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Profiling Other elements of hedging

Lo primero que es necesario establecer con referencia a esta categoría, es que como afirma Green (2010) lo intersubjetivo “remite a otro orden de determinación que escapa a la

observación de sus relaciones” (P. 57). En este orden de ideas, el informe de la

investigación es en esencia incompleto; más no así la investigación. Como se planteó desde un principio, a partir de la obra de Kaës (1995) todo registro de una vivencia intrapsíquica sin un registro corporal-transferencial resultaría estéril.

Como establece Anzieu (1981) la comunicación significativa está anclada a las zonas erógenas. En este sentido comunicar en el papel estas vivencias, suscita un sentimiento de impotencia de no poder muchas veces comunicar con el lenguaje. Sin embargo el sentido se expresa no en las palabras sino entre ellas (Deleuze, 1971) y por lo tanto se hará una invitación al lector que intente leer entre palabras para llegar a compartir un sentido, de lo que fue la experiencia.

Así en principio será necesario hablar de las subcategorías que se plantearon para estudiar la intersubjetividad; pues como establece Green (2010) lo intersubjetivo, si bien no corresponde exclusivamente a cada polo intrapsíquico, su análisis debe partir de cada polo. En este sentido, la teoría de la comunicación de Winnicott (1965/1993) fue útil para la investigación puesto que permitió partir del análisis de cada polo intrapsíquico, pero teniendo en cuenta desde el principio la posición relativa del otro en ese polo.

En un comienzo entonces, se observó la posición totalmente subjetiva del objeto, en donde el otro como sujeto no era tenido en cuenta. Aquí, fue interesante observar el hecho de que para los participantes el comienzo de las sesiones implicaba poner en escena sus conflictos con objetos internos, y en general esto desembocaba en un replegamiento del sí mismo, orientado hacia una organización narcisista. Las idealizaciones por un lado, y la sensación de ser perseguidos por los otros establecieron de entrada una distancia con el objeto que dificultó que se diera un reconocimiento de la alteridad.

Las condiciones especiales del encuentro en cuanto a la libertad relativa de lo que podría o no acontecer en la sesión, permitió disminuir el impacto que usualmente tienen los límites de la convención social en cuanto a lo que cada uno está autorizado a hacer y a qué distancia del otro podría ubicarse. El no saber a qué atenerse con respecto al otro, planteaba una situación de peligro para las partes más frágiles del sí mismo; lo que puso a

los participantes en una posición defensiva que no permitía recibir la espontaneidad del otro.

Esto plantea la cuestión ya mencionada anteriormente del reconocimiento de la alteridad y de reconocer al otro como otro diferente pero semejante. Así en primera

instancia es pertinente destacar los planteamientos de McDougall (1987) al respecto de las organizaciones narcisistas defensivas y que se erigen como respuesta al trauma originado en principio por el reconocimiento de la diferencia de los cuerpos (madre-bebé) y el posterior reconocimiento de la diferenciación anatómica de los sexos.

De esta manera, al destacar el camino que se defiende de la eventual fusión con el objeto, menciona a los individuos que tienden a no establecer relaciones cercanas con los otros, y cuya conformidad con la norma social evidencia una defensa a las aspiraciones de metas libidinales con objetos arcaicos. En este sentido la protección que normalmente ejerce la norma en el espacio libre, se pone en cuestión y eso activa todas las angustias de que el otro me invada; buscando entonces organizarse de tal manera que resulte

innecesario comunicarme con el otro.

Ante estas situaciones de peligro para el sí mismo, resulta reaseguradora la posibilidad de relacionarse con objetos subjetivos que permanecen en el ámbito de la omnipotencia; a manera de protección ante la aparición del otro. Aquí se estaría tratando el ámbito de la relación de objeto trabajada por Winnicott (1965/1993) que está referida a un juego de identificaciones cruzadas en las que el objeto permanece desconocido en su calidad de otro.

En este orden de ideas, durante las sesiones de improvisación la actitud predominante en el comienzo, es la de tomar una posición defensiva frente a los otros; ante el sentimiento de vulnerabilidad que produce el no tener límites claros en la interacción. Esto estimula además la proyección de todos los conflictos que ya se mencionaron en el apartado de los estados mentales. Lo importante en este punto es rescatar el hecho de que la interacción con el otro se vio desde un comienzo obstruida por la angustia.

En este sentido la ausencia de normas, hizo que aparecieran imperativos

superyoicos que llenaran esa ausencia de límites; ante lo informe la norma puede aparecer como membrana limitante que establezca la distancia apropiada para no desaparecer. En este sentido también es posible traer a colación la propuesta Winnicottiana del individuo en perpetua incomunicación; éste necesita entonces la comunicación con objetos

Sin embargo, así planteado el aislamiento del self genuino regresaría al

posicionamiento narcisista que antes se mencionó. Esto dejaría a un lado la importancia del objeto y del hecho de que el individuo si bien busca protegerse del otro, al tiempo busca acercarse al otro y tenerlo. De esta forma, las fantasías de autocomplacencia resultan en un punto insatisfactorias; como dice Winnicott (1971/1994), el objeto debe ser creado pero para esto es fundamental encontrarlo. Si no se da este proceso, la experiencia de omnipotencia se va deshaciendo hasta llegar a un nivel en el que puede llegar a poner en riesgo al sí mismo.

En otras palabras, a partir de una relación con objetos subjetivos se podría brindar el sostén necesario para poder tolerar posteriormente la aparición del otro como diferente en escena. Como dice Green (2010), “Lo que fue semejante ya no lo es, es otro. Puedo

concebirlo porque ya no necesito el sostén que provee la similitud (…) puedo pensar al

otro porque puedo seguir siendo yo mismo, concibiéndome como falto de otro y en busca de él.” (P. 54)

Así las cosas, el proceso de reconocimiento del otro en escena es asimismo una lucha por tolerar la alteridad que amenaza la propia identidad. Entonces se podría decir que en las sesiones de improvisación fue necesario, en principio, concebir al otro como actor de mi propio escenario, un semejante. Luego, la confianza que se iba generando eventualmente permitió que se diera el cambio de pasar del objeto subjetivo al objeto percibido objetivamente (Winnicott, 1965/1993), como un diferente al sí mismo.

En suma, se podría decir que la intención al comienzo era la de sobrevivir y no la de comunicar ni expresarse. Pero una vez asegurada la permanencia del sí mismo, y observar que de hecho el otro no era tan peligroso; aparece la necesidad de mostrarse en mayor o menor medida. Ya sea en busca de descarga o simplemente de expresión, la búsqueda del otro se presenta como una segunda intención en el encuentro. Si bien es necesario destacar que este proceso no se dio de forma lineal y tampoco se dio siempre; éste sí emerge como uno de los procesos de transformación de la experiencia que se pudieron destacar frecuentemente en los registros.

Ahora bien, el paso del reconocimiento del otro a su búsqueda; se estudió entonces desde la categoría de comunicación explícita, más relacionada al intercambio de

intenciones y al tema de la adaptación. Este punto ya se relaciona como tal con

comunicación propiamente dicha; a diferencia de la silenciosa que era en cierto sentido no comunicación. Al respecto entonces cabe resaltar las propuestas de la significación

propuestas por Deleuze, (1971) y la diferenciación que hace de la designación, la manifestación y la significación.

En los registros se observó que las capacidades de la música explotadas por los participantes se centraron en este respecto, en torno a la manifestación. Parecía en este sentido que el paradigma de las intenciones de los participantes por comunicar, se centraron en la enunciación de deseos y creencias. Así las cosas, los participantes no querían transmitir significados sino manifestarse, actuar el deseo y la creencia, implantarla o someterse; más en interacción que en diálogo. Y en este ambiente la adaptación

terminaba siendo inevitable, al menos en alguna de las dos partes.

Fue frecuente encontrar la necesidad de seguir la propuesta musical del otro y muchas veces en la actitud de sumisión y otras en la actitud de demanda voraz por el objeto. Pareciera que si adhiriéndose al otro y su música, se encontrara un camino para acceder a este, ganar un refugio cuando el sí mismo se siente solo. Además se evidenció que es la forma más elemental de empezar a relacionarse con los otros, en el mismo sentido en el que Freud (1921/1986) establecía que el primer vínculo con el objeto era el de la identificación.

Pero aquí entra el conflicto a la escena de improvisación, en tanto luego de la adaptación-identificación, viene el proceso descrito por Winnicott (1971/1994) de

destrucción del objeto. De la destructividad del erotismo muscular, el bebé reacciona ante la frustración tolerable del ambiente, expulsando fuera de su self el objeto. Este proceso necesita que el objeto pueda ser capaz de permitirle al bebé sano ciertas dosis de fallas en la adaptación. Esto se observa sobretodo, cuando el sujeto se sobrepone ante la intención primaria de imitar y empieza allí a percibir que el objeto no es una proyección propia.

En los resultados se observa a partir de las sesiones que en los momentos en el que el otro se empieza a distanciar de la proyección que se le adjudicó, se empieza a expresar en su individualidad. Al percibir que el otro no recibe mis proyecciones, es necesario reconocerlo en su individualidad, y así se produce un estado de posibilidades en el que me puedo dirigir a él.

Finalmente luego de crear y encontrar el objeto el individuo está listo para usarlo. (Winnicott, 1965/1993) en este sentido, es preciso destacar la necesidad de estos pasos previos para que se abra el camino a la comunicación transicional. Esta última se logró en aquellos momentos en los que se dio la confianza suficiente en el objeto, lo que le permitió al self manifestarse, y a la vez recibir al objeto. Justo en estas situaciones fue posible retratar ese tercer vínculo que da origen a la constitución del símbolo. (Gibello, 1980)

Como ya se ha señalado, para que esto sea posible, la comunicación debe ser sin referencia al estado de ser del objeto; y así es una forma de que surja por irradiación el sentido propio del encuentro de ambas experiencias como acontecimientos (Deleuze, 1971) en un espacio y tiempo de determinado; y que se relaciona con la experiencia del jugar (Winnicott, 1971/1994). Esta última forma de comunicación que de hecho se refiere más a la experiencia de la intersubjetividad; emergió muy fugazmente en las sesiones. Sin embargo fue posible observar que fue una experiencia vital que llena de sentido la

existencia; los participantes sintieron una coloración especial de la existencia que les dio esperanza en un vivir creativo.

Así se evidenció en los participantes, que sobre todo hacia el final de las sesiones la percepción del encuentro hizo que se reconciliaran muchos conflictos del sí mismo, y fuera posible así que la experiencia adquiriera un carácter especial. Finalmente los mismos movimientos comunicativos; que de forma oscilatoria iban y venían del solipsismo a la sumisión y de vuelta al encuentro transicional, dieron lugar a una transformación mutua en el encuentro con el otro.

En consecuencia, fue posible dar cuenta del recorrido que se dio en los análisis de resultados, en los cuales a partir de una caracterización de los fenómenos comunicativos emergentes en las sesiones de improvisación; se pudo explorar los movimientos

intersubjetivos que se vivieron al interior de experiencias de improvisación musical. Sin embargo la experiencia intersubjetiva escapa a las aprehensiones descriptivas; la plusvalía de sentido generada por la experiencia quedó registrada en los cuerpos de los

investigadores-participantes quienes acá hicieron un intento incompleto por comunicarlo. Finalmente es pertinente señalar el impacto que tuvo la disposición psíquica de cada individuo, en términos de los estados mentales; en determinar la experiencia intersubjetiva. Como ya se señaló estas predisposiciones, son el insumo del cuál la dinámica relacional empieza a fluir en el encuentro. Las ansiedades, los deseos y las intenciones; son los que encauzan e impulsan el desarrollo del encuentro. Y en términos del análisis del encuentro, ya se dijo que la única forma de observar el cruce de los polos sujeto – otro sujeto, es partiendo de cada polo por separado.