2. EVOLUTION OF MONITORING AND EVALUATION
3.4 The management and implementation of evaluation activities
3.4.2 Internalised or externalised evaluation
El hombre es un ser social cuya individualidad y su proyección se producen dentro de un contexto exterior del que, en definitiva, el propio individuo debe ser considerado un elemento más. Las capacidades y características individuales pueden verse condicionadas por las características y las pautas que ese contexto presenta y que, dependiendo del grado de madurez y la capacidad de decisión y de autonomía del individuo, puede llegar a imponer de manera que altere las tendencias conductuales innatas. En realidad, no hay que ser maximalistas entendiendo el ambiente como un elemento negativo, puesto que si las características de un determinado ambiente pueden ser consideradas como un factor de riesgo potencial, otros ambientes y otras características distintas constituyen auténticos factores de protección. Un gran porcentaje de nuestro comportamiento corresponde a nuestra interrelación individual y concreta con ese “sociosistema” cuyas características representan un referente y una fuerza.
El ambiente es un factor ineludible, pues el individuo no puede vivir aislado, y el conocimiento de sus características y el conocimiento profundo del ambiente o los ambientes en los que se desarrolla la vida de un individuo nos puede ayudar a entender o incluso a descubrir el porqué de sus reacciones conductuales.
La dimensión socioambiental recoge todos los aspectos y condicionantes existentes en el “ambiente”, que podemos definir como el conjunto de lo que es externo o rodea al individuo, al tiempo que funciona como referente exterior al propio individuo y, al mismo tiempo, es posible que actúe como elemento determinante sobre ese mismo individuo.
Ciñéndonos a los análisis teóricos de que podemos disponer, el ambiente se puede entender, precisamente, como ese conjunto de “lo exterior al individuo” (visión generalista), o como “el conjunto de variaciones ambientales que, junto con las variaciones genéticas, y las resultantes de la interacción entre ambas, contribuye a
describir, explicar y predecir las diferencias de comportamiento -fenotípicas- de los individuos” (visión diferencialista), de Juan Espinosa en (Silva, 1995:114).
Es decir, la visión generalista está centrada en el análisis del propio ambiente, tanto en sus aspectos físicos como en sus características biológicas y sociales (normas, valores, pautas de socialización, percepción y representación de ese ambiente en el individuo, creencias, conductas manifestadas en el ambiente, y los resultados y productos de las acciones de las personas en el ambiente).
Tambien se establecen dos grandes tipos de aproximaciones teóricas a esta visión: de un lado las que se centran en el propio individuo y su interacción específica con el ambiente; de otro, las que se centran en aspectos más propios de los mencionados contextos, siendo menos explícitas con las interacciones, y atendiendo al modo en que los contextos son determinantes del comportamiento, y actúan como antecedentes de la conducta.
Por su parte, la visión diferencialista establece que “el individuo -con sus características- y el ambiente están mutuamente comprometidos. Genes y ambiente entretejen un entramado de interinfluencias cuyo resultado es el desarrollo de un individuo particular, diferente de otro, a través de un proceso de adaptación continua”, (íbidem.), por lo que se considera que el ambiente no es únicamente un factor exterior influyente en el comportamiento del individuo, sino quasi genésico, pues participa en el proceso de evolución madurativa condicionándolo y modificando la estructura de base del individuo.
Sea como sea, lo que se admite sin ningún tipo de discusión es la necesidad de tener en cuenta los factores externos al individuo, cuya fuerza pone en marcha mecanismos conductuales de afirmación o de rechazo en los cuales la condición de base del individuo puede verse sometida a fuertes tensiones. Existe un evidente riesgo de que esa potencialidad del entorno, sea por su fuerza o por su especificidad, esté en condiciones de alterar ocasionalmente realizaciones conductuales del individuo o bien de modificar sus características conductuales de base.
En realidad, la dimensión socioambiental tiene gran importancia en las primeras edades del individuo, por el carácter moldeable de los valores y las características que tiene el ser humano. Es obvio señalar el valor de la influencia “de un buen ambiente” o de “un mal ambiente”, pero la cuestión radica en conocer cuáles son las características ambientales que debemos tener en cuenta como factores de riesgo o como factores de protección, en qué ambientes específicos se concretan esas características, cómo pueden actuar sobre los individuos -sin olvidar que esa actuación no sigue un patrón único- y hasta qué punto un individuo concreto es permeable o impermeable al ambiente.
Los contextos en que los niños y adolescentes se ven generalmente implicados son el contexto familiar, primer entorno que debe actuar como ámbito de socialización; el contexto educativo, en el que encontramos las pautas emanadas de la situación de prestigio y autoridad de los adultos que tienen las responsabilidades, y las pautas emanadas de los educandos, en pocas ocasiones coincidentes con las primeras; y otro contexto que podemos definir como “social o convivencial” en el que consideramos el
y encuentra referentes distintos a los propios de los contextos mencionados anteriormente.
En todos estos ámbitos, el individuo recibe una serie de influencias y se ve obligado a responder de un modo activo mediante su conducta. Cada uno de esos ámbitos define una serie de espectativas hacia el individuo, le plantea los caminos de su adaptación o si disensión, y le atrae con modelos de atractivo variable cuyas pautas pueden llegar a modificar los valores de base que el individuo posea. El hecho de la pluralidad de ámbitos en los que el individuo desarrolla su vida ordinaria, con la oposición entre los valores y modelos propugnados o los valores conductuales que en ellos se dan como necesarios, es fuente de conflictividad y desajuste, de desorientación vital y de enfrentamiento.
Como educadores nos veremos sumidos en situaciones en las que los alumnos no responden a las pautas de comportamiento que nosotros, o la sociedad que ha puesto en nuestras manos la responsabilidad educativa, consideramos inadecuadas o desajustadas con respecto a lo que aceptamos como “normal y correcto”. Intentaremos entender el porqué de esos comportamientos y buscaremos sus causas. Llegaremos al convencimiento de que en algunos casos el ambiente, lo que encuadramos dentro de la dimensión socioambiental tendrá un peso específico en esas causas. Analizaremos el ámbito familiar, y descubriremos en sus características factores de riesgo para el desarrollo conductual, junto a factores de protección (normalmente no actuantes en el caso de alumnos problemáticos). Analizaremos también el ámbito escolar y veremos que hay alumnos cuya actitud hacia el modelo escolar resulta negativa o no lo necesariamente positiva, lo que puede generar dificultades de aprendizaje que se traducen necesariamente en conductas problemáticas. Es posible que si tenemos conocimiento de las características de otros ambientes frecuentados por ese alumno con problemas descubramos que entre ellas son claras algunas de las que debemos considerar como factores de riesgo. En definitiva, en el proceso de desarrollo individual, el individuo en plena maduración se ve obligado a mantener sus características personales bajo la presión de su entorno, lo cual puede resultar positivo si esa presión aporta valores de crecimiento, de profundización en el autocontrol, de superación de las incapacidades personales, pautas de mejora en todos los ámbitos (físico, intelectual, moral) y permite una gradual y natural interiorización de esos valores; por el contrario, el ambiente se convierte en negativo, en un obstáculo contra el que hay que luchar, si sus pautas son las de la violencia, la destrucción, la inhibición, el rechazo al compromiso, el conformismo...
En la escuela podemos efectuar diagnósticos de tipo “screening” para detectar el problema y, así, estar en disposición de derivar adecuadamente el caso a un especialista capaz de realizar un diagnóstico más preciso que permita una intervención con respecto al ámbito social.
4.2.3.1. Factores de clima social
Hemos señalado que los entornos fundamentales en los que se incardina el individuo, que lo van a afectar desde los primeros años de su vida y los primeros instantes de su toma de conciencia (aunque esa influencia se pueda producir también de
otros ámbitos convivenciales (como pudieran ser clubes, asociaciones u organizaciones culturales, deportivos o de tiempo libre a los que el niño o adolescente pertenezca o en cuyas actividades, simplemente, participe). Todos esos ámbitos tienen unas características y poseen una cultura de comportamiento y una cultura identitaria, con valores, símbolos, modelos de conducta, valores...
El clima social determina las pautas de las relaciones interpersonales entre los individuos que se encuentran en un ámbito determinado.
En principio, los factores de clima social en un ámbito determinado se agrupan en torno a varios ejes que pueden sintetizar las características y valores del ámbito y la interrelación que se establece con el individuo:
- El eje de las relaciones interpersonales, que define el grado y las pautas de la comunicación interna, los mecanismos de interacción interindividual, el nivel e instrumentos de cohesión, la vehiculación de la expresividad y la articulación de las situaciones de conflicto.
- El eje de desarrollo y la autorrealización señala, valga la redundancia, la individualidad del individuo, la actuación dinámica del individuo dentro de la estructura social de su ámbito, el grado de interés en las actividades colectivas y la moralidad absoluta o relativa que caracteriza al ámbito.
- El eje de la estabilidad señala las características necesarias para que el ámbito pueda ser considerado como tal, el tipo de control que ejerce sobre los individuos o los individuos entre sí, el modo formal o informal en que se organiza el ámbito. Está claro que, al respecto, los parámetros cualitativos y cuantitativos son muy variables y distintos en función del ámbito al que nos refiramos.
- El eje del cambio, indica la posibilidad de evolución del individuo, de su proyección y desarrollo personal. Hay ámbitos en los que este eje se considera de importancia por la proyección social global que produce. Otros ámbitos (pensemos por ejemplo en lo que ocurre en ámbitos marginales) contemplan estrictamente la evolución del individuo dentro del propio grupo, la manera en que el individuo evoluciona y progresa para adquirir más prestigio, más seguridad y, concomitante con ello, más poder.
4.2.3.2. Factores de inadaptación social
La inadaptación es la falta de capacidad de la persona para acoplarse y estar a gusto consigo misma o con el ambiente donde tiene que vivir.
Dejaremos a un lado la inadaptación personal, pues corresponde a la falta de acuerdo del individuo con su propia manera de ser. Esta inadaptación, en grado mínimo, puede actuar como estímulo, si el individuo es consciente de sus limitaciones y su necesidad y posibilidad de mejora mediante su superación. Por otra parte, esa inadaptación lleva consigo la necesidad de equilibrarla con otra adaptación a
inadaptación social no es más que una respuesta basada en la adaptación a lo “no social”, entendiendo como “no social” aquello no admitido por “la normalidad” (ya comentamos en otro apartado de esta obra lo difícil que resulta definir este concepto que, sin embargo, es de amplia aceptación).
Además de la inadaptación personal brevemente comentada hay que tener en cuenta la inadaptación familiar, la escolar y la social, es decir, el conflicto de la persona con los parámetros convivenciales habituales en la familia, la institución escolar y el entorno “ciudadano”.
Por supuesto, para hablar de inadaptación partimos de la existencia de unas pautas “admitidas y admisibles”, referencia de la corrección y la normalidad.
En esa inadaptación son factores importantes la motivación, el nivel cultural del entorno, los valores predominantes del entorno, las espectativas del entorno hacia el individuo, los modelos ofrecidos, el nivel de conflictividad, el nivel económico...
Hemos de hacer una puntualización. La inadaptación con respecto a entornos bien orientados es un problema que requiere la atención del educador, ya que va asociada con episodios o un historial consolidado de problemas de conducta. Sin embargo, la inadaptación con respecto a entornos mal orientados requiere otro tipo de apoyo, ya que manifiesta la capacidad del individuo para resistir los factores de riesgos y salir airoso en su confrontación con ellos.
En ambos casos es fundamental el conocimiento del entorno y lo que ofrece y exige al individuo, tanto para ayudarle a superar las deficiencias cuando el entorno es problemático (familia conflictiva, entorno escolar inadecuado a las necesidades específicas del sujeto, entorno social degrado que no ofrece más modelos y espectativas que la continuidad en esa degradación), y dándole apoyo y ofreciéndole continuidad si se mantiene “inadaptado” con respecto a él (lo que representa valores de “adaptación” con respecto a lo normal), como para diagnosticar correctamente la inadaptación a entornos positivos.