio’. En bastantes ocasiones, Pablo Neruda, al que Federico García Lorca me había presentado en Madrid […] en un atardecer de aquellos anteriores a la guerra, preñados ya de inminencias. Pasaba casi a diario por la avenida Juárez y a menudo entraba a saludarme. Pero nunca me habló de lo que estaba escribiendo, había escrito o pensaba escribir. A Neruda por aquel tiempo parecía no interesarle más que la política, sobre todo la española, preguntar por personajes o personajillos y comentar las noticias de los periódicos274.

Los preparativos para el negocio le brindaron la oportunidad de conocer diferentes partes de México, viajó por Jalisco, Oaxaca, San Luis de Potosí, etcétera, en busca del material necesario para abrir la tienda. Estos viajes, lo llevaron a estar largas temporadas ausente de la capital. A su vuelta, su relación con Cecilia Ram estaba muy deteriorada y al poco la dieron por terminada:

Si hubiéramos seguido en el ambiente europeo en que nos conocimos, no nos hubiéramos separado tan pronto. Pero México es otra cosa. México tira de la persona, la hace suya; hay algo abismal que se la lleva, disgregando comunidades, con un poder disolvente al principio, absorbente en su fondo, vivificante al cabo.

Aquella ruptura fue un hito, un punto decisivo en mi vida. Todavía hoy, la veo alejarse como si se la llevara el mar. Con ella se fueron mis amarras del pasado, mis naves de Cortés275.

La tienda no resultó tal y como él pensaba, los ingresos eran mínimos y al poco tiempo hubo de cerrar. Este fracaso fue un profundo varapalo para las esperanzas e ilusiones de Carlos. Estaba solo, sin dinero y abatido, pero también era plenamente

273 Juan C. Pérez Guerrero, op. cit., pág.175. Prácticamente en los mismos términos aborda el tema Carlos

Martínez en Crónica de una emigración: (La de los republicanos españoles en 1939), México, Libro- Mex, 1959.

274 J. Alameda, op. cit., págs. 68-69. 275Ibidem, págs. 69-70.

86 consciente de que no había vuelta atrás: “México no era una estación de paso, sino que era mi destino”276. Esta convicción, le permitió a Carlos (José Alameda), vivir el exilio sin instalarse en la nostalgia. Erapara él, una vez que lo había perdido todo, una oportunidad para seguir avanzando en la vida: “miro hacia atrás en la película del tiempo y me veo solo en plena calle, con las manos en los bolsillos y los bolsillos vacíos, por la avenida Juárez, hacia el Caballito, hacia el mundo, hacia México, que era mi mundo…Así, eche a andar por México, sin volver la mirada”277.

La familia viene nuevamente en su ayuda y por mediación de su cuñado, Ernesto Oteyza, casado con su hermana mayor María Luisa, unido a sus conocimientos de inglés y, sobre todo, de francés, le permiten a Carlos comenzar a trabajar en 1941 como traductor en la Oficina de Francia Libre278, a las órdenes de Jacques Soustelle (1912- 1990), reconocido antropólogo y político francés que al lado de Gilbert Médioni (1902), médico fascinado por el arte precolombino, encabezaron un Centro de Información de la Francia Libre con la ayuda del Comité de los Franceses de México y del Comité pro-Francia de Mexicanos Simpatizantes. Este pequeño centro situado en la calle de Marsella, colonia Juárez comienza a funcionar a partir del verano del 40, difundiendo información sobre la Francia Libre en el mundo e informando de la organización del general De Gaulle sobre la situación en México279. Esta ocupación durará poco tiempo, ya que el destino tiene planes muy diferentes y su vida se encaminará en breve por otra senda.

5.2. “Maniobras de ayer y de hoy”. Respuesta a Indalecio Prieto

Carlos escribe un revelador artículo en el semanario Hoy del 14 de septiembre de 1940, en el que denuncia las maniobras de Indalecio Prieto contra él y su padre. Hacía tan solo seis meses que Carlos se encontraba en México, su padre,que tuvo que quedarse en Francia a pesar de estar invadida por las tropas alemanas,no llegaría hasta mayo del 41.Las “maniobras de ayer” a las que se refiere el título del artículo son las que tuvieron lugar en agosto de 1939 enParís, en la embajada española de Franco, en las que participaron con diversos grados de implicación el señor Indalecio Prieto, el presidente de la Diputación Permanente y padre de Carlos, Luis Fernández Clérigo, el

276Ibidem, pág. 70.

277 J. Alameda, op. cit., pág. 70.

278 Fue el nombre dado a las fuerzas del general Charles De Gaulle establecidas en Inglaterra para desde

ahí proseguir la lucha contra el régimen de Hitler.

279 D. Rolland, “El exilio francés en México durante la segunda Guerra Mundial”, en Pablo Yankekevich

(coord.), México, país de refugio: la experiencia de los exiliados en el siglo XX, México D.F., Plaza y Valdés, 2002, pág. 105.

87 coronel Barroso, agregado a la embajada española en Paris, el señor Lequerica, embajador de Franco en París, y el propio Carlos Fernández Valdemoro. Por otra parte, las “maniobras de hoy” hacen referencia a la versión,según Carlos “deliberadamente inexacta” que Indalecio Prieto cuenta en México sobre lo que cerca de un año antes había sucedido en París, con la intención de “decapitar a la Diputación por el rudimentario procedimiento de minar el prestigio moral de su Presidente con afirmaciones en que el arrojo interpretativo y la vis creadora corresponden parejas. Esta es la maniobra”280.

Señala Carlos, que con ello el líder socialista “persigue un fin determinado. La Diputación Permanente de las Cortes y varias decenas de miles de refugiados han quedado en Francia a consecuencia de la política seguida respecto a ellos por Indalecio Prieto, y cuando los residentes en México creen llegado el momento de pedirle explicaciones e invocan para ello la autoridad de la Diputación Permanente […] Prieto elude la respuesta”281 evitando dar cuenta de su quehacer político en la JARE y de la

gestión de los fondos económicos que esta administraba, muy abundantes tras el rocambolesco episodio del Vita282.

Carlos, que desde su llegada a México en marzo del 40 no ha hecho declaraciones ni ha tenido actuaciones políticas, declara en este artículo:

Cuando llegué a México traía el propósito de guardar absoluto silencio sobre cuanto se refiriese a problemas internos de la emigración española. Razones de respeto al país que me acogiera -y a las que, por lo visto y oído, personas de mayor responsabilidad que yo no están obligadas a ajustarse- me dictaban esa norma de abstención. Pero hay ciertos límites, pasados los cuales la prudencia se torna cobardía y complicidad el silencio. Se ha quebrado mi buen propósito y no soy yo el autor de la ruptura283.

Con estas palabras argumenta las razones que le han llevado a romper su silencio “hemos llegado al punto en que comienzan las cuestiones de hecho y en donde la versión torcida y deliberadamente inexacta, mis deberes filiales y mis derechos de

280 Carlos Fernández Valdemoro, art. cit., pág. 73. 281Ibidem.

282 Lo que no podía saber Carlos es que el tesoro del Vita, que había llegado a Veracruz el 28 de marzo de

1939, iba a ser custodiado por la familia con la que compartió barco desde Le Havre a Nueva York:

In document Three Essays in Financial Economics (Page 86-103)