2.3.1 Hallazgos en los Estados Mentales
Acerca de los movimientos que se dieron en los estados mentales durante las sesiones es pertinente observar en primera instancia el hecho de que a pesar de las dificultades que pudieron haber tenido los participantes para haber entrado en las sesiones y la poca o mucha disposición con la que llegaron, en todos los casos fue posible observar
movimientos; siempre los participantes entraron y salieron diferentes en algún modo. Sin embargo estos movimientos no se observaron como transformaciones del sujeto, en cuanto a contenidos mentales, sino más bien a una reacomodación de los mismos dentro del escenario mental.
Así, las soluciones o caminos tomados frente a los conflictos psíquicos eran los mismos, pero los problemas en el fondo seguían iguales. En algunas ocasiones los participantes se permitían experiencias emotivas suficientes para que los montos de tensión fueran más tolerables para el sí mismo, logrando crear sentimientos de esperanza en las difíciles luchas intrapsíquicas que los participantes evidencian llevar cotidianamente en sus vidas. De esta manera la experiencia con los otros les permitía descansar
mutuamente sobre los otros, un poco para recobrar la fuerza y adquirir nuevas perspectivas sobre sus propios conflictos.
Al respecto de la lucha intrapsíquica que estos participantes dejaron ver en sus registros, es claro señalar que la más evidente y fuerte dificultad que tuvieron los tres; fue la lucha en contra del superyó y sus diferentes manifestaciones. Ya sea que la norma sea vivida como propia o externa, se evidenció que era su carácter idealizado y sobre exigente lo que terminaba por causar conflictos en contra del sí mismo que se sentía aplastado y abrumado. Esto permite evidenciar también la falta de unidad de los contenidos mentales que se mostraron en conflicto, lo que en consecuencia dejaba ver la dificultad que tenía el yo para integrar y dar cohesión a la experiencia vital.
Siendo así, las experiencias de integración que se evidenciaron, se relacionaban más con un sentimiento depresivo que unificaba contenidos del sí mismo pero que en ese movimiento entraba en conflicto con el mundo exterior y los objetos internos que lo representaban. Así, en todas estas dinámicas mentales se confundía el querer hacer con el deber ser, a tal punto que en algunas oportunidades no se lograba diferenciar con claridad lo que los participantes querían hacer pos su goce o disfrute, de lo que querían hacer para evitar consecuencias negativas en su mundo interno, llámese culpa o angustia (de
castración) generalizada.
Esto tenía como consecuencia en los participantes, que la apercepción creativa estuviera castrada, y el vivir mismo se vivía desesperanzador. De esta manera se observó en los participantes la toma de dos actitudes contra puestas ante esta castración de la
espontaneidad; a saber, la actitud de “dejar la lucha” y aceptar el sufrimiento sin hacer
nada, y por otra parte, la actitud maniaca de rebeldía sin dirección, que no era otra cosa que una negación de la situación real de sometimiento, y que no conduce a soluciones creativas que modifiquen la situación.
La experiencia de improvisación por su parte, servía para que muchas de estas partes en conflicto, entraran en comunión por algunos instantes, donde se reconciliaba el sí mismo con la presencia de treguas entre los objetos internos y las partes del self en
conflicto. De esta manera se descansaba por momentos de la presión superyoica y/o de los objetos persecutorios y aparecía la experiencia de ser creativa. La reorganización de contenidos mentales con tendencia a la comunión y no al conflicto o la escisión, liberaba las tensiones represadas en la angustia que a su vez disminuía o desaparecía
momentáneamente.
De esta manera la vivencia de la improvisación se mostró como una oportunidad de movilizar los sistemas de organización mental, a tal punto que permitía resignificar muchas veces experiencias emocionales presentes, no para transformar al sujeto sino para abrirle el camino hacia el cambio, abriendo el horizonte de perspectivas de un vivir que se veía para todos bastante nublado y lleno de tensiones.
2.3.2 Hallazgos en la Intersubjetividad
Ahora bien, con respecto a la vivencia de improvisación propiamente dicha, es necesario destacar varios factores que caracterizaron y direccionaron las sesiones hacía caminos determinados. En este sentido, lo primero que habría que destacar es el hecho de que todos los encuentros fueron influidos notablemente en sus dinámicas, por las preconcepciones y
predisposiciones de los participantes. Esto fue crucial en la aproximación al otro sujeto, pues siempre influyó el hecho de que había una intencionalidad específica con la cual cada uno comenzaba la interacción, y en este sentido determinaba el curso del resto de la
sesión.
Dentro de estas predisposiciones, es preciso destacar la expectativa idealizada de lo que se pensaba tenía que ser el encuentro; y dentro de él, la actitud frente a los otros, donde se destaca sobre todo la idea de la música que se esperaba empezara a surgir. Así se observó en diferentes ocasiones el hecho de que los participantes querían ir a deslumbrar a los otros, o incluso a sí mismos, con las capacidades de producir música que ellos mismos juzgaban como buena o mala. En este sentido muchas veces se confundió el hecho de estar escuchando música agradable, con estar en una vivencia compartida de encuentro; cuya búsqueda a su vez, también se observó como la persecución de un ideal.
De esta manera, se observó que las idealizaciones tuvieron un efecto negativo en los alcances de la experiencia y de la posibilidad de lograr ubicarse en una dimensión intersubjetiva. Cuando se esperaba que el otro llegara a tocar lo que cada uno esperaba, se perdía la oportunidad de escucharlo en su espontaneidad; esto es, de poder lograr
encontrar lo que de sí mismo se quería expresar a cada participante. Pero no fue solo eso, las dificultades vistas por dichas idealizaciones también pudieron observarse de forma inversa donde el yo veía obstruida la escucha de su propio ser debido al afán de poder encontrar en la improvisación todo aquello que ya había preconcebido en los momentos previos.
Tocar para el otro, tocar para mí mismo y tocar para un criterio de perfección; son las intenciones más destacables que se presentaron durante las sesiones. Estos imperativos se mostraron como ruidos incluso más fuertes que la música que sonaba en las
improvisaciones, y nublaba en la mayoría de las ocasiones, la escucha genuina del otro y la expresión sincera del sí mismo. Dentro de esto, es necesario destacar la dificultad, y la consecuente ausencia, de aproximarse a una actitud de sorpresa por el otro. Dejarse
sorprender de la espontaneidad del otro, fue algo que sucedió muy pocas veces, pues en su mayoría las interacciones se caracterizaron por el conflicto imposición y adaptación. Sin embargo, sí es posible destacar que a pesar de todas las dificultades que se han venido mencionando, diferentes circunstancias del encuentro mismo permitieron que se fueran zanjando hasta cierto punto los obstáculos y que hacia el final del encuentro se hayan logrado experiencias emocionalmente significativas destacables. Dentro de estas, es posible resaltar que el encuadre de las sesiones permitía que el flujo de intenciones fuera y
viniera, y que por más volcados hacia sí mismos que estuvieran los participantes, la
presencia del otro en el espacio terminaba por ser evidente, imposibilitando que la omisión se perpetuara.
En el conflicto entre imposición y adaptación, que frecuentemente se observó oscilante en los participantes; las idas y venidas de cada uno producían que eventualmente se encontrara al otro en el camino. A simple vista estos encuentros, durante las primeras sesiones sobre todo, se dieron casualmente y no respondían a una búsqueda mutua sino a un encuentro fortuito entre los participantes. De esta manera, lo que en principio se daba por coincidencia, producía sensaciones mutuas en los participantes que se fueron
perfilando hacia el rompimiento del ensimismamiento, lo que a su vez permitió empezar a cultivar un sentimiento de confianza entre ellos mismos que poco a poco permitiría conseguir un clima en el que la espontaneidad terminó por ser bien recibida.
La imposibilidad de lograr el encuentro en el espacio de la improvisación musical, descubre su explicación no únicamente en términos de lo perjudicial de la idealización por parte de cada uno de los participantes, sino también, en los inconvenientes de poder generar una espontaneidad autentica en un espacio creado artificialmente que tenía una connotación implícita de obligación y deber, que inevitablemente presentaba una condición forzada para cumplir con la tarea investigativa y así fue inevitable que el acercamiento fuera muchas veces afanoso y forzado.
Sin embargo dicho carácter opresivo que en un momento origino la imposibilidad de lograr el encuentro, poco a poco fue generando las condiciones propicias para que ya casi al final se viviera una autentica experiencia de encuentro; que fue favorecida entonces, hacia el final de las sesiones. Así, eventos como la búsqueda y el uso de una contención en el otro para la emergencia del actuar creativo, o la adquisición de la sensibilidad suficiente para poder llegar realmente a no opacar al otro ni al sí mismo dentro de la improvisación musical; son pruebas fehacientes de que finalmente los participantes lograron permitirse se espontáneos y de esta manera facilitar entre ellos una experiencia de orden transicional que permitió sentir y vivir el encuentro.
3.0 Discusión: De lo intrapsíquico a lo intersubjetivo